"El artículo aborda las diferentes perspectivas
teóricas de las representaciones mentales, su proceso
de construcción y el sentido que ellas tienen en
la comprensión del entorno. Se toma como punto de
partida la perspectiva cognitiva analógica, posteriormente
la perspectiva estructuralista, para finalizar con la cognitivo-social,
pues si bien se reconoce el proceso de construcción
cognitivo de la representación, no se deja de lado
los contextos socioculturales de dicha construcción,
que son en últimas los que le permiten al sujeto
interactuar, dándole sentido a lo que hace."
Representaciones
mentales se entienden como aquella forma material o simbólica
de dar cuenta de algo real en su ausencia, están organizadas
en estructuras que permiten darle sentido al entorno.
Sin
embargo no es posible construir representaciones puras y aisladas,
sino que se construyen a partir de un contexto representacional
delimitado por la actuación cognitiva, constituida
por una serie de interacciones aprendidas del ordenamiento
de la realidad, que la tradición cultural de cada grupo
social ha llevado a cabo y que por lo tanto es histórica
y dependerá de lo que también privilegie el
contexto en el que el sujeto se desarrolle.
De
otro lado las representaciones de los conceptos se constituyen
en atributos de carácter abstracto, que se forman a
través de las experiencias directas, de procesos hipotéticos
y de comprobación, y se expresan de manera simbólica(1).
Por ello es necesario comprender los procesos de construcción
representacional.
Proceso
de construcción de
la representación.
Los
seres humanos construyen representaciones mentales sobre el
entorno que los rodea, sobre sí mismos, sobre la sociedad
y sobre la naturaleza en la cual se constituyen como personas.Estas
representaciones se organizan en estructuras conceptuales,
procedimentales y actitudinales para darle sentido a la interioridad
y exterioridad de su entorno, con miras al dominio, la intervención,
el control y la transformación del mismo. Es este ordenamiento
el que posibilita cualquier tipo de experiencia, como una
de las maneras de actuar intencionalmente(2).
Si
bien se parte de esta posición frente a las representaciones,
estas no tienen una única manera de ser abordadas y
como otros procesos en psicología cognitiva son explicadas
desde diferentes perspectivas teóricas. Para este caso
se retomarán dos, la cognitiva y la social, para concluir
posteriormente en una perspectiva integradora que si bien
reconoce el carácter cognitivo de su formación,
también da cuenta del contexto social en el que dicha
construcción se elabora.
La
primera de ellas es la psicología cognitiva de enfoque
analógico cuyo núcleo teórico está
en la distinción entre lo que es el contenido y el
formato de las representaciones. El contenido hace referencia
a los aspectos semánticos o referenciales de la información
y el formato se refiere al código simbólico
que reviste dicha información. Este enfoque adopta
un lenguaje que permite analizar el formato de las representaciones
(proposiciones, imágenes) y su sintaxis (relaciones
que se establecen entre ellas)(3).
La
prioridad es el formato de las representaciones, reduciéndose
a un problema de simbolización. Una vez cifrada la
información, esta colección de símbolos
adquirirán su significado en correspondencia con el
mundo objetivamente construido. Se tratará de representaciones
internas de la realidad
externa, entendidas así, la mente es un espejo de la
naturaleza y en consecuencia, las representaciones son un
espejo de la lógica del mundo externo.
Desde
estos presupuestos sobre la manipulación de símbolos
abstractos y su correspondencia con la realidad objetiva,
no es posible comprender cómo los seres humanos construyen
representaciones diferentes sobre un mismo fenómeno,
ni que sentido tienen las interacciones que establece socialmente.
Como afirma Lakoff(4) no existe una correspondencia
uno a uno entre el símbolo y su referente, ya que el
mismo referente podría ir asociado a símbolos
distintos de una situación a otra.
Frente
a estas críticas se elabora una nueva tesis, que si
bien parte de los supuestos mencionados, los trasciende teniendo
en cuenta el contexto. En este marco se aborda la formación
de las representaciones desde dos niveles:(5) en
un nivel primario las representaciones se forman en una conexión
estrecha y de gran fiabilidad con el mundo representado, por
ello lo que determina la representación primaria es
la realidad percibida.
