|
Diálogo, metáfora
de la vida
Resumen Los pensadores que reivindican el ‘giro lingüístico’, en contraposición al pensamiento metafísico, explicitan la diversidad de léxicos y de mundos. Además, enfatizan el hecho de que el lenguaje no es neutral. El diálogo es el camino de la construcción interhumana, de la humanización. Es un decir: ‘decirse y dejarse decir’. Al asumir la vida, las relaciones, y la educación, como diálogo estamos generando actitudes, conductas y mentalidades democráticas. La democracia no se enseña. Se vive. Se gesta. Palabras claves: Lenguaje, diálogo, metáfora, educación, democracia, humanización. Abstract The thinkers that vindicate the ‘linguistic turn’, in contraposition of the metaphysic thinking, make explicit the diversity of lexics and of personal worlds. Besides, they stress the fact that language is not neutral. Dialog is the way to interhuman construction, and of humanization. Dialog is a saying: ‘to say and to let it say’. On taking up life, relationships and education as a dialog, we are generating attitudes, behaviors and democratic mentalities. Democracy is not taught. It is lived. It is generated. It is a gestation. Key words: Language, dialog, metaphor, education, democracy, humanization Introducción 1. Giro Lingüístico El diálogo es la experiencia de encuentro, descubrimiento, y... construcción - deconstrucción - reconstrucción, de los sentidos y significados de vida y de mundo de cada quien. Diálogo es también explicitar y reconocer los pensamientos contrarios y las contradicciones. La tragedia griega ilustra sabiamente que los antagonismos y las paradojas constituyen el mundo de lo humano; que son inevitables y dinamizadoras del crecimiento personal y social. El diálogo es versión de la polisemia de pensares y sentires que nos habitan. El dia-logos es pues también, dia-ludens. Somos al mismo tiempo dialógicos y dialúdicos. Ello significa camino y caminar; por el sendero de la razón y el pensamiento y simultáneamente por el sentimiento, la emoción y la intuición. Los avances científicos en el estudio del cerebro confirman el funcionamiento diferenciado y, a la vez simultáneo, de los hemisferios cerebrales. Es indispensable que el ejercicio educativo-dialógico sea democrático.
El diálogo es la democracia puesta en escena existencial. Equidad
caminando, fluyendo...generando solidaridad, comprensión, convivencia
comprometida. La educación ha pretendido fundamentarse en la dimensión lógica, descuidando las emociones, la fantasía, la sensibilidad que son fuente genuina de creatividad y sabiduría. A la educación le toca un trabajo fundamental para avivar la sed de poesía, sueño e infinito, constitutiva de lo humano. El aminoramiento de la sensibilidad ha producido un recorte del significado de ser humano. Ello, quizás pueda explicarse al considerar los procesos históricos de las ideas: la ciencia contemporánea nacida en el siglo XVII surge como un logro de la razón frente al pensamiento metafísico y teológico. Luego, los intereses económicos de la sociedad industrial y el desarrollo del capitalismo han propiciado el extraordinario desarrollo científico-tecnológico y técnico de la segunda mitad del siglo XX, sin que ello represente necesariamente la cualificación fundamental de la vida humana. La razón instrumental proporciona avances, material, pero no sentido de vivir. Además, de dichos avances están excluidos, de manera creciente, considerables grupos de población en todo el mundo. Ojalá que en este despuntar del siglo XXI, se reivindique en la educación el sentido humano de la vida personal y social, acogiendo todo cuanto la literatura, la poesía y el arte en general pueden aportar. Representa un gran avance reconocer que “una teoría científica es básicamente una metáfora”(2). El lenguaje es componente privilegiado de la cultura. La cultura la gestan los grupos humanos en su cotidianidad. Los seres humanos son tales en cuanto son seres de lenguaje. El lenguaje ofrece oportunidades de renovación y transformación, como se reconoce en el psicoanálisis y como se ha planteado en el giro lingüístico. 