La literatura:
lugar de encuentro del conflicto en la palabra
Julián Osorio Valencia
Profesor catedrático de la Escuela de Filosofía de la Universidad Tecnológica de Pereira. Candidato a Magister en Literatura.

Resumen
El ensayo propone una valoración de la palabra acontecida y de su descarrío desde el habla a-histórica de los universales instituida en discurso colonizador del lenguaje contextual y en imperio de la verdad a-temporal, definitiva, última e inmutable, asumida como la verdad de todos, para forjar una mentalidad maniquea, excluyente y violentadora de aquellas verdades que no se adecúan a su universalismo. Se trata de una aproximación a una exégesis del conflicto en la palabra del poetizar y del filosofar, en busca de encuentro epocal en el tránsito al pensar en sentido propio, a partir del subvertimiento de la hegemonía del pensar en sentido impropio, desde el influjo heterónomo de los universales. La invitación es para avanzar en el camino de una progresiva autodeterminación de la palabra socialista, como poderío creador de mundo.

Palabras claves: Autonomía del pensar, pensar heterónomo, universales, metafísica, palabra socialista.

Abstract
The present essay proposes an assessment of the word in its historical course and its straying from the a-historic speech of the universals, built into a “contextual discourse-colonizing discourse”, in true search of the a-historic, definite, ultimate and immutable truths, assumed as everyone’s truth, to build up a Manichean mentality, excluding and destructible of the other truths, of those which do not fit their universalism. It deals with an approach to an exegesis of the philosopher’s and poet’s word, in search of an epochal encounter, on the way toward the proper thought , departing from the hegemonic subvert of the improper thought, from the heteronymous influx of the universals. The invitation is to advance on the way to a progressive self-determination of the socialist word, as a powerful creator of the world.

Key words: Autonomy of thought, heteronymous thought, universals, metaphysics, socialist word.

La literatura, lugar de encuentro del conflicto en la palabra
¿Qué es eso del conflicto en la palabra?, ¿Cómo se manifiesta el encuentro entre la palabra del poetizar y del filosofar?, ¿Es posible un lugar de encuentro que transforme los términos de esta lucha de principios? La génesis del conflicto en la palabra se gesta desde cuando el simio se yergue y se le amplía su horizonte visual al mismo tiempo que se le achata la cara, para que su mandíbula dejara de ser tan prensil y su boca se llenara de habla. Habla del pasmo, del asombro gestor de un pensamiento brotando, emergiendo, surgiendo de la admiración frente la presencia presente, habla de la inmediatez ante la vida entorno. Así, el verbo del principio, el habla original, fue poiesis, expresión testimonial del éxtasis ante lo rayano en la mundanidad.

Pero, esta habla del pensar inmediato -dinamizadora de la evolución del homo erectus en homo sapiens- se convierte en habla del tiempo (en habla que toma distancia de la expresión inmediata del éxtasis), a partir de la intuición -nos advierte María Zambrano- de que había algo más que lo a simple vista, por lo que el hombre primigenio, al sobreponerse al aturdimiento inicial, tomó distancia de la inmediatez de la poiesis, dispuesto a trasegar el fecundo e incierto sendero de la cavilación, del pensar reflexivo mediatizado por el tiempo, en el curso del camino desbrozado por el habla intuitiva del pensar de lo impensado por el pasmo y la falibilidad epocal.

Este distanciamiento del habla del pasmo es violento porque es ruptura, desgarramiento que se muestra en el desplegarse de la búsqueda de algo desconocido, de otra cosa, de una presencia ausente columbrada, vislumbrada desde los destellos de la intuición y clareada desde el pensar profundo, como presencia ausente evocada, invocada y convocada desde su ocultamiento, como habla del pensar desde sí, que -al decir de Heidegger- cuando es profundo y el poetizar sublime hablan de lo mismo, porque (parafraseando a Heidegger) hablan del acaecimiento propicio de lo que guarda encuentro (el pensarla presencia ausente) con lo que sale a encuentro (la vida entorno-la presencia presente), gestándose así un habla acontecida a la manera de un modo de ser en la estadía mundana, como huella de estar en el mundo siendo, forjada desde el Decir del pensar, desde lo no dicho por la inmediatez de la expresión del habla del pasmo, de su señalar, en fin, fraguada desde lo no apalabrado por el éxtasis.

