Resumen
En este trabajo se argumenta e ilustra como la pedagogía diferenciada
se concibe en el marco de una gestión pedagógica de
las enseñanzas y de los aprendizajes que no debe ser confundida
con el desarrollo teórico del curso escolares, decir, en este
modelo la gestión de diversas modalidades de pedagogía
diferenciada (planes, proyectos, contrato didáctico, etc),
se convierten en el verdadero motor de los aprendizajes escolares.
Aquí, la vía de la pedagogía adaptable está definitivamente
abierta. La pedagogía diferenciada prolonga el principio de
la aptitud escolar de la pedagogía de dominio. Sin embargo,
invierte el problema de la realización pedagógica moderna
y contemporánea: sus elementos fundamentales como la clase,
unidad de lugar, de tiempo, de agrupamiento, actividad del maestro
y del alumno, entre otros, se convierten en variables de la acción
pedagógica y no de la unificación de los estudios y
de las enseñanzas.
Palabras claves: Pedagogia diferencial, modelo
pedagógico,
evaluación, enseñanza, aprendizaje, proyecto pedagógico.
Abstract
In this work it is argued and it illustrated as pedagogic differentiated
is conceived within the framework of a pedagogical management of
the lessons and of the learnings that do not have to be confused
with the theoretical development of the school year, to say, this
model the management of diverse modalities of pedagogic differentiated
(plans, projects, didactic contract, etc), becomes the true motor
of the scholastic learnings. Here, the route of pedagogic adaptable
is definitively open. Pedagogic differentiated prolongs the principle
of the scholastic aptitude of pedagogic of dominion. Nevertheless,
it invests the problem of the modern and contemporary pedagogical
accomplishment: their fundamental elements like the class, time,
place unit, of group, activity of the teacher and the student,
among others, become variables of the pedagogical action and not
of the unification of the studies and the lessons.
Key words: Diferential pedagogy, pedagogical model, evaluation,
learning, pedagogical project.
1. La diferenciación:
puntos de apoyo y estrategias de los actores
El sistema se convierte en actor. La reorganización de la pedagogía
francesa de mediados de los años 70, está canalizada principalmente
por la corriente de diferenciación pedagógica que extiende el
principio de dominio a las modalidades pedagógicas, a las estrategias
de los actores, profesores como alumnos. El término “pedagogía
diferenciada” fue introducido por Louis Legrand en 1973 y retomado en
publicaciones posteriores para destacar los problemas surgidos por la unificación
del colegio francés. La problemática (tratamiento de la heterogeneidad
en un sistema nacional uniforme) fue extendida al conjunto del sistema educativo.
Legrand sitúa la pedagogía diferenciada como un aspecto elaborado
de la pedagogía de dominio que permite la realización de un “código
integrado”:
Tomar en cuenta los individuos
tal como ellos son en la escuela unificada exige la capacidad dada
legalmente a los maestros sobre el control del consejo del establecimiento,
de organizar los programas y los métodos. La diferenciación de la pedagogía
exige la relativización de las normas y el poder local de
decidir. Lo esencial no es el saber constituido, tal como es definido
en cada disciplina académica, sino las competencias del alumno
frente al saber posible. El aprendiz tal como es él, con sus
conocimientos, sus modos de pensamiento y de actuar, su estructura
mental está en el centro del dispositivo. (Legrand, 1986).
La expresión “diferenciación pedagógica” debe
estar en primer lugar relacionada con la psicología diferencial
que enfatiza para cada nivel de organización de las conductas
una pluralidad de organización. Las diferencias en el campo
de los comportamientos cognitivos y sociales de los aprendices, destacadas
por numerosos autores, sugieren, por ejemplo, la existencia de estilos
cognitivos, pero también de estilos para aprender, así como
existen estilos para enseñar. Este reconocimiento de las diferencias
encuentra como obstáculo la limitación actual de la
escala de valores de referencia para definir los criterios de logro
de los alumnos. La constatación se ha realizado a escala en
el sistema educativo:
Los alumnos son diversos por su
ambiente sociocultural, fuente de discontinuidad fundamental, es
decir de ruptura entre la escuela y el medio familiar; por la manera
de expresión de su inteligencia,
por su modo de pensamiento; por su modo de percepción; por
sus ritmos de aprendizajes; por sus su comportamiento; por toda
su historia personal. (Stoleru, 1991).
