"Génesis de la cultura
occidental"
Gustavo
Guarín Medina
La
cultura requiere de una mirada histórica en sus elementos
fundantes, como son la filosofía clásica antigua,
los mitos y las cosmogonías, en un interactuar expresado
ideológicamente. La invención de los paradigmas
de la cultura, constituyen un elemento vivo primordial de
las conductas asumidas por los individuos y grupos sociales.
De su explicación y comprensión dependen los
manejos políticos y la direccionalidad que las comunidades
y los diversos grupos sociales se otorguen.
1.
La tribalidad
Para
el hombre primigenio, lo bello le proporcionaba felicidad
y placer, y simplemente encontraba más allá
de lo necesario. Existía la certeza de la felicidad
y su satisfacción terrenal en éste mundo. Como
cazador-recolector que era, sólo le preocupaba su existencia.
Su organización tribal le proporcionaba un tiempo y
espacio común en el cual vivía feliz,
"el
ser humano medio disfrutaba de libertades económicas
y políticas que hoy sólo goza una minoría
privilegiada. Los hombres decidían por su cuenta
cuánto tiempo iban a trabajar en un día determinado,
en qué iban a trabajar...o si iban trabajar en absoluto"(1).
No
existía el Estado, ni jefes, ni capataces ejerciendo
una autoridad y un control. La gente en general, hacía
lo que tenía que hacer en un orden natural, movido por
la necesidad de conseguir su alimento y la garantía
de su sexualidad. Su vida contemplativa transcurría en
un tiempo y espacio próximo y primigenio, compartidos
por todos y cada uno de los miembros y de los grupos sociales.
Cada hombre y cada mujer tomaban para sí cada pedazo
de la naturaleza; de río, de tierra, de caza, de pesca.
Con el nacimiento del Estado todo esto desaparece; hace sólo
nueve mil años que la humanidad inició su descenso,
en muchos sentidos, hacia la esclavitud. El hecho, debió
ocurrir en dos momentos: uno sería la aparición
del Estado prístino, cuyas condiciones de desarrollo
están influidos por su interacción con otras sociedades,
y como consecuencia de la domesticación de plantas y
animales, proceso que terminaría con la creación
de la primera cultura del agro: la agricultura. El orden sedentario
obligó a la formación de instituciones que recompensaran
a quienes trabajaban más que otros, debido a la intensificación
en la producción de alimentos. La acumulación
de excedentes en un individuo, a quién la parentela encargaba
de la organización de la fiesta y la redistribución
del alimento, propicia la formación de líderes.
Estos primeros administradores, se situaron por encima del grupo,
gracias a la guerra y a la exuberante producción agrícola.
La fiesta, cuyo eje central residía en el ritual del
banquete, afianzaba el reconocimiento, la existencia, y la muestra
verídica a sus iguales. Sí la fiesta era exitosa,
el círculo de clientes se ampliaba y consolidaba el ya
existente.
La
redistribución afianzaba el poder, gracias al desequilibrio
entre el productor y el consumidor, el jefe se convertía
en el principal agente adherente de la vida social, rodeado
de una elite administrativa integrada por sacerdotes y militares,
quienes ejercían el control y la autoridad sobre los
noveles campesinos, productores de alimentos. Por último,
el tipo de guerra externa, entre aldeas más poderosas,
culmina con la formación del Estado. El miedo para
enfrentar la naturaleza e inventarla para someterla a su dominio,
es el mismo miedo, que le impidió buscar su felicidad
en la praxis ideal: miedo al azar, al destino, a la pobreza,
pero sobre todo miedo a la sociedad que los dioses configuraron
llena de pasiones y antagonismos. Se perdió la sociedad
primitiva y emergió el Estado justificado por la filosofía
antigua, que hizo recaer lo vital sobre lo necesario, privilegiando
el trabajo para separar irreconciliablemente la felicidad,
que se encuentra en la sublimación con lo bueno y lo
bello, alcanzable sólo con un Estado Real.
2.
La filosofía aristotélica
La
cultura(2) de occidente se fundamenta en la praxis
aristótelica, cuyo pensamiento se construye a partir
de verdades conocidas para llegar a la praxis de la cotidianidad.
