"Héctor Abab Faciolince: La Imaginación insubordinada"

Roberto Vélez Correa


El texto aborda el estudio en su conjunto de la obra narrativa de Héctor Abad Faciolince como conciencia crítica de su tiempo, señalando la función de los intertextos culturales y el trabajo del lenguaje desde la perspectiva de la "imaginación insubordinada".

 

Introducción

El escritor antioqueño Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958), es el autor de un libro de cuentos Malos pensamientos (1991), tres novelas: Asuntos de un hidalgo disoluto(1994). Fragmentos de amor furtivo (1998) y Basura (2000) y en el interregno editorial publicó un libro inclasificable en cuanto a género, titulado: Tratado de culinaria para mujeres tristes (1997). Abad Faciolince es periodista de la Pontificia Bolivariana, con estudios en Lenguas Modernas de Turín (Italia). Fue profesor y Director de la Revista de la Universidad de Antioquia.

Ampliamente conocido por sus columnas en El Espectador y las Revistas Cromos y Cambio, escritas en un estilo picante, donde aborda temáticas de la realidad nacional o de la vida cotidiana, dotado de una ironía festiva que lo hace agradable e interesante a sus lectores. Este ejercicio de articulista de opinión, le mereció el Premio de Periodismo Simón Bolívar 1998. Su fino humor negro, su agudeza intelectual y los particulares enfoques de que hace gala, convierten al joven escritor en una especie de conciencia pública, comparable quizás, aunque sin el vitriolo, a Antonio Caballero.


Malos pensamientos: El despunte de un estilo

Desde el título de la obra y pasando por la dedicatoria, asoma lo que irá a ser una particular forma de escribir y de abordar el universo de un escritor precoz que rompe la prosa clásica e introduce la imaginación en los predios de lo cotidiano. Malos pensamientos está compuesto por ocho cuentos,todos cortos, salvo "Mientras el lobo está", donde las situaciones de sus personajes, tratadas mediante una ágil combinación de perspectivas o focalizaciones y voces, el autor proyecta pequeños dramas de seres atribulados por la tragedia de la rutina, el amor que se escapa, la violencia que golpea con sus olas en los pies de los edificios de apartamentos que más parecen refugios que propiamente hogares.

¿En qué consisten estos malos pensamientos? El narrador los toma de un hilo y los va soltando poco a poco, para que digan sus personajes como en "Fragmentos de desamor": "Ella era mejor, mucho mejor que todas sus invenciones. Pero acababa de irse, y tal vez para siempre"(98). Este ir adelante de la historia como en un galopar de los deseos del personaje y devolver el sedal al pasado, hace parte de la forma como el autor resuelve sus relatos. Es más, cada expresión está cargada de ambiguas referencias que enriquecen la apreciación del lector. Son realidades sufridas por mujeres casadas, hombres infieles, hijos caprichosos y en general, personas que rompen la cáscara de la resignación frente a hechos domésticos o nacionales, en los que la ciudad de Medellín, empieza a convertirse en el territorio inventado del narrador, con un panorama violento que tendrá en las novelas una mayor dimensión, igualmente trágica.

Los personajes de Malos pensamientos tienen el don de adelantarse a su rutina y prospectar situaciones deseadas, desde la solitaria ama de casa que anhela a un vecino que se le introduzca en la intimidad, hasta el joven que se imagina abordando a la chica de la revista que ocupa un puesto en la buseta. Para eso hay complicidad de la escritura, porque algunos de estos agonistas escriben y reescriben su realidad, en una combinación de lo real y lo ficticio que revuelca las fronteras de la historia, como la de Aurelio y Marcela, en la que el primero se enamora de todas las chicas que se le atraviesan y al final culmina su rastreo erótico dentro de un auto ejecutado por las "fuerzas del orden" que tienen la disculpa de asesinar a dos universitarios subversivos: "Así aprenden a no ser tan cochinos" Como acababan de matricularse en la universidad, se regó la voz de que los habían matado por motivos políticos ("La política del amor", p. 63).