Una
vez formadas las representaciones a través del contacto
con lo representado, pueden conformarse las representaciones
secundarias, ya que las representaciones del mundo también
representan lo que podría ser. Es así como una
imagen o situación puede tener diferentes interpretaciones.
De esta manera las representaciones secundarias son voluntariamente
separadas de la realidad y constituyen el fundamento de la
capacidad para considerar el pasado, el posible futuro e incluso
lo que no existe.
| Los
seres humanos construyen representaciones mentales sobre
el entorno que los rodea, sobre sí mismos, sobre
la sociedad y sobre la naturaleza en la cual se constituyen
como personas. |
Tiene
que haber representaciones primarias para que sean posible
las representaciones secundarias y las metarrepresentaciones,
(como la representación que el sujeto tiene del mundo
representado), y a partir de estas, construir modelos que
expliquen la realidad y con los cuales se pueden proyectar
estados deseables de la misma.
La
mente representa lo que el caso es en realidad, lo que fue,
lo que en el futuro podría ser, todo esto al mismo
tiempo. Por lo tanto, se tienen diversos modelos mentales.
Sin embargo, para planificar una acción simple hay
que representar simultáneamente la situación
actual y la deseada. El modelo cumple así, una función
de razonamiento hipotético, representar una situación,
aun cuando no se trate de una situación real.
Con
relación al proceso mismo de construcción, la
psicología cognitiva desde la perspectiva estructuralista
de Piaget, hace referencia a las representaciones como la
capacidad nueva que permite utilizar significantes, es decir,
señales, signos o símbolos que están
ligados o se oponen en lugar de las cosas a las cuales se
refieren, diferenciados de los significados, esto es, todo
aquel objetivo, situación o acontecimiento designado
por el significante.
Desde
esta perspectiva lo característico de la representación
es rebasar lo inmediato aumentando las dimensiones en el espacio
y en el tiempo del campo de la adaptación, o sea evocar
lo que sobrepasa al terreno perceptivo y motor(6),
por tanto hablar de representación es hablar de «reunión
de un significador que permite la evocación de un significado
procurado por el pensamiento".(7) En este
sentido el lenguaje se convierte en un factor principal de
formación y socialización de las representaciones,
que a su vez implica un doble juego de asimilaciones y acomodaciones
actuales y pasadas, siempre en búsqueda del equilibrio.
Los
seres humanos, al momento de su nacimiento tienen un modelo
único del mundo, posteriormente comienzan a construir
modelos múltiples para proyectar el estado deseado
y los pasos necesarios para llegar a ello, como resultado,
se hacen capaces de trascender el presente gracias a la representación
de acontecimientos pasados. También los hace capaces
de evadir la realidad presente mediante la representación
de alternativas irreales.
De
esta manera se van conformando representaciones de los distintos
aspectos de la sociedad en la se que vive, y aunque esa representación
se construye en un contexto social, es producto de una actividad
mental constructiva a partir de elementos fragmentarios que
recibe y selecciona de las experiencias vividas, de tal manera
que realiza una tarea, que no es una actividad de asimilación
pasiva de copia de la realidad.(8)
Las
representaciones se manifiestan bajo formas variadas, más
o menos complejas. Imágenes que condensan un conjunto
de significados, sistemas de referencia que posibilitan interpretar
lo que sucede, e incluso dan un sentido a lo inesperado. Categorías
que sirven para clasificar las circunstancias, los fenómenos
y a los individuos con quienes se tiene algo que ver, teorías
que permiten establecer hechos sobre ellos.
Las
representaciones se convierten en una manera de interpretar
y de pensar la realidad cotidiana.Es un proceso mental elaborado
por las personas dentro de los grupos a fin de fijar posición
en relación con situaciones, acontecimientos, objetos
y comunicaciones que les concierne.
