"Las representaciones mentales"


Martha Cecilia Arbeláez Gómez


"El artículo aborda las diferentes perspectivas teóricas de las representaciones mentales, su proceso de construcción y el sentido que ellas tienen en la comprensión del entorno. Se toma como punto de partida la perspectiva cognitiva analógica, posteriormente la perspectiva estructuralista, para finalizar con la cognitivo-social, pues si bien se reconoce el proceso de construcción cognitivo de la representación, no se deja de lado los contextos socioculturales de dicha construcción, que son en últimas los que le permiten al sujeto interactuar, dándole sentido a lo que hace."

Representaciones mentales se entienden como aquella forma material o simbólica de dar cuenta de algo real en su ausencia, están organizadas en estructuras que permiten darle sentido al entorno.

Sin embargo no es posible construir representaciones puras y aisladas, sino que se construyen a partir de un contexto representacional delimitado por la actuación cognitiva, constituida por una serie de interacciones aprendidas del ordenamiento de la realidad, que la tradición cultural de cada grupo social ha llevado a cabo y que por lo tanto es histórica y dependerá de lo que también privilegie el contexto en el que el sujeto se desarrolle.

De otro lado las representaciones de los conceptos se constituyen en atributos de carácter abstracto, que se forman a través de las experiencias directas, de procesos hipotéticos y de comprobación, y se expresan de manera simbólica(1). Por ello es necesario comprender los procesos de construcción representacional.

Proceso de construcción de la representación.

Los seres humanos construyen representaciones mentales sobre el entorno que los rodea, sobre sí mismos, sobre la sociedad y sobre la naturaleza en la cual se constituyen como personas.Estas representaciones se organizan en estructuras conceptuales, procedimentales y actitudinales para darle sentido a la interioridad y exterioridad de su entorno, con miras al dominio, la intervención, el control y la transformación del mismo. Es este ordenamiento el que posibilita cualquier tipo de experiencia, como una de las maneras de actuar intencionalmente(2).

Si bien se parte de esta posición frente a las representaciones, estas no tienen una única manera de ser abordadas y como otros procesos en psicología cognitiva son explicadas desde diferentes perspectivas teóricas. Para este caso se retomarán dos, la cognitiva y la social, para concluir posteriormente en una perspectiva integradora que si bien reconoce el carácter cognitivo de su formación, también da cuenta del contexto social en el que dicha construcción se elabora.

La primera de ellas es la psicología cognitiva de enfoque analógico cuyo núcleo teórico está en la distinción entre lo que es el contenido y el formato de las representaciones. El contenido hace referencia a los aspectos semánticos o referenciales de la información y el formato se refiere al código simbólico que reviste dicha información. Este enfoque adopta un lenguaje que permite analizar el formato de las representaciones (proposiciones, imágenes) y su sintaxis (relaciones que se establecen entre ellas)(3).

La prioridad es el formato de las representaciones, reduciéndose a un problema de simbolización. Una vez cifrada la información, esta colección de símbolos adquirirán su significado en correspondencia con el mundo objetivamente construido. Se tratará de representaciones internas de la realidad externa, entendidas así, la mente es un espejo de la naturaleza y en consecuencia, las representaciones son un espejo de la lógica del mundo externo.

Desde estos presupuestos sobre la manipulación de símbolos abstractos y su correspondencia con la realidad objetiva, no es posible comprender cómo los seres humanos construyen representaciones diferentes sobre un mismo fenómeno, ni que sentido tienen las interacciones que establece socialmente. Como afirma Lakoff(4) no existe una correspondencia uno a uno entre el símbolo y su referente, ya que el mismo referente podría ir asociado a símbolos distintos de una situación a otra.

Frente a estas críticas se elabora una nueva tesis, que si bien parte de los supuestos mencionados, los trasciende teniendo en cuenta el contexto. En este marco se aborda la formación de las representaciones desde dos niveles:(5) en un nivel primario las representaciones se forman en una conexión estrecha y de gran fiabilidad con el mundo representado, por ello lo que determina la representación primaria es la realidad percibida.

Una vez formadas las representaciones a través del contacto con lo representado, pueden conformarse las representaciones secundarias, ya que las representaciones del mundo también representan lo que podría ser. Es así como una imagen o situación puede tener diferentes interpretaciones. De esta manera las representaciones secundarias son voluntariamente separadas de la realidad y constituyen el fundamento de la capacidad para considerar el pasado, el posible futuro e incluso lo que no existe.

