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Danilo Marcondes de Sousa Filho
Willgenstein y Habermas: Filosofía
del lenguaje bajo una perspectiva crítica
Traducción
y adaptación del portugués del texto: de Danilo
Mancandes de Sousa Filho "Wittgenstein
e Habermas: Filosofía da Linguagem em una perspectiva
crítica" en Filosofia, linguagem
e comunicacao. Sao Paulo, Cortez editora. p. 109-
117.
Rafael
Areiza Londoño
El objetivo principal de este capítulo no es comparar
el concepto de juego de lenguaje en Wittgenstein, central
en su concepción de significado, con la Teoría
de la Acción Comunicativa de Habermas, ni tampoco
examinar la influencia de Wittgenstein en la concepción
habermasiana de lenguaje, esencialmente como un forma de
acción en lo real y no meramente como representación
de lo real, tal como se le considera clásicamente.
Se deja de lado también, las posibles objeciones
del modo como Habermas se apropia del pensamiento de Wittgenstein
y de otros filósofos analíticos. Interesa,
sobre todo, explicitar la necesidad de elaborar bajo una
perspectiva crítica que, a mi modo de ver, surge
en la filosofía analítica, en gran medida,
como consecuencia de las propuestas de Wittgenstein, que
hasta el momento no han tenido un desarrollo adecuado. Me
parece que Habermas ofrece algunas pautas importantes en
esta dirección.
A
la luz de la concepción habermasiana, muy sistemática,
por cierto, la concepción del significado en la filosofía
del lenguaje de inspiración wittgensteiniana, puede
parecer deficiente; por otro lado, se puede considerar que
también ocurra lo contrario. Examinada a partir de
Habermas, la visión wittgensteiniana puede parecer
poco elaborada en algunos aspectos, sobre todo, en la medida
en que considera al lenguaje como una practica social concreta.
A dicha perspectiva wittgensteiniana, le falta una teoría
lingüística que explique el hecho específico
del uso del lenguaje, una teoría de la sociedad que
explique el papel del lenguaje dentro de ésta y una
teoría de la ideología que explique las distorsiones
en el uso del lenguaje a través de las formas de dominación
en la sociedad y de la manera como esta dominación
es reproducida y justificada. Todo ésto lo encontramos
ampliamente desarrollado en la Teoría de la Acción
Comunicatica de Habermas(1). Por su parte la preocupación
wittgensteiniana es muy distinta de aquélla que culmina
en construcciones teóricas sobre instituciones como
el lenguaje, la sociedad, el poder, etc.. Por el contrario
la preocupación de Wittgenstein es esencialmente analítica
centrada en el desarrollo de un instrumento especial de análisis,
de interpretación, de elucidación, que, según
él, sólo puede ser el lenguaje interpelado a
partir de su uso concreto y examinado a través de redes
de interacción que el uso de los términos y
expresiones problemáticas contiene, establece, presupone,
causa y que no siempre son obvias, ni siquiera para los usuarios
del lenguaje. Según Wittgenstein, por lo tanto, la
filosofía se caracteriza mucho mejor como un método
de análisis, una terapia.
Tomando
ese contraste como fundamento, me gustaría dividir
la propuesta en dos partes, claramente interrrelacionadas:
a.
La primera relativa a la importancia de la contribución
de Habermas, a través de su Teoría de la
Acción Comunicativa para el tratamiento del problema
de lenguaje en el ámbito específico de la filosofía
analítica de tradición anglosajona.
b.
La segunda respecto al desenvolvimiento del problema del lenguaje
en la obra del propio Habermas, especialmente en relación
con la concepción de teoría crítica
y la noción de crítica, en particular lo
que permitirá la reintroducción de la problemática
de la filosofía analítica en otro espacio.
Mi
motivación principal para la lectura de Habermas surge
del reconocimiento de un
dilema en la propuesta teórica y metodológica
del tratamiento del lenguaje por la filosofía analítica,
en especial por la filosofía del lenguaje ordinario(2).