En el campo pedagógico, ésto supone pasar de la concepción
de un alumno estándar (el “buen alumno” dócil,
legible, precoz, rápido en la comprensión de la tarea, ávido,
activo) a un alumno “diverso”, que debe construir su
saber a partir de sus propias características.
Otros elementos convergentes sirven de base
a la diferenciación
más allá de los problemas escolares. La diferenciación
introduce las condiciones culturales, tecnológicas y las transformaciones
de la sociedad. Una lógica, un modo de pensamiento, las “estructuraciones
intelectuales” acompañan esta evolución; para
Peretti “esta lógica traduce un crecimiento de las relaciones
que forman sistemas cada vez más integrados, pero seguidas
de imperativos de apertura y multiplicidad.” (1985).
La diferenciación responde al principio sistemático
de variedad demandad en una sociedad cada vez más numerosa,
complicada, diversificada, la educación como sub-sistema regulador,
para asegurar la regulación de las demandas, debe proponer
un grado de variedad suficiente e indispensable para la realización
de su función. Un sub-sistema “cerrado” no es
eficaz.
Esta preocupación sistemática, según Jaccard
(1978) trae consigo un dimensión ética de aceptación
y de preservación de la diferencia como registro y patrimonio
humano, de pluralidad de los valores que nos someten a los “conflictos
de las interpretaciones” (Ricoeur), y de la interculturalidad.
La manera de pensar está preocupación participa de
este modelo y de las prácticas que lo comprometen (Lerbet,
1997). La diferenciación se convierte en principio de interrogación,
y no de solución en el campo de la pedagogía. Edgar
Morin (1979) sitúa la diferencia en términos de “complejidad”:
esta es una problemática en el sentido fuerte del término,
es decir, una manera de descubrir los problemas que podrían
no ser percibidos de otra manera. Ella no tiene en sí misma,
la fuerza de encontrar una solución a sus problemas. Se debe
ir hacia el sistema problema, no hacia el “sistema-solución”.
La diferenciación es una manera de pensar en la complejidad,
y no en su reducción, no es pensamiento parcial, es decir,
se cambia de lógica para pensar la pedagogía.
2. El lugar de los métodos
y las etapas de una diferenciación
En el terreno de las realizaciones, la “pedagogía diferencial” a
partir de los supuestos de esta corriente de pensamiento y de hacer, no es
un modelo preinventado que debería encontrar una aplicación,
sino un modo de trabajo. La pedagogía diferencial en singular no existe,
no es una nueva situación, sino una reorganización del sistema
pedagógico, definido como “la actividad que busca introducir un
conjunto diversificado de medios y de procedimientos de enseñanza y
aprendizaje, con el fin de permitir a los alumnos de edades, de aptitudes,
de comportamientos, de saber-hacer heterogéneos, pero reagrupados en
una misma división, lograr por vías diferentes los objetivos
comunes.” (Legrand, 1973).
La relación con los métodos se modifica. Si las pedagogías
nuevas proponían soluciones alternativas al modelo tradicional,
la pedagogía diferencial involucra a la pedagogía (y
su evolución) según el modelo de dominio en la búsqueda
de mediaciones organizacionales, de dimensiones múltiples
y localizadas en el proceso de individualización en el proyecto
de la escuela. Los métodos no son ya más instrumentales
escogidos a priori por su eficacia demostrada, sino que son medios
concebidos a partir de necesidades, de modalidades que van a entrar
en juego en una acción que se lleva a cabo en una organización
diferenciada, que finaliza una vez alcanzados sus objetivos. No se
juzga la eficacia de un método sino la de un sistema para
adaptarse a las necesidades y a un objetivo. Un método no
es de derecho sino de hecho: dos dispositivos, dos métodos
propuestos (centrados por ejemplo sobre una instrucción y
sobre una acción) pueden tener efectos semejantes en alumnos
diferentes. El método único, el buen método,
intrínsecamente válido, no existe. Más exactamente,
no se puede pensar, organizar la actividad a través de un
discurso sobre el único método, más bien se
trata de contextualizar la orientación, considerar los métodos
con relación a los planes de trabajo adaptados a los alumnos.
El profesor debe tener a su disposición una gama metodológica.
Se debe concebir diferente su rol como gestor y plural en sus métodos.
El alumno también debe tener acceso a los métodos de
trabajo diversos y adaptados (que no son los del profesor). La pedagogía
diferencial es un proyecto metodológico de organización
de los métodos y está en proceso de integración
en la pedagogía escolar.
