"La
conversación: Un
juego complicado"
Rafael
Areiza Londoño
Olga Leonora Velásquez López
Las
reglas constitutivas de un acto de habla, como las regulaciones
de cualquier juego, surgen, se acomodan y se consolidan a
medida que evolucionan las condiciones históricas de
la comunidad, formando hábitos y costumbres que moldean
el comportamiento lingüístico y cultural de esa
comunidad concreta, constituyéndose en la competencia
pragmática de los usuarios. Sin embargo, las diferentes
versiones de un acto en distintos contextos culturales, responden
a un mismo esquema o sistema de reglas subyacente, diferencias
que antes que ubicarse en el significante se encuentran en
el espíritu o mentalidad de los pueblos. Esto se puede
ilustrar con el ejemplo que nos trae Roman Jakobson (1976:125)
cuando comenta la diferencia para afirmar y negar entre los
búlgaros y el resto de los europeos. "En el
sistema búlgaro - dice - un signo negativo único
consiste en echar atrás la cabeza y en su consiguiente
retorno a la posición vertical... expresa alejamiento,
desacuerdo, discordia, sugerencia rechazada, negativa a dar
una respuesta positiva a una pregunta dada, mientras que el
signo búlgaro para la afirmación -volver la
cabeza de un lado a otro- representa obviamente... su antónimo
negativo". A pesar de la diferencia en el significante,
el signo es subyacentemente el mismo ya que la negación
expresa rechazo y en la afirmación se está expresando
aceptación, y para tal efecto se "presta oído";
factor éste que vincula a los hombres de culturas diversas,
a través de una gramática que como lo dice Camps
(1976:102) "...tiene sus raíces en la conducta
común de la humanidad", demostrando así
la existencia de leyes estructurales o principios constitutivos
de la especie humana
que como tal rigen las relaciones con independencia de la
diversidad cultural.
Llevar
a cabo un acto de habla es participar en una actividad regularizada,
arbitraria y convencional que supone la existencia del otro,
ante quien se dirime un status y con quien se desarrolla un
tópico de manera individual y creativa; sin embargo,
sujeta a procesos transaccionales que consideran al interlocutor
como otra estructura subjetiva y cognoscitiva que regula el
comportamiento y abre el horizonte de la (inter)acción
lingüística.
El
empleo de regularidad en el sentido expresado por Camps (1976)
en sustitución del de regla en Searle, parece ser más
adecuado por cuanto la actuación lingüística,
dada su volubilidad y carácter heteróclito,
es casi imposible someterla a la normatividad de un sistema
formal, como sí ocurre en el caso de la competencia
lingüística Chomskyana. Sin embargo, no puede
faltar una relativa normatividad en el uso, que de no existir
daría lugar a los "sin sentidos" de
Wittgenstein (1988) haciendo que el lenguaje deje de ser un
elemento concatenador para transformarse en un hecho privado
imposible de aplicar para el evento de la comunicación.
Todo
evento de comunicación o juego de lenguaje, debe ubicarse
dentro de un cierto nivel de normatividad -que impide que
el lenguaje "se vaya de vacaciones" (Wittgenstein
1988,38) - y constituye la infraestructura del acto de habla,
haciendo que los usuarios participen en el mismo juego de
lenguaje, que se mantengan dentro del contexto de habla, sigan
dentro del mismo, permitiendo que el juego marche hacia adelante
abriendo el camino, y lo que es más importante, que
propicie las condiciones que garanticen el logro de los objetivos
propuestos por los interlocutores desde el momento de instaurarse
la relación intersubjetiva.
Para
obtener estos fortunios en los juegos de lenguaje, es indipensable
saber jugar, aun sin conocer explícitamente sus reglas.
Los comentaristas y críticos de fútbol, por
ejemplo, conocen las regulaciones constitutivas del juego
pero ello no indica que sean futbolistas competentes; lo contrario
puede decirse de los jugadores de potrero que sí tienen
un buen nivel práctico futbolístico que se adquiere
jugando sin conocer explícitamente la gramática
profunda, inscrita en el juego.
