"Aproximación al "Filebo" de Platón"


Carlos Eduardo Peláez P.


Este artículo pretende señalar las vertientes del pensamiento de Platón, una como crítica y la otra como tradición. Además, resaltar la doctrina del alma como cuidado y conocimiento y su relación con la génesis y el placer.

 

En la exposición del Filebo de Platón se presentan los tópicos más relevantes de la doctrina platónica: el bien, la unidad, la pluralidad, el alma, el cuerpo, la medida, la belleza, la verdad, la mezcla, etc. El diálogo, que en Platón siempre se considera como una comprensión más profunda, más cerca de la raíz misma de los interlocutores que de la retórica, tiene en El Filebo unos señalamientos de tipo crítico a una tradición, pero además, posee una pervivencia de la antigua sophía delfica que hacía de algunos conciudadanos unos sofoi. Se podría señalar que el diálogo el Filebo intenta a partir de una racionalización de la naturaleza del placer indicar a los que pueden ser mejores por medio del diálogo, la antigua sabiduría gnómica. La tensión tradición-crítica resuelve el logro mismo que expone al placer a su lugar en la vida, a su "exacto" lugar, aquel que hace de ella una Pôs Bioteúov, es decir"una necesidad vital de entenderse con la penuria fundamental de la vida, mientras se tiene que actuar sin saber como hacerlo"(1). Ese hacer que exige una responsabilidad, una tarea ineludible, un acto que coloca la palabra hombre a un ser que tiene la obligación y la premura de hacerla patente, realidad(2). Un ser que por necesidad requiere de la claridad y la verdad para llegar a ser un ser en la verdad, un ser verdadero.

El lógos del Filebo es peri pánton, una palabra completa, verosímil, que se adecua con el universo, haciendo de cada momento la unidad que el conocimiento como valor logra. Un lógos que resuelve cada cosa y el todo en una verdad que es medida, autenticidad, que hace del pensar y lo pensado una y la misma cosa.

El primero de los términos de la premisa, la tradición, puede ser señalado como el encuentro de la vida práctica y teórica (sabiduría) que se soluciona en los gnomaí, en lo que está escrito; en la pedagogía hacia un buen vivir en general; que se inicia a partir de los cuidados que debe observar el ciudadano consigo mismo, con la polis y con el universo.

La crítica platónica contenida en el Filebo intenta mostrar que las costumbres ciudadanas están viciadas por una irrealidad, una falsedad y una indeterminación de la vida misma. El placer, "que es lo que atañe a la naturaleza humana sobre todas las cosas, unido a los dolores y los deseos", requiere del "tiempo y medida convenientes para conseguir la felicidad en la ciudad, en el individuo y en cualquier ser vivo que sea"(Leyes 636 c-d)(3).

La crítica platónica al placer trata de resolver la naturaleza y finalidad de éste utilizando la diaíresis o división como posibilidad ejemplar para obtener una precisión del proceso que aparece, que se desoculta como "placer" hédoné. (Si la diaíresis es el método de la ciencia, y El Filebo es una expresión de éste, no es de competencia del presente artículo)(4). La crítica platónica apunta al esfuerzo (orexis) que debe realizar el individuo para conocerse a sí mismo y con ello ascender en la jerarquía del conocimiento hasta lograr una semejanza con el ordenador, con aquel que hizo de los factores del orden (NoûS) y del desorden (anánkê) una táxis, un cosmos, una systásis.

La idea de placer aparece con el mismo lógos a través de los diálogos que lo tratan (Gorgias, Protágoras, Fedón, Republica, Leyes). Lo que gana en El Filebo es la posición cognitiva, esto es, la reducción de las ideas se convierte en una imposibilidad. La diferencia ÓV y GENESIS se establece como la causa y la con-causa de todo lo ordenado. La génesis es limitada y delimitada por el Noûs y éste por causa de la dualidad no es el rey absoluto de lo dado, de lo que aparece como orden (28c). EL placer aparece en el ordenamiento de la vida buena como factor que debe ser solucionado con un lógos verosímil. La vida buena es telos, es el fin de la existencia y la generación, pero como proceso que ella es debe estar sujeta al orden ontocosmológico (27)."El placer, si es que es génesis, tendrá que ocurrir necesariamente en razón de una existencia"(54c).

El orden de la existencia antecede al desorden de la génesis. La vida se resuelve en la solución que se le entregue al proceso."Cada génesis particular tiene lugar con vistas a cada existencia particular"(54c). La vida del placer es un proceso que debe ganar el ordenamiento, la limitación, la mesura, tan cara a los griegos.