El ingrediente autoconsciente en "Duelo" va a ser una constante en la narrativa de Abad, una preocupación metaficticia que tendrá su máxima manifestación en su última novela Basura. En el cuento "Mientras el lobo está", vuelve sobre la literatura popular para enmarcar el dilema ético en que se mueve la narradora: "A él le gustan las novelas donde el detective privado salva a una rubia despampanante de las garras de un mafioso venezolano que la está chantajeando con unas fotos muy viejas, de cuando ella bailaba en un cabaret y todavía no era una esperanza de éxito. A Pierre le gusto yo" (91).


Son realidades sufridas por mujeres casadas, hombres infieles, hijos caprichosos y personas que rompen la cáscara de la resignación.

Hay en cada una de estas historias una crítica constante a los apetitos de la clase media alta y a la burguesía de una capital de provincia que ambiciona ser metrópoli. La cultura popular, adicta a los mensajes de la sociedad de consumo y los descarrilados de la decencia, son perfiles humanos que juegan en cada uno de estos relatos, a su vez escritos por una prosa que salta inesperadamente por sus puntos de vista en la narración o porque la deducción del lector se ve sorprendida por una conclusión igual de inesperada. Esto caracteriza a Faciolince como un escritor que disfruta lo que cuenta y permite que el lector acepte el juego, desde luego, gracias a sus dotes especiales en el manejo del lenguaje, en especial de la ironía y los malabares lingüísticos.

En su propuesta, Abad rompe varios de los esquemas tradicionales del género, tal como se ha dado en las últimas tendencias del cuento moderno. En este caso, hay desprendimiento de la anécdota central para que gire el interés adherido al ritmo narrativo, apoyado por las voces de los personajes con ligeras alternancias que introduce la voz autorial. Lo cotidiano parece gestarse al interior de las conciencias y ambientarse en los espacios hogareños. Luego los hechos se trasladan al exterior de las calles para enfrentar sobre todo conflictos violentos y una mirada decepcionante de la ciudad. Hay vestigios de polifonía por la autonomía de las voces, aunque ésta no sea totalmente posible, en razón de la brevedad y por la caracterización de los agonistas. De otro lado, es bueno advertir que los universos particulares del autor son el resultado de vidas rotas, inconclusas y de suyo desesperanzadas, lo que promueve una visión escéptica de la existencia, matizada por la ironía y el humor.


Asuntos de un hidalgo disoluto: Picaresca posmoderna

Esta es una novela que exige un lector de pocos escrúpulos o que tenga epidermis vacunada contra ciertos cuerpos extraños. La ideología de su protagonista, el multimillonario Gaspar Medina, entra en abierto diálogo con el nihilismo nietzscheano y el existencialismo camusiano en un relato de ribetes mediavalistas,  por sus capítulos introducidos  con resúmenes del argumento, pero inscrito en una decidida posmodernidad por la fractura, no tanto de la historia contada que parece más una picaresca de alcurnia, como por las innumerables rupturas de la voz que juega a la provocación dentroy fuera de la ficción.

El vocablo nihilismo, según Danilo Cruz Vélez, "aparece por primera vez en Padres e hijos de Iván Turgueniev, quien lo tomó de la lengua alemana, donde había sido acuñado por el filósofo Jacobi en 1879". Posteriormente es reelaborado por Federico Nietzsche como un "derrocamiento de todos los valores". En la misma línea desemboca el "existencialismo" de La caída y El extranjero de Alberto Camus. Sus personajes son seres anestesiados, hostiles a los goces naturales de sus semejantes que no encuentran ningún paliativo a su alrededor y tampoco les interesa acatar las normas sociales. El relato está escrito en primera persona, como resultado de la "dictadura" que ejerce el antihéroe sobre su secretaria y posterior esposa, la inefable y bellísima Cunegunda Bonaventura que evoca por su nombre a la mujer del Cándido de Voltaire.

Desde luego que, si bien en el escritor francés sus agonistas viven el mejor de los mundos posibles, a pesar de las adversidades, en las peripecias del cínico contemporáneo, el contraste es diferente, toda  vez que Gaspar Medina tiene asegurada su existencia desde el punto de vista económico y sin embargo, ha heredado desde el útero un hastío hacia todas las cosas del mundo. Y afirma: "Hice maldades con el único fin de no ofender a los demás con mi buen comportamiento" (32); una voz hermana del juez penitente de La caída de Camus. Castrado de las sensaciones gratas al hombre, Gaspar se ven en la necesidad de inventar otros alicientes que le den sentido a su existencia porque ni el beso descubierto a temprana edad, resulta motivo de alegría ni de ilusión.

