"Concepciones
e imágenes de la infancia"
María
Victoria Alzate Piedrahita
A
partir de la exposición de un breve balance documental-bibliográfico
sobre la infancia como objeto de estudio e investigación,
se describe la evolución de las concepciones e imágenes
de la infancia con base a diversos enfoques: psicopedagógico,
histórico, político-social, psicosocial, jurídico,
y la denominada "nueva" infancia
1.
Presentación
Las
concepciones de la infancia han cambiado considerablemente
a lo largo de los siglos (Ariès, 1987; De Mause, 1991)
y también durante el siglo XX (Pachón, 1985;
Casas, 1998). Los cambios históricos en la concepción
de la infancia tienen que ver con los modos de organización
socioeconómica de las sociedades (Ariés, 1987),
con las formas o pautas de crianza (De Mause, 1991), con los
intereses sociopolíticos (Varela, 1986), con el desarrollo
de las teorías pedagógicas (Escolano, 1980)
así como con el reconocimiento de los derechos de la
infancia en las sociedades occidentales y con el desarrollo
de políticas sociales al respecto (García y
Carranza, 1999). Por todo ello la infancia, más que
una realidad social objetiva y universal, es ante todo un
consenso social (Casas, 1998).
Se
han podido identificar cuáles son las representaciones
de la infancia que se proyectan en la literatura, el cine
y los medios de comunicación franceses (Chombart de
Lauwe, 1971), en la literatura española de fines del
siglo XIX (Mínguez, 1999). El análisis de la
documentación pedagógica colombiana ha permitido,
así mismo, desvelar cómo a lo largo de la primera
mitad de este siglo se evoluciona de una imagen del niño,
entre ángel y demonio, a una visión nueva (Muñoz
y Pachón, 1988) que deriva en buena medida de haber
incorporado numerosas ideas de las ciencias educativas (Sáenz,
Saldariaga y Ospina, 1997); de otra parte los estudios históricos
sobre la infancia colombiana se perfilan como una prometedora
línea de investigación para la historia de la
vida "privada" (Zapata, 1995; Alzate et al, 1997; García,
1999); así mismo, se indaga por los procesos de comprensión
del sentido de la realidad por parte de los niños en
contextos colombianos (Amar; Abello,1998).
No
existen, sin embargo, que sepamos, estudios que analicen los
cambios en las concepciones de la infancia reflejadas en los
libros de texto, a pesar de la abundancia de análisis
sobre cómo se abordan en éllos asuntos como
el del género (Garreta y Coreaga, 1987; Nuño
y Ruipérez, 1997; Turbay, 1993; Vasco, 1991), la familia
(Alzate et al, 1999) el tercer mundo (Celorio et al, 1991),
familia (Stramiana, 1984; Pouliot, 1994; Alzate et als, 1999),
la mujer (Silva, 1979; Garreta, 1984), la iconografia (Escolano,
1998), el racismo (Calvo, 1992), etc.
2.
Concepciones de infancia
2.
1. Perspectiva histórica
La
historia social, la historia de la pedagogía y la psicología
social nos han mostrado que no hay una sola concepción
de infancia; ésta ha cambiado a lo largo de los siglos.
El
trabajo pionero y ampliamente citado de Ariés (1973,
1986,1987), la historia de la infancia de Lloyd de Mause (1991),
el estudio sobre la genealogía del concepto de infancia
de Varela (1986) y, para el caso colombiano, los estudios
de Pachón y Muñoz (1991, 1996) dejan al descubierto
que las concepciones de la infancia no han sido estables sino,
más bien, variables en dependencia de las distintas
condiciones socio-históricas
La
concepción de la infancia guarda coherencia con la
sociedad vigente. Los principios de organización religiosa
y militar presentes en períodos como el siglo XII y
XIII dan origen a los niños de las cruzadas. Los principios
de organización educativa y científica del siglo
XVII y XVIII dan origen al niño escolar. Los principios
de organización industrial dan origen a los niños
trabajadores y a los aprendices del siglo XIX. Los principios
de organización familiar dan origen al hijo de familia
que realiza todas sus actividades en el hogar bajo la tutela
de los padres. El fortalecimiento del Estado da origen a los
hijos del estado, niños que desde muy pequeños
pasan de manos de sus padres a las de un personal especializado
que se hace cargo de ellos en guarderías y jardines
infantiles, como se ve actualmente. Esta misma situación
se observa en las instituciones que se encargan de la protección
del niño: de instituciones masivas tipo cuartel o convento
se pasa a la institución escuela, institución
taller o institución hogar.