El primer elemento visible y organizador ha
sido el reagrupamiento de los alumnos. La enseñanza “brillante/estallido”,
propuesta por Lucien Géminard (1973) plantea una nueva arquitectura
del sistema de enseñanza francés. La síntesis
de los trabajos orientados por Alfred Yates (1979) sobre el Agrupamiento
de los alumnos en educación conducían a un punto de
referencia preciso de prácticas diferenciadas concernientes
al team-streaching (gestión de grupos de alumnos correspondiente
a las divisiones heterogéneas) y el estreaming (repartición
de la multitud/raudal en secciones de fuerza homogénea) para
las escuelas elementales. La clase deja de ser el único polo
organizador e identificador de los estudios; lo que supone reconsiderar
la lógica pedagógica profesor-clase-estudiante. De
Peretti (1984) ha llevado a cabo, después de Legrand, una
serie de trabajos cuya síntesis es representativa por su aspecto
práctico y progresivo en la introducción de la pedagogía
diferenciada en los colegios y los liceos franceses a partir de 1982.
Estos trabajos ilustran el doble principio de la diferenciación:
a la vez estructural y pedagógico, que se presenta bajo la
forma de un algoritmo de métodos diferenciados.
3. Puntos de apoyo, puntos de entrada
para una pedagogía diferenciada
Como se indicó, de Peretti (1984) propone seis puntos de entrada distribuidos
sucesivamente en tres etapas para marcar una graduación en la diferenciación:
- La pedagogía variada en el nivel de la clase se relaciona
con las fases diferenciadas de una enseñanza disciplinaria:
1º en plena clase: apoyos diversificados, horarios diferenciados,
metodología evolutiva;
2º por sub- agrupamientos: tareas escolares idénticas
y reagrupamiento heterogéneos, tareas escolares diferenciadas
homogéneas. Reagrupamiento en plena clase, reagrupamiento
entre grupos.
Ningún método es exclusivo. Una variación por
sucesión de los métodos o de estilos de enseñanza
es necesaria para no generar disparidades.
- La pedagogía diversificada se introduce
para varias clases:
3º variedad de grupos y de métodos: grupo de entrenamiento
o de aprendizaje, de producción, de comprensión, de
instrucción, etc.
4º variedad de grupos de niveles o de homogeneidad: características
aparentes, perfiles luego de tests o balances, grupos de necesidad.
De Peretti habla entonces de pedagogía de ataque de la heterogeneidad:
las actividades simultáneas y/o diferidas y/o diferentes sobre
los mismos objetivos se organizan de esta forma. Se trata de una
actividad pedagógica de dominio a partir de objetivos comunes.
Las variables consideradas son aquellas asociadas a los métodos
y a la repartición de los alumnos según sus necesidades.
- La pedagogía diferencial se sitúa
a escala del establecimiento escolar:
5º por empleo del o de los tiempos flexibles: semanal, quincenal,
climas de actividad, de cooperación, refuerzo del trabajo
del alumno;
6º por una organización general: fija, evolutiva, por
el proyecto del establecimiento, bajo la forma de programación
innovadora, por un proyecto de formación. Se sugieren los
siguientes principios: la diversificación del tiempo, de los
estudios, del proyecto, la diferenciación del contenido nocional
mismo. Las iniciativas y los recursos locales, los proyectos, los
contratos son, entre otras, variables pedagógicas a emplear
para diferenciar.
La gestión pedagógica de las enseñanzas y de
los aprendizajes no se confunde con el curso escolar teórico:
la gestión se convierte en el verdadero motor de los aprendizajes
escolares.
La vía de la pedagogía adaptable está definitivamente
abierta. La pedagogía diferenciada de los estudios, prolongando
el principio de la aptitud escolar de la pedagogía de dominio,
ha invertido el problema de la realización pedagógica.
Los elementos fundamentales, clase, unidad de lugar, de tiempo, de
agrupamiento, se convierten en variables de la acción pedagógica
y no más de la unificación de los estudios y de las
enseñanzas.
4. Evaluación y modalidades
para una pedagogía diferenciada
La evaluación, asociada en su origen metodológico al funcionamiento
de los objetivos surge del doble paradigma del control y del sentido. El control
puede tomar múltiples formas, del diagnóstico a lo sumativo o
a la autoevaluación, según los grados de orientación.