Por eso también tiene que inventar su historia y dictarla a Cunegunda, porque es la única manera de pasar inadvertido por el planeta. La nada, y sólo la nada, es el horizonte que lo aguarda después de la muerte, de ahí que se burle de la necesidad ajena de los cristianos por inventar trasmundos construidos con la abstinencia y el sufrimiento masoquista.

Él no está dispuesto a desaprovechar esta primera oportunidad sobre la tierra y sin embargo, es tal su insensibilidad e indiferencia que hasta decide probar la esclavitud siendo mayordomo del Vizconde de Alfaguara, el esposo del único amor de su vida. Sólo casándose con Angela puede el Vizconde arrebatarla del encantamiento que le causa su mayordomo.

Son varios los guiños que el autor le hace a la tradición y a los autores clásicos, como también el estrecho inventario de obras que para el perverso Medina merecen mencionarse en el catálogo de las novelas colombianas. El contacto de esta obra con Cándido por las Cunegundas que monitorean la pluma y el itinerario de los protagonistas, se une al homenaje implícito en la propuesta formal que esta novela le hace a Tristram Shandy de Lawrence Sterne. Verbigracia, esa invitación al lector a obviar páginas para evitar riesgos.

Aunque la materia prima del relato es cruda en su significado; su significante, el lenguaje en que está escrito, posee calidades que mitigan las posibles náuseas que en veces provoca el cinismo rampante de Gaspar. No obstante, el tono mordaz, despiadado, de un pegajoso pesimismo, el narrador envuelve al lector en sus redes por los desenlaces inesperados de las picardías del personaje.

La intención argumental podría inscribirse en novela de aprendizaje, pero todo depende del partido que tome el receptor del libro. Si es degustador morboso de esos estados del alma donde la angustia no toca las almas, sin lugar a dudas que aquí recibirá cartilla para domesticar su miedo y su fastidio. Y lo contrario, si sufre de debilidades propias de las buenas conciencias, entonces, esta historia le mostrará un universo donde una versión posmoderna de Lázaro de Tormes desanda su tortuosa senda para explicar qué le significó el haber nacido "para arrimarse a los buenos".


Fragmentos de amor furtivo: El impúdico encanto de la palabra

Las historias de amor de la literatura universal han versado, por lo regular, sobre el mismo y viejo asunto de la atracción y el encuentro de dos seres que desde el momento de la unión luchan por sostenerse acosados por la angustia del desgaste y el miedo a la traición. Fragmentos de amor furtivo de Héctor Abad Faciolince es una novela, como pocas en la literatura colombiana, que explora a fondo y mediante una mirada aguda y crítica, el drama de dos voluntades, la de Susana, la profesora de natación para niños y Rodrigo, el músico afinador de pianos,  vinculadas a una relación intensamente erótica que durante meses les crea la ilusión de alcanzar la pareja perfecta y por ende el camino hacia la utopía de la felicidad
terrestre.

El nudo de la trama es sencillo en las puntadas de una mujer y un hombre que viven en una especie de castillo posmoderno, aisla dos del caos social, del crimen y la degradación humana que rodea a una ciudad como Medellín, capital universal de narcotráfico que sobrevive a la peste de plomo, dinamita y sangre. Al igual que los jóvenes de El Decamerón,  los amantes le huyen a la peste y mitigan sus miedos al contagio a través de relatos que los inspiran en el lecho.

Estos Fragmentos entroncan igualmente con las cautivadoras historias de las Mil y una noches donde Susana funge de Scherezada para aliviar la impotencia iniciática de su sultán Rodrigo. Y es por medio de la palabra como la moderna princesa occidental logra desprender de sus temores y debilidades a su macho para afiliarlo a un programa de encuentros eróticos, dotado de toda la artillería pesada de la imaginación, cuando los motivos enervantes son, curiosamente, las aventuras sexuales previas a su conocimiento.