Desde
esta perspectiva las representaciones son producto de la actividad
elaboradora del individuo y se derivan, por tanto, del propio
funcionamiento cognitivo. El proceso básico para explicar
su formación es el constructivismo,
es decir, las personas construirán unas interpretaciones
u otras acerca de la realidad, dependiendo de su estructura
mental, ésta a su vez, es determinada por la etapa
evolutiva, mientras que el medio se concibe como un soporte
mínimo de estimulación relativamente invariable
desde el punto de vista cultural.
Si
bien este enfoque reconoce el carácter constructivo
de las representaciones mentales, desconoce que el ser humano
no construye sus representaciones en solitario, sino que el
hecho de formar parte de grupos sociales introduce elementos
«supraindividuales» en el proceso de construcción
de las representaciones.
Reconociendo
que la psicología cognitiva ha logrado construir una
acervo teórico bastante sólido en sus explicaciones
acerca de las representaciones y su proceso de adquisición
o construcción - según el caso - no puede desconocerse
los aportes de la perspectiva de la psicología social,
especialmente desde Moscovici y Jodelet.
Este
enfoque acepta que las representaciones son construidas por
cada persona. Sin embargo, no hay una infinita variedad de
representaciones porque los individuos "reproducen"
las representaciones fundamentales de la sociedad en la cual
viven del mismo modo que reproducen el lenguaje, las normas
de comportamiento, entre otros.Es posible utilizar aquí
la noción de "anclaje social de las representaciones"
según la cual existe una "red de significación"
en torno al núcleo central de la representación.9
Es
aquí donde lo social interviene de varias maneras:
a través del contexto concreto en que se sitúan
los individuos y los grupos; por medio de la comunicación
que se establece entre ellos; desde los marcos de aprehensión
que les genera la cultura, a través de sus códigos,
valores e ideologías relacionados con las posiciones
y pertenencias sociales especificas, en este sentido se habla
de «representaciones sociales»10
Esa
red de significación es a la vez un sistema de interpretación
que tiene "función de mediación entre el
individuo y su universo". En tanto que sistema de interpretación
la representación social tiene también una función
de mediación entre los miembros de un grupo humano,
dando sentido a los problemas que se plantean los individuos
para de esta manera convertirse en una guía de su conducta
dentro de un contexto determinado.
El
anclaje es un fenómeno de elaboración de las
relaciones sociales, en el cual la representación actúa
como "cuadro de comportamiento" y un instrumento
de categorización de la información determinando
la construcción de tipologías que sirven para
organizar la realidad y las relaciones sociales(11).
Moscovici(12)indica
que los datos de la experiencia corriente no son solamente
interpretados, sino "transformados" por el sujeto.Una
vez que han sido llevados a un principio de significación
son convertidos en organizaciones anexas que forman parte
de la representación social.Es así como la significación
y la interpretación se transforman, y al mismo tiempo
transforman las constataciones y las percepciones, engendrando
esquemas de conversión de las percepciones, de los
conceptos y de las imágenes en función de la
significación atribuida al objeto de representación.
De esta manera se constituye una "tipología"
de sucesos, y la aparición de estos tipos ligados a
una representación no sólo refuerza su presencia
social, sino que también orienta las relaciones con
un grupo o con otro individuo.
| Las
representaciones se convierten en una manera de interpretar
y de pensar la realidad cotidiana.Es un proceso mental
elaborado por las personas dentro de los grupos a fin
de fijar posición en relación con situaciones,
acontecimientos, objetos y comunicaciones que les concierne.
|
En
las representaciones más elementales tiene lugar todo
un proceso de elaboración cognitiva y simbólica
que orientará los comportamientos.Es en este sentido
que la noción de representación constituye una
innovación en relación con los otros modelos
psicológicos, ya que relaciona los procesos simbólicos
con las conductas.Pero a partir de ahí, las representaciones
que circulan en la sociedad desempeñarán un
papel, adquirirán autonomía y tendrán
una eficacia especifica.
En
suma, las representaciones sociales, desde una perspectiva
sociológica, hacen referencia al problema de la relación
entre conocimiento y sociedad, a partir de la manera como
los diferentes grupos humanos elaboran representaciones. En
este contexto las representaciones son entendidas como formas
de conocimiento para interpretar la realidad, así como
una tensión existente entre individuo y estructura
social.