Ariés
(1973,1986, 1987) ha mostrado el carácter invisible
de las concepciones de la infancia. La antigua sociedad tradicional
occidental no podía representarse bien al niño
y menos aún al adolescente; la duración de la
infancia se reducía al período de su mayor fragilidad,
cuando la cría del hombre no puede valerse por sí
misma; en cuanto podía desenvolverse físicamente,
se le mezclaba rápidamente con los adultos, con quienes
compartía trabajos y juegos. El bebé se convertía
en seguida en un hombre joven sin pasar por las etapas de
la juventud, las cuales probablemente existían antes
de la Edad Media y que se han vuelto esenciales hoy en día
para prácticamente todas las sociedades, desarrolladas
o no.
Desde
una perspectiva psicogénica de la historia de la infancia,
De Mause (1991) enseña que las concepciones de la infancia
están íntimamente asociadas a las formas o pautas
de crianza. Se conciben éstas como formas o tipos de
relaciones paternofiliales que han tenido un desarrollo no
lineal en la historia de la humanidad. Así tenemos
los siguientes tipos: infanticidio (antiguedad-siglo IV);
abandono (siglos IV-XIII); ambivalencia (siglos XIV-XVII);
intrusión (siglo XVIII); socialización (siglos
XIX-mediados del XX); ayuda (se inicia a mediados del siglo
XX).
En
este contexto, las concepciones de infancia están determinadas
por la secuencia continua de aproximación entre padres
e hijos a medida que, generación tras generación,
los padres superaban lentamente sus ansiedades y comenzaban
a desarrollar la capacidad de conocer y satisfacer las necesidades
de sus hijos.
Desde
una perspectiva de análisis histórico de la
genealogía y del poder para indagar las imágenes
de la infancia, Varela (1986) estudia cómo las figuras
de la infancia no son ni unívocas ni eternas. Las variaciones
que han sufrido en el espacio y en el tiempo son una prueba
de su carácter sociohistórico. Las transformaciones
que han afectado a la percepción de la infancia moderna
están íntimamente ligadas a los cambios en los
modos de socialización.
La
categoría de infancia es, en definitiva, una
representación colectiva producto de las formas de
cooperación entre grupos sociales también en
pugna, de relaciones de fuerza, de estrategias de dominio.
La categoría de infancia está orientada por
intereses sociopolíticos; incluye, bajo diferentes
figuras encubiertas, una aparente uniformidad que ha permitido
concebir proyectos educativos elaborados en función
de grupos de edad y de prestigio, y que hace viables códigos
científicos tales como los discursos pedagógicos,
la medicina infantil o la psicología evolutiva. Todas
estos saberes son inseparables de las instituciones, de las
organizaciones y de los reglamentos elaborados en torno a
la categoría de infancia que a su vez se ve instituida
y remodelada por ellos.
En
Colombia el estudio histórico de las concepciones y
representaciones de la infancia se encuentra en las obras
pioneras de Pachón (1985) y de Muñoz y Pachón
(1988; 1989; 1991; 1996). He aquí una descripción
de cómo se entendía la infancia en Santa Fé
de Bogotá a comienzos del siglo XX:
«Padres,
maestros y sacerdotes aparecen como la trinidad educadora
de la época y constituyen aquellos pilares en los que
la sociedad depositó la responsabilidad de perfeccionar
esos maleables e imperfectos, irreflexibles y frágiles
y encauzarlos por el camino de la vida racional y cristiana.
Los textos revisados se encuentran inundados de metáforas
religiosas, militares y campesinas. El niño es ángel,
o demonio, hijo de Dios o hijo del diablo, lleno de pasiones,
lleno de virtudes. Soldado raso, combatiente el niño
es una planta que hay que regar, una tierra que hay que arar.