Rodrigo es el receptor y posterior escritor en un viejo cuaderno de las narraciones apasionadas de Susana, quien cuenta las sesiones eróticas que acumula en su cuerpo, en un proceso de evocación y exaltación tales que termina por convertir la fiebre de los celos en un afrodisíaco poco común.

Al personaje empiezan a afectarlo esos celos retrospectivos, a pesar de disfrutar de un presente pletórico de entrega incondicional. Sin embargo, el tiempo de la inseguridad no es posible congelarlo en el presente y entonces es cuando emerge como un monstruo de las oscuras aguas del inconsciente, la celotipia de un ayer que duele hoy y se proyecta al mañana.

Fragmentos de amor furtivo cubre los campos narrativos del amor erótico mediante una cadena de hechos y caracterizaciones bien urdida, con un lenguaje de ricas metáforas, ingeniosos símiles y sobre todo, de alusiones a los gestos y las caricias que las hacen más intensas. El texto de Faciolince alcanza  dignidad narrativa en el delicado tema del erotismo, donde los riesgos de lo evidente y la pornografía son los abismos que amenazan a cualquier autor inexperto. Pero, Héctor Abad demuestra con su ficción que ha meditado cada pensamiento puesto en boca de sus personajes y medido con sordina la vibración de sus palabras para embellecer lo que en otros escenarios es nauseabundo y motivo de escándalo. En síntesis, el escritor logra una novela erótica con un trasfondo de realismo historiográfico para embellecer el sentimiento del amor, mientras los conflictos cotidianos se piensan y resuelven en la intensidad de una relación casi perfecta.

Pero, esta novela no es sólo la entrega folletinesca de orgasmos femeninos narrados en primera persona por Susana. Hay tras su telón de fondo todo un descubrimiento de tipos humanos y su comportamiento en las horas silenciosas que son rotas por los alaridos del placer. En efecto, desfilan proyectados por la labia narrativa de la amante del atormentado Rodrigo, el ciego y su intensidad táctil, el ganadero de porte mexicano y vicios solitarios, el pintor esquizofrénico y sus modelos, el científico y su obsesivo racionalismo, el filósofo y su cantaleta humanista de eyaculación precoz, el monje que cae en la tentación de una primera y última vez, el ornitólogo y su pájaro de vistoso plumaje, el esotérico y sus conjuros, el político y sus mañas manipuladoras, el mafioso barrigón y sus yates para la pesca milagrosa. En fin, un mosaico de amantes donde no podrían faltar los adolescentes de chispas locas que crean más conflictos que placer.

En los cuarenta y dos breves capítulos, incluídos el preludio, la Obertura y el final, los textos están definidos por el tipo de letra utilizado, según se trate de la voz narrativa. Verbigracia, la letra en bastardilla es usada para los relatos de Susana y la normal para el narrador omnisciente y los comentarios en primera persona de Rodrigo. Podríase pensar que la sutileza de la letra atribuída a la hembra correspondiera a  una debilidad y que por contraste, la firmeza se le delegara al varón. Sin embargo, es obvio que la protagonista enarbola su discurso de vencedora en las lides eróticas, mientras sus compañías de cama, incluída la actual, permanecen a la defensiva.

 

Esta novela no es sólo la entrega folletinesca de orgasmos femeninos narrados en primera persona por Susana.


Rodrigo no puede finalmente descifrar el sentido de la capacidad narrativa de Susana, quien se vale de un pasado prodigioso y sugerente para enriquecer su relación sexual. Pero, la inseguridad del personaje le hace tender una trampa en la que la única presa es él mismo. No es fácil comprender el poder creativo de la palabra, sobre todo si trae en sus alas los fantasmas de otros que se apoderan de lo que nos pertenece. La novela trae un final insospechado de sabor romántico gótico que redondea la soberbia personalidad de Susana, cuya caligrafía dista mucho de la aparente fragilidad de sus textos en cursiva.


Basura: La soledad reciclada

Un anciano escritor, ya retirado de las lides intelectuales, autor de dos libros Diario de un impostor y Adiós a la juventud, habita en el mismo edificio del narrador de Basura, quien emprende la nauseabunda misión de rescatar de las canecas de la basura, las páginas de alguien que sufre la agonía de la existencia, en medio de remordimientos humanos y estéticos, volcados sobre las preguntas: ¿Para qué escribir?, o ¿Sirve la literatura para algo?.