Ese
dilema se puede formular de la siguiente manera: la filosofía
del lenguaje ordinario, de inspiración wittgensteiniana,
propone contra la semánticas formales derivadas de
Frege, Russel y Carnap (cf. Kempson, 1997) , en vez de un
tratamiento lógico del lenguaje, un análisis
del significado de expresiones a partir de su uso común
en contextos específicos. El proceso de interpretación
y esclarecimiento de la filosofía debería tomar
como objeto de análisis precisamente esos juegos de
lenguaje(3), es decir la combinación del
lenguaje y la acción, que es el uso de expresiones
de una lengua en contextos concretos de acuerdo con ciertas
convenciones sociales para la obtención de objetivos
y propósitos determinados.
La
"traducción" del lenguaje natural
en un lenguaje lógico, sustentado en gran medida por
la Semántica Formal , es criticada exactamente por
olvidar el lenguaje tal como es usado, no pudiéndose
de esta forma producir ninguna claridad sobre el significado,
ya que ignora elementos esenciales de la naturaleza del propio
lenguaje, al hacer asbtracción de su uso.
El
dilema, a mi modo de ver, se da en la medida en que la propia
filosofía del lenguaje no tematiza, en su origen, el
carácter opaco del lenguaje en el uso, produciendo
al final un concepto no problemático de lenguaje y
transparente a cualquier análisis, el cual en verdad
es tan artificial como lo muestra la Semántica Formal.
Si no reconocemos que el lenguaje tal como es usado en contextos
específicos, es una forma de interacción social,
estructurador de la experiencia que refleja y reproduce las
estructuras sociales y por tanto la desigualdades, los conflicto,
la manipulación, etc., entonces estaremos igualmente
trabajando con un concepto de lenguaje que deja de lado elementos
esenciales de su naturaleza. Pero, además, el filósofo
al recurrir a su competencia lingüística implícita
en el análisis que realiza, estará ignorando
que el carácter social del lenguaje compromete la "neutralidad"
de esta competencia y por lo tanto todo el análisis
resultante.
| Nuestro
uso lingüístico concreto, se caracteriza por
las distorsiones de la situación ideal, distorsiones
provenientes de la misma estructura social, dándose
una asimetría de los papeles lingüístico-sociales,
en las reglas del discurso y en su control. |
En
otras palabras, es necesario para la filosofía del
lenguaje, en tanto que se propone analizar el lenguaje en
uso, y a utilizar conceptos como contexto, convención,
hablante/oyente, etc., tematizar de alguna forma la ideología
y, por lo tanto una metodología crítica
de análisis.
La
teoría de la Acción Comunicativa de Habermas
va exactamente al encuentro de esa necesidad, aunque no se
proponga realmente ser una metodología de análisis
del uso del lenguaje ni tampoco caracterizarse como un análisis
del discurso. En verdad Habermas no llega a formular esa crítica
a la filosofía de lenguaje, ni apunta al dilema al
que me referí(4). Su interés por
la filosofía de lenguaje parece estar un poco relacionada
con un tratamiento más elaborado de la problemática
del lenguaje, a partir del reconocimiento de la propia Teoría
Crítica. Me parece que la Teoría de la Acción
Comunicativa de Habermas es capaz de aprovisionar a la filosofía
del lenguaje de los instrumentos para la superación
del dilema formulado, en tanto que desarrolla un concepto
teórico de lenguaje y una propuesta metodológica
crítica que permitirían evitar las dificultades
encontradas por la filosofía del lenguaje. Pretendo,
ahora, destacar algunas características fundamentales
de la concepción de Habermas.
Interpretado
como un objeto socialmente construido, como práctica
social concreta, el lenguaje refleja una estructura de la
interacción social. De esta manera, es necesario un
análisis de las condiciones constitutivas del discurso
posible, teniendo como objetivo fines más o menos determinados.
Ese
análisis parte de lenguaje entendido como comunicación
que se funda en la noción de intersubjetividad:
el uso del lenguaje consiste en un acto de entendimiento mutuo
que lleva necesariamente a un acuerdo fundamentado, justificado,
al cual se llega a través del diálogo, a
través de la posibilidad de retomarlo, interrogar el
discurso, característica inherente en principio a todo
uso del lenguaje. El paradigma de toda situación posible
de discurso es el diálogo.
