Resumen
Estudio que pretende profundizar un aspecto que rodea periféricamente
a muchos de los temas que han sido objeto de análisis para diversos
críticos, en la obra poética de Martí. Este aspecto
es el manejo del concepto de LUZ, que pierde en el poeta su categoría
de fenómeno físico para convertirse en la fuerza totalizadora
que abre un posible camino hacia la tan ansiada redención. Esta
apreciación pretende fundamentarse a través del análisis
del vínculo entre la luz y dos de los grandes temas que constituyen
una constante en la producción poética martiana: el
amor.
Fueron las propias afirmaciones del poeta y sus luminosos versos los
que ilustraron y dieron fundamento a las reflexiones que el trabajo
desarrolla.
Palabras claves: Luz, vínculo, amor,
muerte.
Abstract
Study that intends to deepen in an aspect that surrounds peripherally
to many of the themes that have been object of analysis for diverse
critics, in the poetic word of this author. This aspect is the
management of the concept of LIGHT, that loses in the poet its
category of physical phenomenon to become into totalitarian force
that opens a possible road toward the so disedered redemption.
This appreciation intends to be supported through the anlysis
of the bond among the light and two of th large themes that constitute
a constant one in the martiana‘s
poetic production: the love and the death.
The own affirmations of the poet and their luminuos verses were the
ones that illustrated and gave the base to the reflections that the
work develops.
Key words: Light, bond, love, death.
La poesía de José Martí ha sido estudiada desde
diferentes aspectos y en especial en cuanto a su simbología
y cromatismo. Autores como Iván Schulman, Luis Toledo Sande,
Enrique Anderson Imbert, Cintio Vitier y Juan Marinello, entre otros,
han realizado enfoques enriquecedores al respecto. Es por ello y luego
de la lectura de los mismos, que nos pareció interesante detenernos
en un aspecto que rodea a los demás en dichas obras analizados
y que aparece como una constante en los versos del poeta. Es precisamente
el elemento vital aludido a través de la frase bíblica
que lleva por título este trabajo: “Sea la luz y fue la
luz”, al que nos referimos. Dicha frase no fue elegida en vano
sino que encierra múltiples connotaciones que en parte se pretenden
compartir en esta suma de reflexiones que les presentamos hoy. El mismo
Martí decía: “Escribo con todo el sol sobre el
papel”. Perdiendo el sol , a través de la concepción
del poeta, su categoría de fenómeno físico para
adoptar el valor de una brillantez moral. Para convertirse en astro
capaz de brindar un baño de luz cognoscitiva detrás del
cual se esconde el secreto de la luminosidad de su obra y que recubre
todas sus proclamaciones. Es esa luz que su existencia legó al
mundo y en particular la que lo hizo resplandecer de manera tan aleccionadora
durante los escasos días que le fue dado vivir, la que es y
será siempre antorcha que ilumine el camino de la verdad y por
sobre todas las cosas, el de la libertad en su más amplia acepción.
Más allá de la fuerza renovadora de la obra literaria
de Martí, la importancia de su escritura radica en lo que podríamos
denominar, siguiendo las observaciones de la crítica, su formidable
creatividad, la que le permite inscribirse como un clásico entre
los grandes maestros castellanos, sin distinción de géneros.
Es rasgo dominante en su poesía la eticidad enraizada en el
pensamiento del autor y que adquiere un orden conceptual nutriéndose
de un sentido trascendente, de mayor significación y que colmará su
vida y su producción de sentido. Es Martí, protagonista
real e ígneo de una obra identificada con la vida, en él
la realidad se nos aparece límpida, luciente, aun en su sobrecarga
simbólica. Variada es la temática que se desprende de
sus textos, pero siempre, sea cual fuere el tema, ya sean: los ideales,
el amor, la muerte, siempre está presente lo que será el
signo distintivo de sus textos, esa dicha iluminada que los anima,
y que pone de manifiesto su concepción optimista y positiva
de la vida.
Y si bien esa luz, con todo su esplendor suele
verse oscurecida por repentinas sombras, luego brilla nuevamente
con todo su fulgor, más
luciente, si es posible, por su pasajero oscurecimiento. “Los
que están en el taller del sol, no tiene miedo a la nube”,
dice el autor, encerrando en esa alternancia de luz y sombra una promesa
de cambio y felicidad. Quien haya seguido al autor en sus angustias,
en su queja y en su ímpetu, en su jadeo y en su vuelo, lo podrá imaginar
siempre como esculpido en materia delicada, transparente y luminosa,
herido por todas las tormentas, azotado por los vientos y conmovido
hasta lo más íntimo, tanto por la luz como por las tinieblas.