Nace el habla mediatizada por la reflexión, el habla silenciosa del cavileo, el Decir del pensar en sentido propio, la palabra que Dice lo no dicho por el asombro frente a la inmediatez del mundo entorno; surge el habla del pensar profundo y con ella el Decir de un habla convocada desde la reflexión como palabra propia del filosofar, diferente del decir de la extrañeza ante la presencia presente que evolucionó, de una parte, en esteticidad del poetizar, en habla que se maravilla y maravilla pero no profundiza, y de otra, en “palabra de Dios”, en aquella verdad invariante acuñada por la filosofía clásica griega, cuyos presupuestos universales -al no ser objeto de reflexión porque la reflexión es histórica y cuestionadora- en lugar de emplazar la reunión del filosofar con el poetizar, situaron un distanciamiento excesivo entre estas hablas.
Tal disyunción llevó a la aurora del pensar a transitar un sentido escindido de la unidad poetizar-filosofar, posibilitando (como farsa) el equívoco conflicto de principios entre dos pensares nacidos de la admiración, haciendo proclive el arte al degenere del esteticismo y trastrocando la filosofía por la engañifa metafísica, conminando al hombre a negarse apostatando de la autenticidad que dimana del pensar desde sí mismo, autónomamente, de una manera conciente e intencional, con pensamientos propios, con los pensamientos obrados con la otredad, desde el habla plural, desde la diversidad de hablas del habla socialista, llevándolo a depender de modelos a imitar estanciados por fuera de su ser.

Desde este descarrío del pensar, la obra del apalabramiento del encuentro con el mundo entorno y de la subsiguiente toma de distancia de la pulsión instintiva, se vio iluminada por un faro que se creyó sol: el faro del pensar metafísico; tenue luz encubridora del habla silenciosa del pensar profundo, ocultadora de las posibilidades del habla plural (de la que se nutre el habla del pensar lo impensado, en sentido propio), imposibilitando, desde sus tinieblas, el suceso de asumir cada vez mayores y cualificados niveles de autodeterminación en relación con el aturdimiento provocado, tanto por la presencia presente de lo que sale a encuentro (el entorno), como por la instintiva pulsión animal y, arteramente, por el pavoroso más allá apalabrado por el híbrido judeocristiano.

Los términos del conflicto originario se sitúan en la escisión y prevalencia de la palabra de un considerar apabullado por el encuentro inmediato con la presencia presente, respecto del habla de un cavilar que se sobrepone al azoramiento y se perfila como autonomía de un pensar, gestado por la evocación, invocación y convocación de la presencia ausente del habla silenciosa de la reflexión, mediatizada a través del tiempo conjetural; con lo que la unidad del pensar originario (al escindirse por la imposición unilateral del habla de lo presente), se trastroca, sustituyendo la verdad de lo desencubierto y mostrado por el habla silenciosa del pensar, por el sucedáneo de la verdad del pensar que representa o se adecúa al objeto, ocultando y dejando en el olvido la verdad múltiple del cavileo y la conjetura, el Decir heterodoxo de la presencia ausente, las verdades del plurilingüismo, del habla socialista.

Consumado el desvío del camino de la autonomía del pensar, el fraudulento pensar metafísico se enmascara en el tiempo tomando disímiles atajos universalistas que van desde el mundo de las ideas y de las esencias, pasando por Dios, las ideas innatas y las formas a priori puras del entendimiento, hasta llegar, en la modernidad, al omnisciente y omnipotente discurso del método científico, excluyente, como toda disertación metafísica, del habla diversa de los lenguajes del filosofar y del arte, negando la posibilidad del acaecimiento propicio del pensar autónomo con la mundanidad contextual de la vida entorno.

No se sabe cómo, interroga María Zambrano, en el umbral del conflicto entre el habla inmediata y la mediata, el pensar se extravía por el escabroso abismo de la impostura de un centro de poder iluminador del pensar. Se instaura el pensar genérico de los universales y con ellos la verdad ideal, única, eterna, invariante, sometedora del poetizar y del filosofar originario, desde la imposición de un habla última, acabada, excluyente de las demás hablas porque se estatizó como modelo ideal a imitar para apalabrar el mundo, prorrumpiendo así el habla totalitaria, sistémica, unilateral, axiomática, la verdad única, la palabra del pensar metafísico.