1. Giro lingüístico El lenguaje no es neutral. El lenguaje genera la vida, abre mundo y abre ‘el mundo’. El lenguaje da existencia a las personas y a las cosas. Hasta donde llega el lenguaje, llega el mundo de cada quien. La diferencia de léxicos evidencia la diversidad de mundos: aquí radica la pluralidad. Cada ser es un mundo. Por eso mundo o verdad o realidad, planteadas como algo completo o total, no existen. El léxico y los hábitos lingüísticos comprometidos con la metafísica, inducen a pensar que hay un orden del mundo, una verdad. No debe extrañarnos así que los protagonistas de las instituciones socio-políticas construídas alrededor de un centro, desde la monarquía dinástica hasta la primogenitura, pasando por el caudillismo y la educación confesional, no crean representar una verdad, sino la verdad, y menos aún que los individuos construidos a través de dichas instituciones no crean tener su verdad, sino la verdad.(3) Gadamer en su texto ¿Hasta qué punto el lenguaje preforma el pensamiento? se refiere al hablar. En él se pregunta si nuestro pensamiento y visión del mundo queda determinado por el lenguaje, que mediante el proceso de socialización recibimos desde cuando nacemos, o si por el contrario, con nuestra razón, nuestra capacidad crítica, y nuestra palabra... podemos fermentar y potenciar procesos de cambio y transformación. Su respuesta es contundente: nuestra experiencia del mundo no es un libreto a presentar como lo hace el actor. Es un mundo a nombrar, a ‘apalabrar’, a ser hablado, y en esta perspectiva, a reconstruir y transformar: La base de la universalidad del acceso lingüístico al mundo es que nuestro conocimiento de él (...) no se nos ofrece como un texto interminable que aprendemos a recitar penosa y fragmentariamente. (...) Recitar es lo contrario de hablar. El que recita sabe lo que viene y no se concede la ventaja de la ocurrencia(...) El hablar implica afrontar el riesgo de poner algo y atenerse a sus implicaciones. (...)-(Tal como sucede en la experiencia psicoanalítica). (El lenguaje) no es un inventario contingente de palabras y frases, de conceptos, opiniones y modos de ver. El lenguaje es en realidad la única palabra cuya virtualidad nos abre la posibilidad incesante de seguir hablando y conversando y la libertad de decirse y dejarse decir(...). El lenguaje es la fuerza generativa y creadora capaz de fluidificar una y otra vez(...), las convencionalidades y el lastre de los esquemas previos que nos aplastan.(4) - negrillas agregadas- La llamada realidad no es tal. Es una construcción de sentidos mediados por el lenguaje, por las palabras; con la maravillosa equivocidad que la polisemia de cada una de ellas connota. El diálogo es la puesta en común, la traducción compartida de los mundos de cada quien, a partir de los cuales se definen acuerdos que serán siempre provisorios, tentativos, opciones a reconsiderar y a engalanar con nuevas miradas y sentidos. No parece posible una mirada total, global, que lo viera todo(...) No puede haber un solo mundo sino tantos como sujetos-individuales o colectivos-miren y hablen.(5) El lenguaje de la ciencia, regido por la racionalidad apodíctica, plantea el conocimiento y la verdad como algo monolítico y total, desconociendo que es a través de las verdades de cada uno de los sujetos, sus pasiones e intere-ses, como se construye la vida de cada quien, la vida colectiva y la ciencia misma. Las posibilidades de dar cuenta de los matices y las diferencias, de los seres y las circunstancias de su vida, se aumentan con la utilización de los recursos del lenguaje poético y literario: la metáfora, el retruécano, la ironía, la paradoja y todas las demás. No existe una realidad -ni una verdad-, pero sí múltiples realidades particulares, múltiples experiencias, de cuya puesta en común surge ese género de acuerdos que denominamos ‘verdades.’(...) Realidad objetiva no es sino un lugar común, un acuerdo intersubjetivo resultante del pacto entre las realidades subjetivas particulares (...) Nuestro conocimiento de esas realidades externas y de nuestras realidades internas es siempre un tropismo, un salto de sentido, una genuina e inevitable traducción.(6) Se impone una cuidadosa revisión del lenguaje que cotidianamente usamos. Las palabras dan vida y también muerte. No será por accidente que las mentalidades totalitarias buscan silenciar las voces disidentes. En el trabajo psicoanalítico la persona rehace su vida, su historia, por la mediación de la palabra. El poeta cubano Alberto Rodríguez Tosca embellece con el poema que lleva su nombre, Las palabras:
Todo nombre encierra un límite, como todo límite encierra una esperanza-(7). Es imprescindible hacer ‘aduana’ al lenguaje. La transformación de los léxicos conlleva la transformación del mundo interno de las personas. Los baches del lenguaje como los lapsus, delatan las ‘grietas’ o inconsistencias del sujeto. Su emergencia es a la vez, su oportunidad. Esta es la comprobación cotidiana del quehacer psicoanalítico. El diálogo como metáfora de la vida indica el indispensable fluir a que estamos convocados los humanos. La vida concebida como torrente de energía en evolución, nos ilustra las polaridades: así como la electricidad, los humanos, la vida, la historia... somos positivo y negativo, polos contrarios e indispensables. O como el archipiélago: conjunto de islas unidas por aquello que las separa. El lenguaje obtiene su manifestación humana plena en el diálogo. 2. Diálogo El comprender las circunstancias y las estructuras de nuestro mundo, el comprendernos unos a otros en este mundo, presupone tanto la crítica e impugnación de lo anquilosado o lo enajenado, como el reconocimiento o la defensa del orden establecido.(8) Quiero entender “orden establecido” como las reglas, normas o contratos, acordados previa y libremente, que rigen las relaciones entre las personas. Lenguaje - diálogo: compartir-vivir. En su texto Hombre y lenguaje Gadamer caracteriza el lenguaje como constitutivo de lo humano, del entorno de la convivencia y revelador de la cultura de las naciones: Podemos conocer en el espejo del lenguaje las cosmovisiones de los pueblos e incluso la estructura completa de su cultura.(...) El lenguaje es el verdadero centro del ser humano si se contempla en el ámbito que sólo él llena: el ámbito de la convivencia humana, el ámbito del entendimiento, del consenso siempre mayor, que es tan imprescindible para la vida humana como el aire que respiramos(9). Adviértase la potencia de las metáforas usadas: el espejo del lenguaje y la convivencia y el acuerdo humano, producto del lenguaje, como el aire que respiramos. Aprender a hablar es acoger el mundo que sale a recibirnos: Crecemos, vamos conociendo el mundo, vamos conociendo a las personas y en definitiva a nosotros mismos a medida que aprendemos a hablar. Aprender a hablar(...) significa la adquisición de la familiaridad y conocimiento del mundo mismo tal como nos sale al encuentro(10). La actitud dialógica es la disposición anímica, emocional y corporal, de sentirse caminante con otros compañeros, en el quehacer de descubrir las afinidades, las diferencias y la diversidad del mundo humano. La constatación de que son tantos mundos como sujetos, manifestándose en la variada gama de momentos y situaciones. El pensar metafísico plantea un centro como eje único y como totalidad, a través del cual gira todo lo demás: el dios, la verdad, el mundo, el sujeto... El pensamiento metafísico ha conllevado al divorcio entre ciencias y humanidades, entre filosofía y literatura, entre la razón y la sensibilidad. Este divorcio se manifiesta como una crisis cultural que ha producido un desarrollo científico técnico y simultáneamente una gigantesca infelicidad humana. La superación de dicha crisis conlleva un cambio de referentes de vida, que pueden revelarse como una nueva manera de: Percibir (percibirse) - sentir (sentirse) - pensar (pensarse) - relacionarse - educar (educarse) - comprometerse - ser. Diferenciemos diálogo y conversación. El diálogo se caracteriza:
La productividad es la realización de las potencialidades del hombre que le son características; el uso de sus poderes(...) La capacidad de hacer uso productivo de sus poderes es la potencia del hombre. La incapacidad es su impotencia. Cuando carece de potencia, la forma de relación del hombre con el mundo se pervierte, convirtiéndose en un deseo de dominar, de ejercer poder sobre otros como si fueran cosas(...). El dominio nace de la impotencia y a su vez la acrecienta, pues si un individuo puede forzar a otro a que le sirva, su propia necesidad de ser productivo se va paralizando gradualmente(...) El dominio está ligado a la muerte, la potencia a la vida. La orientación productiva de la personalidad se refiere a una actitud fundamental, a un modo de relacionarse en todos los campos de la experiencia humana. Incluye las respuestas mentales ,emocionales y sensoriales hacia otros, hacia uno mismo, y hacia las cosas. Productividad es la capacidad del hombre para emplear sus fuerzas y realizar sus potencialidades congénitas (11).(negrilla agregada). La conversación tiene una característica monologal donde prioritariamente se habla y se contesta a alguien, sin que la finalidad explícita sea establecer puntos de acuerdo o desacuerdo. visualmenta las temáticas no son planeadas, aunque puedan programarse los encuentros sobre todo si existen vínculos como en el caso de los hinchas de un equipo que establecen relaciones de amistad; o las visitas sociales. El encuentro conversacional se produce muchas veces de manera espontánea y circunstancial. Es característico de la conversación ser pasatiempo sin una finalidad a concertar. Puede conducir a diálogo o no. La conversación favorece las relaciones de amistad y ésta puede facilitar y favorecer el diálogo, como es el caso de las parejas donde la amistad favorece el encuentro dialogal. La actitud dialógica hace a un lado los velos y tapujos. Así entonces, puede verse el humano sin máscaras. El poeta transmuta estas ideas en bellas y elocuentes imágenes:
La vida y la experiencia humana está sostenida por una fuerza fundamental de doble polaridad: AMOR-ODIO. Polos que se atraen y se repelen a la vez, y que por ello mismo generan la paradójica vitalidad: la entrega, el compromiso, el riesgo, la alegría, el sufrimiento, el dolor... que en ocasiones toma visos de heroísmo y otras de crueldad inconcebible. Aunque no lo sepamos, aún más, aunque pretendamos desconocerlo, el amor-odio nos constituye. La vida humana es , en esta perspectiva, el trabajo por conseguir que la fuerza resultante, es decir la conducta concreta, se oriente productivamente: sentido de vivir y actuar que conlleve el despliegue, generación y crecimiento del potencial humano, en los órdenes material y espiritual, y a nivel particular y colectivo. El diálogo como experiencia de encuentro consigo mismo y con los otros de la relación, es camino e instrumento para la construcción de democracia. 3. Democracia La vida humana es construcción conjunta. Los seres humanos somos espejos recíprocos: me miro en el otro y el otro se mira en mí. Los conflictos de la relación interhumana explicitan y ponen a prueba, a cada instante nuestras fortalezas y debilidades. Por ello, la diversidad de cosmovisiones humanas, así como la multiculturalidad son una gran riqueza. La democracia como un valor que se construye, a través del cual somos validados como seres humanos, da sentido a la vida. Es el descubrimiento de sí mismo, del otro, y del carácter de la relación, a través de los hallazgos y extravíos en un caminar incierto. La concepción democrática es generadora de sinergia. Parte del reconocimiento y la aceptación del derecho del otro a la expresión de su cosmovisión y sus ideas. Las actitudes y procederes democráticos tienen en cuenta el pensamiento y el sentir de los otros implicados. La aceptación del otro, aunque diferente a mí, evidencia la propia aceptación. En este sentido, la democracia promueve y favorece la humanización. Por humanización entiendo el proceso de construcción de
cada persona mediante el cual su potencial de capacidades y habilidades
se despliega, en forma tal que su vivencia de logro, autocomprensión
y bienestar le permiten, el sentimiento de alegría y a la vez