El hombre, para su existencia requiere del esfuerzo para producir
los bienes materiales y espirituales a través del conocimiento,
obtenido adecuadamente y transmitido por una didáctica
en su aplicación, es construido desde "el saber
práctico (que) es en realidad el que asigna su lugar
a cualquier competencia técnica basada en la ciencia."(3),
faculta su actuar acorde a las exigencias y las respectivas
especialidades. Pero, el conocimiento aristótelico
es diferenciado según una escala de valores que parte
del saber funcional práctico, hasta el conocimiento
filosófico-político que proporciona la mayor
felicidad a los hombres.
| Con
el surgimiento y desarrollo de la burguesía, se
crea una nueva cultura laica, que supera el horror a la
muerte, sensibiliza la colectividad en el plano escatológico
hacia una supervivencia en el mito de la gloria y le entrega
a las letras un papel inusitado. |
Al
introducir la división entre el amo y el esclavo(4),
Aristóteles sistematiza el mundo en un orden político,
en el que las autoridades privilegian una concepción
de cultura elaborada a partir de un conocimiento puro, compartido
con lo bello y lo placentero, separado de la praxis realizada
por el trabajador. La fragmentación surge del concepto
de ciudad, entendido como una asociación movida por
un interés hacia unos fines que comprende en sí
otras asociaciones urbanas, agudizando la separación
entre el campo y la ciudad, al residir la administración
del Estado, en la Ciudad-Estado. Pero ésta es incompleta,
sin el arte de adquirir la riqueza, surgida de la naturaleza,
como parte de la ciencia económica;
"es
necesario que esa parte exista, o que la ciencia económica
nos provea de los recursos precisos o útiles para
la vida en toda asociación civil o doméstica"(5).
La
sociedad económica requiere de quién la ordene;
indaga Aristóteles, sobre los diferentes tipos de gobierno
para ejercer la autoridad dirigidos a constituir el Estado.
Se requiere, en primer lugar, consolidar la base sobre la
que se construye la estructura de poder, que recae sobre el
elemento vital de la economía: la producción
y el trabajo, pero que se encuentra en una doble dualidad:
por un lado hay que reunir a un hombre y una mujer para la
procreación, acto natural, que según él,
sucede por fuera de la cultura. La formación, la educación
y la preparación para el trabajo está a cargo
de la praxis. La educación, en la virtud, la hace el
plantel del Estado. Por el otro lado, el amo poseedor de la
verdad y de la razón, está destinado a gobernar
y el esclavo, carente de razón y poseedor de la fuerza
bruta, no le queda otro camino que el de obedecer.
"La
doble reunión del hombre y la mujer, del amo y el
esclavo, constituyó la familia". (6)
La
base de la sociedad enunciada así, instala en la estructura
mental del cristiano una familia piadosa, carente de papel
protagónico, como eje sobre el que recae la reproducción
de la cultura, separada de la producción de bienes
materiales y de la riqueza social. El elemento fundante de
la cultura es dicotómico y por ende excluyente. Lo
domina el espectro del destino, como una ideología
del dominio que obliga a unos, a mandar y a otros a obedecer,
en un sino trágico para el trabajador.
El
argumento para separar el conocimiento puro del hedonismo,
parte de lo necesario en la vida, del orden en la cotidianidad
que es azaroso y fáctico. El manejo de los bienes materiales
ha sido dominado por la casualidad, pues la riqueza y el bienestar,
se logran por situaciones imprevisibles. Por lo tanto, el
hombre enajena su existencia a un fin externo, único
que le preocupa y esclaviza, puesto que se convierte en un
caos que reglamenta anárquicamente los intereses de
los diferentes grupos sociales, estacionados en un orden que
separa la existencia en general, de la felicidad y la libertad
de los individuos. Así, la cultura, en su estructura
mental es feliz en lo fáctico. Lo trascendental corresponde
a la metafísica, a la teoría del conocimiento,
a la ética y a la psicología. El alma entonces,
posee un nivel superior y otro inferior; entre la sensibilidad
y la razón vegeta el discurrir del alma.
Satanizar
el hedonismo, para convertirlo en pecado, se explica por la
constitución anárquica, veleidosa y carente
de libertad. El placer no es malo en sí mismo; es malo
porque se ubica en el mundo perverso, de los intereses mezquinos
y desaforados. Es la parte del alma llamada del
"apetito
concupiscible, a causa de la violencia de los deseos que
nos arrastran a comer y a beber, a los placeres eróticos
y a todo cuanto siga tras esto; y también la llamamos
avara y deseosa de riquezas, porque sólo sabe que
es con la riqueza que se satisfacen estos deseos."(7)
El Estado se ubica por encima de la sociedad, la filosofía
antigua lo ha justificado a través de una racionalidad,
que separa la praxis de lo puro, afianzado por la ideología
inmersa en el mito.
3.