El placer "proceso" debe estar sometido al lógos, al discurso verdadero que emerge del diálogo, no sólo con el otro sino también del alma consigo misma. El diálogo posibilita la condición para que aparezca lo verdadero, lo que se oculta detrás de lo falso, del lógos irreal.

 

El estatuto de la vida buena, es un vigilar que los placeres hallen el género de lo mesurado (52c) de aquella determinación que el alma coloca sobre el cuerpo gracias a un lógos verdadero.


Los placeres son puros, impuros y mixtos y a todos los impulsa el alma como causa o agente (30b). El alma es la automotora que posee el lógos y por ello es necesario que el cuidado de ella sea la mayor disciplina, la areté fundamental.

El cuidado del alma es el cuidado del lógos. Veamos dos apartes fundamentales para desarrollar in concretum la premisa del presente trabajo (48c-49b).

 

1. PROTARCO _ Aludes al "conócete a ti mismo", Sócrates.

SÓCRATES - Si. Claro está que lo contrario sería que la inscripción recomendará no conocerse en absoluto.

PROTARCO - ¿Cómo no?

SÓCRATES _ Intenta, Protarco, dividir esto último en tres.

PROTARCO - ¿Por dónde dices?. Me temo que no voy a ser capaz.

SÓCRATES - ¿Quieres decir que tengo que dividirlo yo?

PROTARCO - Lo quiero decir, y además de decírtelo, te lo pido.

SÓCRATES - ¿No es necesario que los que se desconocen a sí mismos sufren esta afección con relación a uno de estos tres aspectos?

PROTARCO - ¿Cómo?

SÓCRATES _ En primer lugar con respecto al dinero, cuando uno cree que es más rico que lo que corresponde a su hacienda.

PROTARCO _ Muchos son los que padecen esa afección.

SÓCRATES _ Más numerosos son aún quienes se creen más altos y guapos y también
que sobresalen en las demás cualidades físicas, de lo que son en verdad.

PROTARCO _ Ciertamente.

SÓCRATES _ Pero muchísimos más son, creo yo, los que yerran con respecto al tercer punto, la ignorancia relativa a las cualidades espirituales, creyendo que son sobresalientes en virtud, aunque no lo son.

PROTARCO _ Muchísimo más.

SÓCRATES _ Y de entre las virtudes, ¿no es acerca de la sabiduría donde la mayoría, pretendiendo poseerla por completo, está llena de rivalidades y de una falsa apariencia de sabiduría?

PROTARCO - ¿Cómo no?

SÓCRATES _ Cualquiera podría, por tanto, acertar al decir que esta afección en cualquiera de sus manifestaciones es un mal.

El conocerse y el desconocerse se muestra entre las polaridades de lo auténtico y lo inauténtico. La autenticidad es lo puro, lo limitado, lo determinado, lo único. La inautenticidad, es lo impuro, lo ilimitado, lo indeterminado. El placer, lo mismo que los aspectos de la división: la riqueza, la belleza y la phrónesis, puede aparecer como el desconocimiento, porque el cuerpo como intermediario que es del alma así lo procura. Aparece lo que no es, el no ser de lo rico, de lo bello y del conocimiento, porque la opinión se une a la percepción bajo una forma de comprensión errada con respecto al uno que es, a la existencia particular que precede la génesis particular. El yerro es la apariencia de un lógos inauténtico impuro.

El cuerpo como intermediario posibilita la apariencia, lo irreal. El alma al verse sujeta a su intermediario asume el rol de lo irreal. Es necesario para alejar el mal, tener la opinión recta que nos conduce a lo verdadero. La mezcla que se presenta entre lo determinado y lo indeterminado, lo auténtico y lo inauténtico, se halla en el exterior, en la apariencia, en el cuerpo. Los placeres son auténticos en la medida que se alejan de la inautenticidad, del cuerpo. Este no posee más que la mezcla que es necesaria, como la dosis para efectuar un buen medicamento para cualquiera de los entes. Pero en el intermediario sucede volverse a la indeterminación. La lucha que el cuerpo padece con al placer lo hace perder el dominio, el conocimiento de sí mismo, la limitación, la pureza y se abandona a ese desconocimiento, a esa irrealidad que produce al tirano.

