"La institucionalidad cafetera: incierto futuro"


Oscar Arango Gaviria


El Congreso Cafetero de 2000 sirvió de escenario central para adoptar las decisiones con las cuales el gremio busca sortear la crisis. Las medidas que se han ido cumpliendo en 2001 abarcan frentes diversos. Por ejemplo, la FNCC, decidió profundizar un proceso de ajuste mediante el cual pretende disminuir a la mitad sus costos de operación de $40.000 millones a $20.000 millones anuales entre el 2001 y el 2002. El proceso incluye un recorte de $200 mil millones en las inversiones sociales y de investigación del FNC, más recortes de la planta de personal, eliminación de programas de bienestar social para empleados, así como la reducción de cooperativas las cuales han pasado de 60 que había en 1996 a 43 en 2001. De estas últimas, 16 funcionan hoy para comercializar café y el resto se ocupa de almacenarlo.

 

Cooperativas de caficultores y precio interno

Históricamente, las cooperativas han sido uno de los más fuertes eslabones económico-sociales de la institucionalidad cafetera colombiana. Ellas prestan sus servicios en toda la zona cafetera del país, son empresas económicas de servicio social multiactivo que agrupan casi 100 mil socios, cuyos aportes de capital suman no menos de $60.000 millones.

Estas son organizaciones solidarias, de propiedad de los caficultores, cuya función principal es la de garantizar la compra de la cosecha cafetera, a un precio mínimo de sustentación. Para cumplir esta función, cuentan con los recursos del Fondo Nacional del Café, los cuales son suministrados por la Federación a través de Almacafé S.A.

La decisión de limitar a su mínima expresión las cooperativas cafeteras muy seguramente contribuirá a dejar cada vez más el mercado interno del café en manos de intermediarios y comerciantes particulares que, es bien seguro, aprovecharán esta circunstancia para ocupar los espacios que dejan aquellas organizaciones e incrementar sus ganancias particulares en detrimento de los productores.

A lo dicho, debe sumarse el que en medio de las más bajas cotizaciones en los últimos 8 años, la Federación decidió en enero de 2001 afrontar las consecuencias políticas previstas y reducir el precio interno aceptando que pueda estar incluso por debajo de $280 mil la carga al adoptar un mecanismo de reajuste diario del precio interno para tratar de captar de mejor manera las oscilaciones de la cotización externa. La decisión en septiembre de 2001 de ofrecer un subsidio de $15 mil por saco de 125 kilos, es un reconocimiento a esta realidad.

 

Decisiones recientes del Comité Nacional

En el año cafetero que corre únicamente se esperan ingresos por US$900 millones, es decir, un 50% menos de lo conseguido en 1999. El Fondo Nacional del Café disminuyó su patrimonio en casi mil millones de dólares, descendiendo de US$1.700 a US$700 entre 1995 y 2000. Las pérdidas acumuladas de este Fondo se estiman en cerca de $2 billones, de los cuales $250 mil millones corresponden a la ejecución deficitaria de 2000.

En una reciente reunión, al admitir la gravedad de la crisis, el Comité Nacional decidió "garantizar la compra de la cosecha, mantener a Cenicafé y apoyar el programa de extensión". Todo lo demás "se acaba", indicó el Gerente de la Federación(1).

Estas decisiones traen aparejados diferentes impactos: primero, los 15 comités de cafeteros quedan, en la práctica, sin recursos para programas sociales, ambientales y de infraestructura y ello dificultará mantener la credibilidad social y el prestigio que los ha caracterizado durante años. Segundo, se reducirá en un 60% la renovación cafetera proyectada hasta el 2002, cuyo costo era de $45 mil millones/año y el programa de extensión pasa de contar con 1.600 técnicos a sólo 900. Tercero, se recorta en US$10 millones el rubro de publicidad y se entregará en franquicia la imagen de Juan Valdez, una vez se determine su valor. Además, se estima que los diferentes cambios en el esquema comercializador implicarán un ahorro anual de $25 mil millones y en adelante sus costos correrán por cuenta del productor.