Esa antítesis luz - sombra, se convierte en una aleación
perfecta que en lugar de polarizar, complementa:
Todo es hermoso y constante
todo es música y razón,
y todo, como el diamante,
antes que luz es carbón.
El vital elemento se va desplegando en la poesía
martiana y es como una invasión que enciende la atmósfera,
la luz es para todos y de todos, alumbra hasta los más recónditos ámbitos
del mundo, y por lo tanto sólo hay que descubrirla. Más
aún, el hombre viene al mundo con la luz y de lo que debe cuidarse
es de no apagarla con sus propias manos. La considera por lo tanto,
inherente a la vida del hombre y es éste el responsable de mantenerla
siempre viva a través de su conducta y de su accionar. La preeminencia
del bien y la justicia que tienen en su poesía un sentido redentor,
se convierte en fuerza totalizadora. Es Martí como una de esas
piedras de mucha transparencia y luz, como esas piedras preciosas,
en las que descubrimos siempre la materia excepcional, pero en las
que se cruzan, a cada instante y con distinto trayecto, los rayos fulgurantes.
Las claras piedras luminosas poseen, desde luego, gran virtud esclarecedora,
son luz ellas mismas, pero son también muchas veces producto
de la oscuridad o contraste con la sombra.
Para no detenernos en lo general y poder fundamentar
debidamente nuestras apreciaciones, hemos elegido sólo dos de los grandes temas que
se desprenden de la poesía de este autor, puesto que abarcarlos
todos exigiría una esfuerzo y un tiempo con el que no contamos
hoy. Sentimos que si bien la luz “es” y “está” en
toda la poesía de Martí, para cimentar nuestro estudio
nos basaremos, como señaláramos, en dos temas que consideramos
relevantes: el amor y la muerte.
Cuando hablamos del amor en Martí, debemos atribuirle al sustantivo
su más amplia significación. Todas sus facetas aparecen
reflejadas en la obra de este autor, en forma permanente. Amor al hijo,
amor a la mujer, amor a la Patria, en fin, amor a la vida en toda su
dimensión y en todas sus manifestaciones. Apasionante sería
el estudio de dicho tema dada la amplitud de sus connotaciones pero
tal cual lo hemos señalado nos remitiremos al análisis
de un aspecto en particular, pues a medida que profundizamos en el
tema del amor notamos que este sentimiento aparece fuertemente ligado,
de una manera casi indisoluble a otro concepto, el de luz. El amor
es la luz que ilumina el camino y baña todo con su infinito
y maravilloso esplendor, todo lo que roza se impregna de su brillo
y lo propaga.
Esto se manifiesta claramente en “Ismaelillo”, libro que
posee una luz anunciadora de muy ancho dominio y que representa un
momento singularísimo en el camino lírico del poeta cubano
en el que se aúna lo raro y gozoso de su conmoción de
artista, con el despliegue iluminado de su ternura de padre. Aparece,
en dicho texto, en una especie de conjuro de luz y sombra el dolor
de un padre que añora el amor y la presencia de su hijo ausente,
el cual representa un rayo de luz que ilumina la oscuridad:
Tal es, cuando a mis ojos
Su imagen llega,
Cual si en lóbrego antro
Pálida estrella,
Con fulgores de ópalo
Todo vistiera.
A su paso la sombra
Matices muestra
Como al sol que las hiere
Las nubes negras
Aparece en medio del júbilo sublimante del hijo, la amarga
pena de vivir en duro batallar contra las fuerzas oscuras; es el pequeño
la mayor compensación cuando el padre se siente abatido por
las fieras penas.
Vemos como en los poemas que el autor dedica
a su hijo la novedad y la grandeza residen en el estado de alma del
poeta que se encuentra transportado a una región de permanente embriaguez. En los mismos,
la imagen del pequeño se sobredimensiona en andas del amor y
es capaz de mutar las tinieblas en claridad. Estas imágenes
se reiteran de manera tal que no podemos dejar de sentir que el amor
filial es fuente continua de luz que alumbra y purifica y que hace
que lo que antes fuera opacidad, tristeza, desolación, se convierta
bajo una especie de encantamiento afectivo, en brillo, fuerza y belleza:
Ondas de luz y flores
Trae la mañana
Y tú en las luminosas
Ondas cabalgas.