De
igual manera los hablantes usan las reglas, regulaciones y
regularidades de su lengua sin conocer conscientemente ni
el sistema formal ni su gramática profunda, entendida
ésta última con Wittgenstein, como la explicitación
del modo de operación de los juegos del lenguaje en
los procesos intersubjetivos y no como el sistema rígido,
característico de la competencia lingüística.
A pesar del no manejo consciente de esta segunda gramática,
ello no impide que los usuarios sean eficientes y logren condiciones
de éxito en los actos de habla en los que se involucran,
dado que han internalizado los sistemas que bañan su
actividad por el hecho de estar inmersos en esa sociedad y
haber incorporado la forma social de vida a través
de la práctica del lenguaje. Todo esto lo ratifica
Camps (1976:71) cuando afirma:
"El
jugar presupone unas reglas, pero en sí mismo es
más un knowing how, que un knowing that (para usar
la teminología de Ryle), la práctica predomina
sobre la teoría. (resaltado nuestro)....
saber hablar es saber usar la palabra adecuada en su momento,
convertir el lenguaje en una "forma de vida....".
El
acervo de reglas constitutivas y regulatorias, o más
propiamente de reglas, regulaciones y regularidades, en poder
de los usuarios, no son suficientes para la adecuación
comunicativa; a ellas están vinculadas unas condiciones
que enmarcan el acto de habla. En otras palabras, todo acto
de habla además de someterse a reglas, regulaciones
y regularidades, es normado por condiciones lingüísticas,
proposicionales, contextuales e intencionales o ilocutivas,
que dadas sus características
determinan la adecuación de los enunciados que materializan
el acto de habla. Analicemos en detalle dichas condiciones:
Condiciones
lingüísticas
Están
referidas a que los participantes en el acto de comunicación
sean usuarios eficientes de la lengua; que manejen una competencia
comunicativa que los faculte para actuar y no tengan limitaciones
de carácter físico o psicológico que
les impida expresarse. El punto de partida es el de presuponer
un hablante-oyente ideal, tipo chomskyano, capaz de producir
e interpretar los enunciados de su lengua, así como
de inferir y de producir las implicaturas necesarias para
interpretar las indirecciones que surjan en la conversación.
El no cumplir con esta condición impide la comunicación
eficaz, y todo emisor al reconocer en su destinatario alguna
deficiencia, usa un nivel de habla tal que de alguna manera
no corresponde a su normal desenvolvimiento, afectando su
fluidez lingüística.
Condiciones
proposicionales
El
conocimiento intuitivo de la gramática formal de la
lengua, faculta al usuario para producir enunciados gramaticales
e interpretables. Para darse el acto de habla y posibilitar
su interpretación, el emisor debe producir enunciados
sujetos a esa gramática de manera tal que facilite
la interpretación de su producción lingüística.
De la misma manera, el emisor debe tener claro cuál
es el propósito de la comunicación para construir
el enunciado cuyo contenido responda a un hecho contextual
y a su intencionalidad. La elaboración enunciativa,
entonces, obedece además, a factores extralingüísticos
y subjetivos como son todos aquellos que se pueden globalizar
en lo que la pragmática denomina la ilocutividad. Veamos
los siguientes ejemplos: ¡Qué es esa necedad,
compórtese, maleducado!, es un enunciado que materializa
el acto de habla regañar, cuyo contenido proposicional
está referido a un evento simultáneo al acto
de enunciación. Mientras que ¡Por su bien, es
mejor que se acueste temprano!, desarrolla el acto de habla
aconsejar con proyección al futuro, basado en un acontecimiento
del pasado.
Condiciones
preparatorias
Son
todas aquellas situaciones previas que justifican el acto
de habla, condicionan la calidad lexical, la intensidad ilocutiva
y la amplitud quinésica que se esgrime. Es en este
contexto donde el acto de habla adquiere sentido y se explican
las conductas en la actividad dialógica. El acto de
habla aconsejar, por ejemplo, donde se materializa ¡Por
favor, es mejor que se acueste temprano!, supone un evento
anterior - trasnochar - practicado por un interlocutor a quien
se le aconseja suspender ese hábito y sobre quien se
tiene alguna ascendencia que autoriza para influir en su conducta.