 

La crítica platónica contenida en el Filebo intenta mostrar que las costumbres ciudadanas están viciadas por una irrealidad, una falsedad y una indeterminación de la vida misma.


La sabiduría se trastoca en su contrario. El que aparece sabio, es malo, ignorante. El que aparenta el no saber es el auténtico, el que asciende a la limitación, a los placeres que encuentra el alma en la formación de un lógos determinado por las ideas, por el absoluto. En los placeres de la mezcla se tiene que ver, intuir siempre, los placeres puros, que son los que determinan, entregan una vida veraz, auténtica.

La sabiduría"del no saber"es la dynamis que procura un alejamiento de la necesidad, de lo que comporta dolor y placer al propio tiempo. Lo puro asciende a una forma, a lo que es siempre por sí mismo y produce"placeres emparentados por naturaleza"(51d). Platón invita en el conocimiento de sí mismo el no aparentar, el ascender a una forma pura auténtica. El estatuto de la vida buena, es un vigilar que los placeres hallen el género de lo mesurado (52c) de aquella determinación que el alma coloca sobre el cuerpo gracias a un lógos verdadero. Cuando en el Fedón, Platón habla del "sentimiento extraño, como una cierta mezcla en la que hubiera una combinación de placer y, a la vez, de pesar"(59a), señala el encuentro de una naturaleza que hay necesidad de dividirla para ascender a la forma pura; el razonamiento, la reflexión, la vigilia, sobre el objeto que siempre se mueve, se mueve a sí misma, el alma.

Emparentada ella con la visión de la mirada a lo que ES; el demiurgo como intermedio del Noûs y la génesis, la construyó con la relación de los géneros, Yévos, con el origen de lo mismo y de lo otro y además, existencia. La existencia es una división, un género aparte que se mezcla para producir, crear desde ella misma, lo mismo y lo otro. El alma está adecuada para el mundo con el cuerpo; para desentrañar, persuadir a los géneros y se efectúe una recordación, una bondad que cree, construya, imitando las formas puras, el encuentro con lo ilimitado, con aquel género que hace la percepción; género que poseyendo la mezcla y con ella la areté fundamental, la sabiduría, puede intuir un eterno movimiento.

El alma posee lo que puro está adecuado para lo impuro. El alma está adecuada para"ver"el placer, determinarlo, porque la naturaleza del placer puede dividirse en las particularidades y sus respectivas existencias. El alma al tender a lo puro, intuye las formas, las recuerda. La escogencia se efectúa por la areté fundamental,"cualquiera escogería con mayor agrado (kalón) lo relativo a la medida, lo mesurado, lo oportuno y todo lo semejante"(66). Las gradaciones del conocimiento y del ser se presentan en los objetos, en las naturalezas unas que tienen correspondencia con su propia existencia. El alma al detentar lo existente como un género de su constitución, halla en la mezcla la posibilidad del diálogo con ella misma, con lo otro y lo idéntico; los géneros poseen el movimiento, ese movimiento que no posee mas espacialidad que otro género, la chorá.

 

El que aparece sabio, es malo, ignorante. El que aparenta el no saber es el auténtico, el que asciende a la limitación, a los placeres que encuentra el alma en la formación de un lógos determinado por las ideas, por el absoluto.


El orden, el límite, hacen de la limitación y del desorden, una posibilidad de vida buena, de una vida que no aparezca como buena, sino que después de haber elegido, tenga en la"filosofía""en los discursos emitidos"(67b), el conocimiento de sí mismo, la autenticidad del lógos que dialoga porque es su propio movimiento. El placer que es una gradación del bien en la vida, en sí mismo es movido por una cosmicidad, por un orden que se percibe en las estaciones, los movimientos regulares, las casas y las demás producciones que efectúa el conocimiento con la medida, con aquella que detenta"lo preciso, lo exacto y lo demás verdadero" (58c).

El alma tiene comunidad (koinonia), con aquello de lo que está creada. El cuerpo como en la generalidad de la ontocosmología es un género, ya que es una génesis a la que le corresponde una existencia, el cuerpo es uno cuando logra seguir el camino a casa. (62b). "El cuerpo alcanza por la formación y por la educación"(55d) que su génesis devele la particular existencia que le corresponde; aquello que de -vele lo que se correlaciona como elección.