En la ficción, el oficio de escribir soporta un tenaz juicio, acusado por el desencanto del decrépito escritor y mediatizado por el detective intelectual en que se convierte el reciclador de las páginas que expurga del pote, en medio de las sobras de comidas, restos de ejercicios eróticos, papeles y toallas higiénicos, caldos descompuestos, manchas de café y todo el detritus de una comunidad confinada en las estrechas paredes de sus apartamentos.

El narrador, que no se identifica, ha leído Diario de un impostor de Guillermo Davanzati, novela a la que le reconoce algunos méritos literarios, más de los que la crítica despiadada le hiciera cuando entró en circulación.

También fue un lector consuetudinario de las reseñas sobre libros que el escritor llevó a cabo en el Magazín Dominical de El Espectador, donde siempre se mostró indulgente en sus comentarios, cosa poco común en la faunocracia del análisis. En síntesis, Basura arranca motivada por la rara pasión que siente el narrador, que además de periodista es igualmente escritor, por el producto estético narrativo de un autor de quien ya nadie habla en los medios culturales. La curiosidad de sabueso alcanza niveles fetichistas desde el mismo momento en que observa a Davanzati llevar debajo del brazo y sobre el corazón, una resma de papel. En adelante, ve desgranarse sus hojas en las canecas adonde hurga con paciencia y desafiando el ridículo ante la mirada del celador.

¿El resultado? Un rompecabezas que arma día tras día y que le permite componer el mapa, no de una obra en sí, si no el de una personalidad que va en picada moral y físicamente. Breves sinfonías inconclusas consistentes en cuentos fallidos en su estructura esencial; novelas interrumpidas donde es evidente que no le alcanzó el aliento; enfáticos manifiestos íntimos, y hasta cartas que al parecer no fueron enviadas. En todos los textos rescatados de las inmundicias caseras hay correcciones, tachones y marginalias que los niegan o demeritan.

Entonces el narrador duda si los desechos son borradores y entonces hay  originales que tienen el curso oficial de la decencia editorial. Mas las circunstancias posteriores indicaron que no era así.

Davanzati no tuvo los lectores que soñó al publicar sus dos primeras y únicas obras; tampoco los amores que idealizó cuando aún conservaba la fuerza romántica y el empuje vital de sus hormonas. Un tenebroso destino lo convirtió en narcotraficante y por ello pagó seis años de cárcel en los Estados Unidos, pero pudo amasar una  fortuna en dólares para vivir sus últimos años con relativa comodidad. A cabo de éstos tuvo, sin saberlo, un lector calificado que le siguió el hilo a sus postreras narraciones y lucubraciones, aunque no evitó la tentación de asociar el universo ficticio de sus personajes con la saga individual del autor. Por esto pudo atar los cabos sueltos y dio con testigos de carne y hueso que en la vida real reafirmaron las sospechas de un intenso y doloroso drama autobiográfico.

La novela Basura de Abad Faciolince regurgita, a través de los muñones de historias que tira por el shut el escribidor Davanzati,  el conflicto de la escritura y la lectura, en especial, la dialéctica escritor - lector. ¿Es posible escribir para el vacío, para nadie? El prostático escritor anda tras la antiutopía de la tierra estéril (no poseer lectores)  para librarse del fantasma de sí mismo, porque ni siquiera desea ser su propio lector. Así la obra establece un diálogo intertextual con Auto de fe de Elías Canetti donde el fuego es sustituido por la eliminación sanitaria de las páginas y desde luego, con el cruce confuso de historias y agonistas como sucede en La tía Julia y el escribidor de Vargas Llosa.

Héctor Abad Faciolince declaró, a propósito de haber ganado con esta obra el I Premio Casa de América de Narrativa Americana Innovadora, que estaba convencido de la inutilidad de  la literatura. Ni histórica ni efectivamente ha servido para impulsar cambios sustanciales en la humanidad. Es decir, para el escritor antioqueño la literatura es basura que no es posible reciclar. Paradójica posición porque esta Basura reciclada de la imaginación, le permitió alzarse una bolsa nada despreciable y refrendar así el reconocimiento que como escritor Abad Faciolince ha logrado de lectores y críticos. Basura: una novela divertida, dotada del humor y la ironía características del autor de Asuntos de un hidalgo disoluto, que en el manejo del asunto exorciza la vanidad del literato y crea el antídoto para no caer en la locura, burlándose de sí mismo y parodiando la grandilocuencia y la solemnidad que las cofradías intelectuales han querido imprimirle al universo del escritor.