La
necesidad de validación, explicación, justificación,
permea todo uso del lenguaje, que varía de acuerdo
con los diferentes contextos y juegos de lenguaje. Esta validación
es posible al indicarse las reglas según las cuales
algo es dicho y hecho, al hacerse explícitas las prácticas
a las cuales los actos de habla pertenecen, los juegos de
lenguaje de los cuales hacen parte y la función que
realizan en ellos. Es en este sentido que se debe interpretar
la idea de entender un juego de lenguaje y de tomar parte
en él. Debe haber siempre la posibilidad de reinterpretar
no sólo de lo que se dice, sino también de la
situación de discurso, del contexto y de sus elementos
constitutivos. El acceso de los participantes a las reglas
del juego de lenguaje, en un sentido práctico y no
teórico, es una condición de posibilidad de
la eficacia y de la naturaleza cooperativa del discurso.
Se
trata así, de un modelo de lenguaje, según
Habermas derivado de la concepción de lenguaje como
comunicación, encontrado en la filosofía del
lenguaje ordinario y en la teoría de los actos de habla.
Este modelo caracteriza lo que Habermas considera una situación
ideal de discurso, al mismo tiempo condición de
posibilidad de realización de toda interacción
lingüística e ideal regulativo siempre anticipado
mas nunca atendido en toda interacción.
En
efecto, nuestro uso lingüístico concreto, se caracteriza
por las distorsiones de la situación ideal, distorsiones
provenientes de la misma estructura social, dándose
una asimetría de los papeles lingüístico-sociales,
en las reglas del discurso y en su control. Estas distorsiones
generan casos en que una situación ideal y ficticia,
aunque parezca real, las pruebas son apenas aparentes, los
hablantes apenas se imaginan que controlan las reglas. Es
de esta manera que Habermas caracteriza lingüísticamente
la "manipulación ideológica"(5).
Tenemos
aquí de nuevo los términos del dilema arriba
formulado. La solución habermasiana está en
la metodología crítica que su noción
de situación ideal de discurso permite desarrollar,
en la medida en que permanece como criterio para distinguir
el falso consenso del verdadero. El verdadero consenso está
fundamentado en el entendimiento mutuo, en la idea de reciprocidad
y en el intercambio de papeles. Este consenso se constituye
en ideal normativo, en idea reguladora, en principio
que anticipa la realización de la interacción,
en nombre del cual se interpreta el discurso de la manipulación
ideológica. Es este el punto de apoyo de la realización
de la crítica.
Una
conclusión a la que llegamos es que, aparentemente,
sin la formulación de una noción ideal de lenguaje
no es posible fundamentar una metodología de análisis
que no sea meramente descriptiva, sino que pueda caracterizarse
como crítica. Por otro lado, los conceptos en términos
de los cuales esta noción ideal del lenguaje se formula
son bastante problemáticos, en la medida que se constituyen
en postulados, aunque Habermas defienda la posición
de que se trata de una crítica inmanente derivada de
que el propio lenguaje pretende ser acción comunicativa
y no meramente un conjunto de relaciones sintácticas
y semánticas.
Es
precisamente este hecho de la posibilidad de la crítica
el que me gustaría retomar a continuación.
II
En
su artículo "Trabajo e Interacción"
(1968), así como en la primera parte de Conocimiento
e Interés (1973), Habermas examina la noción
de crítica y especialmente las nociones a ella relacionadas
como subjetividad y conciencia, resaltando las objeciones
de Hegel dentro de un proceso de radicalización de
la propia filosofía crítica, a la filosofía
trascendental de Kant. El punto flaco de la filosofía
trascendental Kantiana, según esta visión, sería
exactamente el presupuesto de la identidad de Yo como unidad
originaria de la conciencia trascendental. O sea, que la filosofía
trascendental dependería de una noción de sujeto
originario, ahistórico y atemporal. Contra esta visión,
Hegel principalmente en sus Lecciones de Iena propone
una concepción según la cual una identidad de
la conciencia es entendida no como originaria, sino como resultado
de un proceso de formación. Este sería un triple
proceso constituido por tres dialécticas: 1. De la
representación o de la simbolización; 2. Del
trabajo; 3. De la lucha por el reconocimiento o de la vida
moral.