Esa luz emerge en varias direcciones, la del
padre amoroso que pretende alumbrar el camino de su hijo, guiarlo
por el sendero de la vida que considera verdadero y valioso; y la
que el hijo a su vez derrama sobre su progenitor, inocente y candorosa,
pero que al desplegarse se sublimiza puesto que está destinada a convertirse en impulso de vida,
en motor generador de energía vital:
Allí asisto a la inmensa
boda inefable,
y en los talleres huelgo
de la luz madre,
y con ella es la oscura
vida, radiante,
y a mis ojos los antros
son nidos de ángeles.
Vemos aquí esa transmutación que sólo es posible
a través del amor y que convierte los antros, símbolo
de oscuridad y tinieblas, en nidos de ángeles, representantes
indudables de la divinidad y por lo tanto plenos de fulgor divino.
No olvidemos que como señala Schulman, en Martí el sentido
genérico de divinidad, encarnado en la luz, adopta formas diversas:
identidad con Dios, neoplatonismo, elevación moral, superioridad
espiritual o facultad de creación artística. Dice el
propio autor que: “Larga cadena es lo que falta al hombre para
llegar a Dios. Puente oscuro al principio, más claro y más
brillante mientras más se acerca al fin”. O en otro sentido
afirma también: “El alma humana es paz, luz y pureza...
ama la desnudez, símbolo de la naturaleza; para en la luz de
donde fue nacida”.
La sola presencia del hijo abre un mundo de
sensaciones maravillosas que se refuerzan por esas ausencias no deseadas
y que cobran en la poesía una fuerza inusitada. Tiene la capacidad también
de cambiar la naturaleza, para volver abundacia la aridez, para insuflar
matices a la opacidad. El amor filial es capaz de dotar de un poder
rutilante y de una energía casi celestial, que convierte lo
imposible en amorosa certeza:
Me siento cual si en magno
templo oficiase,
cual si mi alma por mirra
vertiese al aire,
cual si en mi hombro surgieran
fuerzas de Atlante,
cual si el sol en mi seno
la luz fraguase.
Y estallo, hiervo, vibro
¡alas me nacen!
Suavemente la puerta
del cuarto abre,
y éntranse a él gozosos
luz, risas, aire.
Al par da el sol en mi alma
y en los cristales.
Sentimientos afines reaparecen cuando el centro
lo ocupa la mujer amada. El poeta enamorado se deslumbra ante la
amorosa luminosidad que de ella se desprende y que lo envuelve con
un hálito casi
mágico, que es capaz de convertir lo cotidiano en maravilloso.
La sola imagen de la mujer despierta un mundo de sensaciones que parecen
encender la llama de un mítico volcán interior:
Es rubia: el cabello suelto
da más luz al ojo moro;
voy desde entonces envuelto
en un torbellino de oro
El amor, soberano, hondo, dominador, florece
en el alma bañándola
con una luz diáfana que impregna hasta lo más hondo y
que produce una especie de zozobra que no es dolorosa sino por el contrario
placentera, puesto que como dice el autor: “Amor cuerdo, no es
amor”. El sentimiento encuentra entonces la forma más
sublime de manifestación, todo en la destinataria del amor está dominado
por el brillo y el resplandor que deslumbra y atrapa al enamorado.
Son a veces los ojos, receptáculo y efluvio de luz y fulgor,
los que se convierten en emisarios del mensaje amoroso:
Por tus ojos encendidos
y lo mal puesto del broche
pensé que estuviste anoche
jugando a juegos prohibidos.
Estos ojos, que en primera instancia, aparecen
encendidos por el que se cree es el fuego de la pasión, resultan luego ser el reflejo
del llanto que provoca una pena de amor. Pero sea imagen de felicidad
o de pena, allí está la luz como manifestación
ideal del sentimiento.
Observamos también, como señaláramos al comienzo,
esa transformación a través del amor de lo que era sombra
y oscuridad, en luminaria y esplendor. Esta eterna oposición
tiene en la poesía martiana un solo y único vencedor:
Los ojos cierro y ante mi la miro
la mano extiende y a la sombra oscura
se esconde, se dilata, y un suspiro
lleva a la sombra un sueño de ventura.
Y esta misma ternura y devoción con que el autor alude a la
mujer se transporta incorruptible hacia otro de sus grandes amores:
la libertad. Sus versos son estímulo abrasador que emana de
una existencia consagrada con fuerza y amor excepcionales a la consecución
de dicha libertad:
La libertad adoro y el derecho
odios no sufro, ni pasiones malas,
y en la coraza que me viste el pecho
un águila de luz abre sus alas.