 

Los seres humanos construyen representaciones mentales sobre el entorno que los rodea, sobre sí mismos, sobre la sociedad y sobre la naturaleza en la cual se constituyen como personas.


Tiene que haber representaciones primarias para que sean posible las representaciones secundarias y las metarrepresentaciones, (como la representación que el sujeto tiene del mundo representado), y a partir de estas, construir modelos que expliquen la realidad y con los cuales se pueden proyectar estados deseables de la misma.

La mente representa lo que el caso es en realidad, lo que fue, lo que en el futuro podría ser, todo esto al mismo tiempo. Por lo tanto, se tienen diversos modelos mentales. Sin embargo, para planificar una acción simple hay que representar simultáneamente la situación actual y la deseada. El modelo cumple así, una función de razonamiento hipotético, representar una situación, aun cuando no se trate de una situación real.

Con relación al proceso mismo de construcción, la psicología cognitiva desde la perspectiva estructuralista de Piaget, hace referencia a las representaciones como la capacidad nueva que permite utilizar significantes, es decir, señales, signos o símbolos que están ligados o se oponen en lugar de las cosas a las cuales se refieren, diferenciados de los significados, esto es, todo aquel objetivo, situación o acontecimiento designado por el significante.

Desde esta perspectiva lo característico de la representación es rebasar lo inmediato aumentando las dimensiones en el espacio y en el tiempo del campo de la adaptación, o sea evocar lo que sobrepasa al terreno perceptivo y motor(6), por tanto hablar de representación es hablar de «reunión de un significador que permite la evocación de un significado procurado por el pensamiento".(7) En este sentido el lenguaje se convierte en un factor principal de formación y socialización de las representaciones, que a su vez implica un doble juego de asimilaciones y acomodaciones actuales y pasadas, siempre en búsqueda del equilibrio.

Los seres humanos, al momento de su nacimiento tienen un modelo único del mundo, posteriormente comienzan a construir modelos múltiples para proyectar el estado deseado y los pasos necesarios para llegar a ello, como resultado, se hacen capaces de trascender el presente gracias a la representación de acontecimientos pasados. También los hace capaces de evadir la realidad presente mediante la representación de alternativas irreales.

De esta manera se van conformando representaciones de los distintos aspectos de la sociedad en la se que vive, y aunque esa representación se construye en un contexto social, es producto de una actividad mental constructiva a partir de elementos fragmentarios que recibe y selecciona de las experiencias vividas, de tal manera que realiza una tarea, que no es una actividad de asimilación pasiva de copia de la realidad.(8)

Las representaciones se manifiestan bajo formas variadas, más o menos complejas. Imágenes que condensan un conjunto de significados, sistemas de referencia que posibilitan interpretar lo que sucede, e incluso dan un sentido a lo inesperado. Categorías que sirven para clasificar las circunstancias, los fenómenos y a los individuos con quienes se tiene algo que ver, teorías que permiten establecer hechos sobre ellos.

Las representaciones se convierten en una manera de interpretar y de pensar la realidad cotidiana.Es un proceso mental elaborado por las personas dentro de los grupos a fin de fijar posición en relación con situaciones, acontecimientos, objetos y comunicaciones que les concierne.

Desde esta perspectiva las representaciones son producto de la actividad elaboradora del individuo y se derivan, por tanto, del propio funcionamiento cognitivo. El proceso básico para explicar su formación es el constructivismo, es decir, las personas construirán unas interpretaciones u otras acerca de la realidad, dependiendo de su estructura mental, ésta a su vez, es determinada por la etapa evolutiva, mientras que el medio se concibe como un soporte mínimo de estimulación relativamente invariable desde el punto de vista cultural.

Si bien este enfoque reconoce el carácter constructivo de las representaciones mentales, desconoce que el ser humano no construye sus representaciones en solitario, sino que el hecho de formar parte de grupos sociales introduce elementos «supraindividuales» en el proceso de construcción de las representaciones.

Reconociendo que la psicología cognitiva ha logrado construir una acervo teórico bastante sólido en sus explicaciones acerca de las representaciones y su proceso de adquisición o construcción - según el caso - no puede desconocerse los aportes de la perspectiva de la psicología social, especialmente desde Moscovici y Jodelet.