Finalmente, los proyectos relacionados, por ejemplo, con la modernización de los beneficios, deberán ser ejecutados directamente por los caficultores utilizando la vía de los recursos ordinarios (compitiendo para ello con los demás cultivadores) ofrecidos por el Minagricultura. Mientras esto sucede, a los caficultores el Gobierno Nacional les entrega un claro mensaje en el sentido de que atrás quedaron las épocas de la condonación de deudas o de alivios significativos de su cartera(2).

 

Café y medio ambiente

Por otra parte, el propósito de recuperar, proteger y cuidar el medio ambiente y lo que este significa para el bienestar de los caficultores y las zonas que habitan, también se verá seriamente obstaculizado con la profundización de la crisis. Ya se han recortado drásticamente los recursos del Fondo para la Recuperación del Medio Ambiente (creado desde 1990), es decir, del instrumento encargado del cumplimiento de, al menos, los siguientes objetivos:

1. Propiciar y estimular la organización de la comunidad para su activa participación en el uso, manejo y conservación de los recursos naturales;

2. Proteger los recursos naturales que existen en la zona cafetera para mantener su nivel de productividad y evitar la contaminación de las aguas con su sedimento;

3. Proteger y recuperar la cobertura vegetal de los nacimientos de las fuentes de agua y de las márgenes de las mismas, para garantizar agua en cantidad, en forma sostenible;

4. Fomentar y apoyar la construcción de obras de infraestructura complementarias con prácticas adecuadas, para la descontaminación de aguas para el consumo humano, y

5. Defender los bosques naturales, las especies nativas y la fauna.

A partir de 2001 los programas(3) financiados con recursos de este Fondo se suprimieron con las graves consecuencias que ello acarrea para la sostenibilidad misma del cultivo y para el medio ambiente de los municipios cafeteros, lo cual implica para las autoridades locales redoblar esfuerzos en esta materia.

 

La broca y el Endosulfán

Por si las anteriores consideraciones no fueran suficientes, ahora en las regiones cultivadoras del grano se vive un intenso debate acerca de los impactos que tendrá la aplicación del reciente (23.04.01) fallo del Consejo de Estado suspendiendo el uso del Endosulfán (Thiodan)(4) en todos los cultivos, incluido el café.

Aunque la decisión del alto tribunal fue apelada y se espera que el trámite demore unos dos años, las posiciones al respecto conforman un cuadro de alta complejidad(5). Mientras por un lado están los cultivadores que consideran que dicha prohibición los conduciría inevitablemente a la ruina, pues el control integrado de la broca no les garantizaría efectiva productividad ni competitividad, por el otro están los grupos de ambientalistas para quienes ya se ha causado un daño irreparable a muchos trabajadores y a los recursos naturales con la aplicación del veneno como para continuar autorizando su empleo. Adicionalmente se encuentran las posiciones del Ministerio de Salud que desde el año 1995, en virtud de una tutela fallada a favor por la Corte Suprema de Justicia, se vio obligado a controlar y restringir el uso del insecticida(6), y de la Federación de Cafeteros y de Cenicafé para quienes el sistema más efectivo de control de la broca es el manejo integrado, oponiéndose en consecuencia a la utilización de insecticidas categoría I (de alto riesgo) como el Endosulfán.

Por supuesto, a las posiciones anteriores debe añadirse la del laboratorio franco-alemán Aventis CropScience, empresa productora, para quien

"el fallo afectaría un mercado anual de exportaciones para América Latina de US$60 millones, de los cuales US$1 millón corresponden a Colombia"(7).

Entre tanto, quienes insisten en sobreponer los intereses económicos a costa del medio ambiente y la salud de los trabajadores, han buscado sus propios métodos de presión, han organizado marchas callejeras y han enviado sus propios pliegos ante las autoridades nacionales reclamando que les dejen utilizar el Endosulfán, pues -en su criterio- con un adecuado manejo una capacitación a los trabajadores no tendría porqué presentarse ningún tipo de enfermedad(8).