Vano es que amor solloce o interceda
al limpio sol mis armas he jurado
y sufriré en la sombra hasta que pueda
mi acero en pleno sol dejar clavado.
Podemos ver que ese mismo amor, que es amor
a la patria, también
desborda en imágenes luminosas que son fiel testimonio de la
relación que entre ambos conceptos se establece, no sólo
a través de los verbos sino a un nivel mucho más profundo,
en el propio espíritu, en el alma del poeta. Según palabras
de Marinello: “Para Martí la patria es una personificación
humanada y una rival, siempre vencedora del amor carnal. Más
de una vez contrapone la mujer a la patria, y el forcejeo se mantiene
hasta el final, en tensión dramática. Hay aquí,
señala dicho autor, como un eco de la vieja disputa medieval
entre carne y espíritu”. De esta manera podría
entenderse que la personificación de la patria que llama al
héroe a abandonar el seno de sus amores, le da a la tarea revolucionaria
del poeta cubano, un relieve sentimental.
Afirma Martí que “los hombres vienen a la vida con la
semilla de lo porvenir y luz para el camino”, destacando una
vez más que de la sombra vamos a la luz. La semilla sumida en
la oscuridad de la tierra alzará sus “brazos” hacia
la luz que alimenta y da vida. El hombre sojuzgado por la opresión,
por las tinieblas de la tiranía, también levantará sus
brazos hacia la luz bienhechora de la libertad:
...sino de las entrañas exploradas
del universo surgirá radiante
con la luz y las gracias de la vida.
Para vencer, combatirá primero,
e inundará de luz, como la aurora.
Encierran estos versos el reclamo fundamental
que emana del legado martiano, que por sus dimensiones y por su perspectiva
lleva el signo de la universalidad: el hombre y sólo él, será quien
pueda descorrer el velo que lo ciega y penetrar en un nuevo mundo donde
impera la claridad y la palabra resplandeciente. Vemos el predominio
en su poesía de una felicidad que es, en sí misma, fuente
de energía para la acción. Aquellos que sean capaces
de sacrificar su vida si es necesario, por el bien y la independencia
de los demás, serán investidos con una luz espiritual
que los retribuirá de su abnegación y entrega.
Se pone de manifiesto, además, la idea de elevación,
de altitud, como lugar donde reina todo lo noble y valioso y donde
reside de manera permanente la luz salvadora. Es éste, sin duda,
un tópico común en toda la literatura, no olvidemos la
afirmación dantesca: “...miré hacia arriba y vi
la cima revestida ya de los rayos del planeta que nos guía...”
A Martí ningún escollo podía vencerlo en la honradez
y el optimismo solares, que le guiaban la confianza justificada con
que asumía la empresa libertadora a la cual se consagraba y
que de una manera u otra trasmite al yo lírico de su poesía.
En ella, a través de imágenes esplendorosas, se pone
de manifiesto la excelsitud y la superioridad moral del poeta.
En lo que respecta al tema de la muerte, otro
de los elegidos a manera de soporte de nuestra afirmación inicial, la alternancia entre
luz y sombra adquiere su máxima dimensión. Si bien el
autor no temía a la muerte puesto que ella siempre estaba cerca,
rondándolo, amaba profundamente la vida. Pero cuando se refería
a la posibilidad de morir, expresaba claramente cuál era su
preferencia absoluta: “la muerte heroica sobre la muerte oscura”.
Y ese heroísmo de la muerte está indisolublemente asociado
a imágenes lumínicas:
No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor
yo soy bueno y como bueno
moriré de cara al sol.
Para el poeta, la vida es un tránsito ansioso que se resuelve
en la muerte ennoblecedora. Prendido vitaliciamente a la preocupación ética,
para él la existencia es una oportunidad de servicio que se
mantiene cercada de todo tipo de asechanzas. De ahí viene su
concepción de la vida como carrera presurosa, como vuelo sediento,
como esfuerzo mantenido para no ser ganada, vencida por lo torpe, lo
feo o lo turbio.
La insobornable sed de pureza que embargó el corazón
del poeta y que soñaba dejar como legado esencial para su hijo,
se traduce muchas veces en su poesía, a través de alusiones
tajantes en cuanto a su preferente inclinación por una muerte
honrosa antes que el sostenimiento de una vida indigna:
...El padre un bravo en la guerra
envuelto en su pabellón
álzase y de un bofetón
lo tiende muerto por tierra.
