Este artículo pretende señalar las vertientes
del pensamiento de Platón, una como crítica
y la otra como tradición. Además, resaltar
la doctrina del alma como cuidado y conocimiento y su relación
con la génesis y el placer.
En
la exposición del Filebo de Platón se
presentan los tópicos más relevantes de la doctrina
platónica: el bien, la unidad, la pluralidad, el alma,
el cuerpo, la medida, la belleza, la verdad, la mezcla, etc.
El diálogo, que en Platón siempre se considera
como una comprensión más profunda, más
cerca de la raíz misma de los interlocutores que de
la retórica, tiene en El Filebo unos señalamientos
de tipo crítico a una tradición, pero además,
posee una pervivencia de la antigua sophía delfica
que hacía de algunos conciudadanos unos sofoi. Se podría
señalar que el diálogo el Filebo intenta a partir
de una racionalización de la naturaleza del placer
indicar a los que pueden ser mejores por medio del diálogo,
la antigua sabiduría gnómica. La tensión
tradición-crítica resuelve el logro mismo que
expone al placer a su lugar en la vida, a su "exacto"
lugar, aquel que hace de ella una Pôs Bioteúov,
es decir"una necesidad vital de entenderse con la
penuria fundamental de la vida, mientras se tiene que actuar
sin saber como hacerlo"(1). Ese hacer
que exige una responsabilidad, una tarea ineludible, un acto
que coloca la palabra hombre a un ser que tiene la obligación
y la premura de hacerla patente, realidad(2).
Un ser que por necesidad requiere de la claridad
y la verdad para llegar a ser un ser en la verdad,
un ser verdadero.
El
lógos del Filebo es peri pánton,
una palabra completa, verosímil, que se adecua con
el universo, haciendo de cada momento la unidad que el conocimiento
como valor logra. Un lógos que resuelve cada
cosa y el todo en una verdad que es medida, autenticidad,
que hace del pensar y lo pensado una y la misma cosa.
El
primero de los términos de la premisa, la tradición,
puede ser señalado como el encuentro de la vida práctica
y teórica (sabiduría) que se soluciona en los
gnomaí, en lo que está escrito; en la
pedagogía hacia un buen vivir en general; que se inicia
a partir de los cuidados que debe observar el ciudadano consigo
mismo, con la polis y con el universo.
La
crítica platónica contenida en el Filebo intenta
mostrar que las costumbres ciudadanas están viciadas
por una irrealidad, una falsedad y una indeterminación
de la vida misma. El placer, "que es lo que atañe
a la naturaleza humana sobre todas las cosas, unido a los
dolores y los deseos", requiere del "tiempo
y medida convenientes para conseguir la felicidad en la ciudad,
en el individuo y en cualquier ser vivo que sea"(Leyes
636 c-d)(3).
La
crítica platónica al placer trata de resolver
la naturaleza y finalidad de éste utilizando la diaíresis
o división como posibilidad ejemplar para obtener una
precisión del proceso que aparece, que se desoculta
como "placer" hédoné.
(Si la diaíresis es el método de la ciencia,
y El Filebo es una expresión de éste,
no es de competencia del presente artículo)(4).
La crítica platónica apunta al esfuerzo (orexis)
que debe realizar el individuo para conocerse a sí
mismo y con ello ascender en la jerarquía del conocimiento
hasta lograr una semejanza con el ordenador, con aquel que
hizo de los factores del orden (NoûS) y del desorden
(anánkê) una táxis,
un cosmos, una systásis.
La
idea de placer aparece con el mismo lógos a través
de los diálogos que lo tratan (Gorgias, Protágoras,
Fedón, Republica, Leyes). Lo que gana en El Filebo
es la posición cognitiva, esto es, la reducción
de las ideas se convierte en una imposibilidad. La diferencia
ÓV y GENESIS se establece como la causa
y la con-causa de todo lo ordenado. La génesis es limitada
y delimitada por el Noûs y éste por causa
de la dualidad no es el rey absoluto de lo dado, de lo que
aparece como orden (28c). EL placer aparece
en el ordenamiento de la vida buena como factor que debe ser
solucionado con un lógos verosímil. La
vida buena es telos, es el fin de la existencia y la
generación, pero como proceso que ella es debe estar
sujeta al orden ontocosmológico (27)."El
placer, si es que es génesis, tendrá que ocurrir
necesariamente en razón de una existencia"(54c).
El
orden de la existencia antecede al desorden de la génesis.