Por su parte, quienes antagonizan con dicha posición se preguntan: "quién indemnizará a los intoxicados y a las familias víctimas del Endosulfán? Consideramos que la responsabilidad es de los fabricantes y de los grandes caficultores que lo utilizaron, poniendo en peligro la salud y la vida de sus trabajadores"(9).

Así pues, además de los problemas propios de la crisis de precios internacionales que mantienen en vilo el futuro de las familias cafeteras, en la región se enfrentan los debates jurídico-políticos y éticos derivados de la aplicación de un tóxico que durante nueve años ha probado su efectividad en el control de la broca pero a grandes costos sociales en la salud de los trabajadores y de sus familias. En este debate, curiosamente, brilla por su ausencia la posición oficial del Minambiente.

 

El conocimiento y la investigación también resultarán lesionados

Además de las cooperativas y del Fondo Ambiental, en medio de la crisis cafetera otras instituciones corren grave peligro de desaparecer y algunas de ellas se encuentran en franco proceso de liquidación, con profundas implicaciones para unos municipios y departamentos que deben a ellas gran parte de su infraestructura, equipamientos y servicios sociales.

Así por ejemplo, aunque pocos se ocupan de este tema, el conocimiento de la producción cafetera resultará altamente lesionado con la decisión de la Federación de disminuir, al máximo, los programas de investigación de Cenicafé, sin que las universidades regionales o los consejos departamentales de Ciencia y Tecnología se encuentren suficientemente preparadas para sustituir esa función. Si a los problemas propios de los precios del grano, se le agrega el eventual desmantelamiento de Cenicafé es seguro que se profundizará la crisis y contaremos con menores posibilidades para asumir los retos de la productividad, las tecnologías limpias o la biodiversidad.

Los resultados de los trabajos de investigación de Cenicafé representan, sin duda, una parte sustantiva del patrimonio cultural y del saber acerca de la industria cafetera colombiana. Detrás de esta institución está el esfuerzo de decenas de investigadores que progresivamente han acumulado un conocimiento del medio ambiente y de las diferentes fases y procesos de la producción cafetera. Los resultados de sus investigaciones no sólo han permitido enfrentar grandes desafíos a los productores, sino que han tenido el respaldo de la comunidad científica internacional que se ha expresado en diferentes premios y reconocimientos.

La forma como se afectará esta respetable entidad debería motivar un SOS entre la comunidad científica nacional. En particular de este asunto deberían estarse ocupando, desde ya, las universidades públicas de la región y sus centros de investigaciones. Los lazos que desde tiempo atrás han vinculado estas universidades con la Federación deberían ahora posibilitar un entendimiento para garantizar la sostenibilidad de los proyectos de investigación requeridos para la economía, la sociedad y el medio ambiente en la zona cafetera.

Una situación similar se presenta con los denominados centros de preparación. Es altamente probable que ellos también terminen seriamente afectados con los recortes presupuestales acordados en el Congreso Cafetero. La importancia de estos centros reside en que tienen como objetivo capacitar y asesorar gratuitamente a las personas e instituciones interesadas en ampliar o reforzar sus conocimientos culturales del café, en los temas relacionados con sus procesos, la correcta preparación de la bebida y sus posibilidades de consumo.

 
... una parte importante de la discusión acerca de la política cafetera se ha centrado en los últimos años en porqué los colombianos no damos el salto para producir un mayor valor agregado alrededor de la economía cafetera y seguimos exportando este producto en bultos a la manera tradicional.


Es claro que en este caso, igualmente se trata de una institución en la que se tienen de por medio asuntos del saber y del conocimiento. La pregunta es: si desaparecen estos centros, quién entrará a asumir su función ¿Quién financiaría sus actividades?

Ahora bien, una parte importante de la discusión acerca de la política cafetera se ha centrado en los últimos años en porqué los colombianos no damos el salto para producir un mayor valor agregado alrededor de la economía cafetera y seguimos exportando este producto en bultos a la manera tradicional.