Teniendo por papel la regulación del trabajo pedagógico, el aparato
de evaluación no es un fin en sí mismo. La evaluación
puede proceder de un universo de la verificación o de un universo de
la “autonomización”, o de ambos. También, evaluar,
es dar sentido, escoger valores, aspecto que ninguna tecnología de evaluación
puede eludir. Según las palabras de Barthes: “La evaluación
es una fundación de valores”.
Así mismo, la evaluación es también una acción
de comunicación en y por el poder. Para Jacques Ardoino y
Gaston Berger (1986), la evaluación es poner en escena, es
interpretación. La evaluación no es indiferente a los
aprendizajes y a la conducción de los estudios. Para el alumno
como para el profesor, es una herramienta de información y
de comprensión y en consecuencia una ayuda. La evaluación
tiene su propia función, su propia lógica en la lectura
y la visibilidad. ¿Anteojos o brújula?, se pregunta
Jean Cardinet (1987)
Al servicio de un proyecto y de una organización diferencial,
la evaluación puede constituir el núcleo de un dispositivo
de conducción de itinerarios y de planos de trabajo diversificados
organizados para lograr los objetivos. La evaluación está en
el campo de la intención, de lo antes y de lo después
del modelo de dominio: se ubica en una acción pedagógica.
Entre los objetivos, las condiciones de aprendizaje y de la evolución
del alumno, permite indicar, informar o medir el camino recorrido,
el resultado de los aprendizajes, el grado de dominio asegurado.
La evaluación es la contrapartida de todo método como
se muestra en el Cuadro 1.
Cuadro 1
Las funciones de la evaluación (Allal et al, 1987) |
| Formas de regulación |
Momento |
Función
de la evaluación |
Decisiones a tomar |
| Asegurarse que las características de los
alumnos responden a las exigencias del sistema |
En el comienzo del ciclo |
Pronóstico
|
Admisión, orientación |
| Final de un período de formación |
Sumativa |
Certificación
inmediata o final |
| Asegurarse que los medios de formación corresponden
a las características de los alumnos. |
Durante un periodo de formación |
Formativa |
Adaptación de las actividades de enseñanza y
aprendizaje |
En este contexto, diferentes modalidades de evaluación
participan en el trabajo pedagógico. Así, se distinguirá la
evaluación sumativa (papel de control y de notación)
de la evaluación de sistema (papel de medida generalizada
de los resultados, estudios socioeconómicos y funcionales
sobre la organización del sistema educativo, etc.), y de la
evaluación formativa (papel de aprendizaje y de gestión
de articulación enseñanza-aprendizaje). Todas conciernen
a la escuela, al profesor, así como a la relación del
alumno con su aprendizaje escolar.
La evaluación formativa, modalidad que se sitúa en
el marco de la organización metódica de las enseñanzas
y de los aprendizajes, es una guía y un ideal para toda evaluación.
Se designa como formativa una evaluación que juega un papel
de regulación de los aprendizajes. Su finalidad consiste en
ayudar al alumno a descubrir los aspectos pertinentes de su tarea.
Una evaluación formativa es quizás en primer lugar
una información positiva: saber reconocer y certificar2 lo
que se domina. Toda certificación de estudios debe ser positiva,
toda dificultad debe recibir como respuesta una proposición
pedagógica. El objeto de la evaluación es el producto
del trabajo escolar efectivamente comprometido, y encierra la adaptación
reciproca de las acciones. La evaluación formativa está en
el centro del principio de dominio y de diferenciación, permite
hacer observables las articulaciones posibles entre objetivos, recorridos
del alumno y “apoyos” pedagógicos. No interviene
ni antes ni después, sino durante el trabajo pedagógico
como apoyo y ayuda a la decisión, porque “se evalúa
para tomar una decisión en función de un objetivo que
orienta su acción” (Cardinet, 1987).
Varias modalidades de trabajo en la pedagogía diferenciada
se pueden plantear, a continuación veamos sus características
fundamentales.
- El trabajo individualizado. La pedagogía
diferenciada supone una individualización posible de las tareas
en una organización
colectiva orientada por objetivos comunes. Pero la pedagogía
diferenciada no es un preceptorado, al contrario, es un modo de integración
a un plano colectivo. En esto el trabajo individualizado es un procedimiento
de diferenciación. Se podría incluso ilustrar este
principio y su historia.