La vida se resuelve en la solución que se le entregue
al proceso."Cada génesis particular tiene
lugar con vistas a cada existencia particular"(54c).
La vida del placer es un proceso que debe ganar el ordenamiento,
la limitación, la mesura, tan cara a los griegos.
El
placer "proceso" debe estar sometido al lógos,
al discurso verdadero que emerge del diálogo, no sólo
con el otro sino también del alma consigo misma. El
diálogo posibilita la condición para que aparezca
lo verdadero, lo que se oculta detrás de lo falso,
del lógos irreal.
| El
estatuto de la vida buena, es un vigilar que los placeres
hallen el género de lo mesurado
(52c) de aquella determinación que
el alma coloca sobre el cuerpo gracias a un lógos
verdadero. |
Los
placeres son puros, impuros y mixtos y a todos los impulsa
el alma como causa o agente (30b). El alma es la automotora
que posee el lógos y por ello es necesario que
el cuidado de ella sea la mayor disciplina, la areté
fundamental.
El
cuidado del alma es el cuidado del lógos. Veamos
dos apartes fundamentales para desarrollar in concretum
la premisa del presente trabajo (48c-49b).
1.
PROTARCO _ Aludes al "conócete a ti mismo",
Sócrates.
SÓCRATES - Si. Claro está que lo contrario sería
que la inscripción recomendará no conocerse
en absoluto.
PROTARCO - ¿Cómo no?
SÓCRATES _ Intenta, Protarco, dividir esto último
en tres.
PROTARCO - ¿Por dónde dices?. Me temo que no voy
a ser capaz.
SÓCRATES - ¿Quieres decir que tengo que dividirlo
yo?
PROTARCO - Lo quiero decir, y además de decírtelo,
te lo pido.
SÓCRATES - ¿No es necesario que los que se desconocen
a sí mismos sufren esta afección con relación
a uno de estos tres aspectos?
PROTARCO - ¿Cómo?
SÓCRATES _ En primer lugar con respecto al dinero,
cuando uno cree que es más rico que lo que corresponde
a su hacienda.
PROTARCO _ Muchos son los que padecen esa afección.
SÓCRATES _ Más numerosos son aún quienes
se creen más altos y guapos y también
que sobresalen en las demás cualidades físicas,
de lo que son en verdad.
PROTARCO _ Ciertamente.
SÓCRATES _ Pero muchísimos más son, creo
yo, los que yerran con respecto al tercer punto, la ignorancia
relativa a las cualidades espirituales, creyendo que son sobresalientes
en virtud, aunque no lo son.
PROTARCO _ Muchísimo más.
SÓCRATES _ Y de entre las virtudes, ¿no es acerca
de la sabiduría donde la mayoría, pretendiendo
poseerla por completo, está llena de rivalidades y
de una falsa apariencia de sabiduría?
PROTARCO - ¿Cómo no?
SÓCRATES _ Cualquiera podría, por tanto, acertar
al decir que esta afección en cualquiera de sus manifestaciones
es un mal.
El conocerse y el desconocerse se muestra entre las polaridades
de lo auténtico y lo inauténtico. La autenticidad
es lo puro, lo limitado, lo determinado, lo único.
La inautenticidad, es lo impuro, lo ilimitado, lo indeterminado.
El placer, lo mismo que los aspectos de la división:
la riqueza, la belleza y la phrónesis, puede
aparecer como el desconocimiento, porque el cuerpo
como intermediario que es del alma así lo procura.
Aparece lo que no es, el no ser de lo rico, de lo bello y
del conocimiento, porque la opinión se une a la percepción
bajo una forma de comprensión errada con respecto al
uno que es, a la existencia particular que precede la génesis
particular. El yerro es la apariencia de un lógos inauténtico
impuro.
El cuerpo como intermediario posibilita la apariencia, lo
irreal. El alma al verse sujeta a su intermediario asume el
rol de lo irreal. Es necesario para alejar el mal, tener la
opinión recta que nos conduce a lo verdadero. La mezcla
que se presenta entre lo determinado y lo indeterminado, lo
auténtico y lo inauténtico, se halla en el exterior,
en la apariencia, en el cuerpo. Los placeres son auténticos
en la medida que se alejan de la inautenticidad, del cuerpo.