de reto, en la configuración de la red de significados y sentidos
de su propia vida. La humanización se da, paradójicamente,
en virtud de los encuentros-desencuentros con los otros humanos que se
producen en el acontecer de la vida social, contextualizada espacial
y temporalmente. Quizás hay algo equivocado en la manera de pensar y hacer las cosas, por parte de los hombres contemporáneos: sentirse triunfante cuando el “otro” de la relación se lo considera derrotado. Esta constituye una forma habitual en las relaciones entre personas, grupos e instituciones, incluidos los gobernantes y dirigentes. El otro, necesariamente diferente en cuanto es singular, es percibido como enemigo. La singularidad radica en que cada quien, producto de su historia personal, familiar y cultural, posee una forma de sentir, pensar o actuar que es ‘la suya’ y que probablemente confronta los presupuestos de otras personas de la relación en un área determinada. Es el afán de ganar, de vencer, de someter al otro, o aniquilarlo. Es la lógica de la guerra, que ha llegado a reemplazar la lógica del encuentro, de la construcción colectiva compartida, del diálogo entendido como puesta en común de cosmovisiones para promover sinergia. Es la lógica monoteísta que proclama el Dios uno y verdadero. Lógica a la vez maniquea en cuanto el otro es quien yerra y mi pensamiento es el verdadero. Se absolutiza la verdad. Se niega la pluralidad de pensamientos y concepciones y por ende la diversidad y la multiculturalidad. ¿Podrá concebirse irrespeto mayor que sentirse poseedor de la verdad? En esta actitud está incubado el dogmatismo. Así es como proceden los regímenes y organizaciones políticas, religiosas y filosóficas, cuyas concepciones se consideran acabadas, completas, totales: los equivalentes del pensamiento metafísico. La metafísica-concepción del mundo que gravita alrededor de un centro(...). A los metaconceptos y a los hábitos intelectuales propios de la metafísica sería menester adicionar las actitudes que configuran la mentalidad metafísica tales como el individualismo, el autoritarismo, el maniqueísmo, el fariseísmo y el mesianismo, tendientes ellos a articular la experiencia en torno a un centro.(13) Son quizás, estas concepciones de verdad total manifestada a través de ideologías, doctrinas y sistemas de pensamiento, las que explican la gran paradoja del mundo que vivimos: por un lado los extraordinarios avances en lo científico- técnico y simultáneamente el empobrecimiento del sentido de la vida, que se evidencia con las guerras, la insolidaridad y los crecientes desequilibrios en las condiciones de vida de muy numerosos grupos de población de muchos países. Todo ello, agudizado por la globalización. Las relaciones cotidianas están imbuídas de la lógica de la guerra, lógica que acompaña los sectarismos y fanatismos. Los dogmatismos en las diferentes áreas política, religiosa o económica, son expresiones de la no democracia. Las concepciones metafísicas plantean “Verdad” con mayúscula. Como si la verdad fuese UNA. Esta consideración es rezago de la influencia judeo- cristiana que planteó “ un solo Dios” en oposición a la variedad de “dioses” y por ende de verdades existentes en la cultura griega. El pensamiento pos metafísico abandona la verdad como totalidad para reconocer las verdades parciales, inacabadas y siempre en construcción. El mundo contemporáneo parece desmentir la caracterización que hizo Aristóteles del hombre como ser político, ser racional y ser ético. Estos caracteres apuntan a la dimensión que constituye precisamente lo humano. En lo político el hombre es ser social, ser de comunidad, que construye con los otros. La cualidad racional lo lleva a un decir argumentado. Y también, a escuchar los argumentos del otro. Su condición de ético refiere la finalidad de su hacer y su decir, en concordancia con los principios que guían su vida y le dan sentido. Estos atributos le marcan su singularidad como individuo perteneciente a la especie humana. A la vez, le permiten reconocer y aceptar válidamente que son también atributos constitutivos de