El emisor además, presupone dos hechos: primero, que
su interlocutor no va de motu proprio a modificar su proceder
habitual y, segundo, que dada su posición de autoridad
es probable que su consejo sea acatado.
Condiciones
de sinceridad
Están
referidas al estado psicológico del emisor, quien debe
tener la intención de realizar el acto de habla desarrollado
y justificado por las condiciones preparatorias. Estas condiciones
de sinceridad son la base sobre la cual descansa el acto que
se desarrolla, dando oportunidad así a considerar el
contenido
proposicional como un factor no necesariamente determinante
en la calificación del sentido de la enunciación.
En el caso del consejo, se supone que el emisor quiere que
su interlocutor no continúe trasnochando por considerarlo
como un hábito dañino y riesgoso. En otras palabras,
toda la intencionalidad del emisor está puesta al servicio
de comunicar el acto de habla que materializa y no otro, y
mucho menos producir un acto hueco.
| El
acervo de reglas constitutivas y regulatorias, o más
propiamente de reglas, regulaciones y regularidades, en
poder de los usuarios, no son suficientes para la adecuación
comunicativa; a ellas están vinculadas unas condiciones
que enmarcan el acto de habla. |
Condiciones
esenciales
La
proposición que materializa el acto de habla debe ser
representación del estado de cosas que en la práctica
se presenta; la emisión lingüística cuenta
así como la realidad objetiva misma o la obligación
de llevar a cabo un acto al comunicar en forma exhaustiva,
clara y creíble el evento que se pretende realizar.
El
obedecer a ese cúmulo interrelacionado de reglas, regulaciones,
regularidades y condiciones - lo que da un indicio de la complejidad
del acto comunicativo -, hace que todo evento de habla sea
reconocido en su sentido, determinando así la adecuación
del acto de habla a la situación contextual, lo cual
se conoce en términos pragmáticos como Condiciones
de Éxito o Fortunios.
Realizar
un acto de habla, entonces, reúne un conjunto de exigencias
que traspasan lo lingüístico o la verbalización
de la intención, para adentrarse en otras esferas no
menos importantes como por ejemplo las implicaciones que surgen
de la relación intersubjetiva o acción comunicativa,
y del discurso, donde se sintetizan todas las experiencias
y expectativas de los interlocutores.
Es
en el marco de estos dos factores _ la acción comunicativa,
entendida como interacción, y el discurso _ donde se
transa el sentido del acto de habla, que al eslabonarse con
otros eventos, configura lo que Van Dijk (1989) denomina macroacto
de habla, entendido como una secuencia encadenada y compleja
de actos de habla, realizada a través de un discurso
lineal y globalmente coherente que satisface las condiciones
de adecuación para lograr el propósito de la
interacción verbal; hecho este que limitamos al diálogo
cotidiano en el que cada uno de los interlocutores, tiene
igualdad de oportunidades en la realización del evento
comunicativo.
La
interacción se tiene que entender como un factor privilegiado
en la explicación del proceso de la comunicación
y de la cognición social, hasta el punto de que un
individuo no puede considerarse tal, si no tiene la capacidad
de apropiarse del lenguaje y de la vida social encarnada en
los evento culturales, donde los miembros de una sociedad
se organizan, se evalúan y se ratifican con base en
la posesión de parcelas pragmáticas comunes
- o entorno cognoscitivo mutuo (Sperber y Wilson ) - construídas
al interior y a partir de la dinámica conversacional.
Esta dinámica implica un doble proceso de producción
e interpretación discursiva en el que se involucran
sujetos concretos0 - locutores - poseedores de conocimientos
e informaciones, que se dirigen a uno o varios interlocutores
- alocutarios - dentro del marco de una localización
contextual en la que se espera que cada uno participe cooperativa
y simétricamente en el desarrollo del tema de conversación.
Conversar
se constituye así en una forma de interactuar, y para
ello se requiere un común denominador cultural, ubicarse
delante del otro, adoptar un roll y estar dispuesto a influir
y dejarse influir en una dinámica sociocultural de
la que locutores y alocutarios se benefician sustantivamente,
al ejercer ética y consensualmente su función
discursiva.