La
propuesta de Habermas de revaluación de la filosofía
crítica va en el sentido de pensar el proceso de formación
de la conciencia a partir de la unidad de estas dialécticas
interpretadas como del trabajo, de la interacción (vida
moral), y del lenguaje (representación). Aunque puede
parecer que al lenguaje se le pueda dar un papel privilegiado
en este proceso, ya que la representación sería
elemento articulador del trabajo y de la interacción,
en verdad lo que tenemos es una redefinición del propio
concepto del lenguaje que, como parte del triple proceso de
la formación de la conciencia, debe ser considerado
ahora como no disociable del trabajo y de la interacción.
Es
exactamente en términos de la recuperación de
esta concepción de conciencia formado por ese triple
proceso, que Habermas va a defender una propuesta de teoría
crítica capaz de ir contra la concepción teleológica
e instrumental de razón, característica de la
sociedad moderna y de los modelos teóricos positivistas
y cientifistas, que restringirían la interacción
y dificultarían los proceso de comunicación.
La
acción comunicativa con base en la cual se hace este
análisis crítico, partiría de un concepto
de interacción a partir de la comprensión de
una situación compartida. Ese es el sentido de la situación
ideal de discurso, arriba mencionada. La independencia consistiría
para Habermas, en la posibilidad de participación de
los individuos en la discusión de los objetivos y medios
de los procesos sociales que directa o indirectamente los
afecta ( Posner, 1976, p. 641).Esta posibilidad presupone
una situación ideal de discurso en la que se llevaría
a cabo esta discusión.
Me
gustaría examinar un poco mejor entonces las características
centrales de esta discusión y la manera como justifica
la capacidad de crítica. Para ello es importante que
retomemos algunos elementos de la filosofía del lenguaje(6).Según
esta concepción del lenguaje, cada afirmación
hecha por un hablante puede ser tomada como parte de un proceso
interactivo que supone y anticipa una respuesta que puede
ser dada por un oyente. Siendo así, decir algo es pretender
que lo dicho pueda ser aceptado por cualquier hablante competente
que ha comprendido lo que se dijo. El hablante asume entonces
una posición que supone aceptable por su interlocutor
o que al menos juzga defendible o justificable.
| Las
reglas no tienen un carácter absoluto, ni contienen
una necesidad lógica, pero evidencian su origen
social y convencional. Toda toma de posición conlleva
una necesidad de problematización, porque anticipa
una resistencia, una contraposición. |
A
partir de aquí tenemos la posibilidad de un análisis
crítico que pretende reconstruir el discurso el general
(la red potencial de interacciones lingüísticas)
como un juego que tiene como jugada inicial una toma de posición
del hablante y como respuesta una contraposición de
su interlocutor siendo la regla del juego la validación
o justificación de ambas participaciones. En este sentido
es como debe ser entendida la naturaleza dialógica
del lenguaje.
Vemos
entonces cómo se reintroducen aquí la intersubjetividad
y la conciencia, interpretada, esta última como la
identidad del hablante. La identidad del hablante en cuanto
tal no puede ser considerada como originaria, sino como formada,
constituida como capacidad de realizar actos de habla, es
decir, como toma de posición en el juego de lenguaje.
Los hablantes por lo tanto, se autoidentifican a través
de la realizan de un acto de habla como toma de posición.
Esta identificación es aceptada por los oyentes cuando
reconocen la autoidentificación de los hablantes. El
consenso se produce en la medida de la capacidad de identificación
recíproca entre hablante y oyente. El presupuesto fundamental
de este consenso es la existencia de reglas reconocidas de
justificación o validación de las participaciones.
De
esta forma, la identidad del hablante o del oyente presupone
un identidad colectiva del grupo que acepta las reglas y de
la cual ambos hacen parte. La identidad no puede entonces
ser aceptada como originaria, sino constituida socialmente.
A
su vez, las reglas de validación, deben ser consensuales,
no pudiendo ser consideradas como subjetivas, privadas e individuales.
A esta altura se puede entonces suscitar el concepto de crítica.