Los mitos de Hesíodo
La
ontología arcaica, incluye separadas las concepciones
del ser y de la realidad, expresadas en un lenguaje simbólico,
mítico y ritual, que contienen las percepciones sobre
el fin último de las cosas, bases del pensamiento arquetípico,
del que surge el mundo creador de la cultura, separado lo
puro de lo práctico y que influye en la psiquis formativa
de la personalidad neurótica, al frustrar la transformación
del complejo personal, estacionando al individuo en un mundo
arquetípico de fantasías. El comportamiento
humano, no tiene autonomía, en cuanto a que es gobernado
por un mundo divino. Los mitos, son los pilares sobre los
que se construye el sistema ideológico de occidente
gracias a su instalación en la memoria colectiva, en
la que el tiempo y la historia le propician al hombre, el
imaginario de un pasado feliz o catastrófico, en una
serie de edades con un cierto orden. Las edades míticas
son las depositarias de las concepciones del tiempo, del afianzamiento
del poder, del funcionamiento social con sus castas y clases,
de su religiosidad y de la personalidad psicológica
del depositario de la cultura. El poema de Hesíodo,
Los trabajos y los Días, se inicia con dos relatos
míticos: parte la narración de la existencia
de la doble lucha, entre la justicia y la inmoderación,
continúa con el cuento de Prometeo y Pandora
para culminar con el mito de las razas. Los dos mitos están
ligados con el mito del paraíso, perdido por el triunfo
momentáneo del mal sobre el bien. Todos hacen referencia
al pasado remoto cuando los hombres no padecían sufrimientos,
ni enfermedades y eran inmortales. Posibles "recuerdos",
instalados en el inconsciente del paleolítico superior
_entre 30.000 y 10.000 años antes de nuestra era- donde
el cazador-recolector disfrutó de niveles de seguridad
y comodidad y alto nivel de alimentación.
Los
referidos mitos cuentan a su modo, el por qué los males
han sido entregados a los hombres y por ende inseparables
de la condición humana. En el poema de Hesíodo,
Zeus castiga a Prometeo para vengar el robo del fuego, ocultándole
el alimento a los humanos, quienes en adelante se lo prodigaran,
mediante la acción del trabajo. En el mito judeo-cristiano,
Adán y Eva son condenados a ganarse el pan con el sudor
de la frente, como castigo por la mentira de Eva, al negar
el hecho de comer del fruto que le daba la sabiduría
y por tanto prohibido. Hesíodo narra la sucesión
de las diferentes razas humanas, surgidas y desaparecidas
unas tras otras, en una decadencia que para él habría
sido preferible no haber vivido. La misma idea sobre las razas
se encuentra expresada en el Popol Vuh, libro sagrado
de los Mayas quichés de Guatemala. En Los trabajos
y los días, las razas son designadas con los nombres
de los metales preciosos, jerarquizados según su valor:
al oro se le asignan los hombres divinos e inmortales, a la
plata los justos pero que viven un tiempo determinado, los
de bronce robustos y fuertes y por último los hombres
de hierro destinados al trabajo y al sufrimiento. Hesíodo
agrega una quinta raza que no pertenece a los metales y que
se encuentra intercalada entre los hombres de bronce y de
hierro: se trata de los héroes, quienes deben permanecer
en la memoria de los hombres. La arquitectura mítica,
en su estructura genealógica forma la esencia ideológica,
que se constituye en el basamento de la cultura. El mito,
la religión y la filosofía aristotélica
ubican en la escala más baja de la sociedad al trabajador,
al que se excluye de la praxis del conocimiento de la verdad
sobre la existencia humana. En la edad de hierro, gobernada
por un destino obscuro,
"Los
hombres no cesarán de estar abrumados de trabajos
y de miserias durante el día, ni de ser corrompidos
durante la noche, y los Dioses les prodigaran amargas inquietudes.
Entretanto, los bienes se mezclaran con los males"(8).
| Los
valores del espíritu forman parte de la cultura
en tanto que el alma es la sustancia propia del hombre,
basado en él yo; mientras que el mundo real es
mensurable y es materia en movimiento.
|
Es
un mundo excluyente, que ubica las relaciones sociales en
una forma de existencia, donde los hombres están atados
al trabajo, que sólo proporciona lo básico para
su conservación. Este paradigma de sociedad, condena
a la miseria a la amplia base social; se expulsa lo bueno,
lo bello y lo verdadero para que trasciendan la realidad de
ésta vida. La sociedad está obligada a producir
lo necesario para su desarrollo, privilegiando lo material
sobre lo espiritual. Desde Aristóteles, el bien y
el placer supremo, residen en el ocio de aquellos que tienen
asegurado sus necesidades básicas y su futuro, y con
cuya pretensión se crea el concepto de cultura, base
del andamiaje ideológico de occidente.