sus congéneres. Dos grandes desfases correlativos encontramos en el mundo que nos toca: un desarrollo científico técnico que ha superado en menos de diez décadas los logros obtenidos por la humanidad en toda su historia. Avances científicos que en ocasiones escapan al control humano, y que también pueden ser utilizados con fines destructivos como lo evidencian los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York y Washington. Un vaciamiento del sentido de la vida. Es la misma paradoja de quien en afán de acumular entrega a jirones su salud y bienestar. Los hombres, los gobernantes, corren enloquecidos tras el señuelo del castillo de papel: el poder. El poder económico y político a nivel mundial, sometiendo, controlando, expoliando a naciones enteras y de manera creciente como lo ilustra la pauperización que genera la globalización. Al mismo tiempo afectando la vida y poniendo en riesgo la conservación de ella por la destrucción de sus mismas fuentes: aire, bosques, ríos, mares. El desarrollo de las ciencias evidencia también el desfase: los
conocimientos y las aplicaciones en ciencias sociales y humanas son casi
insignificantes comparados con los grandes logros técnicos y tecnológicos
de las ciencias físico-naturales. Ello a pesar de los extraordinarios
aportes de la lingüística, la semiótica y del psicoanálisis
en sus diferentes vertientes (freudiana, junguiana, lacaniana con las
variantes en cada una). Colombia vive también una crisis de democracia, de humanidad. Con las particularidades que marcan sus procesos histórico-culturales. En Colombia la politiquería y la corrupción se engulleron las instituciones y las alternativas democráticas de ellas. Esto vivido durante décadas ha conducido a la crisis de legitimidad del Estado, manifestada en el desconocimiento y abandono de instituciones como la justicia, y el fortalecimiento de organizaciones que con las armas desafían la institucionalidad estatal. Las guerras - las grandes entre naciones - y las pequeñas - que se libran en la cotidianidad de los grupos humanos - en familias e instituciones, ponen de presente la necesidad que tiene el hombre de interrogarse sobre el sentido de su vida y de su hacer. El afán de poder, de dominar y someter a otros quizás tenga sus raíces en el siquismo: es sabido que las formas autoritarias e impositivas remiten a caracteres inseguros. Las corazas de fortaleza y de grandeza son signos de lo contrario. A nivel macro social cabría preguntarse: ¿qué pasa en la mente y en la sensibilidad de los hombres del común y también de los dirigentes y gobernantes que hacen monstruosidades como las guerras? Las grandes y las pequeñas, ya que en todas se procede con la lógica del exterminio del “contrario.” La lógica guerrera no se satisface plenamente con la rendición. El triunfo completo es la eliminación o el sometimiento total. Para que la educación genere participación genuina, solidaridad y convivencia, es preciso asumirla como un diálogo. Diálogo que compromete a las personas en sus saberes y su pensamiento, y en sus sentires y su sensibilidad. 4. Educación Educación y universidad Uno de los cambios significativos que se precisa en las universidades estatales es el de repensar y quizás rehacer las formas de interacción y comunicación dadas en la cotidianidad, con miras a la construcción de una cultura de la democracia. Así se favorece la identidad, el sentido de pertenencia, el compromiso ciudadano y la participación frente a las problemáticas de la educación, la vida universitaria y la vida comunitaria y social. La universidad podrá ser escuela de convivencia y solidaridad en medio del respeto a la pluralidad y las diferencias. La universidad está llamada por su esencia a ser cantera de ciudadanos que saben de su poder, lo recrean y vigilan para que no degenere ni tolere, formas de autoritarismo y opresión. El contexto universitario puede ser, y ésta es también su vocación, escuela de democracia. La universidad es ante todo, un espacio y una cultura propicios para la búsqueda incesante, para la imaginación creadora, para la utopía de una convivencia pacífica y de una mejor calidad de vida para todos, y no un terreno de certezas y de circulación de la cultura fosilizada.