Nuestro
trabajo parte de una pregunta que se considera definitiva
en los estudios actuales de filosofía y de cultura.
La pregunta permite volver a pensar alternativas de redención
imaginativa como respuesta a toda forma de alienación
y sujeción de la voluntad. ¿Encuentra una
ruta Walter Benjamín a la escisión entre razón,
y crisis de la experiencia subjetiva humana?. Profundizar
en esta pregunta es proseguir una ruta que desde Benjamín,
conduce a la comprensión filosófica de la
crisis contemporánea.
1.
La vanguardia y la novedad
Contemporánea
de las revoluciones socialistas, la vanguardia se encontró
inspirada por una utopía depositaria de las esperanzas
de redención social. La utopía creció
en el interior de una gran civilización donde lo
nuevo, contenía el germen de una identificación
emancipadora con las capacidades imaginativas de la subjetividad
humana. En nuestro presente esa idea de novedad da
la impresión de encontrarse en crisis y aparejada a
esta crisis se hace más común la idea entre
los interesados en el tema de que lo moderno ha de ser nuevamente
pensado o y hasta redimido.
Como
bien lo plantea Eduardo Subirats, en los inicios de la cultura
industrial moderna la novedad estuvo identificada al
progreso moral o social, a pesar de que en algunos sectores
de artistas haya existido una reacción negativa a ese
tipo de vanguardia por considerarla
ausente de un ideario emancipador lo suficientemente radical.
¿Significa esto que la relación entre vanguardia
estética y modernidad moral y social se encuentra rota.?
"El futuro es experimentado hoy por los pueblos como
un proceso universal de destrucción material y moral
cuyos primeros pasos han empezado ya " nos expresa
Subirats. La "experiencia contemporánea"
de la vida se nos descubre reducida a un presente continuo
de información en que las catástrofes sociales
y las experiencias individuales brillan y estallan en la instantánea
misma de un presente que todo lo devora. Pensar con una perspectiva
histórica lo cercano, aquello que se nos sugiere como
contemporáneo ; historiar desde un ámbito
crítico lo pequeño, darle voz a zonas silenciadas
donde no se ha escrito la historia, se vuelve un reto que
Walter Benjamín asume.
2.
Vanguardia, fascinación y fascismo
Según
Benjamín el idilio con la información y la defensa
de la experiencia estuvieron presentes como tensiones dialécticas
en la expresión vanguardista de la primera mitad del
siglo veinte europeo. El "maquinismo", el
"futurismo" la "Abstracción"
son corrientes estéticas que identifican las búsquedas
imaginativas con el reconocimiento y el aprovechamiento que
el espíritu de racionalización y la colectivización
del imaginario tecnológico han dejado, dibujando unos
límites para la acción humana a partir de una
relación particular con la razón y la máquina.
En estas corrientes se trasparenta la fascinación
por el progreso que un nuevo entorno cultural promete
de liberación espiritual por medio del arte, pero también
se augura el reconocimiento de antiguos sentimientos que de
la fascinación se aproximan al fascismo y que el artista
hace suyos desde el arte y la política. En un fragmento
Benjamín recoge el ejemplo de esta síntesis
poética que hace emblemática el idilio de los
poetas con la tecnología:(1)
"Desde
hace veintisiete años, nosotros, los futuristas,
nos levantamos contra la idea de que la guerra sería
antiestética... Por ello... afirmamos: la guerra
es bella porque gracias a las máscaras antiguas,
al terrible megáfono o los lanzallamas y los carros
de asalto, se fundamenta la soberanía del hombre
sobre la máquina subyugada. La guerra es bella, porque
enriquece una pradera con orquídeas ardientes: las
ametralladoras. La guerra es bella, porque reúne,
para hacer una sinfonía, los disparos de fusil, los
cañonazos, los altos del fuego, los perfumes y los
olores de la descomposición."