Toda
conversación supone una manifestación discursiva
cuando los participantes usan los turnos para estructurar
la actividad dialógica que desarrolla el tópico
acordado, en una construcción cooperativa, en la
que cada usuario del turno, como sucesor en el uso de la palabra,
está en función del sentido de lo dicho por
el locutario anterior, produciéndose una coherencia
global surgida como consecuencia de que un antecendente conversacional
siempre ha de desencadenar otro turno en relación de
sentido con el precedente. Esto le da carácter de estructura
a la conversación. La relación de interdependencia
semántica entre los enunciados es una consecuencia
de la preocupación de los participantes por mantenerse
en torno a referentes establecidos por consenso y manejados
dentro de un mundo cognoscitivo mutuo, que se constituye en
el tópico de la interacción verbal al que todos
convergen en forma dinámica.
Esa
forma de participar dinámicamente o no dentro del proceso
conversacional permite, ubicar dos tipos de diálogos:
diálogos simétricos y diálogos asimétricos:
Veamos
ejemplos:
Contexto.
Dos amigas se encuentran en el centro de la ciudad:
A1.
Hola, Mery. ¿Cómo estás?
B1.
Qué hubo, china. Bien. ¿Y vos?
A2.
Bién, gracias. ¿ Cómo siguió tu
mamá?.
B2.
Ahí. Pero ya está mucho mejor, gracias. Hacía
tiempo que no te veía. ¿Dónde estás
trabajando ahora?.
A3.
Allá mismo, en el supermercado. ¿Y vos?.
B3.
En estos días no tengo camello. ¿No oíste
que en la gobernación recortaron personal ?. Ahí
caí yo. No sé que hacer. No sé que
camino coger.
A4.
Y ¿Qué estás haciendo, entonces?.
B4.
Viviendo del aire. Mi mamá enferma y mi hermano en
el ejército. Es que aquí no se consigue qué
hacer. Y después preguntan que por qué hay
tanto ladrón. Estamos en la olla.
A5.
Está dura la situa. Si yo sé de algo te aviso,
tranquila. De pronto paso esta semana a visitar a tu mamá.
B5.
Bueno, china. Te espero. Nos vemos.
A6.
Bueno, chao.
El
anterior es un diálogo simétrico en el que los
interlocutores intervienen en una construcción cooperativa,
obedeciendo intuitivamente a las máximas de Grice,
todas las intervenciones son relevantes por cuanto están
relacionadas lineal y globalmente y contribuyen al desarrollo
del tópico o tópicos que se está(n) tratando,
razón por la cual se denominan turnos topicales, en
este caso la falta de trabajo y la salud de la madre de una
de las interlocutoras.
La
secuencia discursiva del diálogo, se da mediante esos
turnos topicales relacionados, creando un texto sincronizado
en un marco en el que nadie trata de "tomarse el escenario"
y en el que los participantes tienen la libertad de orientar
el flujo de la conversación en búsqueda de un
consenso o entendimiento mutuo, lo que no ocurre en el diálogo
asimétrico.
Los
diálogos simétrico y asimétrico son distintos
desde el punto de vista de la participación de los
actores: mientras en el primero, los participantes tienen
el turno y hacen uso de la palabra, en el asímétrico,
sólo uno de los ellos tiene esta prerrogativa. Esto
obliga a diferenciar entre tener el turno y tener la palabra
lo cual explica mejor la diferencia.
En
el primero, los interlocutores tienen tanto el turno como
la palabra, y en esa instancia hacen su contribución
cooperativa, mientras que en una situación conversacional
asimétrica sólo quien domina el escenario tiene
el turno y la palabra y es el único que hace contribuciones
sustantivas, dado que tiene el poder, conoce la situación
y posee el conocimiento pertinente, hechos estos que lo autorizan
para imponer y direccionar el tópico de conversación.
Se escucha solamemente su voz, las demás son marginales.
| Es
en el marco de estos dos factores _ la acción comunicativa,
entendida como interacción, y el discurso _ donde
se transa el sentido del acto de habla, que al eslabonarse
con otros eventos, configura lo que Van Dijk (1989) denomina
macroacto de habla. |
La
tipología de diálogos presentada muestra la
posibilidad de postular un clasificación de los turnos.