(14) La educación tiene como una de sus tareas fundamentales la formación de hombres y mujeres con sentido de identidad y pertenencia a su nación, en quienes prime el sentido de responsabilidad consigo mismos, con los congéneres y con su sociedad. La educación en sus diferentes niveles está llamada a generar actitudes y conductas democráticas. Ello a través de formas equitativas para el ejercicio de los derechos de cada quien; estrategias para el ejercicio del poder y la autoridad que promuevan y afiancen la solidaridad y la participación en igualdad de oportunidades. La democracia no es solamente una concepción organizativa y administrativa del Estado. La democracia se vive y se gesta en las actitudes y conductas de las personas, a través de las relaciones familiares, escolares e institucionales de diferentes tipos. Las formas democráticas o no democráticas que llegan a hacer parte de los patrones de conducta se insertan en la cultura de las personas y de los grupos e instituciones. La cultura entendida como los marcos de referencia conceptuales y vivenciales, explícitos o implícitos, conscientes o inconscientes, que sirven de soporte a los imaginarios, las valoraciones, decisiones y actuaciones de las personas y de las entidades de todo orden que las personas orientan y dirigen. En la perspectiva del ser humano como individuo, resultado y síntesis cambiante de las interacciones con los otros humanos y con el entorno, la democracia es una asunción de la pluralidad de pensamientos y convicciones, dígase verdades, que posee cada ser humano en sí mismo. Ello implica, aceptarse como un ser en proceso y en transformación; flexible, no estático, no rígido. Alguien que es y no es, un ser en construcción, siempre inacabado. Portador de energía e información y en permanente contacto con el entorno. La construcción de la democracia pide pasar a la lógica del compartir, de la consideración de la vida de relación no como una guerra, sino como una orquesta, una danza, una fiesta. La vida es una fiesta. No una guerra. La tarea de los seres humanos es contribuir con la música propia a la maravillosa sinfonía de la vida, que es la conjunción y sinergia de voces e instrumentos con ritmos y tonos particulares que cambian segundo a segundo. Si la vida es una danza podemos armonizar los ritmos y movimientos con el fluir de la vida que late en nuestro interior. Así comprobamos que la energía se expande y que la alegría de la música nos inunda y vitaliza. Hacia una universidad democrática Los colombianos no hemos bebido en nuestra historia social la democracia y quizás por ello, las instituciones están concebidas en el polo de la verticalidad, del poder centralizado, de unos que supuestamente saben, piensan, dirigen y ordenan y otros que obedecen. De este modo, se presenta una subestimación de las capacidades y posibilidades de los dirigidos. Son los estilos autocráticos que en sus manifestaciones extremas generan totalitarismos. En Colombia ha estado y está en crisis el sentido de la democracia y de la vivencia de lo público, de la ciudadanía y de la identidad como nación. En el proyecto de construcción de universidad, está implicada también la construcción de la democracia y de la nación. Democracia como ejercicio compartido del poder y la autoridad. Poder con los demás, no sobre los demás. La educación, sus aciertos o falencias, no es la responsable única o completa de los males que afectan a Colombia. No obstante debemos reconocer a la educación y al sistema educativo como una variable interviniente necesaria en los procesos socio-culturales y político –económicos, y en gran medida determinante de los resultados de dichos procesos. Importante aclarar que en la educación está comprometido el Estado, la familia, los medios de comunicación y los entornos sociales de los barrios, las comunidades y las urbanizaciones. Aunque sea doloroso, es sano reconocer que la educación impartida y la formación y valores asimilados, requieren ser replanteados y redireccionados, con miras a lograr ciudadanos, con sentido de lo público, guiados por la cultura de la democracia que es necesariamente cultura del compartir y de la solidaridad. La democracia es ante todo un ethos, un modo de ser en construcción, con base en vivencias valorativas. No se puede pensar en ser demócrata cuando no se ha experimentado el valor de la solidaridad, del altruismo, de la responsabilidad social, del espíritu cívico, del respeto por los bienes comunes y ante todo, del respeto por la persona humana.