Para
Aristóteles, las contradicciones sociales competen
a situaciones ontológicas. El comercio era combatido
como organización de la sociedad al constituirse en
el espacio donde los hombres y las cosas se enfrentan como
mercancías. Por su condición fáctica,
el alma pierde la noción justa.
"Si
lo sometido a juicio se juzgara con la riqueza y la ganancia,
lo que el hombre avaro aprobara o reprobara sería
efectivamente lo más digno de estimación o
desprecio."(9)
El
abismo entre lo fáctico y el espíritu, se amplía
más fortalecido por el mito del trabajo como castigo,
instalado en las profundidades ideológicas de la cultura.
Afianzando una forma histórica de existencia a través
de la separación ontológica y gnoseológica,
apartando los sentidos de las ideas, la
sensibilidad de la razón y lo necesario de lo bello.
La verdad se diviniza, el bien se moraliza y la belleza se
hace espiritual. El mundo cotidiano, es el del castigo divino
y por ende falso, perverso y miserable. Es la consolidación
del amo y el esclavo, como ideología que obliga a mandar
a los que posee la razón y el conocimiento. A obedecer
a los que carecen de ella y de poder. Pero, en el interior
de la teología del quatrocento, emergían
preguntas que apuntaban a un conocimiento de la naturaleza,
las cuales encontrarían su encause con el advenimiento
de la modernidad.
4.
La modernidad
Con
el surgimiento y desarrollo de la burguesía, se crea
una nueva cultura laica, que supera el horror a la muerte,
sensibiliza la colectividad en el plano escatológico
hacia una supervivencia en el mito de la gloria y le entrega
a las letras un papel inusitado. Surge una nueva visión
humanística del mundo y diversas concepciones éticas
irradian la historia y la política. La estructura científica
y técnica en interacción, son copartícipes
del florecimiento de la medicina, la astronomía, la
mecánica y la geografía orienta los descubrimientos
y la conquista del mundo. América significó
el afianzamiento del nuevo orden internacional, época
en que los grandes imperios, incluyendo el papado con la Reforma
Protestante, convulsionaban en la búsqueda de un Estado
que en su interior construyera el escenario del pacto social
burgués.
En
la arquitectura del poder, hoy, lo bello y el placer, constituyen
el abanico de valores supremos, en una llamada cultura universal
que enfrenta a los individuos en el mercado del trabajo: concebidos
como seres abstractos deben ser poseedores de una igualdad
de valores. La cultura, dueña de lo bueno y lo bello,
obliga a toda la sociedad a someterse a los valores de la
civilización que ilumina su existencia y, por ende,
a una falsa universalidad. Esta concepción moderna
emergida bajo determinadas condiciones históricas
y que afirma la separación del mundo anímico
espiritual por encima de los valores y de la civilización,
lleva inmersa las condiciones de vida burguesa.
La
sociedad burguesa, abstrae al individuo y lo transforma en
el personaje particular, obligado él mismo a la manutención
de su existencia, a la satisfacción de sus necesidades
y a ubicarse frente a determinados fines y objetivos. La sociedad
de consumo a medida que lo atrapa más, en el afán
de satisfacer con mercancías sus necesidades le crea
el espejismo de una nueva felicidad, que sólo una pequeña
cantidad de individuos pudientes adquiere, en una abismal
desigualdad. Instaura la modernidad, el mito del progreso,
como una escatología con un objetivo final que recoge
todo un mundo de realidades e innovaciones en un hombre emprendedor
y virtuoso dotado de un nuevo ethos del trabajo. El
burgués crea para sí un mundo moderno
y para quienes quieran jugar un papel o al menos subsistir,
deben asumir su mentalidad sugestivamente expresada en su
decálogo:
1)
Orden,
2)
Limpieza,
3)
Puntualidad,
4)
Responsabilidad,
5)
Deseo de superación,
6)
Honradez,
7)
Respeto al derecho de los demás,
8)
Respeto a la ley y a los reglamentos,
9)
Amor al trabajo, y
10)
Afán por el ahorro y la inversión.
Mentalidad
que pretende la felicidad de los individuos, mediante la competencia
económica para el alcance social de sus éxitos,
como fin último de felicidad y de goce pero que proporciona
a la mayoría de los hombres, en realidad; frustraciones,
resentimientos, penurias, escasez y trabajo. Fenece el hedonismo
y se mata la esperanza.