En el diálogo, una de las participantes (A) dice: "¿Cómo
siguió tu mamá?", proponiendo el tópico
de la conversación, el cual va a ser desarrollado por
las siguientes participaciones que centrarán en él
su actividad argumentativa hasta el momento que surja una
nueva topicalización o finalice el diálogo.
Al turno que impone o propone el tópico se le denomina
topical nuclear, mientras que a los turnos que desarrollan
el tópico, girando alrededor del nuclear, se les llama
topicales colaterales.
En
el diálogo simétrico, el turno topical nuclear
surge de la dinámica conversacional que se genera en
la relación intersubjetiva, mientras que en el asimétrico,
es una imposición de un participante en favor de quien
los demás, "renuncian" al uso de la
palabra y utilizan turnos topicales colaterales que complementan
la argumentación sin la fuerza para aportar o contradecir,
alimentando el contexto para que el participante de mayor
manejo del tópico y conocimiento, se "robe
el escenario", establezca quién puede hablar,
cuándo se puede hacer, qué tanto se puede decir,
cómo se valoran las participaciones de los otros "interlocutores";
en últimas, impone el tópico mediante un turno
nuclear y direcciona la conversación a través
de los turnos colaterales que lo sustentan. Su palabra prevalece
y se decide en forma absoluta y "unánime"
lo que desde el principio se proponía. Por estas razones,
esta actividad, no se puede calificar como diálogo
en sentido estricto.
Nos
centraremos en el diálogo simétrico que tiene
lugar en un contexto informal, donde no necesariamente existe
planeación temática y se habla de cualquier
cosa en una (inter)acción bilateral, horizontal, desprevenida,
en la que se concatenan actos de habla e instancias o fragmentos
cotextuales, donde hay enunciados que se secuencian conformando
una estructura a través de la cual se desarrolla un
sintagma conversacional, en el cual hay participaciones que
toman el turno, lo sustentan y lo entregan, desempeñando
cada una de ellas una función dentro del armazón
o superestructura de la conversación. Esta superestructura
en gran medida determina, según Van Dijk (1983:277)
"...lo que ha de decirse primero y de qué manera,
qué ha de decirse a continuación y cómo
hay que hacerlo...".
Hudson
(1981) considera que en la conversación subyace una
estructura determinada por las participaciones, en las que
un emisor produce un enunciado que exige del destinatario
una contrapartida sin la cual el acto de habla se trunca,
y ocasiona una serie de implicaciones pragmáticas conversacionales
tales como una relación intersubjetiva no cortés,
un ruptura de la simetría expresada en un no reconocimiento
del otro, lo que prefigura el no logro del consenso o condiciones
de nofortunio. Esas participaciones, en una relación
antecedente-consecuente, conforman parejas adyacentes, contiguas,
o como los denomina Van Dijk (1983) actos de habla biconexos
que se amalgaman en una sola entidad, tales como preguntar-responder,
reclamar-pedir excusas, felicitar-agradecer, saludar-responder
el saludo, despedirse-responder la despedida, donde la primera
fase del par constituye el contexto lingüístico
de la segunda, le da su razón de ser y lo determina
como acto de habla. Ejemplos:
Contexto:
Un saludo muy común entre jóvenes que utilizan
"el parlache", una variedad dialectal en
Pereira:
A1.
Tonces qué, loco. Vientos o maletas?.
B1.
Vientos, guebón. Aquí desparchado.
Contexto:
Un fragmento de diálogo entre parceros, o usuarios
del "parlache"
A1.
Y usted qué?. Dónde está la fufurufa
con que andaba?.
B1.
No, esa falseta, suerte. Nos abrimos hace rato. Ya me levanté
otra nena mejor. Y pa' ónde va?.
| Dentro
del proceso de formación de la competencia comunicativa,
el saludo, lo mismo que la despedida - ubicados dentro
de una competencia estratégica conversacional -
son los primeros hábitos que el niño adquiere
y no desaparecerán de su formación cultural.
|
Estas
participaciones adyacentes conforman estructuras mayores que
marcan hitos dentro de la conversación, cuya sucesión
se hace mediante cambios de turnos y/o turnos de transición
diseñados para negociar el inicio y el final de las
instancias macro-estructurales o categorías que configuran
el sintagma conversacional; tales categorías, según
Van Dijk (1983) son: apertura, orientación,
objeto de la conversación, conclusión y terminación.