(15) Las actitudes y valores se construyen a partir de la vida. Si se plantea la construcción de la democracia como un hecho cultural, al interior de las universidades es ineludible generar contextos de relación democráticos, que conlleven a la vivencia de la democracia, el reconocimiento de la propia sensibilidad y de la sensibilidad del otro. Es decir, ser capaz de identificar y relacionar los sentimientos de bienestar o de frustración cuando se identifican conductas y decisiones que bien pueden ser equitativas y ecuánimes o arbitrarias e injustas, tanto para sí mismo como para el otro. La puesta en juego de la sensibilidad es un antídoto frente a las formas antidemocráticas. Por ello la rabia y la indignación juegan un importante papel en la capacidad de riesgo y compromiso cuando de combatir la injusticia se trata. Las actitudes y conductas no democráticas que desconocen e irrespetan al otro, son también formas de insania: revelan inseguridad a nivel profundo. De ahí la necesidad de los controles excesivos, de acaparamiento v.gr. de la información, o el miedo a la diversidad de pensares, a la pluralidad, a las opiniones contrarias, a las diferencias. La democracia precisa humildad. El no demócrata, el autoritario necesita sentirse todopoderoso, ser el más reconocido, quien mas elogios recibe. El psicoanálisis habla de narcisismo secundario. Es también, la manifestación de un carácter heterónomo, en cuanto necesita la aprobación exterior. 5. Conclusiones La asunción del diálogo como actitud fundante, para la vida que se construye de manera compartida, es referente e instrumento para la superación de la crisis de humanidad del mundo contemporáneo, de Colombia, y de la universidad. El compromiso fundamental de los humanos es humanizarnos. En esta tarea, es indispensable el replanteamiento crítico de la vida de relación como una construcción conjunta. La humanización requiere la disponibilidad para el encuentro con el otro: experiencia de compartir los mundos internos y externos de cada quien, diálogo que pone en común las cosmovisiones, con-flictos, rupturas, construcciones y deconstrucciones... el inevitable camino de hacer humana la vida, personal y social. La comprensión y reconocimiento de la democracia como una verdad y un valor éticos en construcción, favorece la aceptación de la diversidad, la multiculturalidad, la complejidad, y la transdisciplinariedad. El pensamiento metafísico que conlleva concepciones y verdades acabadas o totales, acompaña actitudes y conductas no democráticas. Podemos caracterizar al hombre diciendo que el
hombre es un ser de lenguaje, de palabra. Que el lenguaje lo inserta
en la cultura. Que a través
de la palabra, del diálogo... consigue acuerdos-desacuerdos, negociación-ruptura,
habla- escucha, responde, interroga, protesta, hace tejido social o lo
destruye. Imprescindible el ejercicio de soñar una Colombia para todos, donde la vida y la alegría como expresión de la justicia, sean un ingrediente cotidiano. En momentos de tanta confusión e incertidumbre la poesía puede alimentar la esperanza. En días aciagos de su vida y de su patria, cantaba Pablo Neruda, como quizás convenga ahora a los colombianos hacerlo:
Notas bibliografícas 1. GADAMER, Hans George.Verdad y Método.Vol. II. Salamanca:
Ediciones Sígueme. 5ª.Edición, 2002. Bibliografía FROMM Erich. Ética y Psicoanálisis. México: Fondo
de Cultura Económica. 7ª. reimpresión, 1971. |
|
Derechos Reservados Revista de Ciencias
Humanas - UTP
© UTP Pereira - Colombia Diseño: César Augusto González |