Si toda producción de discurso es socialmente constituida,
de acuerdo con unas reglas reconocidas , qué posibilidad
habría de examinar e interpelar el propio discurso
y la estructura social?. Con esta pregunta estamos de vuelta
a nuestro dilema inicial. Para analizar el lenguaje tal como
él efectivamente es, necesitamos de un modelo de cómo
debe ser el lenguaje.
La
respuesta sólo podrá ser que la tematización
de las reglas debe hacer posible su problematización.
En la medida en que en la validación de las participaciones
se recurra a las reglas, se involucra la necesidad de explicitarlas,
lo que a su vez hace posible el problematizarlas. Las reglas
no tienen un carácter absoluto, ni contienen una necesidad
lógica, pero evidencian su origen social y convencional.
Toda toma de posición conlleva una necesidad de problematización,
porque anticipa una resistencia, una contraposición.
Tenemos así, que la identidad de los hablantes está
doblemente constituida: en primer lugar como identidad convencional,
entendida como identidad colectiva; y en segundo lugar como
identidad individual o sea que a partir de la posibilidad
de apelar a las reglas en el uso del lenguaje, el hablante
puede tomar la universalidad pretendida por toda regla de
justificación para la interpretación de reglas
particulares. Llegamos entonces a la conclusión de
que, según parece, una propuesta crítica debe
suponer siempre, en algún momento y de alguna manera,
la autonomía de la razón individual, vista aquí
como si el sujeto hablante no fuese originariamente autónomo,
sino que adquiriese su autonomía al constituirse como
sujeto, a partir de su propia
práctica. Por la tanto, un pensamiento crítico,
en esta perspectiva, se caracteriza por la posibilidad de
considerar visiones de mundo y formas de acción alternativas,
es decir, posibilidades alternativas de realizar actos de
habla. Todo modelo interpretativo debe ser considerado provisional
y la realidad debe ser interpretada de modos diversos. Pero
esto no equivale a sustituir un modelo por otro, ni a la idea
de que todos los modelos son igualmente válidos.
En
síntesis, un análisis crítico que evite
al mismo tiempo el carácter descriptivo y de cierta
forma acrítico de la posición wittgensteiniana
y el presupuesto de una estructura racional universal de la
comunicación humana que encontramos en Habermas, debería
tener dos características básicas: 1. debe ser
crítica en el sentido ser hacer explícitas las
reglas y condiciones para la realización de actos de
habla en contextos específicos; 2. debe ser crítica
en el sentido en que una vez estas reglas y condiciones se
hacen explícitas, debe ser posible considerar formas
alternativas de acción y de realización de actos
de habla, una vez que su carácter contingente sea revelado,
haciendo posible diferentes objetivo y modos alternativos
de obtener esos objetivos.
La
primera característica que debe asegurarse es la transparencia,
aunque, claro, jamás en un sentido total y definitivo;
la segunda es que debe garantizar la posibilidad de cambio
en la sociedad, es decir, en nuestro modo de actuar y en nuestras
visiones de mundo, por lo tanto en nuestras propias formas
de vida.
NOTAS
(1) Véase al respecto J.Habermas. The Theory of Communicative
Action, Vol. 1, Boston, Beacon Press, 198. Trad. Inglés
T. McCarthy, y más recientemente su Pensamiento Pos Metafísico,
Río de Janeiro, Tempo Brasileiro, 1990, Trad. Port. F.
Siebneichler, sobre todo el cáp. II, "Guiño
pragmático"
(2)
A propósito de esta noción, véase Ryle
(1975)
(3)
El concepto de "Juego de lenguaje" (Sprach-spiel)
es caracterizado por Wittgenstein en las Investigaciones Filosóficas
número 7 como "el todo formado por el lenguaje
y las acciones con las que está entretejido".
(4)
A pesar de eso, en Habermas (1990), sobretodo en el capítulo
5, "Sobre la crítica a la teoría del significado",
se encuentra una reflexión en este sentido.
(5)
Véase a este respecto el capítulo "Lenguaje
e ideología"
(5)
Retomo aquí algunos elementos centrales del análisis
de E. Tugendhat (1982).
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