 

El café liofilizado

Con la crisis se ha colocado en entredicho, así mismo, el respaldo institucional de la Federación a la fábrica de café liofilizado empresa que opera en Chinchiná desde 1973 y cuya producción anual es se acerca a las 8 mil toneladas de café. No se descarta que, como producto de los recortes presupuestales, se frustren la comercialización de este tipo de café con países como Inglaterra, Polonia, Japón o los EE.UU.

Técnicamente la liofilización es un proceso de secado por sublimación, es decir, el paso de una sustancia, como el agua, de su estado sólido a su estado gaseoso sin pasar por su estado líquido. La sustancia es evaporada mediante la aplicación de temperatura y vacío cuando ha sido previamente congelada. La virtud de un producto liofilizado es que al ponerse en contacto nuevamente con el líquido o sea la sustancia sublimada, el producto recupera todas las características físicas, de aroma y sabor que poseía antes de ser liofilizado, con la ventaja de que la liofilización permite que el producto pueda ser almacenado por largos períodos sin deteriorarse.

Haber conseguido no solamente el conocimiento indispensable para liofilizar el café, sino también para abrir cada vez más un espacio comercial internacional es un esfuerzo que se podría frustrar si la fábrica en Chinchiná pierde los respaldos institucionales y queda a merced de los especuladores financieros.

Complementariamente habría que decir que en esta discusión vuelve a surgir el tema de la calidad del café colombiano y sus relativas ventajas en el mercado internacional. La ventaja tradicional, cimentada en la mejor calidad de nuestro grano, está siendo rápidamente erosionada por la utilización de nuevas mezclas en el mercado europeo y por el mismo deterioro de la calidad de nuestra producción, que cada vez es menos homogénea y presenta rastros de químicos que naturalmente hacen inviable el cobro de la prima tradicional por calidad, lo cual confirma, una vez más, la necesidad de incorporar la dimensión ambiental en los procesos de producción.

Algunos observadores insisten en que en el futuro se consumirán, no cafés homogéneos promocionados como `Café de Colombia', sino cafés de regiones muy específicas, e incluso de ciertas fincas, que logren establecer altos estándares de calidad para sus productos. Esta justificada advertencia genera entonces nuevas responsabilidades para las autoridades cafeteras locales y departamentales capaces de comprometerse con calidades y metas anuales específicas.

 
La regulación de la economía cafetera es un propósito inalcanzable mientras en los escenarios internacionales se imponga la globalización neoliberal y se disponga de productores -caso Vietnam- con rangos salariales mucho más bajos que los colombianos.

 

En esta forma, en una perspectiva de mediano plazo es claro que los graves problemas que hoy enfrenta la economía y la institucionalidad cafetera colombiana no podrán ser resueltos si, a los necesarios ajustes de la política económica, no se suman firmes decisiones para proteger y fortalecer aquellas entidades y procesos encaminados a conseguir un mayor y mejor conocimiento de la producción cafetera y su entorno.

 

Políticas de producción y comercialización

Según las nuevas políticas, no se dispone de recursos para incentivos destinados a la renovación de cafetales, con lo cual queda en entredicho la política que se había adoptado un par de años antes y que estaba destinada a garantizar el incremento de la producción.

Una parte importante de los problemas de la calidad del café colombiano se asocia a la edad promedio de los cafetales y si los productores no reciben los estímulos para renovar periódicamente sus árboles, es inevitable que en un corto tiempo (no más de cinco años) en el país sólo se pueda disponer de una producción envejecida que va a contar con serias dificultades para su comercialización externa.

De igual forma, los delegados al Congreso volvieron a autorizar la política de retención cafetera. La Federación espera que con una retención como la prevista, el nivel de inventarios de los importadores regrese a 10 millones de sacos. No obstante, "en el largo plazo, no basta retener café, se requieren mecanismos que permitan equilibrar la oferta y la demanda mundial", señaló Jorge Cárdenas en su informe anual. Este asunto de la retención es realmente más complejo de lo que muchos imaginan y además de los imperativos del mercado propiamente dicho, algunos se preguntan por la real capacidad de la gran mayoría de los países (todos necesitados de divisas) para guardar café y asumir los costos de la operación.