En los textos se encuentran también metáforas
científicas: los niños son seres biológicos,
entes psicológicos, seres sociales. A comienzos del
siglo se empieza a ver la lucha entre las metáforas
religiosas, morales, militares, campesinas y las metáforas
científicas; la lucha entre la visión religiosa
y militar de la niñez y las instituciones que lo protegían
y la visión educativa, sanitaria, laboral y psicológica,
de las nuevas instituciones»
( Muñoz y Pachón, 1991, p. 374).
| Desde
una perspectiva de análisis histórico de
la genealogía y del poder para indagar las imágenes
de la infancia, Varela (1986) estudia cómo las
figuras de la infancia no son ni unívocas ni eternas.
|
Estas
mismas autoras (1996) aprecian que la concepción de
la infancia había experimento en Colombia, ya a mediados
de siglo, una seria transformación con respecto a la
de principio de siglo, y anotan que
"lo
demoníaco y lo divino fue reemplazado por una referencia
directa a las cualidades del niño que había
que estimular y a un reconocimiento de la vida emocional del
bebé. Los conceptos de pecado y maldad innata se cambiaron
por una referencia a los problemas del comportamiento y a
las dificultades en el desarrollo de la personalidad, debidas
a la intervención inadecuada del ambiente... La inteligencia
ya no era un bien dado sino algo susceptible de desarrollarse.
La imaginación no era mal hábito, sino una cualidad
que había que ampliar y darle campo libre. Las fantasías
y los sueños de los niños no eran algo que debía
combatirse, sino formas útiles de comprensión
del mundo. La curiosidad no debía evitarse, era una
cualidad deseable y fomentable. La explotación del
mundo y de sí mismo era algo que había que ayudarles
a desarrollar. El juego no era tiempo perdido, sino una actividad
que debía utilizarse permanentemente en la educación
y en la formación de hábitos» (Muñoz
y Pachón, 1996, p. 330).
2.2.
Perspectiva pedagógica y educativa
Las
concepciones de la infancia durante las dos últimas
centurias, en opinión de Escolano (1980), se enmarcan
en tres corrientes. Cada
una de ellas destaca a su manera los criterios de preservación
y protección de la infancia que van a constituir el
núcleo de la visión moderna de los niños:
(a)
La revolución sentimental derivada del naturalismo
pedagógico introducirá en la historia de la
educación los mitos del libertarismo y de la permisividad
postulando el aislamiento del niño de los contactos
precoces con la vida social.
(b)
Los movimientos en favor de la escolarización total
de la infancia se vinculan a la organización de los
grandes sistemas nacionales de educación y crean las
estructuras efectivas para la reclusión institucional
de los niños.
(c)
El desarrollo positivo de las ciencias humanas, principalmente
de la psicología y pedagogía, iniciado a finales
del siglo pasado y continuado ininterrumpidamente a lo largo
del siglo XX, así como los desarrollos de la medicina
infantil, proporcionarán las bases necesarias para
la dirección científica de la conducta infantil
y, consiguientemente, para la organización metódica
de la escuela.
En
Colombia, a principios de este siglo y desde una visión
pesimista sobre la «degeneración de la raza»,
se percibía la infancia como la etapa en la que más
se reflejaba y sintetizaba la «enfermedad de la raza»
y era principalmente a ella hacia donde debían dirigirse
las iniciativas de protección y redención (Sáenz,
Saldarriaga y Ospina, 1997). Ahora bien, durante el periodo
de 1900 a 1940 se va a ir asentando una visión moderna
de la infancia de la mano de nuevos saberes, tales como la
paidología -ciencia del niño-, la pediatría
y la puericultura, para los que esta etapa es de la mayor
importancia en la vida del ser humano. Todos los saberes sobre
el hombre, en realidad, desarrollan ramas que se especializan
en la infancia; entre otros, la medicina y la higiene infantil,
la psicología del niño, la criminología
infantil y la antropometría infantil. Y se convierte
así en objeto de investigación científica
y de intervención social. El
niño en la escuela es observado, medido, examinado,
clasificado, seleccionado, vigorizado, medicalizado, moralizado
y protegido por métodos «naturales»
de enseñanza y por ambientes formativos propicios para
revertir las taras hereditarias. Se convierte así en
semilla, en esperanza de una nación moderna y saludable.