 

Tratado de culinaria para mujeres tristes: Los apetitos de la imaginación

Esta singular obra es un conjunto de textos breves dirigidos a unas interlocutoras anónimas a quienes formula para aliviarlas de las cargas de la existencia. Cerca de setenta recetas componen el tratado que el autor ofrece a ese tú femenino que espera anhelante la fórmula salvadora de la tristeza, de los celos, de los cambios de temperamento, de las desventuras orgánicas del sexo, de las tentaciones de las mujeres casadas, de los antojos, de la soltería, del luto, etc.

No todas las recetas tienen el componente gastronómico que inventa este chef del espíritu. Algunas son consejos para salir de aprietos existenciales o sentimentales, pero dados en un tono conciliador que hace parte del remedio, pues el experto destila comprensión, acercamiento, dulzura. He aquí una receta que posee ingredientes naturales: "Si está nerviosa, aún sirve manzanilla, más no debes cortarla con limón ni con dulce. No funciona si lo que te preocupa es más fuerte que tú. Y si es así, conviene estar nerviosa".

En cambio, éste, vuelve el interés hacia sí mismo. Se trata de una autoreceta: "Muchas veces, al borde hallar la receta de la inmortalidad, me distrajo la presencia de la muerte".

 

El escritor anda tras la antiutopía de la tierra estéril (no poseer lectores) para librarse del fantasma de si mismo.


Llaman la atención las recetas que buscan los sabores perdidos en la prehistoria cuando a través de la imaginación el cocinero escritor recomienda la carne de celacanto, el pez antediluviano que aún se encuentra en las profundas aguas del océano, rebelde a la evolución, con su carne de misterio de fósil viviente, cuyas lonjas imagina su preparador condimentado por millones de años. Lo mismo, la carne de mamut descongelado de los glaciares que despiertan el apetito de los degustadores de exóticos manjares. Hay en estas fórmulas parte del asombro y de la imaginación que requiere una buena receta de cocina.

Y no podría faltar la presencia de los afrodisíacos, alimentos que supuestamente levantan el ánimo de los amantes, pero que a la hora de la verdad son más producto de la imaginación y del deseo que de la realidad. En un texto que revuelve las dos pasiones del hombre, Abad Faciolince se refiere así en su receta a los famosos afrodisíacos:

"De la de Cristo, piensa, que poco o nada tiene que ver con la pasión que buscan los consumidores de afrodisíacos, no ansioso de martirio sino de desenfreno. Creéme, la pasión viene sola o no viene. Si no llega espontánea no la fuerces con pócimas. O si surge sin esfuerzo no valía la pena".

En contra de lo previsto, los consuelos que brinda a su interlocutora, frente a la pérdida irreparable del ser querido, salen directos, radicales, con la firmeza del curador de almas que prefiere no ahondar en la herida mediante el pesar o la conmiseración. Por eso le dice con serena y fría dulzura:

"No puedo consolarte. No tengo receta alguna que se apiade de tu tristeza y la modere. Al contrario, sólo puedo decirte que sufras a tus anchas, hasta que sientas que tanta tristeza ya no cabe en tu cuerpo. No ahorres lágrimas, chapotea en el dolor con tanta intensidad como ante el goce".

También hay palabras de solidaridad para las mujeres feas, las traicionadas por los diseños de la madre naturaleza: "Cuando te dices fea querrás decir que tu hermosura no está ahora de moda ... Tal vez aún no lo sepas, pero a alguno tú haces perder el sueño, el apetito ..." . O la fórmula para el impertinente que te apoya el muslo en la rodilla y te pone la mano sin gracia y sin efecto o con efectos repelentes en tu cuerpo;  a ése más molesto que mosquito al conciliar el sueño ...Prepara este potaje: dos onzas de estricnina, seis gramos de cicuta, una pizca de arsénico y tres cucharaditas de sales de mercurio ... "Desde luego que la receta está dotada de una picardía amable que remata así: "Si vuelve, cianuro o estrinina (imaginarios)".