En la reunión celebrada en Londres en enero de 2001, se logró que 15 países que controlan el 85% de la producción mundial ratificaran los lineamientos del sistema de retención y que naciones como la India, Indonesia y México entraran en la misma política dirigida a la búsqueda de la reactivación del precio internacional. No obstante, contra todo lo esperado, tres meses después de suscrito este acuerdo no solamente el precio no se ha elevado, sino que ha reportado para Colombia los niveles reales más bajos de su historia (63 centavos de dólar por libra en el año 2001 significa menos de lo que conseguíamos por ese mismo producto hace 30 años).

El repaso que aquí hemos hecho de las distintas alternativas confirman un complejo escenario futuro. Cada vez se vuelve más difícil poder definir a qué le está apostando el país con la política cafetera. Incluso, no faltan quienes todavía esperan lo mismo que está pasando con el petróleo: que se pueda restaurar el Pacto Internacional del Café y volvamos al pasado de las cuotas y los precios altos, sin admitir que algo va del café al petróleo y que las posibilidades políticas de presión de uno y otro producto en el mercado mundial son completamente diferentes.

Todo indica que las épocas de un Pacto Cafetero como el que existía antes de 1989 parecen superadas. La regulación de la economía cafetera es un propósito inalcanzable mientras en los escenarios internacionales se imponga la globalización neoliberal y se disponga de productores -caso Vietnam- con rangos salariales mucho más bajos que los colombianos.

Con excepción de las obras de reconstrucción rural en aquellos municipios afectados por el sismo de 1999, la inversión pública en la zona cafetera colombiana está prácticamente paralizada y mientras los equipamientos y la infraestructura existente empieza a deteriorarse, los nuevos proyectos en materia de salud, educación, vías o energía hacen largas filas a la espera de un incierto financiamiento por parte del Estado. Paradójicamente esto sucede en el momento en que la reconstrucción rural gerenciada por la Federación está prácticamente terminada y ahora se cuenta en estos municipios con viviendas rurales menos vulnerables, mayores beneficiaderos ecológicos y una mejor infraestructura vial.

 

La compra de la cosecha, la prioridad

Es evidente, pues, la necesidad de revisar a fondo todos los instrumentos de la política cafetera y adaptarlos a las nuevas exigencias. La magnitud del problema se evidencia al recordar que ahora la prioridad es poder garantizar la compra de la cosecha y ya no el precio de sustentación que permitió levantar todo el andamiaje histórico de la institucionalidad cafetera. Pero otros retos son la productividad y la calidad del grano, lo cual debe complementarse con una política de comercialización ágil y competitiva que salga al paso del interés de los exportadores privados por suprimir las funciones comerciales de la Federación y que, simultáneamente, ofrezca garantías a la actividad exportadora de las cooperativas. Estas y otras tareas suponen, por supuesto, defender la refinanciación del Fondo Nacional del Café sobre la base de nuevas y transparentes reglas del juego.

Aquí la dificultad política consiste en que los programas que ahora no tienen financiación son, justamente, los que le habían mantenido una gran credibilidad pública a los Comités y le permitieron granjearse las simpatías de las familias y los gobernantes de los municipios cafeteros. Atrás quedaron las épocas en las que con cargo a recursos del FNC o, incluso con cargo al propio presupuesto nacional, se adoptaban diferentes medidas (subsidios, reducción de intereses, ampliación de plazos) para aliviar las deudas de pequeños y medianos cafeteros.

A sabiendas de que se trata de medidas parciales, pero conciente de la importancia política de su presentación, el Minhacienda expresó ante el Congreso Cafetero de 2000 que el gremio tendría específicas ventajas de orden tributario:

«Ustedes le solicitaron al Presidente que no gravara los insumos como los abonos, fungicidas y plaguicidas que aparecían gravados en la propuesta de reforma tributaria original. Como respuesta a esta solicitud gremial, quiero comunicarles que estos insumos seguirán exentos del impuesto del IVA. Adicionalmente, se mantienen las exenciones vigentes en el marco de Ley Quimbaya»,

les dijo Juan Manuel Santos a los participantes y simultáneamente les advirtió que la crisis fiscal del Estado colombiano es de tales magnitudes que en el presupuesto nacional no está, ni estará en el corto plazo, contemplada ninguna opción para que el Gobierno asuma los programas que se han venido ejecutando en las zonas cafeteras con cargo al Fondo Nacional del Café. Sólo quedaría como eventual fuente de financiación el propio presupuesto de departamentos y municipios, pero de todos es conocida su propia limitación estructural, máxime ahora que ha entrado en vigencia la Ley 617, conocida como de saneamiento fiscal. Los $350 mil millones que se obtuvieron luego de grandes forcejeos entre la cúpula de la Federación y el alto gobierno, son para las vigencias presupuestales 2002-2004 tienen destinos muy específicos.

Lo dicho indica, entonces, que los términos del debate no son nada simples y queda claro que de por medio está la suerte de la región cafetera y con ella, en gran medida, el futuro de la estabilidad política nacional.

 
...ahora las autoridades locales deberán enfrentar con sus propios recursos una parte sustantiva de programas de interés social y económico que antes podían cofinanciar con los aportes de los comités municipales de cafeteros.


Decisiones y propuestas

En 2000, para enfrentar la crisis, una vez más el alto Gobierno y la FNCC se habían inclinado por la designación de una Comisión de notables. La idea era que los productores, representados por la FNCC, los exportadores agrupados en Asoexport y los industriales que procesan el grano, trabajaran alrededor del Acuerdo de Competitividad para mantener viable buena parte de las 870 mil hectáreas sembradas en café (en 600 municipios y 450 mil familias vinculadas directamente a la agroindustria más extendida del país) y mantuvieran o mejoraran el ingreso que durante un siglo le ha reportado significativas contribuciones al desarrollo nacional.

De acuerdo con el Minhacienda, esta Comisión se ocuparía de revisar estructuralmente el proceso: desde las variedades que se van a sembrar, la mezcla de tierra de las bolsas donde germinan las semillas, pasando por la densidad de siembra, la ubicación de las plantaciones o la carta de propiedad del suelo con su guía de fertilizaciones y riegos. Lamentablemente allí no estaban representados de manera auténtica los pequeños y medianos productores siendo que ellos son, desde el punto de vista económico y social, los actores más perjudicados con la crisis. Además, el tema cafetero se seguía pensando únicamente de manera gremial.

Se configuraron de esta manera todos los ingredientes de un serio problema de legitimidad y de representatividad. En efecto, bien comprendidos, los asuntos cafeteros no pueden dejarse exclusivamente a merced de la organización de los productores o de los exportadores. Ellos trascienden la dimensión gremial y se impone una lectura más estructural de los mismos. La profundización de la crisis durante 2001 dejó sin mayores opciones el trabajo de la Comisión y no se tardó mucho en asistir a diferentes enfrentamientos que tuvieron su punto máximo cuando en septiembre de este año el Presidente Pastrana solicitó públicamente la renovación de la dirigencia cafetera, en una clara alusión a sus desencuentros con Jorge Cárdenas, el Gerente de la Federación.

Bajo estas consideraciones, es de prever que en el futuro inmediato se asista a proceso de creciente inestabilidad política y se continúe estrechando el margen de presencia y legitimidad de la FNCC. Este será, a mi juicio, el escenario en el que trabajarán las alcaldías y gobernaciones que posesionadas en 2001 en la región cafetera colombiana. Ahora existen menores condiciones para la incorporación de los temas propios del desarrollo integral cafetero en los programas políticos ofrecidos por las diferentes campañas electorales. O, lo que es lo mismo, ahora las autoridades locales deberán enfrentar con sus propios recursos una parte sustantiva de programas de interés social y económico que antes podían cofinanciar con los aportes de los comités municipales de cafeteros.

Aquella estrategia de peso a peso(10) que le facilitó a los municipios cafeteros el haber construido la mayor y mejor infraestructura y equipamiento rural del país, comienza a ser un asunto del pasado y ahora las alcaldías tendrán que encontrar nuevas fuentes de cofinanciación de sus programas para suplir el vacío que deja la FNCC.

