"La tragedia griega o el arte de los contrarios"


Julián Serna Arango


Dada la diversidad de roles asumidos por el hombre, la diversidad de léxicos de allí mismo derivados, el ámbito socio-cultural no es un ámbito regido por una rigurosa taxonomía como lo es, en cambio, el ámbito físico-biótico. De allí el protagonismo de las diferencias, pero también la multiplicación de los conflictos en el ámbito socio-cultural, conflictos que no son producto de la ignorancia ni mucho menos. De ello dio testimonio la tragedia griega.

 

1 Las pruebas de elección múltiple

Cuando en un examen de elección múltiple nos preguntan si la antigua ciudad de Köenigsberg, en donde vivió Kant, pertenece hoy a Alemania, Rusia, Suecia o Polonia, presumimos que una de las respuestas sería la correcta mientras las demás estarían erradas, y en efecto es así. Hoy la antigua ciudad de Köenigsberg pertenece a Rusia. No ocurre lo mismo en la vida cotidiana cuando elegimos carrera, puesto, pareja. Las opciones que compiten por dar respuesta a la pregunta ¿Qué carrera estudiar? no estarían ante la disyuntiva de ser clasificadas como verdaderas o falsas. No por estudiar arquitectura carreras como medicina o derecho representan opciones falsas, sino a lo sumo opciones menos pertinentes con relación a determinada persona en unas circunstancias dadas. No obstante, no todos piensan así.

Hay quienes desconocen las diferencias entre las pruebas escolares y las decisiones de la vida cotidiana, cuando asumen las últimas como si se tratase de las primeras. Hay quienes consideran que al tomar decisiones de interés personal como sería la elección de carrera o de interés colectivo como sería la elección de modelo económico las opciones diferentes a la elegida se clasifican como falsas. ¿Es ello defensable? Nos proponemos discutirlo.

 

2 El ornitorrinco es una excepción

Las pruebas de elección múltiple, las cuales presuponen que todas las respuestas menos una son falsas, se realizan sobre aquellos asuntos acerca de los cuales suele haber unidad de pareceres en la respectiva comunidad académica. Ello ocurre en los campos de la matemática y las ciencias naturales. En lo relativo a los fenómenos históricos, en cambio, la unidad de pareceres suele ser la excepción. Por cada interrogante político o filosófico compiten una multiplicidad de respuestas. Detrás de la diferencia entre las pruebas académicas de elección múltiple y las encrucijadas de la vida cotidiana es posible reconocer uno de los dualismos más acreditados en la cultura occidental, el dualismo naturaleza-historia. ¿Participan la naturaleza y la historia de los mismos presupuestos? No es otro el interrogante a resolver.

El universo de los fenómenos naturales es un universo relativamente organizado, en donde los fenómenos -a excepción de los fenómenos del mundo subatómico y de los organismos que se reproducen por vías diferentes a la aclonal como sería la bipartición - configuran conjuntos bien definidos cuyos elementos se diferencian de los elementos de otros conjuntos por medio de criterios claros y precisos como sería el número de electrones y protones entre los elementos, el apareamiento fértil entre los animales. Porque es posible formular definiciones universales para determinados conjuntos no hay dificultad en saber si un objeto pertenece o no a él. Si un estudiante debe resolver un cuestionario en el que se pregunta por los atributos del Helio y se dan varias opciones, él sabe que el autor del cuestionario no ha experimentado con moléculas de Helio diferentes de tal suerte que -si el estudiante efectivamente se ha preparado- no tendrá dificultad en elegir la respuesta correcta. ¿Ocurre algo similar en lo relativo al campo de la historia? Hay quienes lo creen así, y en ese caso el ámbito socio-cultural sería una prolongación del ámbito físico-biótico únicamente. Es este el asunto a discutir.

A diario experimentamos que los fenómenos históricos son únicos e irrepetibles, pero también comprobamos que "nada hay nuevo bajo el sol". Aunque en principio tales afirmaciones se contraponen, ellas son compatibles, y en última instancia ambas son ciertas. Bastaría reconocer los fenómenos históricos designados por la misma palabra como afines, es decir, como fenómenos compuestos de diferencias y semejanzas, en donde las diferencias los haría únicos y las semejanzas, en cambio, los vincularían. No obstante, lo dicho resulta insuficiente para discriminar los fenómenos del ámbito socio-cultural de los fenómenos del ámbito físico-biótico. ¿No contienen diferencias los fenómenos naturales pertenecientes a la misma clase? Entre dos átomos de Carbono también hay diferencias. El número de neutrones por ejemplo. Entre dos caballos hay diferencias. La pigmentación por ejemplo. Si las semejanzas alternan con las diferencias tanto en los fenómenos naturales como en los históricos ¿cuál sería el criterio de demarcación entre ambos tipos de fenómenos? Las semejanzas operan de distinta manera. Mientras todos y cada uno de los fenómenos naturales clasificados en determinado conjunto participan de una serie de atributos, atributos que constituyen su "esencia", no ocurre lo mismo en los fenómenos históricos. No es otro el punto que quisiéramos ejemplificar.

