Editorial
En medio del asombro que causa el crecimiento de la violencia en nuestro país y en el mundo por muy diversos factores, y de una especie de clamor generalizado por un futuro de paz, la universidad pública colombiana representa un bastión para la construcción de un mañana mejor, que pueda derrotar el desaliento y la frustración. Construir futuro significa estar en el mundo, asimilar crítica y dialécticamente los procesos, teniendo como eje fundamental al hombre, de tal manera que se pueda compartir la marcha de la historia con una conciencia clara de nuestros principios fundacionales, para salir del caos. Nuestra institución, en este sentido, tiene una importante responsabilidad histórica, para que dentro de un contexto de sana crítica, podamos avanzar en la auténtica construcción de ese mañana que todos esperan.
Si ese es nuestro propósito central, debemos tener una clara conciencia de realidad que nos permita ver más allá del fácil ideologismo, que todo lo reduce a unos simples enunciados. Consideramos que los procesos de modernización y globalización son pruritos contemporáneos no sólo técnicos o científicos, sino también políticos, que nos ubican en el aquí y el ahora, de manera eficaz y concreta. No basta decir que somos contemporáneos del mundo: es preciso que nuestra voluntad y nuestra acción lo demuestren claramente. Como en la obra de Sartre, la suerte está echada, y esta administración le juega a la modernización y a la globalización en medio del diálogo, la tolerancia y la transparencia en la gestión directiva.
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