Cada una de ellas juega un papel fundamental dentro de
esa estructura y su secuencia es, hasta cierto punto, inmodificable,
dependiendo de los propósitos conversacionales que
tengan los actores, como lo veremos más adelante.
Analicemos
esas categorías planteadas por Van Dijk en los ejemplos
anotados:
La
preparación
Es
una instancia previa a la apertura de la conversación,
prepara la comunicación a través de lo que podríamos
denominar "llamar la atención" al
destinatario. Para ello se utilizan vocativos, fórmulas
de tratamiento, pronombres personales, interjecciones o verbos
en forma imperativa. Expresiones como: "¡Carlos!",
"¡Doctor!", "¡Señor!",
"¡Oiga, usted, el de amarillo!"; ¡Hey!,
acompañados de una deixis gestual. El uso de esas fórmulas
está determinado por la evaluación que hace
el emisor de su destinatario, utilizando entonces, fórmulas
de tratamiento más o menos corteses dependiendo de
lo que arroje la evaluación en relación con
la jerarquía inferida; sin embargo, para evitar equivocaciones
y posibles represalias del destinatario, cuando éste
es desconocido, se prefiere utilizar, "Señor-Señora";
pero si se le conoce y/o la evaluación no da lugar
a equívocos, se usan fórmulas como: "Señor",
"Señora", "Doctor", "Señorita",
"Madrecita", "Mi amor", "Parcero";
aunque a veces también se utilizan imperativos como
¡Oiga!, ¡Mire!, ¡Venga! etc. Todo lo
anterior acontece con el interlocutor a la vista. Cuando ello
no ocurre, por ejemplo cuando se llega a una casa cerrada,
como instancias preparatorias, podrían considerarse
los hechos de timbrar o tocar la puerta recibiéndose
reacciones como mirar por la ventana, por el balcón,
abrir la puerta o preguntar: "¿Quién es?",
con el fin de certificar la viabilidad de la interacción
con alguien que se supone conocido o con el que se justifique
la relación dialógica que se aproxima. En el
caso de una llamada telefónica esta instancia se materializa
con expresiones como: "¿Aló?", "¡Diga!",
"¿Hola?", ¿Si?
Cuando
se llega a un conjunto cerrado a conversar con alguno de sus
habitantes, la instancia preparatoria es entablar un diálogo
incipiente con el portero de la unidad, sin ignorar que también,
para la actividad dialógica con el portero se requiere
una instancia preparatoria. En otras circunstancias cambian
de modalidad, por ejemplo en el caso de llegar a una casa
campesina donde las cercas no nos dejan aproximar a la puerta
y no hay timbres, en tal caso se dan gritos, silbidos, exclamaciones
como "¿Quién vive?", " ¿Hay
alguien ahí?", "¡Buenos dias!",
o se lanzan piedras u otros objetos; aunque es muy posible
que los perros establezcan la instancia preparatoria. Las
respuestas que se pueden esperar serían:
"¡Siga!",
"¡Adelante!", "¡A la orden!",
"¿Quién es?", "¡Qué
necesita!", "¡Un momento, ya voy!".
Son
preparatorias, en general, todas aquellas acciones o expresiones
que sirven de antesala al saludo y constituyen el abrebocas
de la conversación propiamente. Este marco preparatorio
determina el tipo de tratamiento que se mantiene a lo largo
de la interacción; es decir, la calidad de los elementos
lingüísticos debe estar acorde con el grado de
cortesía que se deriva de la forma de tratamiento que
se adopte en esta fase previa de la conversación. Por
ejemplo: es incongruente, por lo menos en nuestro medio, el
que se utilice un vocativo como "Doctor", y en el
desarrollo de la conversación se utilicen pronombres
y flexiones que rompan la distancia marcada por ese vocativo,
a menos que éste haya sido utilizado para producir
otros efectos en un interlocutor con el que se tiene una relación
cercana aunque el vocativo pueda responder a una referencia
correcta. Vale anotar que en nuestro país se tiene
la costumbre de emplear "Doctora" aplicado a cualquier
persona con la connotación de poder, así como
el uso del nombre propio para expresar cercanía y el
apellido para mostrar una relación lejana. Los apodos,
por su parte, expresan o una relación muy estrecha
o una relación de subordinación.