 

Asumir los dilemas relativos a los fenómenos históricos de la misma manera que asumimos los dilemas relativos a los fenómenos naturales sería, en síntesis, una falacia


Porque los átomos de Carbono poseen todos 6 protones y 6 electrones, tales atributos harían parte de la esencia del Carbono. Si un átomo tiene un número de electrones diferente de 6 o un número de protones diferente de 6 no sería un átomo de Carbono. ¿Es posible asumir una concepción esencialista en lo relativo a los fenómenos históricos? Después de vanos intentos por definir la esencia de fenómenos como el amor, la revolución, la justicia, el valor, Wittgenstein advirtió que entre los diferentes fenómenos designados con la misma palabra cuando más hay un cierto aire de familia es decir, todos comparten algunos atributos con algunos de los demás, pero no necesariamente los mismos, y de esa manera disolvió el problema. El amor cortés comparte con el amor místico cierto ascetismo, con el amor romántico una idealización de la mujer, con el amor tántrico una sublimación del instinto, pero ninguna de las cualidades en cuestión son compartidas por todos. No es el único caso por supuesto. Mientras la democracia griega se usa para decidir, la democracia representativa para elegir, las democracias populares en los países de la antigua órbita soviética para legitimar. Mientras la democracia representativa comparte con la democracia griega el pluripartidismo; comparte, en cambio, con las democracias populares de los países de la antigua órbita soviética el sufragio universal. Cuando se habla de revolución francesa, la estructura que cambia es la política; de revolución rusa, la económica; de revolución industrial, la tecnología; de revolución neolítica, la forma de vida. Mientras la revolución francesa comparte con la revolución rusa su carácter violento; comparte, en cambio, con la revolución industrial el protagonismo de la burguesía. Mientras la revolución industrial comparte con la revolución neolítica la mutación de los medios de producción; comparte, en cambio, con la revolución rusa sus vínculos con el positivismo. Tal dispersión de los atributos de las palabras amor, democracia y revolución no estaría exenta de consecuencias. Si en un test -para responder si o no- se pregunta si el amor cortés es un verdadero amor, la democracia representativa una verdadera democracia, la revolución francesa una verdadera revolución, es evidente que las respuestas estarán contaminadas por las convicciones, preferencias o veleidades del autor del test. Ello amerita una explicación.

Diferentes individuos adoptan diferentes concepciones del amor, la justicia, el valor, la democracia porque parten de experiencias diferentes, en el marco de tradiciones diferentes, dados una serie de prejuicios, presunciones, presupuestos diferentes; hacerlos variar de opinión implicaría realizar severas mutaciones en su red de significados y sentidos, su reconstrucción, inclusive.

Porque los diferentes fenómenos históricos designados con la misma palabra no pueden someterse a una concepción esencialista puesto que entre ellos no hay más que un cierto aire de familia, nadie garantiza que cuando hablemos del amor, la justicia, la democracia, hablemos de lo mismo. ¿Quedaríamos condenados a una especie de Babel semántica? Por supuesto que no. A través del diálogo se puede llegar a un acuerdo en torno al significado de un término dado o puede hacer un inventario de sus acepciones. No obstante, nada ni nadie garantiza que los acuerdos en torno al significado y sentido de determinada palabra rijan para otras personas, ni siquiera que rija para siempre entre quienes lo suscriben.

Porque a través de la historia las palabras relativas a los fenómenos propios del ámbito socio-cultural van acumulando una serie de significados y sentidos, nada ni nadie asegura que aquel que nosotros elegimos como más adecuado también lo sea para los demás. Porque -a menos que se trate de una sociedad cerrada- los acuerdos a los que pudiéramos llegar en torno al significado de palabras como valor, razón, justicia o libertad resultan tan laboriosos como frágiles, surgen una serie de dificultades relativas a la realización de las pruebas de elección múltiple en el ámbito de las disciplinas históricas. Asumir los dilemas relativos a los fenómenos históricos de la misma manera que asumimos los dilemas relativos a los fenómenos naturales sería, en síntesis, una falacia. Nos proponemos discutir las implicaciones de dicha aseveración.