| El
niño en la escuela es observado, medido, examinado,
clasificado, seleccionado, vigorizado, medicalizado, moralizado
y protegido por métodos "naturales" de enseñanza
y por ambientes formativos propicios para revertir las
taras hereditarias. |
En
síntesis, en este periodo de la historia colombiana
"la
infancia se convirtió en objeto privilegiado de todos
los proyectos de transformación biológica, social,
económica y política de la población;
se consideraba que éste era el período de desarrollo
individual en el cual se debían sembrar y cultivar
las semillas de un mejor futuro para la sociedad y la raza.
En la infancia se conjugaban tanto las mayores esperanzas
e ilusiones de progreso y bienestar colectivo" (Sáenz
et al., 1997, p. 26-27).
2.3
La representación social de la infancia
La
infancia puede entenderse como esa imagen colectivamente compartida
que se tiene de ella: es aquello que la gente dice o considera
que es la infancia en diversos momentos históricos.
Cada sociedad, cada cultura define explícita o implícitamente
qué es infancia, cuáles son sus características
y, en consecuencia, qué períodos de la vida
incluye. Los psicólogos sociales denominan a este tipo
de imágenes representación social.
Las
representaciones sociales que acerca de la infancia tiene
una comunidad dada constituyen un conjunto de saberes implícitos
o cotidianos resistentes al cambio (sean verdaderos o falsos
desde cualquier disciplina científica), y tienen cuerpo
de realidad psicosocial ya que no sólo existen en las
mentes sino que generan procesos (interrelaciones, interacciones
e interinfluencias sociales)
que se imponen y condicionan la vida de los niños y
niñas, limitando la posibilidad de experiencias o las
perspectivas de análisis fuera de esta lógica
(Casas, 1998). Chombart
de Lauwe (1971) indica cómo las representaciones sociales
de la infancia podrían constituir un excelente test
proyectivo del sistema de valores y de aspiraciones de una
sociedad. Las representaciones caracterizan a quienes las
expresan pero, sobre todo, a aquéllos que son designados.
En el caso de la representación social de la infancia,
ésta tiene que ver directamente con el pasado de cada
uno de nosotros, con nuestra descendencia, y con el porvenir
de cada grupo humano; interesa por tanto a los individuos
y a las sociedades sin excepción.
Estudia
Lauwe (1871) las representaciones de la infancia en el campo
de la literatura, del cine y de los medios de comunicación
franceses, desde tres perspectivas o niveles de análisis:
a.
El personaje del infante que se presenta a los adultos en
la novela, la autobiografía y el cine. Pone en evidencia
los procesos según los cuales se edifica el sistema
de representaciones y el sistema de valores relativos al niño.
b.
El personaje del niño en los medios de comunicación
de masas destinados a la infancia. Aparecen personajes idealizados,
creados por los adultos, que reflejan las concepciones y necesidades
del adulto, que encarnan los valores propios de la cultura
en la cual se inicia al niño. Estos personajes ofrecen
a los niños la ocasión de evadirse, de compensar
las limitaciones de su propia personalidad o de su medio,
y juegan un papel importante en la transmisión social
y en la socialización de la infancia.
c.
Cómo los niños perciben a los pequeños
personajes de las novelas y cómo los utilizan: comparándose
y situándose en relación con ellos, intentando
imitarlos, tomándolos como modelo. Los modelos de comportamientos
lúdicos o los modelos ideales les sirven para construir
su personalidad cuando se enfrentan a los modelos extrafamiliares.
El
análisis de las representaciones sociales del niño
permite concluir a Lawe que la representación de infancia
adopta similares características a las del pensamiento
mítico. Las representaciones mezclan lo real con lo
imaginario, convirtiéndose a menudo en el signo de
realidades escondidas, formando una de las partes del símbolo.
El personaje simbolizado es ya un lenguaje a partir del niño.