El
anterior es uno de los ejemplos de esa alianza modernista
entre la imagen del progreso técnico unido al desarrollo
espiritual propiciado por el arte, y en el cual se usa la
imagen de la nueva guerra, aquella que de las lanzas y el
fusil ha pasado a los tanques, las metrallas y las bombas.
En su artículo"Teorías del fascismo
Alemán"(2) (Theorien des deutschen
Faschismus") Benjamín afirma que "...sin
que vaya en detrimento de la importancia de las raíces
económicas de la guerra, que la guerra imperialista
está condicionada en su núcleo más duro
y fatal por la discrepancia abismal entre los inmensos medios
de la técnica y la ínfima clarificación
moral que aportan." Esta comentario esclarece su
posición crítica hacia los avances de la tecnología.
La guerra contemporánea no tiene en absoluto nada de
heroica, la imagen del soldado esta desarticulada de cualquier
representación moral que nos haga concebir un héroe
de la experiencia espiritual. Benjamín nos había
indicado en su estudio sobre los pasajes que el héroe
moderno en Baudelaire no tiene la imagen del soldado ya que
la figura militar se encuentra en decadencia. Ese descrédito
del heroísmo militar a de ver con la capacidad destructiva
de las nuevas máquinas de guerra usadas por los ejércitos.
La fascinación técnica se ha vuelto fatal racionalidad
para la destrucción
3.
Por el camino de la experiencia
El
concepto de experiencia lleva al contacto del individuo del
común con la vivencia directa: el sentimiento, el deseo,
el amor, el paisaje
primero que se mira desde algún punto. De las muchas
definiciones de experiencia tomaremos dos que nos resultan
cercanas al autor Alemán: "La aprehensión
por un sujeto de una realidad, una forma de ser, un modo de
hacer, una manera de vivir, etc. La experiencia es entonces
un modo de conocer algo inmediatamente antes de todo juicio
formulado sobre lo aprehendido". También en
términos filosóficos, la experiencia es entendida
como:
"El
hecho de soportar o sufrir algo, como cuando se dice que
se experimenta un dolor, una alegría, etc"(3).
La
experiencia aparece en platón como experiencia de lo
cambiante y carece del carácter preciso y claro
de la razón y las ideas. En Aristóteles la experiencia
es la aprehensión de lo singular. En San Agustín
la experiencia puede designar la vivencia interna de la vida
y de la fe y, en último término de la vida mística.
La experiencia que prima en la modernidad es sensu oritur
u originada en los sentidos pues hemos terminado habitando
de manera extensiva los objetos artificiales más que
los naturales. Desde la vuelta experimental hacia la naturaleza
que se produce de la edad media hasta el renacimiento, y bajo
el triunfo de las taxonomías, la biología y
las economías de mercado financiero, pasando por el
hallazgo y uso de la fuerza atómica, la entronización
del imaginario porno o el delirio por las drogas, se ha despertado
un aplastante hedonismo inclinado por el vivir, el sentir
y alcanzar todo aquello que en algún instante fue apenas
imaginación, y que hoy se ha convertido en realidad
posible y cercana.
La
experiencia es vista en Kant como el área dentro de
la cual se vuelve posible el conocimiento. Según Kant,
no es posible conocer nada que no se halle dentro de la experiencia
posible. Como el conocimiento es además conocimiento
del mundo de la apariencia, la noción de experiencia
se halla ligada a la noción de apariencia. Kant habla
de experiencia interna (innere Erfahungsurteile,) y
señala que mi existencia en el tiempo es consciente
mediante tal experiencia. Para los idealistas Alemanes el
proyecto es el de dar razón de toda experiencia o si
se quiere dar razón de los fundamentos de toda experiencia.
Según lo que plantea Concha Fernandez(4)
esta tesis idealista lo que pretende es "establecer
una experiencia absoluta que de nuevo vinculara al ser humano
con el mundo".