Las
representaciones sociales están, a la vez, determinadas
socialmente y son el producto de prácticas e intercambios
comunicativos desarrollados por los propios individuos, en
lo que Delval(13) denomina una dialéctica
entre lo individual y lo social.
Con
el objetivo de tener una visión holísta del
proceso de construcción representacional se opta por
una postura que se considera integradora, pues la perspectiva
de la psicología cognitiva se sesga dando todo el peso
explicativo a la construcción individual de las representaciones
olvidando el contexto en el que éste se desarrolla,
de otro lado la perspectiva social sólo reconoce el
anclaje social, insistiendo en la normativización social
del conocimiento, externalizando los agentes y medios de elaboración.
Esta postura ha sido desarrollada por Rodrigo Rodríguez
y Marrero(14), en ella se parte del supuesto de
que las representaciones son construcciones tanto individuales
como sociales, pues el ser humano no construye su representación
en solitario, ni sobre la base de experiencias idiosincráticas,
sino a partir de las relaciones con los miembros de su cultura,
es decir, las representaciones están fuertemente orientadas
por la actividades (prácticas culturales) que el individuo
realiza en su grupo y que suele tener lugar en un contexto
de relación y de comunicación interpersonal
(formatos), que trascienden la dinámica interna de
la construcción individual. En este sentido las actividades
que se llevan a cabo en estos contextos suelen estar socioculturalmente
definidas.
En
cuanto a los formatos, estos se definen como las pautas de
interacción convencionales y repetitivas en las que
los actores se intercambian roles, se atribuyen intenciones
e interpretan sus palabras y conductas(15). Las
experiencias se refieren a episodios personales de contacto
con una pauta socio-cultural, definida por una práctica
y un formato de interacción social. Las experiencias
pueden ser:(16)
-
Experiencias directas de conocimiento del objeto, o compartidas
con otros en situaciones de la vida diaria.
-
Experiencias vicarias obtenidas por medio de la observación
de otros.
-
Experiencias simbólicas canalizadas lingüísticamente,
por medio de lecturas, asistencia a cursos, conversaciones,
entre otros.
Este
conjunto de experiencias está regulado por la pertenencia
a un grupo, lo que conlleva la exposición a ciertos
sucesos, la adquisición de ciertas destrezas y la realización
de ciertas prácticas culturales.
En
este sentido las representaciones no se transmiten, sino que
son construcciones cognitivas que se llevan a cabo al interior
de un grupo social, vale decir, el individuo construye su
conocimiento en entornos sociales y durante la realización
de prácticas culturales.
En estas prácticas no se recibe un conocimiento ya
elaborado por el grupo, lo que hace el individuo es elaborar
el conocimiento por si mismo, a partir de patrones de experiencias
obtenidas en su entorno psicosocial.La síntesis individual
del conocimiento se ve propiciada por la prácticas
y la red de relaciones interpersonales que constituyen la
manifestación de la cultura. Es así como se
asume que el individuo es un constructor activo del conocimiento
pero que requiere, un marco experiencial e interpersonal.
Las
pautas práctica-formato son recurrentes, proporcionando
al individuo un ambiente de regularidad, donde las experiencias
son reiterativas, generando de esta manera un cambio experiencial
que es personal pero que está propiciado por la estructuración
del ambiente en pautas socioculturales recurrentes. Es así
como la construcción de la representación se
beneficia de la recurrencia en patrones de actividades e interacción
social que el medio socio-cultural le brinda.(17)
Una
de las herramientas mediante la cual el medio socio-cultural
promueve la construcción de representaciones es el
lenguaje, inicialmente como un instrumento de apoyo de los
procesos intersubjetivos, de modo que posibilita la comunicación
lingüística del niño con el entorno.Con
la ayuda del adulto el lenguaje se convierte en un instrumento
muy útil para fomentar los procesos intrasubjetivos;
de otro lado, también sirve para regular la conducta
del niño mediante el uso de estrategias de autorregulación
y planificación. Además contribuye a ordenar
la realidad de un modo más complejo, estructurando
la información del medio con el objeto de facilitar
su comprensión.