Estas
fórmulas preparatorias marcan jerarquías en
la relación intersubjetiva y determinan el uso de ciertas
entradas léxicas con las connotaciones de status demandadas
por las relaciones de poder o de igualdad, según el
caso.
a.
Apertura
A1.
Hola, Mery. ¿Cómo estás ?
B1.
Qué hubo, china. Bien. ¿Y vos?
A2.
Bien. Gracias.
El
ejemplo corresponde al acto de habla saludar y es un momento
estratégico, de entrada al diálogo, con el cual
se abre el encuentro de los actores, se da el reconocimiento
del otro con quien existen afinidades socioculturales y cognitivas
que constituyen la plataforma pragmática sobre la cual
se concreta el intercambio verbal. Adquiere formas lingüísticas
y quinésicas en concordancia con los contextos verbales
y patentiza el grado de afinidad con el que se selló
el último encuentro que en este momento se refrenda.
Dentro
del proceso de formación de la competencia comunicativa,
el saludo, lo mismo que la despedida _ ubicados dentro de
una competencia estratégica conversacional - son los
primeros hábitos que el niño adquiere y no desaparecerán
de su formación cultural.
b.
La Orientación.
A2.
¿Cómo siguió tu mamá?.
B2.
¿ Dónde estás trabajando ahora?.
Es
la función que introduce el tópico, prepara
el tema para ser sustentado a lo largo de la conversación.
Adopta distintas formas, determinadas por el tema de la conversación,
la actitud del emisor, la distancia que medie entre los interlocutores,
formas tales como "Este año como que siempre
nos vamos a quedar sin aumento, no?", "Maradona
sigue dando lora, qué pesar", "¿Adivinen
a quién acabo de ver en el centro?", jalón
a partir del cual se puede desencadenar una amplia conversación
con sustentación de ideas y presentación de
argumentos que se mantendrán dentro de la temática
propuesta o bien puede ser rechazado y reorientado por el
destinatario mediante expresiones como: "No quiero
hablar de eso"; "Hablemos de otra cosa"; "Cambiemos
de tema", etc. Ferrara (1998), prefiere darle el
nombre de Introducción a esta categoría.
c.
El objeto de la conversación
B2....Ahí.
Pero ya está mucho mejor, gracias.
A3....Allá
mismo, en el supermercado.
Son
los turnos que efectivamente desarrollan el tópico
o los tópicos de la conversación, durante los
cuales se da el siguiente proceso:
Tomar
el turno, se parte de la idea de que quien toma el turno
lo hace con el propósito de hacer movimientos cooperativos;
no va a producir disgresiones y en caso de hacerlas debe volver
al caudal de la conversación dando razones de la relación
entre su argumentación y el tópico en desarrollo.
Sustentarlo,
es la secuencia que contribuye al desarrollo del tema,
está en concordancia con el propósito con el
que se toma el turno. En este momento del proceso se expresa
lo que efectivamente quiere un actor del otro.
Cambio
temático, es una instancia opcional del proceso
a partir de la cual se puede dar la recursividad topical sin
violar ningún principio conversatorio; el usuario puede
cambiar el tópico utilizando una fórmula de
transición lingüística que resume lo dicho
y muestra una nueva faceta sin violar el principio cooperativo,
tratando de mostrar la relación de un tema con el otro
o por lo menos de no producir saltos que rompan el sintagma
conversatorio. Para lograr este efecto se utilizan elementos
de cohesividad tales como: "A propósito"...,
"Hablando de eso mismo...", "Se me olvidaba...".
Cuando no existe relación entre un tópico y
el otro, se abre una negociación entre los actores
tendiente a "vender la nueva idea", con el
fin no producir ruptura procurando que se produza un nuevo
consenso conversatorio alrededor de la nueva topicalización.