Este enfoque acepta que las representaciones son construidas por cada persona. Sin embargo, no hay una infinita variedad de representaciones porque los individuos "reproducen" las representaciones fundamentales de la sociedad en la cual viven del mismo modo que reproducen el lenguaje, las normas de comportamiento, entre otros.Es posible utilizar aquí la noción de "anclaje social de las representaciones" según la cual existe una "red de significación" en torno al núcleo central de la representación.9

Es aquí donde lo social interviene de varias maneras: a través del contexto concreto en que se sitúan los individuos y los grupos; por medio de la comunicación que se establece entre ellos; desde los marcos de aprehensión que les genera la cultura, a través de sus códigos, valores e ideologías relacionados con las posiciones y pertenencias sociales especificas, en este sentido se habla de «representaciones sociales»10

Esa red de significación es a la vez un sistema de interpretación que tiene "función de mediación entre el individuo y su universo". En tanto que sistema de interpretación la representación social tiene también una función de mediación entre los miembros de un grupo humano, dando sentido a los problemas que se plantean los individuos para de esta manera convertirse en una guía de su conducta dentro de un contexto determinado.

El anclaje es un fenómeno de elaboración de las relaciones sociales, en el cual la representación actúa como "cuadro de comportamiento" y un instrumento de categorización de la información determinando la construcción de tipologías que sirven para organizar la realidad y las relaciones sociales(11).

Moscovici(12)indica que los datos de la experiencia corriente no son solamente interpretados, sino "transformados" por el sujeto.Una vez que han sido llevados a un principio de significación son convertidos en organizaciones anexas que forman parte de la representación social.Es así como la significación y la interpretación se transforman, y al mismo tiempo transforman las constataciones y las percepciones, engendrando esquemas de conversión de las percepciones, de los conceptos y de las imágenes en función de la significación atribuida al objeto de representación. De esta manera se constituye una "tipología" de sucesos, y la aparición de estos tipos ligados a una representación no sólo refuerza su presencia social, sino que también orienta las relaciones con un grupo o con otro individuo.

 

Las representaciones se convierten en una manera de interpretar y de pensar la realidad cotidiana.Es un proceso mental elaborado por las personas dentro de los grupos a fin de fijar posición en relación con situaciones, acontecimientos, objetos y comunicaciones que les concierne.


En las representaciones más elementales tiene lugar todo un proceso de elaboración cognitiva y simbólica que orientará los comportamientos.Es en este sentido que la noción de representación constituye una innovación en relación con los otros modelos psicológicos, ya que relaciona los procesos simbólicos con las conductas.Pero a partir de ahí, las representaciones que circulan en la sociedad desempeñarán un papel, adquirirán autonomía y tendrán una eficacia especifica.

En suma, las representaciones sociales, desde una perspectiva sociológica, hacen referencia al problema de la relación entre conocimiento y sociedad, a partir de la manera como los diferentes grupos humanos elaboran representaciones. En este contexto las representaciones son entendidas como formas de conocimiento para interpretar la realidad, así como una tensión existente entre individuo y estructura social.

Las representaciones sociales están, a la vez, determinadas socialmente y son el producto de prácticas e intercambios comunicativos desarrollados por los propios individuos, en lo que Delval(13) denomina una dialéctica entre lo individual y lo social.

Con el objetivo de tener una visión holísta del proceso de construcción representacional se opta por una postura que se considera integradora, pues la perspectiva de la psicología cognitiva se sesga dando todo el peso explicativo a la construcción individual de las representaciones olvidando el contexto en el que éste se desarrolla, de otro lado la perspectiva social sólo reconoce el anclaje social, insistiendo en la normativización social del conocimiento, externalizando los agentes y medios de elaboración. Esta postura ha sido desarrollada por Rodrigo Rodríguez y Marrero(14), en ella se parte del supuesto de que las representaciones son construcciones tanto individuales como sociales, pues el ser humano no construye su representación en solitario, ni sobre la base de experiencias idiosincráticas, sino a partir de las relaciones con los miembros de su cultura, es decir, las representaciones están fuertemente orientadas por la actividades (prácticas culturales) que el individuo realiza en su grupo y que suele tener lugar en un contexto de relación y de comunicación interpersonal (formatos), que trascienden la dinámica interna de la construcción individual. En este sentido las actividades que se llevan a cabo en estos contextos suelen estar socioculturalmente definidas.