 

3 Valiente, cobarde o astuto

Si no es posible asumir una concepción esencialista relativa a los fenómenos del acontecer histórico rotulados con la misma palabra, si ellos tienen cuando más un cierto aire de familia, no es posible trazar las fronteras entre las diferentes series de fenómenos. Ello implicaría que un mismo fenómeno puede pertenecer a diferentes series según sean los criterios utilizados. Un ejemplo.

¿Cómo clasificar el combate entre David y Goliat registrado por la Biblia? De acuerdo con la lectura de los acontecimientos que ha hecho carrera en Occidente, David se considera un héroe, como quiera que armado con un callado y una honda se enfrenta al gigante Goliat, campeón de los filisteos, quien lleva equipo militar completo. Estatuas en su honor han esculpido varios de los más afamados artistas. No obstante, bastaría enfatizar en algunos puntos de la historia para apartarnos de la lectura tradicional. Antes de que pudieran trabarse en un combate a cuerpo a cuerpo, cuando los contrincantes todavía están a una cierta distancia, Goliat cae al suelo impactado en su frente por una piedra que David le arrojó por medio de su honda. Con su acción, David ha faltado a una de las más elementales normas del combate caballeresco, la que prohibe el uso de armas en condiciones de matar a distancia como sería la honda, en cuyo uso los semitas tenían fama de expertos. No sólo eso. Antes que Goliat pudiera reponerse de su caída, presuroso David se dirige hasta él, toma su espada y con ella le corta la cabeza (es menester recordar que en deportes como el boxeo no está permitido atacar al contrincante caído). Quienes insisten en la valentía de David, dirán que el joven pastor venció al gigante con su astucia, asumida esta última como un valor positivo. Conductas como ellas no sólo se registran entre los judíos. Tucídides se lamenta de la valoración alcanzada por la astucia entre los griegos, cuando dice: Y es que, en general, resulta más fácil aplicar a uno el calificativo de astuto entre bribones, que el de ingenuo entre hombres de bien: esto les sonroja, aquello les llena de orgullo(1).

En contraposición a lo ocurrido con David, en el medioevo, según refiere Huizinga, se sacrifica el interés estratégico en favor del ideal caballeresco, como en efecto lo ilustra la siguiente anécdota: Con motivo de un desembarco de los franceses en la costa inglesa, Guillaume de Châtel, el primero de los jefes, quiere caer por el flanco sobre los ingleses, que se han protegido haciendo una trinchera en la arena. Pero el sire de Jaille dice que los defensores son un tropel de villanos y que sería una vergüenza no atacar de frente a semejantes adversarios(2), y su opinión prevalece.

¿Es posible clasificar la astucia dentro del conjunto de las conductas heroicas? No necesariamente. Consideradas las diferentes definiciones de valentía y cobardía registradas a través de la historia, atributos como la astucia pudieran ubicarse al lado de la valentía o de la cobardía según las circunstancias o los criterios de quien refiere la anécdota.

 

El primado de las diferencias en el ámbito socio-cultural hace que la creencia en un orden del mundo con pretensiones universalistas sea fácilmente refutable...


En el ámbito físico-biótico no suelen abundar los conflictos que arrecian en el ámbito histórico. En el ámbito físico-biótico no hay átomos que sean de Hidrógeno y de Helio a la vez, ni animales que sean gato y perro a la vez, y si existen animales como el ornitorrinco que tienen características de mamífero, pájaro y anfibio a la vez, y que al decir de Umberto Eco desafía cualquier clasificación, tales animales serían justamente la excepción que confirma la regla.

En virtud de la regularidad de la naturaleza, en las interacciones físicas, los elementos químicos y las especies biológicas, las semejanzas priman sobre las diferencias. Dada la diversidad de roles asumidos por el hombre, la diversidad de mundos construidos, inclusive, en los acontecimientos históricos, en cambio, las diferencias priman sobre las semejanzas y aunque varios fenómenos se rotulen con la misma palabra adquieren su identidad de cara al respectivo contexto únicamente. De allí derivan algunas consecuencias:

1 El primado de las diferencias en el ámbito socio-cultural hace que la creencia en un orden del mundo con pretensiones universalistas sea fácilmente refutable, y que la creencia de un orden del mundo con pretensiones socio-culturales restringidas rija de manera provisional únicamente. A ello se han referido filósofos como Nietzsche y Heidegger.