Cuando un relato se organiza a partir de un personaje de niño
idealizado, se evoca el pensamiento mítico.
En
conclusión, la representación del niño
como un personaje desplazado a menudo hasta su mitificación
muestra, de un lado, la complejidad de los mecanismos de representación,
del pensamiento mítico y de sus relaciones con los
modelos ofrecidos a los niños y, de otra parte, enfrenta
al propio niño a estos modelos ideales con los que
comparar la imagen de sí mismo.
2.4.
Los derechos del niño
Otro
factor que ha contribuido decisivamente a la reflexión
y al debate sobre la infancia es el proceso silencioso y decisivo
de reconocimiento de los derechos de la infancia en las sociedades
occidentales y el desarrollo de políticas sociales
destinadas a este grupo social. Las políticas y los
derechos de la infancia "configuran en sí mismas,
en última instancia, formas de interrelación
entre la infancia y los adultos como grupos o categorías
sociales" (Casas, 1998, p. 29).
Es
en este siglo cuando comienza a fraguarse la idea de que los
niños también tienen derechos:
"Aunque
a primera vista pueda parecernos escandaloso (), parece que
el imaginario colectivo se resiste a creer que también
(los niños) forman parte de la categoría de
seres humanos. Este imaginario se hace transparente en el
ámbito internacional. Aun existiendo Tratados Internacionales
sobre los Derechos Humanos, en dicho ámbito han persistido,
y todavía persisten serias dudas acerca de que puedan
incluirse en ellos a los niños y niñas"
(Casas, 1998, p. 218).
En
1989, las Naciones Unidas aprueban la primera Convención
Internacional en la que se acepta que los niños y niñas
tienen derechos como todos los seres humanos. Fue necesaria
una Convención separada de las relativas a todos los
seres humanos para que se asuma que están incluidos
entre los portadores de derechos. Parece como si estuviese
muy enraizada la idea de que en la práctica no son
todos los niños y niñas los que merecen actuaciones
sociales protectoras o promotoras sino sólo unos pocos:
los abandonados, explotados, maltratados, malnutridos o enfermos.
Esta
dinámica jurídica y de política social
sobre la infancia apunta hacia un cambio de los sistemas de
relaciones entre adultos y niños, a todos los niveles
sociales, tanto a nivel macrosocial como de la vida intrafamiliar.
La tendencia,
"obviamente,
se orienta hacia un mayor reconocimiento del niño y
la niña como persona y como ciudadano o ciudadana,
hacia la superación de antiguos esquemas de dominación,
autoritarismo, machismo y paternalismo, y hacia un mayor reconocimiento
y participación social de la infancia como grupo de
población"
(Casas,
1998, p. 222).
| La
concepción pedagógica activa y moderna de
la infancia, la define como una etapa de evolución
de la especie, como semilla de esperanza de una nación
moderna, y como objeto de estudio e intervención
de los saberes modernos que se ocupan los niños.
|
En
el contexto latinoamericano, un grupo de juristas, sociólogos
y pedagogos ha estudiado lo relativo a la cultura y a los
mecanismos del control socio-penal de la infancia desde el
momento de la colonización hasta la aparición
de las primeras leyes específicas de la "menor edad",
momento que es posible ubicar en la década de los veinte
del siglo XX (García y Carranza, 1999). Los resultados
confirmaron que la historia de la infancia es la historia
de su control; es posible reconstruir la historia de la infancia
concentrándose en el estudio de los mecanismos "punitivo-asistenciales"
que la inventan, modelan y reproducen.
Esta
concepción jurídica del infante como "menor",
que aún persiste en las legislaciones sobre la infancia,
tiene que ver con los procesos sociales e institucionales
del "descubrimiento" de la infancia en los países
latinoamericanos.