La
cultura afirmativa(10), estableció la idea
de la satisfacción general del individuo. Las leyes
y las formas de gobierno tienen un solo fin: que cada individuo
pueda ejercitar sus fuerzas para sí en un goce más
libre y placentero de la vida. La realización del hombre
está referida a una comunidad de personas libres y
razonables, en la que cada una tiene las mismas posibilidades
de desarrollo y satisfacción de todas sus fuerzas.
La idea de persona, siempre ha estado vigente, por encima
de las contradicciones sociales, abarca a todos los individuos.
El hombre es culpable de su minoría de edad. Toda riqueza
y toda pobreza proceden de él mismo. El ideal dominante
ha sido el lado conservador.
"La
cultura significa, más que un mundo mejor, un mundo
más noble: un mundo al que no se ha de llegar mediante
la transformación del orden material de la vida,
sino mediante algo que acontece en el alma de los individuos."(11)
El
orden burgués inventa un estado interno del hombre,
en el que la belleza, la bondad y la libertad, se transmutan
en cualidades del alma; para que comprenda todo lo humano,
valore todo lo difícil y todo lo sublime. Esta mentalidad,
lo dirige a una condición de minoría de edad
y lo pone en armonía con las instituciones cotidianas,
en un reino espiritual.
Los
valores del espíritu forman parte de la cultura en
tanto que el alma es la sustancia propia del hombre, basado
en él yo; mientras que el mundo real es mensurable
y es materia en movimiento. El alma educada y su origen divino
entregan la falsa conciencia de libertad, contrapuesta al
cuerpo del individuo, sometiendo los sentidos al dominio del
alma; una renuncia que lo conduce a la renuncia del placer.
La cultura internaliza el placer mediante su espiritualización,
con la sublimación de los sentidos sobre los que ejerce
control. Pero la cultura abrazó la idea romántica
de una vida mejor, con iguales derechos y oportunidades, de
gentes alegres y tranquilas, bondadosas y solidarias; todo
esto pertenece al mundo de las utopías, no existe en
la cotidianidad. Le niega al hombre el placer, aunque le ha
concedido
la libertad formal frente a las leyes, las cuales garantizan
el proceso de desarrollo económico.
En
la dinámica actual del capitalismo, la experiencia
vital de la humanidad es compartida por todo el mundo en una
cultura globalizada, en la cual interaccionan las vivencias
surgidas en el tiempo y en el espacio, en un escenario azaroso
y aventurero. Su esencia atraviesa los entornos nacionales,
la etnia, el pensamiento y las prácticas sociales.
El
individualismo y la soledad, ocupan el centro de la gente,
quién actúa descontextualizada de los grupos
sociales en una creencia de ser único, gracias a una
amnesia histórica inculcada por los medios de comunicación,
el aparato educativo y el inmediatismo. No existe el pasado
ni el futuro, todo acontece en un mundo azaroso dominado por
un nihilismo galopante, que puso a los dioses en el destierro
para dejar al hombre con la nostalgia de un Edén perdido
y la esperanza en el limbo.
No
tienen credibilidad el Estado, las instituciones y los partidos
políticos, las religiones y la palabra. Las ideologías
míticas fueron remplazadas por la sociedad de consumo,
en un afán por coleccionar objetos sin función
práctica para la vida. Todo es incierto, la cotidianidad
transcurre entre el
miedo y la violencia, los afectos están avalados por
la pornografía y los derechos fundamentales son letra
muerta.
Conclusiones
La
cultura nuestra ha sido construida respondiendo a los intereses
de un orden establecido, que ha incorporado a su pensamiento
estructuras de sujeción y control, con los cuales ejerce
dominio. Desde la génesis humana hasta hoy, cuando
alguien pudo asumir el papel de facilitador del intercambio,
la historia no ha mostrado otro camino que no sea el de afirmar
los elementos ideológicos que consolidan el poder y
las elites.
La
modernidad consolidó la ideología del amo y
el esclavo, como la herramienta vital de su ética,
y el mito del progreso lleva inmersa su mentalidad, que le
dirige y gobierna su vida al hombre, condenándole a
obedecer sus designios como trabajador y consumidor. La sociedad
de consumo le impone devorar mercancías, para "su
satisfacción" en una competencia desaforada,
que no tiene fin. Al otro día de comprada una mercancía,
ya es obsoleta. La obsolescencia se convirtió en el
alma de la cultura moderna: en lo religioso nuevos dioses
reemplazan a los viejos, en lo espiritual éstos se
confunden y en los afectos el interés los alimenta.
Como lo expresa Marx en el Manifiesto Comunista, la
cultura burguesa es tan sólida que se desvanece en
el aire.