En este terreno parte del drama que viven las autoridades locales y departamentales consiste en que las partes sustanciales de la política cafetera escapan realmente a su gobernabilidad y sus invocaciones ante el Gobierno Nacional para que se decrete la Emergencia Económica en la zona cafetera se tropiezan con la realidad de una región que ahora cuenta con la Ley Quimbaya y que acaba de recibir la mayor inversión pública de toda su historia para atender los proyectos de la reconstrucción urbana y rural. No se olvide que los decretos que dieron origen a estos recursos partieron de declarar nuestra región en emergencia económica, social y, por primera vez en nuestra historia, emergencia ecológica.

Aceptando entones que efectivamente los problemas de los cafeteros trascienden la jurisdicción del gremio, se requiere una nueva forma de concertación entre la sociedad civil y el Estado para fortalecer la dimensión participativa de los planes locales y departamentales de desarrollo de tal manera que se obtengan los acuerdos necesarios y los mandatarios locales y seccionales respondan con eficacia a las nuevas demandas de la realidad económica y social de la región cafetera. Estos planes deberían transformarse en auténticas agendas ciudadanas en las que autoridades locales, productores cafeteros y comunidad en general sumen esfuerzos, definan metas comunes y compartan propósitos que permitan avanzar hacia una política cafetera democrática y moderna.

Para avanzar en tal dirección, las Umatas municipales, organismos de asesoría campesina, deben fortalecerse institucionalmente y levantar en cada una de sus jurisdicciones las fichas técnicas de los predios rurales y los indicadores sociales de desarrollo, con el objeto de diseñar los programas agroindustriales del lugar, y consolidar las estrategias sociales de la política municipal rural.

Es preciso pues aprovechar las opciones institucionales para la planificación municipal y departamental convocando, una vez más, los consejos territoriales de planeación y los consejos municipales de desarrollo rural para que sirvan de escenario participativo de discusión y, en concertación con las organizaciones de cafeteros, recomienden medidas para que la acción y los recursos privados y públicos se coloquen con grandeza al servicio de la ciudadanía, la democracia y el desarrollo.

Así pues, al lado de los nexos vitales que deben establecerse entre los recientemente aprobados planes de ordenamiento territorial y las propuestas de la planificación local del desarrollo, es menester consolidar una política pública acerca tanto del uso del suelo rural, como de las apuestas específicas que en cada municipio se adoptarán para trabajar en los frentes de la seguridad alimentaria, en la producción agropecuaria general destinada al mercado y en el manejo y protección de los recursos naturales.

De igual manera, el proceso requiere facilitar la búsqueda de consensos públicos para que en cada municipio cafetero se realice una apropiación colectiva acerca de la mejor manera de garantizar el uso adecuado de los recursos naturales y la perspectiva de un medio ambiente sano, lo cual supone una amplia deliberación acerca del necesario convenio institucional para transitar el camino de una producción cafetera limpia.

De otro lado, es indispensable que las fuerzas y partidos políticos incorporen en su agenda un capítulo destinado a aportar soluciones para enfrentar la crisis cafetera más allá de las bondades que en materia de excenciones tributarias y otras garantías económicas trae incorporada la Ley Quimbaya que rige para los 28 municipios afectados por el sismo.

Más ampliamente, la política cafetera que el país reclama debe estar en condiciones de enfrentar unos competidores cada vez más eficientes y unos consumidores cada vez más exigentes pero, simultáneamente, garantizar a las familias productoras un mejor nivel de vida y a los municipios cafeteros la preservación de sus recursos naturales y un medio ambiente sano. Muy seguramente lo uno y lo otro servirán para impedir que en la región escale el conflicto armado y se resuelvan pacíficamente los conflictos.

 
... es menester consolidar una política pública acerca tanto del uso del suelo rural, como de las apuestas específicas que en cada municipio se adoptarán para trabajar en los frentes de la seguridad alimentaria...


En esta forma, haciendo de los problemas cafeteros una preocupación pública y concertando la adopción de políticas que trasciendan el interés meramente gremial, es posible que el país encuentre la ruta adecuada para reconvertir la producción cafetera y dotarse de una institucionalidad acorde con los desafíos y condiciones propios del siglo XXI.