Una
vez "descubierta" la infancia en la conciencia social,
la familia y fundamentalmente la escuela cumplen un papel
central en la consolidación y reproducción ampliada
de esta categoría. Sin embargo, se sabe que no todos
los sujetos de esta categoría tienen acceso a la institución
escolar o no todos los que acceden poseen los recursos (en
sentido amplio) suficientes para permanecer en ella. Por este
motivo, las diferencias que se establecen en el interior de
la categoría infancia entre aquellos que tienen acceso
a la escuela y los "otros" es tan enorme que una concepción
única de infancia no podrá abarcarlos. Los excluidos
se transformarán en "menores" y para ellos será
necesaria la construcción de una instancia específica
de control y socialización, los tribunales de menores,
que funcionan basándose en los principios de la doctrina
de situación irregular.
En
los últimos años, no obstante, comienza a instalarse
en la conciencia jurídica y social una nueva inversión
radical del paradigma del "menor". La Convención
Internacional de los Derechos del Niño constituye al
mismo tiempo la evidencia y el motor de estas transformaciones.
La lucha por ampliar el estatus de ciudadanía al conjunto
de la infancia (Müller, 1996, 1998) pone definitivamente
en evidencia la claridad e importancia del nexo existente
entre su condición jurídica y su condición
material.
La
Convención Internacional supone un punto de no retorno,
donde las necesidades se manifiestan como derechos para la
inmensa mayoría de la infancia latinoamericana.
2.5.
La "nueva" infancia
A
medida que pasan los años, un buen número de
los antiguos esquemas con los que los adultos nos hemos nos
hemos representado lo que es infancia se van desmoronando.
Algunos autores como Steinberg y Kincheloe (2000); Casas (1998)
y Postman (1982) han puesto especial énfasis en resaltar
que los mayores cambios representacionales sobre el mundo
en que vivimos se generan con las herramientas tecnológicas
culturalmente dominantes en cada período histórico.
Igual que la imprenta o el telégrafo conllevaron, hace
siglos, enormes cambios en nuestra cultura, incluyendo cambios
sobre la imagen de la infancia y lo que se esperaba de niños
y niñas, hoy asistimos a nuevos cambios, lentos e incluso
imperceptibles, pero profundos, debido a la televisión
y demás medios de comunicación audiovisual,
en los que ya participa la informática; hemos entrado
de lleno en lo que se viene denominando la cultura icónica.
Así Postman (1982), considera que la infancia tal como
la entendíamos tradicionalmente, está despareciendo.
La nueva infancia es mucho más competente que la anterior
en muchos ámbitos, especialmente ante algunas nuevas
tecnologías, hasta el punto que sus habilidades ante
las mismas superan a menudos a las de sus padres. Las representaciones
adultas sobre la infancia deberán cambiar necesariamente
para integrar todas estas nuevas evidencias.
3.
Conclusión
(a)
La historia de la vida privada concibe a la infancia como
una categoría social "invisible/visible"; mientras
que la historia psicogénica que asocia a la infancia
con las pautas o formas de crianza; y la historia como indagación
genealógica define a la infancia como una figura social;
y la historia de la infancia colombiana que la caracteriza
por una dinámica de transformación de conceptos
y prácticas fundamentadas en la autoridad y moral religiosa
tradicional que ceden lugar a perspectivas modernas que hacen
referencia directa a las cualidades psicosociales de niños
y niñas
(b)
La concepción pedagógica moderna de la infancia,
define a ésta como un periodo reservado al desarrollo
y a la preparación para el ingreso de la vida adulta;
y la concepción pedagógica contemporánea
de la infancia, entiende a ésta como un período
vital reservado al desarrollo psicobiológico y social
en el marco de los procesos educativos institucionales.
La
concepción pedagógica activa y moderna de la
infancia, la define como una etapa de evolución de
la especie, como semilla de esperanza de una nación
moderna, y como objeto de estudio e intervención de
los saberes modernos que se ocupan de los niños.
(c)
Las concepciones provenientes de la psicología social
conciben la infancia como un período de vida que se
refiere a un conjunto de población; un consenso social
sobre una realidad objetiva y universal; etapa ideal del hombre
en un mundo real, cotidiano, en contraste con un mundo ideal
e imaginario.
(d)
Los nuevos avances jurídicos y de las políticas
sociales consideran a la infancia como sujeto de derechos
y objeto de políticas o programas sociales que tratan
de repercutir positivamente en las circunstancias de vida
de la población infantil.