En cuanto a los formatos, estos se definen como las pautas de interacción convencionales y repetitivas en las que los actores se intercambian roles, se atribuyen intenciones e interpretan sus palabras y conductas(15). Las experiencias se refieren a episodios personales de contacto con una pauta socio-cultural, definida por una práctica y un formato de interacción social. Las experiencias pueden ser:(16)

- Experiencias directas de conocimiento del objeto, o compartidas con otros en situaciones de la vida diaria.

- Experiencias vicarias obtenidas por medio de la observación de otros.

- Experiencias simbólicas canalizadas lingüísticamente, por medio de lecturas, asistencia a cursos, conversaciones, entre otros.

Este conjunto de experiencias está regulado por la pertenencia a un grupo, lo que conlleva la exposición a ciertos sucesos, la adquisición de ciertas destrezas y la realización de ciertas prácticas culturales.

En este sentido las representaciones no se transmiten, sino que son construcciones cognitivas que se llevan a cabo al interior de un grupo social, vale decir, el individuo construye su conocimiento en entornos sociales y durante la realización de prácticas culturales. En estas prácticas no se recibe un conocimiento ya elaborado por el grupo, lo que hace el individuo es elaborar el conocimiento por si mismo, a partir de patrones de experiencias obtenidas en su entorno psicosocial.La síntesis individual del conocimiento se ve propiciada por la prácticas y la red de relaciones interpersonales que constituyen la manifestación de la cultura. Es así como se asume que el individuo es un constructor activo del conocimiento pero que requiere, un marco experiencial e interpersonal.

Las pautas práctica-formato son recurrentes, proporcionando al individuo un ambiente de regularidad, donde las experiencias son reiterativas, generando de esta manera un cambio experiencial que es personal pero que está propiciado por la estructuración del ambiente en pautas socioculturales recurrentes. Es así como la construcción de la representación se beneficia de la recurrencia en patrones de actividades e interacción social que el medio socio-cultural le brinda.(17)

Una de las herramientas mediante la cual el medio socio-cultural promueve la construcción de representaciones es el lenguaje, inicialmente como un instrumento de apoyo de los procesos intersubjetivos, de modo que posibilita la comunicación lingüística del niño con el entorno.Con la ayuda del adulto el lenguaje se convierte en un instrumento muy útil para fomentar los procesos intrasubjetivos; de otro lado, también sirve para regular la conducta del niño mediante el uso de estrategias de autorregulación y planificación. Además contribuye a ordenar la realidad de un modo más complejo, estructurando la información del medio con el objeto de facilitar su comprensión.

Sin embargo el lenguaje no es la única herramienta, las experiencias directas están en la base de la construcción de las representaciones, sean estas compartidas o no con los otros o bien las experiencias obtenidas mediante la observación del comportamiento de los demás.

Mediante estas experiencias el individuo recoge y organiza la información pues es él quien en últimas tiene que hacer frente a las demandas de su entorno, tiene que pensar, decidir y actuar con relación a éstas, para ello necesita contar con interpretaciones sobre los fenómenos y tener argumentos sobre el mundo para poder alimentar sus procesos cognitivos, pero además sin una construcción personal del conocimiento, el individuo sólo tendría recursos para desenvolverse en situaciones prototípicas, lo cual llevaría a una rigidez en sus actuaciones.

Por tanto, el individuo elabora representaciones de la realidad que le rodea, estructurando su propia síntesis de representaciones ajustadas a las demandas situacionales y a las metas personales, en un contexto de prácticas definidas por la cultura.

 

Explicitación de las representaciones

Los procesos de construcción de las representaciones llevan a concluir que para explicitarlas y comprenderlas es necesario partir de dos fuentes, el lenguaje y las prácticas sociales. A través del lenguaje el sujeto da cuenta de sus explicaciones del mundo, de sus comprensiones y predicciones; estas explicaciones se han construido en contextos específicos, en prácticas socialmente validadas, en las cuales está inmerso y de las cuales es su aprendiz constante. Esta situación hace que sea necesario indagar sobre las prácticas mismas en la cuales el sujeto actúa y encuentra sentido.