El placer toma presencia, es real, en la pasión que desarrolla, procesa, el cuerpo como devenir (43)."El placer restaura la naturaleza que en sus combinaciones y disoluciones, replecciones y evacuaciones o también aumentos y disminuciones, resulta que se producen penas, dolores, sufrimientos y todo lo que tiene esa clase de nombres"(42d). El restablecimiento de la naturaleza corporal se nombra placer por la "intensidad, magnitud"(45e) no por el disfrute o gozo. El gozo es potestativo de los placeres puros, la mezcla requiere de la limitación, de aquello que el alma comporta como igualdad. El placer nace bajo la limitación."Di pues que yo llamo tercer género, considerándolo una unidad, a todo lo engendrado por aquellos, generación al ser que es efecto de las medidas que se realiza con el límite". Lo que le ocurre al placer es que su impureza e ilimitación conservan su dynamis, de modo, que se sujeta a una naturaleza que deviene, que posee un nombre, una nominación en el género.

Nombre y género son dos correlaciones que permiten obtener el conocimiento de las naturalezas, ya que se pueden dividir de acuerdo a sus existencias. El nombre posee la precisión de la naturaleza que es objeto de la división. El placer en el orden al bien, a la vida buena, puede ser elegido en una jerarquía donde lo verdaderamente motor se inclina por lo puro; pero también la disposición, el deseo, puede ser formalizado, colocado en una intuición hacia el fin. El fin es la justicia como areté que es captada como esencia, como origen de los demás nombres que con ella se relacionan.

Educación, formación, justicia, es la tríada de la forma política. Para ello es necesario que el placer que se presenta como afección y como deseo tenga las limitaciones formales salidas incluso de "la técnica incierta e impura de la regla y el círculo falso"(62b). Abrir la puerta a lo que se conoce como real, como aquello que ha sido o puede ser dividido (diaíresis); lo inferior en la escala del ser se mezcla con lo puro (62c). La formación y educación conforman el principio formal de lo necesario como conocimiento; posibilitan el desarrollo, la existencia de la elección.

"Bien sea un hombre que ha captado la esencia de la justicia, con una capacidad de expresión acorde a su capacidad de intelección y además igualmente competente para concebir todos los demás seres"(62).

2. Expuestos algunos apartes de la doctrina platónica colocada como crítica a una tradición que se permitía el tirano como regulador de las leyes y el estado, vamos al segundo aparte in concretum. Filebo. (45e)

PROTARCO _"He comprendido lo que dices y veo que difieren mucho. En efecto a los moderados siempre los va frenando también la máxima tradicional que exhorta al"Nada en exceso", a la que obedecen; en cambio, a los insensatos y desmedidos el violento placer que los domina hasta la locura les hace dar gritos de posesos".

La tradición gnómica es elaborada discursivamente, posee el rigor de la cultura, la lectura dispuesta a las ciencias que tratan el objeto de la frónesis. Los"muchos que yerran" (48c) hacen la correlación con los pocos que poseen el sentido del ser, el horizonte de lo que tiene su propio movimiento y hace las existencias de la generación. Las inscripciones en delfos son desarrolladas como ciencias de la educación y la formación sin desconocer el elemento de la afección, del placer como principio biológico. (35 a-b-). El Filebo recapitula la doctrina como crítica y reconoce en los gnomai la mesura, la medida posible para no dejar que el tirano se forme, aparezca lo irreal como real, lo falso como verdadero, lo desmedido como medido, el inocente como culpable. El diálogo El Filebo es un diálogo en planos doctrinales que no puede calificarse ni de oscuro como lo denomina Krämer y Ryle, ni aburrido como Guthrie sino un estilo filosófico nacido de la senectud, de la metáfora repetida, del afán pedagógico y persuasivo, del retorno a una tradición retórica que tenía en la oportunidad (Kairós) y la persuasión (Peithos) los principios de la retórica donde todo se elaboraba.

El Filebo es el diálogo en cultivo, el cuerpo sano por un alma que hace de su existencia el límite; es la instauración de un saber que requiere los discursos, la musa filosófica, la amistad.

 


NOTAS


(1) PATOCKA, Jam. p. 205 Platón y Europa Ed. Peninsula p. 342, 1992.

(2) KANT, I. Crítica del juicio. p. 40. Editorial Lozada. Buenos Aires 1979.

(3) PLATON. Leyes 636 d. Editorial Gredos. Ma
drid, 1987.

(4) Los términos Noûs y Anánkê son casi potestativos del timeo (48ª ss) pero no podemos olvidar las mutuas relaciones de los diálogos, la unicidad del lógos platónico.

 


BIBLIOGRAFIA


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