Concha
Fernandez, cronista de Benjamín, sugiere una interesante
diferenciación entre Erlebnis de Erfharung.
La primera significa vivir una experiencia como aventura,
esto es una experiencia que se ubica en el nivel psicológico
inmediato junto al del shock; algo que se vive con
absoluta inmediatez en el corazón de la cultura contemporánea,
para luego ser abandonado a cambio de otra nueva vivencia,
"la pequeña moneda de lo actual. La noción
de Erfharung o experiencia fue utilizada por Kant,
otorgándole Benjamín a esta unos nuevos contenidos.
En
Benjamín la experiencia obliga a la integración
del sujeto concreto a un contexto social de carácter
más amplio a través de la tradición.
La integración a un contexto tradicional es lo que
favorece la aparición de "El aura" o
sea la experiencia donde se vive la realización y contacto
irrepetible y único del ser humano con los objetos
del mundo".(5) Así Benjamín
supera la noción acumulativa de información
para orientarse en pos de una experiencia más duradera
y profunda de lo humano.
En
su crítica de la experiencia, Benjamín nos alerta
acerca de lo doloroso que llega a convertirse para el hombre
moderno un acercamiento directo a las cosas del mundo. Entre
nosotros y este se han levantado toda una serie de elementos:
desde un complejo arsenal conceptual hasta un sistema moderno
de regulaciones propias de los medios masivos de comunicación.
Por eso la crisis de la experiencia implica la dificultad
que tiene el sujeto concreto de disfrutar de un hallazgo abierto
y no mediado con el mundo.
| La
"experiencia"
resulta para Walter Benjamín, una filosofía
que de la contemplación se vuelve en acción
de comunicar nuevos sentidos de lenguaje capaces de incidir
sobre la realidad. |
La
superación de esta situación la resuelve Benjamín
en las alternativas, tanto del viaje como del paseo; ambas
permiten salir de las costumbres de la tribu cultural en que
nos encontramos insertos. Recordemos que los límites
de una ciudad o de una nación son también los
límites y los diques de la experiencia personal de
sus ciudadanos. Se puede asumir como cierta la experiencia
cultural de pertenecer a un país o una nación
pero resulta demasiado atrayente el viaje como posibilidad
de fuga y escape de los límites ; verificación
de que existe a la base de ese mundo en apariencia homogéneo
de la modernidad, una franja que se resiste a la estandarización
del modelo.
Como
respuesta a este panorama donde el orden de la "experiencia
humana" pareciera confrontarse y ser borrado por
la "acumulación de información tecnológica"
la recepción de los textos de Walter Benjamín
son una vía de entrada a una alternativa de superación
al conflicto técnica - espíritu, camino que
Eduardo Subirat denomina:
"La
transformación de la experiencia cognitiva, que el
positivismo filosófico orienta en un sentido exclusivamente
científico- matemático, a una experiencia
teológica y metafísica. Esta nueva estructura
de la experiencia la funda Benjamín en una filosofía
del lenguaje"(6)
La
"experiencia" resulta para Walter Benjamín,
una filosofía que de la contemplación se vuelve
en acción de comunicar nuevos sentidos de lenguaje
capaces de incidir sobre la realidad. En su texto en torno
a la obra de arte en el tiempo de la reproducción técnica,
el autor Berlinés lo intuyó: el arte pasa de
ritual religioso o de la belleza a una práctica política;
a una relación dialéctica capaz de dinamitar
los diques clásicos de la contemplación y enfrentarnos
a un tenaz reto de transformación en las maneras de
percibir nuestro mundo. Esa transformación la elabora
el filósofo en aras de un lenguaje que cruza por el
centro mismo de los sucesivos magmas o sedimentos de la expresión
simbólica humana: mito, religión, razón,
arte.
La
práctica comunicativa con la que Benjamín intenta
recuperar la experiencia de carácter político
y estético se produce gracias a una profunda transformación
en la manera de percibir el arte por parte del público.