Este no posee más que la mezcla que es necesaria, como
la dosis para efectuar un buen medicamento para cualquiera
de los entes. Pero en el intermediario sucede volverse
a la indeterminación. La lucha que el cuerpo padece
con al placer lo hace perder el dominio, el conocimiento de
sí mismo, la limitación, la pureza y se abandona
a ese desconocimiento, a esa irrealidad que produce al tirano.
| La
crítica platónica contenida en el Filebo
intenta mostrar que las costumbres ciudadanas están
viciadas por una irrealidad, una falsedad y una indeterminación
de la vida misma. |
La sabiduría se trastoca en su contrario. El que aparece
sabio, es malo, ignorante. El que aparenta el no saber es
el auténtico, el que asciende a la limitación,
a los placeres que encuentra el alma en la formación
de un lógos determinado por las ideas, por el
absoluto. En los placeres de la mezcla se tiene que ver, intuir
siempre, los placeres puros, que son los que determinan, entregan
una vida veraz, auténtica.
La sabiduría"del no saber"es la dynamis
que procura un alejamiento de la necesidad, de lo que comporta
dolor y placer al propio tiempo. Lo puro asciende a una forma,
a lo que es siempre por sí mismo y produce"placeres
emparentados por naturaleza"(51d). Platón
invita en el conocimiento de sí mismo el no aparentar,
el ascender a una forma pura auténtica. El estatuto
de la vida buena, es un vigilar que los placeres hallen el
género de lo mesurado (52c) de
aquella determinación que el alma coloca sobre el cuerpo
gracias a un lógos verdadero. Cuando
en el Fedón, Platón habla del "sentimiento
extraño, como una cierta mezcla en la que hubiera una
combinación de placer y, a la vez, de pesar"(59a),
señala el encuentro de una naturaleza que hay necesidad
de dividirla para ascender a la forma pura; el razonamiento,
la reflexión, la vigilia, sobre el objeto que siempre
se mueve, se mueve a sí misma, el alma.
Emparentada ella con la visión de la mirada a lo que
ES; el demiurgo como intermedio del Noûs
y la génesis, la construyó con la relación
de los géneros, Yévos, con el origen
de lo mismo y de lo otro y además, existencia. La existencia
es una división, un género aparte que se mezcla
para producir, crear desde ella misma, lo mismo y lo otro.
El alma está adecuada para el mundo con el cuerpo;
para desentrañar, persuadir a los géneros y
se efectúe una recordación, una bondad que cree,
construya, imitando las formas puras, el encuentro con lo
ilimitado, con aquel género que hace la percepción;
género que poseyendo la mezcla y con ella la areté
fundamental, la sabiduría, puede intuir un eterno
movimiento.
El alma posee lo que puro está adecuado para lo impuro.
El alma está adecuada para"ver"el
placer, determinarlo, porque la naturaleza del placer puede
dividirse en las particularidades y sus respectivas existencias.
El alma al tender a lo puro, intuye las formas, las recuerda.
La escogencia se efectúa por la areté
fundamental,"cualquiera escogería con mayor
agrado (kalón) lo relativo a la medida,
lo mesurado, lo oportuno y todo lo semejante"(66).
Las gradaciones del conocimiento y del ser se presentan
en los objetos, en las naturalezas unas que tienen correspondencia
con su propia existencia. El alma al detentar lo existente
como un género de su constitución, halla en
la mezcla la posibilidad del diálogo con ella misma,
con lo otro y lo idéntico; los géneros poseen
el movimiento, ese movimiento que no posee mas espacialidad
que otro género, la chorá.
| El
que aparece sabio, es malo, ignorante. El que aparenta
el no saber es el auténtico, el que asciende a
la limitación, a los placeres que encuentra el
alma en la formación de un
lógos determinado por las ideas, por el absoluto. |
El orden, el límite, hacen de la limitación
y del desorden, una posibilidad de vida buena, de una vida
que no aparezca como buena, sino que después de haber
elegido, tenga en la"filosofía""en
los discursos emitidos"(67b), el conocimiento
de sí mismo, la autenticidad del lógos
que dialoga porque es su propio movimiento. El placer que
es una gradación del bien en la vida, en sí
mismo es movido por una cosmicidad, por un orden que se percibe
en las estaciones, los movimientos regulares, las casas y
las demás producciones que efectúa el conocimiento
con la medida, con aquella que detenta"lo preciso,
lo exacto y lo demás verdadero" (58c).
El alma tiene comunidad (koinonia), con aquello de
lo que está creada. El cuerpo como en la generalidad
de la ontocosmología es un género, ya que es
una génesis a la que le corresponde una existencia,
el cuerpo es uno cuando logra seguir el camino a casa.