La noticia que se tiene de esta impostura, nos informa Zambrano, data de Platón quien al descalificar el habla poética como habla de las apariencias (para entronizar el heterónomo mundo de las ideas de donde “devienen” las ideas a imitar), soslayó el desgarramiento mediático del habla inmediata del habla poética, encubriendo las posibilidades de pensar la intuición de la presencia ausente, percibida por el hombre desde sus propios presupuestos de habla, sometidos después por el sucedáneo de los postulados universales de la metafísica, ajenos al hombre contingente.

A partir del desvió espurio desde el infundio despótico de la verdad como adecuación al objeto (sometedor de la verdad como desencubrimiento de la presencia ausente, como mostración o develación del pensar lo ente del ente), se determina un habla como toma de poder del mundo, propia de una concepción de mundo como mundo dado, excluyente de los discursos que asumen el mundo como mundo construido, como mundo apalabrado desde la diversidad de usos lexicales, desde el lenguaje plural, desde la palabra socialista, imponiéndose así una mentalidad monoteísta, autoritaria, sectaria, fanática y violentadora, dueña de la verdad única, última y acabada, generadora de todas las violencias (religiosas y políticas) por su intolerancia frente a lo que no se adecúa a su universalismo.

Se llega así al destierro del habla poética y a la condenación al ostracismo de la diversidad de expresiones propias del filosofar presocrático. A la poesía se “la puso al margen de la ley”(1) , obligándola a llevar desde entonces (en la mentalidad occidental) una existencia “arisca y desgarrada, que la lleva a decir, a voz en grito, todas las verdades inconvenientes; terriblemente indiscreta y en rebeldía”(2). Y al filosofar presocrático, se lo somete, hasta el extremo del ejercicio de delictivos actos de barbarie intelectual y de egoísmo a ultranza, por ser un pensar distinto, localizado en el habla dialógica y no “más allá del ser y de la nada”, en los universales, por ser un pensar que por no adecuarse al universalismo, el universalismo le negó, incluso, el testimonio de su existencia como habla vencida, para abarcarlo todo, cabalgando sobre las crestas de las olas de una verdad sometedora de las demás verdades.

“Los filósofos no han gobernado ninguna república” dice Zambrano, pero Platón ha reinado sobre el imperio de una razón colonizadora única del mundo del conocimiento, ha sido el instigador del desvío y con él del encubrimiento del conflicto originario entre el poetizar y el filosofar, desvirtuando el conflicto entre ambos pensares desde la engañifa de una confrontación entre un pensar invariante (asumido como el único modelo a imitar por todos los mortales) y el pensar distinto, diverso, múltiple, poético, jovial, metafórico, intuitivo y profundo, propio del habla socialista.

Ya no es el conflicto de la escisión entre el poetizar y el cavilar heterogéneo desde el desgarramiento del habla inmediata por la mediática, sino la impostura del conflicto del pensar sistémico, excluyente y violentador del filosofar diverso, entre un pensar que tiene como objeto el efecto del poder: el reino de la verdad única, universal, y el pensar que tiene como objeto el efecto creador de la verdad múltiple, plural, socialista.

Es la impostura de un habla absolutamente excluyente y violentadora de todas las conciencias (incluida la del lenguaje), que asume el pensar del hombre fundado en principios universales, a-temporales o a-históricos, definitivos e invariantes, conforme a un logos que presume y establece que en el principio era el verbo de un Ser Supremo situado más allá del ser y de la nada, de su historicidad y contingencia, erigiendo su palabra en palabra creadora y ordenadora que pone en movimiento y legisla, como advierte claramente Zambrano, desde la manera de ser omnisciente de quien lo puede todo hablando sólo consigo mismo, excluyendo y satanizando la condición humana, fungiendo de verbo a imitar por las demás hablas, decidiendo desde el hastío de su soledad el lenguaje de sus criaturas, un habla a su imagen y semejanza.