Sin embargo, esta relación no es lineal y sencilla ya que entre el pensamiento y la práctica existe un cierto grado de indeterminación mediado por la emergencia misma de la práctica. Los pensamientos se organizan como esquemas de conocimiento que abarcan tanto el campo de las creencias, como aquellos elementos aprendidos en la formación académica y en la experiencia misma, siendo esta última la que afianza dichos esquemas o su transformación. Estos esquemas de pensamiento, de carácter implícito para los demás e incluso para el mismo sujeto, junto con sus actuaciones, configuran las representaciones, de tal manera que éste actúa guiado por ellas, pero sin analizarlas.

Es por ello que los sujetos que no conocen sus propias representaciones actúan guiados por unas prácticas socializadas, que funcionan en últimas, como estereotipos de lo que tiene que hacer, quedando ocultas a su razón y a su crítica las verdaderas justificaciones ideológicas de sus actuaciones. Esto puede explicar porque se presentan contradicciones de tipo externo, de las cuales él no es consciente. En este sentido, las representaciones poseen un alto grado de estabilidad, de tal manera que se configuran como el sustento más profundo, oculto e influyente del sistema cognitivo del sujeto, formando una auténtica epistemología personal, que fundamenta una serie de rutinas, y planes mentales.

Sin embargo, estos fundamentos permanecen ocultos, funcionando como un filtro cognitivo sobre la realidad, lo cual le posibilita al sujeto tener el control y aislar aquellos posibles problemas que puedan presentarse, provocándole conflicto. Pero si el conflicto mismo es inevitable, él lo soluciona utilizando rutinas que en el pasado le han funcionado, y que de todas maneras se adecuan a los planes mentales trazados desde sus representaciones.

Por ello comprender las representaciones de un sujeto implica adentrarse en su epistemología personal, en sus creencias, en sus teorías implícitas y en las representaciones sociales del contexto en el cual las ha construido y se ha construido.

Hacer explícitas las representaciones trae de hecho un cuestionamiento al sujeto y también al contexto del cual hace parte, generando de alguna manera transformaciones en ambos ámbitos, pues no se podría transformar aquello que es desconocido.


NOTAS


(1) AUSUBEL Y COLS. Psicología Educativa. Un punto de vista cognoscitivo. Editorial Trillas. México.1986

(2) GALLEGO BADILLO Rómulo. Discurso constructivista de las tecnologías. Editorial libros y libres S. A. Santafé de Bogotá. 1995. p. 120-127.

(3) DE VEGA, Manuel. Introducción a la psicología cognitiva. Alianza Editorial. Madrid. 1984

(4) RODRIGO, MARÍA JOSÉ Y COLS. Lakoff. En: Las teorías implícitas. Una aproximación al conocimiento cotidiano. Editorial Visor. Madrid 1993.

(5) PERNER. Comprender la mente representacional. Ediciones Paidós. España. 1994.

(6) PIAGET, Jean. La formación del símbolo en el niño. Fondo de Cultura Económica. Santafé de Bogota 1957.

(7) Idem. p 371.

(8) PERNER. Comprender la mente representacional. Ediciones Paidós. España 1994.

(9) JODELET, Denise. "La representación social: fenómenos, concepto y teoría". En: MOSCOVICI, Serge. Psicología social. Pensamiento y vida social. Psicología social y problemas sociales.Paidos, Buenos Aires, 1986.

(10) MOSCOVICI, Sergei. Psicología social II. Pensamiento y Vida social. Ediciones Paidós. Barcelona, 1984.

(11) GAGLIARDI, Richard. 1988. "Utilización de las representaciones de los alumnos en la educación". En: Congreso Mundial Vasco. Congreso de Educación. Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco.Vitoria - Gasteiz.p 93- 107.

(12) Idem.

(13) DELVAL, J. La representación infantil del mundo social. En: Turiel. Enesco y Linaza. El mundo social en la mente infantil. Alianza. Madrid, 1989.

(14) RODRIGO, MARÍA JOSÉ. Las teorías implícitas. Una aproximación al conocimiento cotidiano. Visor. Madrid, 1993.

(15) BRUNNER, Jerome. Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza Editorial. Madrid. Compilador Linaza José Luis, 1998.

(16) RODRIGO, MARÍA JOSÉ. Las teorías implícitas. Una aproximación al conocimiento cotidiano. Visor. Madrid, 1993 p. 52

(17) VIGOTSKY, Lev. Pensamiento y lenguaje. La Pleyade. Buenos Aires.


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