(62b). "El cuerpo alcanza por la formación
y por la educación"(55d) que su génesis
devele la particular existencia que le corresponde; aquello
que de -vele lo que se correlaciona como elección.
El placer toma presencia, es real, en la pasión que
desarrolla, procesa, el cuerpo como devenir (43)."El
placer restaura la naturaleza que en sus combinaciones y disoluciones,
replecciones y evacuaciones o también aumentos y disminuciones,
resulta que se producen penas, dolores, sufrimientos y todo
lo que tiene esa clase de nombres"(42d). El
restablecimiento de la naturaleza corporal se nombra placer
por la "intensidad, magnitud"(45e) no
por el disfrute o gozo. El gozo es potestativo de los placeres
puros, la mezcla requiere de la limitación, de aquello
que el alma comporta como igualdad. El placer nace
bajo la limitación."Di pues que yo llamo tercer
género, considerándolo una unidad, a todo lo
engendrado por aquellos, generación al ser que es efecto
de las medidas que se realiza con el límite".
Lo que le ocurre al placer es que su impureza e ilimitación
conservan su dynamis, de modo, que se sujeta a una naturaleza
que deviene, que posee un nombre, una nominación en
el género.
Nombre y género son dos correlaciones que permiten
obtener el conocimiento de las naturalezas, ya que se pueden
dividir de acuerdo a sus existencias. El nombre posee la precisión
de la naturaleza que es objeto de la división. El placer
en el orden al bien, a la vida buena, puede ser elegido en
una jerarquía donde lo verdaderamente motor se inclina
por lo puro; pero también la disposición, el
deseo, puede ser formalizado, colocado en una intuición
hacia el fin. El fin es la justicia como areté
que es captada como esencia, como origen de los demás
nombres que con ella se relacionan.
Educación, formación, justicia, es la tríada
de la forma política. Para ello es necesario que el
placer que se presenta como afección y como deseo tenga
las limitaciones formales salidas incluso de "la técnica
incierta e impura de la regla y el círculo falso"(62b).
Abrir la puerta a lo que se conoce como real, como aquello
que ha sido o puede ser dividido (diaíresis);
lo inferior en la escala del ser se mezcla con lo puro
(62c). La formación y educación conforman
el principio formal de lo necesario como conocimiento; posibilitan
el desarrollo, la existencia de la elección.
"Bien
sea un hombre que ha captado la esencia de la justicia,
con una capacidad de expresión acorde a su capacidad
de intelección y además igualmente competente
para concebir todos los demás seres"(62).
2.
Expuestos algunos apartes de la doctrina platónica
colocada como crítica a una tradición que se
permitía el tirano como regulador de las leyes y el
estado, vamos al segundo aparte in concretum. Filebo.
(45e)
PROTARCO
_"He comprendido lo que dices y veo que difieren
mucho. En efecto a los moderados siempre los va frenando
también la máxima tradicional que exhorta
al"Nada en exceso", a la que obedecen; en cambio,
a los insensatos y desmedidos el violento placer que los
domina hasta la locura les hace dar gritos de posesos".
La
tradición gnómica es elaborada discursivamente,
posee el rigor de la cultura, la lectura dispuesta a las ciencias
que tratan el objeto de la frónesis. Los"muchos
que yerran" (48c) hacen la correlación
con los pocos que poseen el sentido del ser, el horizonte
de lo que tiene su propio movimiento y hace las existencias
de la generación. Las inscripciones en delfos son desarrolladas
como ciencias de la educación y la formación
sin desconocer el elemento de la afección, del placer
como principio biológico. (35 a-b-). El
Filebo recapitula la doctrina como crítica y reconoce
en los gnomai la mesura, la medida posible para no
dejar que el tirano se forme, aparezca lo irreal como real,
lo falso como verdadero, lo desmedido como medido, el inocente
como culpable. El diálogo El Filebo es un diálogo
en planos doctrinales que no puede calificarse ni de oscuro
como lo denomina Krämer y Ryle, ni aburrido
como Guthrie sino un estilo filosófico nacido
de la senectud, de la metáfora repetida, del afán
pedagógico y persuasivo, del retorno a una tradición
retórica que tenía en la oportunidad (Kairós)
y la persuasión (Peithos) los principios de
la retórica donde todo se elaboraba.
El
Filebo es el diálogo en cultivo, el cuerpo sano
por un alma que hace de su existencia el límite; es
la instauración de un saber que requiere los discursos,
la musa filosófica, la amistad.