2 Ante una decisión por tomar surge un conflicto en un individuo cuando alternan, compiten criterios diferentes surgidos a partir de experiencias diferentes. En una sociedad sobreviene un conflicto cuando departen personas que asumen diferentes roles, que usan diferentes léxicos. Los conflictos en cuestión han sido ejemplificados por la tragedia griega.

 

4 Un poeta y dos querellas

Entre los tipos de conflictos que podemos verificar en la tragedia griega, los hay de tipo personal como acontece en la obra Siete contra Tebas de Edipo, y de tipo social, como ocurre en Las Euménides del mismo autor.

4.1 Siete contra Tebas

Víctimas de la maldición de Edipo, de acuerdo con la cual Eteocles y Polinices, sus hijos, se darían muerte mutuamente, los hermanos deciden alternarse en el trono. Habiéndose cumplido el primer año, Eteocles se niega a entregar el trono a Polinices, y este último se refugia en Argos en donde se casa con una hija del rey. Al mando de un ejército patrocinado por su suegro, Polinices sitia a Tebas. En el palacio del rey, Eteocles dialoga con el coro acerca de la difícil situación en la que se hallan a medida que van llegando las noticias del insuceso. No es otra la trama de la obra Siete contra Tebas de Esquilo.

Mientras el coro no cesa de lamentarse del infortunio que amenaza caer sobre la ciudad, Eteocles, en cambio, urge a sus conciudadanos a unirse alrededor de su defensa. Cuando el heraldo entra en escena para avisar que cada una de las siete puertas de Tebas ha sido tomada por otros tantos jefes enemigos, entre los que se cuenta al mismo Polinices, Eteocles envía igual número de guerreros tebanos para combatirlos, reservándose para sí la defensa de la puerta tomada por su hermano. El coro intenta disuadirlo.

Elemento capital de la tragedia griega, el coro le da voz a una serie de protagonistas de la existencia diferentes de los individuos propiamente dichos, en abierta contraposición a la comedia para la que la voz del individuo es la única que cuenta, mutación la cual se insinúa desde Eurípides para quien el coro no tiene el mismo protagonismo que puede verificarse en Esquilo y Sófocles como fuera registrado por Nietzsche en El origen de la tragedia. A través del coro, en Siete contra Tebas hablan las mujeres de la Polis tebana, cuyo pragmatismo suele contrastar con el furor dionisiaco que motiva las acciones del héroe.

Fiel a su deber, Eteocles debe defender la ciudad y así lo proclama sin reservas. Porque Tebas se encuentra en una situación militar desesperada como en efecto ha sido referida por el heraldo, porque en el mejor de los casos Eteocles, el rey, terminaría por cometer un fratricidio, al coro lo asaltan múltiples temores y en un intento por modificar el curso de los acontecimientos toma la palabra en repetidas ocasiones. En primera instancia, el coro quiere disuadir a Eteocles de su acción para que no se manche con la sangre de su hermano, para que no sea objeto de la persecución de las erinias - divinidades ctónicas nacidas de la sangre de Urano cuando fue mutilado por Cronos-, cuya tarea no es otra que la de perseguir a quienes se han manchado con la sangre de un familiar. Habla así el coro: Un deseo cruel, roedor en exceso, te impulsa a cumplir una matanza de fruto amargo de una sangre no lícita (3). En segunda instancia, el coro pretende disuadir al rey de emprender una acción en la que fácilmente puede perder la vida. Cuando Eteocles solicita consejo, el corifeo responde: No tomes el camino de la séptima puerta (4). Ello prueba, de otro lado, que no está seguro de lo que debía hacer.

Eteocles quiere conservar el trono y por ello está dispuesto a enfrentar a su hermano; teme al deshonor que significaría declinar el desafío y por ello está decidido a arriesgar su vida, pero también sabe que la ganancia se transmutaría en exilio si lo persiguen las erinias; sabe, en fin, que todo lo perdería si muere.

Eteocles está sitiado por un doble conflicto. ¿Cómo salvaguardar su trono sin mancharse con la sangre de su hermano? ¿Cómo preservar su honor sin arriesgar su vida? Los dilemas en cuestión se han repetido muchas veces en la historia, y el protagonista de turno habrá sopesado lo que representaba para él su trono y su honor, sus sentimientos filiales y su propia vida. Es allí donde la condición polisémica de los fenómenos históricos revela su protagonismo. ¿Qué puede significar el trono para Eteocles? Una carga, un reto, una forma de vida, su gran ambición. ¿Qué puede significar su honor? Un valor entre otros, la areté de su linaje? Qué puede representar un fratricidio? Un crimen del peor tipo, un hecho de armas desafortunado, la garantía del reino? ¿Que ocurre si muere? Lo pierde todo, queda su nombre.