Lo preocupante es que esta mentalidad terminó por creerse el infundio hasta el olvido de que las ideas invariantes son el norte del descarrío de la voluntad de un poder negador de la libertad de ser, anulador de una autonomía a ser prohijada por el verbo del poetizar y del filosofar (en sentido propio), desde la conversa esclarecedora con los demás, jamás desde lo que no es el sentido de uno, sino el a imitar a-críticamente para mantener esa falta de confianza en el hombre (que caracteriza a Dios), al negarse a darle crédito a su capacidad de autodeterminación histórica. Se llega a la paradoja y se crea un Dios del cual fuesen temerosos sus creadores, hasta el exceso de verse así mismos, no como dioses, sino como aterradas “criaturas”, sin actitud para crear mundo desde su pluralidad verbal, desde su habla contingente, provisional, conjetural, ensayística.

Esta lucha de principios entre el omnipotente y omnisciente pensar metafísico y el filosofar del pensar diverso, entre el Verbo a-histórico (sin contexto) y el habla histórica y contingente, se replantea hoy como un alzarse contra la histórica hegemonía de un pensar desviado, colonizador-sometedor del socialismo de lenguas, de la palabra originaria, de la expresión creadora, del habla colonizadora-exploradora de esas regiones olvidadas del ser.

Esta lucha es un negarse a mantener en el destierro el ser como pensar desde sí mismo, en sentido propio, autónomamente; evocando, invocando, convocando, interpelando el habla intuitiva, conjetural, provisional, ensayística. Es enfrentar el miedo a la libertad propiciado por el pensar heterónomo, para decidirse por el fecundo sendero de la autodeterminación del pensar. El desafío es para retomar el trayecto del camino originario, senda mostradora del ser como pensar desde sí mismo, encubierta por el no ser, un ser en sentido impropio que piensa desde un verbo omnisciente, absoluto, universal, a-histórico, plano, estéril, sometedor, violentador y arruinador del proceso de hominización del homo sapiens.

El conflicto que existe entre la mentalidad metafísica y el poetizar define los términos del conflicto entre la palabra universal y a-histórica, y la palabra plural, contextual e histórica. El acontecer histórico decidirá si este conflicto (que no es el originariamente histórico, sino el ilegítimo y espurio desvío del camino originario, el conflicto negador del ser, del pensar por sí mismo, en sentido propio, ¡como los dioses!, no como Dios), haya sido un conflicto necesario.

Lo claro es que se trata de un conflicto del que hay que dar cuenta histórica disponiendo una contramarcha para reiniciar la senda encubierta de la cualificación de la relación entre el pensar de lo impensado por el pasmo (el filosofar) y el pensar del éxtasis (el poetizar), valorando el principio de la universalidad y el pensar sistémico, tanto en su justo aporte al pensar, como en la dimensión del daño a la autonomía del pensar, desde su posicionamiento como principio sometedor del habla inaugural (propia de la autodeterminación del ser y de la nada), como acontece con la prevalencia de la técnica sobre la ciencia que adolece el hombre contemporáneo, produciendo un discurso científico colonizador de los demás discursos (literario y filosófico).

Urge profundizar el fracaso del éxtasis de la inmediatez en el habla plural, en el filosofar y en su literaturalidad; apremia disponernos a transitar el sendero del desgarramiento en la búsqueda de ese algo intuido originariamente, de la conciencia del lenguaje de la presencia ausente, a ser convocada como habla silenciosa del pensar de lo impensado de las cosas del mundo entorno, que se muestra en aquella identidad del pensar con la cosa, que no es la identidad como representación de la cosa, como adecuación a las cosas, porque no son las cosas mismas sino algo diferente, lo pensado de ellas, lo cavilado del mundo. Es el habla del mundo apalabrado y construido y no, la del mundo dado o creado, donde lo que Digo de él no es lo que se adecúa a sus objetos sino lo que pienso o intuyo de los mismos.

Este pensar reflexivo es el que posibilita hombres posibilitados para pensar en sentido propio, para filosofar autónomamente desde sí, desde sus criterios, desde las posibilidades de sus propios presupuestos culturales, para un diálogo inacabado, siempre en proceso, porque su habla (ésta sí) siempre es provisional, ensayística, conjetural, contingente, temporal; apalabradora de la autenticidad del hombre y del sentido destinal de su ser.