Para proponerla se utilizan expresiones tales como: "Hablando
de todo un poco...", "Cambiando de tema...".
En el diálogo que nos sirve de ejemplo, sin embargo,
no se observan estas expresiones de transición, o elementos
de cohesividad; tal parece que no son necesarias cuando hay
una relación muy cercana entre los interlocutores que
dan la apariencia de cambiar inopinadamente el tópico;
sin embargo tales transiciones continúan dándose
a través de acuerdos tácitos marcados por la
circunstancias, que se manifiestan a través de indicios
quinésicos, pausas, conjunciones, miradas, entonaciones.
d.
Conclusión
El
emisor produce enunciados tendientes a comunicar que ha terminado
su participación y para el efecto resume el contenido
total de su participación mediante expresiones como:
"Así veo yo las cosas", "Estamos
de acuerdo", "Esto es necesario hablarlo con más
calma"; aunque muchas veces simplemente se utilizan
curvas prosódicas descendentes que indican la culminación
del tópico y del turno.
-
Entrega del turno, en esta instancia el emisor cierra
su participación con un descenso prosódico al
emitir la conclusión de su participación.
e.
Terminación o cierre
Los
interocutores terminan definitivamente su participación.
Aquí se da un intercambio de fórmulas de cortesía
como "¡Bueno, que estés bien!", ¡Suerte,
nos vemos!", " ¡Cuídese", expresiones
éstas de deseo de bienestar, acompañadas del
alejamiento físico. Existen algunas bastante informales
como "¡Nos vidrios¡", "¡Nos
pillamos!", ¡Chao pués", "Chao
pelao" y otras en las que se propone un nuevo encuentro
que se establece como compromiso a partir de ese momento,
adquiriendo la doble ilocutividad de despedida y de promesa,
como "Bueno,
nos vemos, pues", "Te espero, nos vemos", "Te
llamo", "Llámame", No me olvides, "No
olvide el camino".
En
la propuesta de Van Dijk se distinguen dos bloques de categorías:
unas que se manifiestan lingüísticamente a través
de los turnos topicales nucleares y colaterales y las denominamos
categorías topicales o temáticas y otras en
las que no se desarrolla ninguna temática y están
por fuera de la topicalización pero vinculadas al sintagma
conversacional, por esta razón las denominamos categorías
no topicales o atemáticas. Las categorías topicales
o temáticas son: La orientación, El objeto de
la conversación y La conclusión; mientras que
en el grupo de las atemáticas ubicamos a La apertura
y a La terminación, de las cuales nos ocuparemos brevemente.
La
apertura y la terminación, que correpon-den respectivamente
a los actos de habla saludar y despedirse, son las dos instancias
con las cuales se inicia y se culmina la acción dialógica.
Mientras que la primera dan indicios de cuál será
el ambiente que se respirará en los turnos topicales,
la segunda recoge el aire que se respiró en el trancurso
del desarrollo del tópico y da la pauta de cuál
será el contexto actitudinal en el que se dará
el próximo encuentro. La apertura y la terminación,
a nuestro parecer, constituyen una pareja indisoluble; en
otros términos, todo saludo implica una despedida y
si hay una despedida es porque necesariamente hubo un saludo,
resultando así que dentro del diálogo no sólo
existen participaciones biconexas, sino también categorías
que se implican mutuamente, hasta el punto de que si no se
manifiesta esta correspondencia, así sea a través
del silencio - que también significa -, se puede inferir
una ruptura del diálogo y/o de la relación:
el no consenso.
Dada
la importancia del tema y la amplitud con que debe tratarse,
emplearemos otro espacio para el tratamiento de los saludos
y las despedidas como eventos de habla con especificidades
culturales y reglas que los configuran. Importaba por el momento
resaltar la muy merecida atención que la lingüística
le ha prestado a la conversación como escenario donde
de simultáneamente se materializan finalidades sociales
y expresivas en eventos de habla.
| Conversar
se constituye así en una forma de interactuar,
y para ello se requiere un común denominador cultural,
ubicarse delante del otro, adoptar un roll y estar dispuesto
a influir y dejarse influir en una dinámica sociocultural
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