Habrá quienes han seguido el consejo del corifeo sin vacilaciones ni remordimientos en casos similares, y han rehuido el combate, no han enfrentado al hermano. Para ellos, el trono bien podía ser una carga únicamente; el honor, un valor entre muchos; el fratricidio, un crimen del peor tipo, y la muerte, el mayor de los males. Habrá quienes, en cambio, se abstengan de seguir consejos como el del corifeo. Para ellos el trono sería su gran ambición; el honor, la areté de su linaje; el fratricidio, un hecho de armas más; quienes reconocen en el deshonor algo peor que la muerte, partícipes de una escala de valores propia de los pueblos guerreros de la que da testimonio los dichos de Har en el Edda mayor.

Mueren riquezas, mueren parientes
también uno mismo muere;
tan solo una cosa sé que no muere
la fama que deja un muerto (5)

Habrá por último, Eteocles pudiera ser el caso, quienes vacilan a la hora de tomar una decisión; para quienes el trono es su gran ambición, pero consideran el fratricidio como el peor de los crímenes; para quienes el honor obliga, pero temen la muerte.

 

4.2 Euménides

Nombrado Agamenón como jefe de la expedición de los griegos contra Troya, los vientos se niegan a impulsar las naves. Consultado Calcantes, adivino de la expedición, explicó el insuceso en los siguientes términos. Porque Agamenón prometió a Artemisa el sacrificio del más bello de sus bienes producidos determinado año y al finalizar dicho año no inmoló a su hija que había nacido en ese lapso, sino a uno de sus bueyes, la diosa se consideró engañada y exigió al rey el cumplimiento de su palabra, y para lograr su cometido impidió la acción de los vientos sin la cual las naves que dispuestas para transportar a los griegos hasta Troya no podían partir. No sólo Agamenón, el jefe de la expedición, y Menelao, el esposo de Helena, se perjudicaban con el insuceso. De la expedición hacían parte la mayoría de los príncipes y reyes de Grecia, quienes años atrás -cuando pugnaban por la mano de Helena- habían jurado acudir en ayuda del pretendiente que fuera elegido por ella, y ahora debían cumplir con su palabra cuando la esposa de Menelao había sido raptada por Paris, hijo del rey de Troya, y su clamor unánime difícilmente podía ser desatendido. Aunque en principio el rey de Micenas se negó a sacrificar a su hija para complacer a la diosa, terminó cediendo ante la intervención de los capitanes de su ejército impacientes no sólo por honrar su palabra, sino además por conquistar riquezas y gloria.

Años después, cuando Agamenón regresa victorioso de la guerra de Troya, Clitemnestra, su esposa, lo asesina en represalia por la muerte de su hija, pero también porque teniendo un amante, Egisto, no estaba dispuesta a desalojarle de su lecho. El drama no termina, sin embargo. Habiendo sido conminado por Apolo, Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, dio muerte a su madre, en represalia por la muerte de su padre. Las consecuencias no se hacen esperar. Las erinias emprenden su acción contra Orestes, autor del matricidio, quien se asila en el templo de Atenea siguiendo el consejo de Apolo. Una vez allí las erinias reclaman la entrega de Orestes. Atenea delega en un jurado la decisión del pleito. Apolo dirige la defensa del acusado.

Si la muerte de Ifigenia fue vengada, si la muerte de Agamenón también lo fue, la de Clitemnestra no será la excepción. En aras de la equidad la posición de las erinias haría carrera. Apolo (debemos suponer) no ve las cosas de la misma manera. Las muertes de Ifigenia, Agamenón y Clitemnestra no son comparables. Es menester considerar las circunstancias.