El rayo reluce, zumba
el viento, por el cortijo
el padre recoge al hijo
y se lo lleva a la tumba.
Vemos centellear en estos versos una sobrecogedora
combinación
de autenticidad poética e intensidad testimonial. En la fuerza
arrolladora de la expresión, se desborda el ímpetu alumbrador
del rayo que parece ser el encargado de iluminar el camino verdadero.
Hay en los poemas martianos, un diálogo con el mundo natural
del cual proviene la formidable energía que los anima, ese fuego
abrasador que nos envuelve en repetidas lecturas.
Martí sólo ama la muerte como coronación de una
existencia capaz de merecerla, como una culminación que hay
que ganar viviendo. Por otra parte, aquel que elige en la vida el camino
de la entrega y la lucha, el que asume el compromiso combativo de hipotecar
su vida a cambio de la libertad, sufrirá los avatares de su
elección, pero llegará a la muerte rodeado de un hálito
celestial y será la luz cristalina e incólume de la estrella
la que bañará dicha muerte y encenderá eternamente
su espíritu inmortal.
...cuando a los vientos
de norte a sur vertió su voz sagrada,
la estrella como un manto, en luz lo envuelve,
se enciende, como a fiesta, el aire claro,
y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
se oye que un paso más sube en la sombra!....
Y esa libertad que enciende el espíritu,
se convierte en anhelo irreductible que dispone al hombre a enfrentar
por alcanzarla, sea cual fuere, la mano que lo oprime. Y a preferir
la muerte, si esto no es posible, antes que aceptar el yugo esclavizante,
porque esa muerte purifica y otorga al alma una dignidad encendida
y una divina claridad:
Rojo como el desierto,
salió el sol al horizonte
y alumbró a un esclavo muerto,
colgado a un ceibo del monte.
Pero cuando esa muerte, además, lleva en sí el sello
del deber cumplido, el sentido humano del sacrificio, la solidaridad
que emana despojada de barreras, limpia, pura, inmaculada, se verá entonces
inundada y repleta de luz, tomada ésta como símbolo de
la virtud y de la elevación moral y se convertirá en
la gran prueba que califica la existencia humana.
Cuando al peso de la cruz
El hombre morir resuelve.
Sale a hacer bien, lo hace y vuelve
Como de un baño de luz.
Plantean estos versos esa vocación oscura y luminosa a un tiempo
que lleva a nuestro poeta hacia la redención por el dolor, la
salvación que no sólo es la propia sino la social, la
liberación de la patria por la vía de la entrega al sufrimiento.
En la lírica martiana, ya sea que estén: la patria y
la mujer, el padre y el hijo, el amor al sacrificio, la exaltación
de la virtud, la ansiedad de la muerte noble, todo comparece envuelto
en una cálida agitación, impregnado de una sinceridad
avasallante, untado de una generosidad dinámica que surge de
manera natural y absoluta de un pensamiento claro y brillante, de una
mentalidad que fue estrella que iluminó e iluminará por
siempre a todos los hombres. Para concluir diremos que los ejemplos
citados, que se multiplican a través de la lectura de la obra
martiana y la utilización constante y reiterada de términos
como: resplandor, brillo, sol, rayo, estrella, alumbra, relámpago,
encendido, ardiente, y tantos otros más, relacionados con todos
los temas de dicha obra y en especial con los que fueron objeto de
nuestro estudio, ponen claramente de manifiesto el nexo indisoluble
que el concepto de luz tiene con ellos y que resulta lo suficientemente
profundo como para justificar las presentes consideraciones y abrir
un ámbito más intenso de reflexión en torno al
tema, que consideramos como un tópico capital en toda la obra
del insigne autor. Dice Enrique Pérez Valencia en su poema titulado “A
José Martí”:
Genio de la intensa luz, tus claridades
rasgaron por doquier la sombra espesa.
Con tu verba fragor de tempestades,
supiste redimir debilidades
y al remiso inflamar. ¡Tú gloria es ésa!.
Pero deseamos que sea su palabra pletórica de resplandor, alta
explosión de notas de júbilo, y los propios versos de
José Martí, impregnados de sublime luminosidad, capaces
ambos de trascender el tiempo y el espacio, los encargados de dar por
finalizadas estas reflexiones:
Arpa soy, salterio soy
donde vibra el universo
vengo del sol y al sol voy
soy el amor, soy el verso.
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