No se trata de una vulgarización de los bienes más
refinados de las élites sino de una redención
(léase revolución ) por parte de una multitud
que del silencio milenario y la fascinación fascista
a la que fuera abocada invierte su papel y usurpa o escamotea
el lugar de la producción estética. Los programas
de un teatro, un cine, o una literatura de la revolución
contemplaron la idea de que más personas del común
escribieran en los periódicos y las revistas, y se
hicieran los protagonistas de las tablas y de las pantallas.
Benjamín está comprometido con las consecuencias
lógicas que a de traer el proyecto moderno en tanto
este implique la unidad entre técnica y humanismo:
la liberación de la creatividad humana en diversos
grupos sociales y en diversas latitudes del planeta. Las consecuencias
de esto no se han demorado en explotar: una escritura en general,
tanto en la poesía, como en la novela y en la filosofía
más agresiva; pero no en el sentido que las vanguardias
de la primera mitad del siglo la pudieron haber entendido:
palabra y revolución, palabra y compromiso individual.
¿Existe entonces un perfil, una forma común que
traduzca la experiencia del ser contemporáneo?. ¿Qué
puede ir de la fuga estética que propicia Walter Benjamín
a las posteriores escrituras que han bebido de su propia
experiencia de escritor y de filósofo?. Existe en cada
uno de los escritores marcados por Benjamín
el placer de dinamitar, si es que existe hoy algo por dinamitar
en las fronteras epistemológicas de las ciencias humanas
y de las ciencias sociales. Cada una de estas escrituras intenta
llegar al mundo con su propio género a cuestas. Saber
comunicar estos contenidos no es problema de contenidos, es
también asunto de construcción de lenguaje.
4.
La acción de comunicar y
el retorno a la experiencia
En
Benjamín el lenguaje no es apenas el medio con el que
se comunica esta experiencia redentora; en el lenguaje mismo
encontramos las claves de la redención del género
humano en tanto se trata de una especie productora de lenguaje
o en términos más recientes de que somos una
especie productora de significaciones.
Walter
Benjamín "La tarea que se encomendó
fue la de descubrir los elementos subterráneos irracionales
e inconscientes que fisuran el lenguaje trasparente y unívoco
de la tradición mayoritaria en occidente, dirigiéndose
hacia la construcción de una nueva racionalidad,
capaz de asumir la sinrazón, de edificar una nueva
historia donde se recupere a través de la memoria
de los humillados y ofendidos, el recuerdo de los vencidos"
(7).
La
tradición mayoritaria en occidente Benjamín
la sigue a lo largo de todo el proyecto racional o de abstracción
y sometimiento de la realidad social a universales y categorías
generales. Tanto en el idealismo, como en la ilustración
y en el positivismo, esta tradición configura una epistemología
o un estatuto de verdad que penetra y determina nuestras instituciones
sociales. Existe un momento maravilloso de nuestra historia
de las ideas - la moderna occidental - en que el progreso
surge como idea redentora y reconciliadora entre las palabras
y el mundo; redentora de una humanidad que otea en el futuro
las esperanzas perdidas en anteriores pasados. Pero existen
también dos momentos recientes: en el primero la experiencia
humana redentora se extingue y es reemplazada por los campos
de concentración en los que serán despellejadas
las ideas totalitarias. En el segundo una explosión
que tiene la forma de un crecimiento exponencial de datos,
cifras e información capaces de augurar un mundo feliz
y liviano a partir de las bondades del consumo.
Este
fenómeno, llamado tragedia de la cultura moderna,
tiene en Walter Benjamín un momento de tensión
gracias a la reflexión que realiza acerca del papel
que el lenguaje posee en el territorio de la experiencia cultural
debido a que la estética expresa la respuesta del individuo
concreto frente a la devaluación de la experiencia
humana.
5.
La dialéctica como experiencia
comunicativa