Cuando la palabra Dice tanto de la presencia presente como de su proveniencia del pensar de lo que “regala su presencia y dona su figura”(31), cuando apalabra con expresión sublime, no el trasunto de la cosa, sino lo pensado de la cosa; esta voz se vuelve literatura: lugar de encuentro entre la palabra que poetiza y la que filosofa; emplazamiento de la expresión adecuada, aquella que convoca y reúne el “pensar profundo” con la expresión “sublime”; esa palabra, gestada desde la intuitiva falibilidad del habla silenciosa del pensar, es la que muestra el ser que somos, o, al decir de Heidegger, la casa del ser donde habita el habla diversa de los distintos y variados modos de ser en la estadía mundana.

Los caminos del poetizar y del filosofar se reunen en el habla del Decir del pensar profundo expresado literariamente, como encuentro inacabado de la diversidad de hablas en busca de correspondencia desde la re-escritura de la costumbre epocal para configurar el presente y prefigurar la esperanza, la utopía de otro modo diferente y mejor al de la tradición.

Es el subvertimiento del imperio del habla ortodoxa del pensar metafísico por el socialismo de la diversidad lexical que interpela, tanto a la metodología de la investigación literaria como a la didáctica del filosofar, respecto de la calidad de una conversación social divergente y clarificadora, gestada en el cambio de los giros lingüísticos metafísicos en uso, necesario para mejorar la laboriosidad dialógica del habla socialista, en la mutación epocal de una mentalidad metafísica hacia una mentalidad plural, heterodoxa, abierta a todas las posibilidades del pensar, propósito de una literatura dispuesta como escenario del tránsito a la posmodernidad (entendida como toma de distancia del pensar metafísico), desde la conciencia del lenguaje. Desde luego, nuestra situación dista mucho de esa posibilidad posmoderna.

Colofón
El rol de la literatura como lugar de encuentro entre el pensar profundo y la expresión sublime para el tránsito al pensar posmetafísico como subvertimiento de aquellas miradas a la sociedad y a su cultura desde verdades inalterables e inevitables, por fuera de la dimensión temporal, se gesta a través de un proceso de autoconciencia a realizar en el sentido de una progresiva autodeterminación de la voluntad de la palabra como poderío creador del mundo.

Desde luego, a este encuentro entre literatura y filosofía es preciso convocar también a la ética, al discernimiento de la voluntad privada y pública, sesgada, tanto por el hipócrita moralismo universalista –el que se predica a todos sin aplicarse a uno- como por la pulsión animal heredada (incomprendida aún desde el habla intuitiva y reflexiva del pensar profundo), para afirmar en el hombre la posibilidad de llevar la capacidad de autodeterminación del ser y del pensar, desde la falibilidad del habla diversa, de manera conciente e intencional, a su más preciada concurrencia.

Así estaremos siendo coherentes con el devenir del homo erecturs en homo sapiens y en homo logos, con su acontecer como persona en proceso, con su progresivo encuentro entre el habla inmediata y la mediática (para expresar poéticamente su cavileo) y con su sentido de la ética y la estética de la expresión dialógica, que no es otra distinta ni se encuentra en parte ajena a su ser, sólo en el habla plural con que apalabra su estadía en la mundanidad.
Post escritum: “Dime lo que hablas y te diré cómo eres” podría ser el aforismo para denotar nuestro modo de ser en la estadía mundana.

Notas bibliográficas

1. Zambrano,María.
2. Ibid.
3. Derrida. En La Mitología Blanca.

Bibliografía

HEIDEGGER, Martín. Introducción a la Metafísica. Buenos Aires: Nova, 1997.
_____. De camino al habla. Barcelona: Serbal Guitard, 1987.
_____. ¿Qué significa pensar? Buenos Aires: Nova, 1958.
_____. ¿Qué es eso de filosofía? Buenos Aires: Sur, 1960.
POGGELER, Otto. El camino del Pensar de Martín Heidegger. Madrid: Alianza, 1986
SERNA, Julián. Heidegger y la crisis de la modernidad. Pereira: Gráficas Olímpica, 1992.
ZAMBRANO, María. Filosofía y Poesía. México: Fondo de Cultura Económico. México, 1998.

 
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