Agamenón pecó por ligereza cuando hizo su promesa a Artemisa. Obligado a cumplir su palabra, su acción no sería -en el contexto de la época- indefensable como quiera que sacrifica a su hija en aras del bien común. Clitemnestra adiciona su crimen con el adulterio, y da muerte al rey para permanecer al lado de su amante. Entre las circunstancias atenuantes estaría el dolor causado por el sacrifico de Ifigenia, su hija, máxime cuando el sacrificio en cuestión se realizó para complacer a Artemisa y así contar con el concurso de los vientos que permitieran zarpar a los barcos en los que debían transportarse los ejércitos griegos de la expedición contra Troya, expedición que tenía por objeto recuperar a Helena, quien, no obstante, había huido con Paris, hijo del rey de Troya, por su propia voluntad según algunas versiones. Orestes obedeció al mandato de una tradición que lo conminaba a vengar el asesinato de su padre, pero también lo hizo para salvarse de los funestos vaticinios hechos por Apolo, los mismos que le auguraban lo peor si se negaba a cumplir con su deber.

Llegado el momento de la decisión, el resultado de los jueces es un empate con el voto favorable de Atenea. Ello salva a Orestes, pues son los acusadores quienes llevan la carga de la prueba. Que el resultado de la votación haya sido un empate refleja la dificultad del caso. Las posiciones de las erinias y de Apolo se revelan antagónicas. Las erinias quieren vengar la muerte de Clitemnestra y castigar a Orestes. Apolo, en cambio, aprueba la muerte de Clitemnestra por haber asesinado a Agamenón y quiere salvar a Orestes. Las erinias y Apolo tienen ideas diferentes de la justicia, de la venganza, inclusive. ¿Cuáles asesinatos deben ser vengados? Los que ocurren en el seno de una misma familia, dirán las erinias. Los que afectan los intereses de la Polis, replica Apolo.

- Agamenón da muerte a su hija por razones de Estado, y por ello el sacrificio de Ifigenia no amerita la venganza de Clitemnestra a los ojos de Apolo, pero si para las erinias como quiera que Agamenón antepuso su afán de mando a sus lazos familiares.

- Orestes da muerte a Clitemnestra para vengar el asesinato del rey de Micenas, y debe ser absuelto a los ojos de Apolo. Para las erinias, en cambio, Orestes debe ser castigado por el asesinato de su madre quien había dado muerte a Agamenón por justas razones.

Porque el concepto del deber es polisémico, es posible entenderlo como deber con la familia o la Polis. Por supuesto, se trata de tradiciones diferentes. Así haya momentos de la historia o circunstancias específicas en las que el Estado predomina sobre la familia o viceversa, en que lo público predomina sobre lo privado o viceversa, no siempre ocurre así. En las Euménides de Esquilo, se alude a un momento de la historia cuando dos tradiciones diferentes compiten por el predominio.

 

5 Monoteísmo y politeísmo

Aunque la existencia de un orden del mundo en el que los conflictos serían producto de la ignorancia únicamente ha sido acreditada a través de las metafísicas y las epistemologías, las teologías y las filosofías de la historia; no menos cierto es que la coexistencia de posturas antagónicas en un mismo sujeto, en una misma comunidad ha sido acreditada. De la coexistencia de posturas antagónicas en un solo sujeto dan cuenta las diosas-Madre. A la par diosas del amor y de la guerra, vírgenes y cortesanas. Otro tanto pudiéramos decir del psicoanálisis cuando en torno a determinado deseo las pulsiones del ello compiten con las reticencias del superyó. De la coexistencia de posturas antagónicas en una misma sociedad o cultura da cuenta el politeísmo, cuando la diversidad de dioses es fiel expresión de la diversidad de roles. Otro tanto diríamos del multiculturalismo, cuando alrededor de diferentes aperturas de mundo se constituyen diversas tradiciones.

 

6 Conclusión

Si el conflicto no es una excepción sino la regla, si no es producto de la ignorancia sino de la condición del hombre que asume diversos roles, configura diversos léxicos, difícilmente pudiéramos administrar la vida individual y socialmente considerada con fórmulas, recetas, principios de alcance universal, sino con criterios que sabemos de antemano que son relativos, históricos, idiosincráticos, inclusive, cuya vigencia sería provisional únicamente. Ello garantiza el trabajo a los filósofos, la inspiración a los poetas y la vigencia del ser que somos nosotros como un ser abierto a sus posibilidades.


NOTAS

(1) HERODOTO, Historia de la guerra del Peloponeso, III, 82. Madrid: Guadarrama, 1976. p. 105

(2) HUIZINGA, Johan. El otoño de la edad media. Madrid: Alianza, 1979. p. 143

(3) ESQUILO. Siete contra Tebas. En: Tragedias completas. Barcelona, RBA, 1995. p. 59

(4) Ibid. p. 60

(5) EDDA MAYOR, «Los dichos de Har», 77. Madrid: Alianza, 1986. p. 47



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