Sin
embargo el lenguaje no es la única herramienta, las
experiencias directas están en la base de la construcción
de las representaciones, sean estas compartidas o no con los
otros o bien las experiencias obtenidas mediante la observación
del comportamiento de los demás.
Mediante
estas experiencias el individuo recoge y organiza la información
pues es él quien en últimas tiene que hacer
frente a las demandas de su entorno, tiene que pensar, decidir
y actuar con relación a éstas, para ello necesita
contar con interpretaciones sobre los fenómenos y tener
argumentos sobre el mundo para poder alimentar sus procesos
cognitivos, pero además sin una construcción
personal del conocimiento, el individuo sólo tendría
recursos para desenvolverse en situaciones prototípicas,
lo cual llevaría a una rigidez en sus actuaciones.
Por
tanto, el individuo elabora representaciones de la realidad
que le rodea, estructurando su propia síntesis de representaciones
ajustadas a las demandas situacionales y a las metas personales,
en un contexto de prácticas definidas por la cultura.
Explicitación
de las representaciones
Los
procesos de construcción de las representaciones llevan
a concluir que para explicitarlas y comprenderlas es necesario
partir de dos fuentes, el lenguaje y las prácticas
sociales. A través del lenguaje el sujeto da cuenta
de sus explicaciones del mundo, de sus comprensiones y predicciones;
estas explicaciones se han construido en contextos específicos,
en prácticas socialmente validadas, en las cuales está
inmerso y de las cuales es su aprendiz constante. Esta situación
hace que sea necesario indagar sobre las prácticas
mismas en la cuales el sujeto actúa y encuentra sentido.
Sin
embargo, esta relación no es lineal y sencilla ya que
entre el pensamiento y la práctica existe un cierto
grado de indeterminación mediado por la emergencia
misma de la práctica. Los pensamientos se organizan
como esquemas de conocimiento que abarcan tanto el campo de
las creencias, como aquellos elementos aprendidos en la formación
académica y en la experiencia misma, siendo esta última
la que afianza dichos esquemas o su transformación.
Estos esquemas de pensamiento, de carácter implícito
para los demás
e incluso para el mismo sujeto, junto con sus actuaciones,
configuran las representaciones, de tal manera que éste
actúa guiado por ellas, pero sin analizarlas.
Es
por ello que los sujetos que no conocen sus propias representaciones
actúan guiados por unas prácticas socializadas,
que funcionan en últimas, como estereotipos de lo que
tiene que hacer, quedando ocultas a su razón y a su
crítica las verdaderas justificaciones ideológicas
de sus actuaciones. Esto puede explicar porque se presentan
contradicciones de tipo externo, de las cuales él no
es consciente. En este sentido, las representaciones poseen
un alto grado de estabilidad, de tal manera que se configuran
como el sustento más profundo, oculto e influyente
del sistema cognitivo del sujeto, formando una auténtica
epistemología personal, que fundamenta una serie de
rutinas, y planes mentales.
Sin
embargo, estos fundamentos permanecen ocultos, funcionando
como un filtro cognitivo sobre la realidad, lo cual le posibilita
al sujeto tener el control y aislar aquellos posibles problemas
que puedan presentarse, provocándole conflicto. Pero
si el conflicto mismo es inevitable, él lo soluciona
utilizando rutinas que en el pasado le han funcionado, y que
de todas maneras se adecuan a los planes mentales trazados
desde sus representaciones.
Por
ello comprender las representaciones de un sujeto implica
adentrarse en su epistemología personal, en sus creencias,
en sus teorías implícitas y en las representaciones
sociales del contexto en el cual las ha construido y se ha
construido.
Hacer
explícitas las representaciones trae de hecho un cuestionamiento
al sujeto y también al contexto del cual hace parte,
generando de alguna manera transformaciones en ambos ámbitos,
pues no se podría transformar aquello que es desconocido.