La clave del recetario está en la imaginación, en el gusto, en el tentar nuevos sentidos y sabores. Por eso, el chef literario remata su obra afirmando: "Mi ambición es buscarle solución a tu melancolía y el camino verdadero me los dio un poeta de Inglaterra, aquel que hizo decir a uno de sus personajes, casi loco de exceso de cordura: Dame una onza de amizcle, buen boticario, para perfumar mi imaginación. Yo no quisiera ser distinto a eso,  un buen boticario, un farmaceuta, el dueño de las recetas para perfumar la fantasía".


Conclusiones

Héctor Abad Faciolince adopta, bajo la disculpa de sus ficciones, el papel de una conciencia crítica que desnuda las debilidades de los tejidos sociales, a partir del individuo mismo como ciudadano que sufre la descomposición general. Para sus propósitos se vale de historias personales insertas en contextos urbanos de ciudades, algunas identificadas, que crean las condiciones lógicas de la deshumanización. A la par el escritor echa mano de las referencias históricas de su país, las que acomoda a sus relatos mediante las estrategias de la parodia, la exageración o la alusión directa al asunto por parte de alguno de sus narradores. Esta intertextualidad histórica es alternada de sucesos sociales y políticos que corresponden a la Historia con mayúscula y a la saga intelectual de la nación, propiamente literaria, en la cual sus narradores interpelan  firmas consagradas como Isaacs, Rivera o García Márquez. El temperamento irónico festivo del autor explica la actitud parricida e iconoclasta de su obra a través de miradas y posiciones que reconstruyen el acontecer nacional.

En cuanto a su propuesta estilística, es claro que Abad se perfila con su sello propio a nivel del lenguaje y el manejo de la prosa. Existe una abierta preocupación por el análisis de los procesos creativos que se dan en el plano de la escritura, a medida que los personajes cuentan sus peripecias. Estos grados de metaficción tienen su agudización en Basura, donde el protagonista, un escritor frustrado, expiado por el narrador, quien enfrenta el caso fantástico de Davanzati que sufre de inapetencia literaria, similar a la inapetencia emocional y física admitida por el Hidalgo Disoluto, quien confiesa que "En todo caso el ser insomne, inapetente y taciturno son cualidades de mi disposición natural que no ha requerido reglas monásticas para desarrollarse" (27).

En general, las innovaciones técnicas y los trucos editoriales que utiliza el autor, son recreaciones tipo Tristram Shandy, las que a su vez fueron celebradas por Cortázar y Cabrera Infante, como ocurre con los folios prescindibles del Hidalgo disoluto y de Basura. La misma forma como controlan el relato sus personajes que caen conscientemente en la narración no confiable, tiene claros antecedentes en las páginas de Cervantes, Joyce y el mencionado libro de Lawrence Sterne.

Abad se deja leer con fruición, a pesar de su crudo escepticismo y del tono acusatorio de la mayoría de sus ficciones. El lector advierte que detrás de la ficción habita un intelectual de carne y hueso, dotado de una excepcional cultura y de un particular punto de vista sobre las cosas y los acontecimientos, tal como lo muestra en sus columnas de opinión y en las recetas que pretenden redimir la inapetencia de sus mujeres tristes.

No obstante la mordacidad, es evidente que el escritor sufre una ternura feroz, resultado de la mezcla casi inadmisible del amor por la existencia y la rabia que provoca el saber que es el ser humano el culpable del deslucimiento de este cariño a través de la injusticia, el egoísmo y la violencia.


BIBLIOGRAFIA

ABAD FACIOLINCE, Héctor. Asuntos de un hidalgo disoluto. Santafé de Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1995, 232 p.

- - -  Basura. Madrid: Ediciones Lengua de trapo, 2000, 190 p.

- - - Fragmentos de amor furtivo. Santafé de Bogotá:
Alfaguara, 1998, 357 p.

- - - Malos pensamientos. Medellín: Universidad de Antioquia, 1991, 101 p

-- - - Tratado de culinaria para mujeres tristes. Santafé de Bogotá: Editorial Santillana, S.A., 1997, 118 p.

 


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