"Colombia es café, o no es", se decía hasta 1980 cuando las exportaciones cafeteras representaban el 60% del total de las exportaciones. Pero hoy las cosas han cambiado y la actividad cafetera ha dejado de tener la importancia estratégica de otras épocas, lo cual no significa, por supuesto, que no tenga un vital interés para no menos de tres millones de personas distribuídas en más de la mitad de municipios.

En conclusión, estamos frente a una crisis de naturaleza estructural y la región necesita estrategias de desarrollo que no dependan exclusivamente del café. Por consiguiente, hoy se reclama una nueva manera de entender la competitividad en los municipios cafeteros y un apoyo al sistema regional de innovación, lo mismo que la adopción de una visión colectiva y compartida de lo que en el futuro puede legar a tener la actividad cafetera, pero admitiendo que en estos departamentos el desarrollo ya no pasará exclusivamente por la producción y comercialización del grano.

Anexo: Colombia. Síntesis de indicadores cafeteros

 
PRODUCCION
VALOR
Hectáreas en café
1970-79 (prom)

1.070.000

1990-00 (prom)
805.000
Fincas cafeteras
1970-79 (prom)
302.945
1990-00 (prom)
566.230
Producción
1970-79 (prom)
12.1 mill. Sacos 60K
1990-00 (prom)
12.7 mill. Sacos 60K
Productividad
1970-79 (prom)
8 sacos 60K / ha.
1990-00 (prom)
16 sacos 60K / ha.
Participación en el PIB total
1970-79 (prom)
7.3 %
1990-00 (prom)
4.4 %
Inventarios mundiales 2001
22 mill. sacos de 60 K
Producción mundial 2001
112 mill. sacos de 60 K
Consumo interno
1970-79 (prom)
1.4 mill. Sacos 60K
1990-00 (prom)
1.5 mill. Sacos 60K
Exportación
1970-79 (prom)
10.2 mill. Sacos 60K
1990-00 (prom)
11.8 mill. Sacos 60K
Valor exportaciones
1970-79 (prom)
US $ 1.854 millones
1990-00 (prom)
US $ 1.661 millones
Exportaciones cafeteras / total exp.
1970-79 (prom)
57 %
1990-00 (prom)
17 %
Precio externo
1980-89 (prom)
US $ 1.51
1990-00 (prom)
US $ 1.21
Precio interno (valor const)
1989
$ 554.000
2001
$ 280.000
Activos del Fonto (US $ mill.)
1998
US $ 1.500
2001
US $ 600




NOTAS

(1) Declaración de Jorge Cárdenas. Ver Portafolio. El Tiempo. 20.04.01

(2) Cfr. El Espectador. 06.05.01

(3) Entre ellos manejo integral de microcuencas; ma-nejo de basuras municipales; potabilización de aguas; sembradores de vida, o beneficiaderos ecológicos.

(4) Se trata de un insecticida obtenido de la mezcla de cloro, carbono, hidrógeno, oxígeno y azufre que resulta letal para las plagas de los cultivos. Para los demás animales y los humanos es altamente tóxico. Es un contaminante hídrico y no tiene antídoto.

(5) Cfr. El Espectador. 22.04.01 Esta edición trae un importante informe de investigación sobre el tema preparado por Norbey Quevedo.

(6) El 17 de mayo de 1997, dos años después, ese Ministerio expidió la resolución 1669 autorizando el uso de productos plaguicidas con base en el Endosulfán únicamente en el café, dejando por fuera los demás cultivos.

(7) El Espectador. Op. cit.

(8) En una carta dirigida al Presidente de la República, este grupo de caficultores reclama la "urgencia de incluir en el Plan de Apoyo, el compromiso de asumir los costos del control integrado de la broca, los cuales podrían asecender a $184 mil millones". La Tarde. 25.04.01

(9) Ibid.

(10) Un peso aportado por cada Alcaldía permitía obtener un peso del respectivo Comité.

 

 

 

 

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