La enseñanza individualizada no es enseñanza individual:
se inscribe en la introducción de programas educativos. Valorada
por las pedagogías nuevas a menudo como alternancia individualización-colectivo,
principio de articulación pedagógica, la individualización
pertenece en la pedagogía a las técnicas (en especial
las fichas documentales, los autoejercicios) y al trabajo escolar.
Ahora bien, la individualización tiene su lugar en diferentes
tipos de proyecto, a saber:
- El plan Dalton (Massachussetts, Estados
Unidos, 1905), propone un método original inspirado por
Dewey, consistente en dividir el programa oficial en diez contratos
para el mes y unidades para la semana. Las tareas están
destinadas a los alumnos. El trabajo se hace por fichas, compendio
de ejercicios o plegables detalladas en donde el alumno encuentra
todas las indicaciones que le son necesarias. Los recursos son
utilizados sin horarios fijos pero según
un plan fijo: trabajo individual en la mañana sobre las áreas
prioritarias (lengua materna, matemáticas, ciencias, historia-geografía...);
la tarde está consagrada a los aprendizajes prácticos
y culturales. En la clase se alternan los laboratorios de aprendizaje,
primero para los alumnos de primaria, luego para los de secundaria.
Muchos trabajos son escritos. Los profesores evalúan el
trabajo cumplido, aconsejan, organizan los encuentros colectivos
y consignan los progresos de los alumnos.
- En el método de Winnetka (Illinois, Estados
Unidos, 1922), se desarrollan los planes de trabajo adoptando un
programa a las posibilidades de cada uno respecto a la asimilación.
Analizadas por objetivos y parcelación sistemática
las ramificaciones de estudio se distribuyen bajo la forma de fichas
autocorrectivas, acompañadas de manuales de auto-instrucción.
Esta racionalización
tecnocrática recuerda los principios de la enseñanza
programada imaginada por Burrhus F. Skinner.
- En la escuela experimental del Mail (Ginebra,
1927), se considera que la “enseñanza colectiva
hace perder tiempo a los alumnos”, pero que sólo “ella
permite a lo largo de la escolaridad, el intercambio y la
formulación de las
ideas, que desarrollan el lenguaje y las facultades de expresión”.
Robert Dottrens (1971) reunió los modos de la individualización:
el trabajo individualizado (adaptado a cada individuo, teniendo
en cuenta sus recursos auto-educativos) no es el trabajo individual
impuesto bajo la forma de la tarea idéntica. Luego de
una fase colectiva de presentación de una nueva noción
de tipo impositivo, surge un diagnóstico si es necesario,
de una entrevista hecha a cada alumno. Al final de este trabajo,
una “corrección-entrevista” maestro-alumno
permite determinar el paso a otra ficha en función del
grado de logro. Se trata, claro está, de pedagogía
diferenciada.
- El proyecto. La pedagogía del proyecto se
inscribe en la cultura pedagógica a partir de Dewey, Decroly
y Freinet. Se fundamenta sobre la referencia social y sobre los
recursos del tema escogido. Un proyecto es a la vez realización
social y principio de investigación, doble fuente de motivación.
Se trata en primer lugar de crear un ambiente y las actividades
que tengan sentido para los alumnos. Por esto, se apoya sobre la
dinámica
propia del alumno o sobre su interés natural, o
sobre el estímulo
del grupo, o sobre las situaciones que le son propuestas,
por ejemplo, bajo la forma conocida de centros de interés,
de clases llamadas de descubrimiento, o de proyección
de acción educativa
(PAE) o cultural (PAC), etc. El proyecto debe permitir
simultáneamente
la representación de la acción comprometida
y sus resultados, y la realización concreta que
ofrece un sentido a la acción
propia.
- El trabajo por proyectos designa también a veces, los procedimientos
de enseñanza activa centrados sobre la resolución de problemas,
pero de hecho constituidos por una temática programada por el profesor.
Así mismo, creación de nuevas modalidades como los ciclos en
las escuelas y en el colegio, los módulos en el liceo, acompañados
de proyectos de equipos disciplinarios o interdisciplinarios. Se podría
hablar de un proyecto marco realizado bajo la forma de un trabajo concertado
que alumnos y profesores adaptan a la evolución de su trabajo. Ahora, ¿si
la mayoría de situaciones pedagógicas tienen como referencia
el proyecto del profesor para el alumno, acaso no se puede organizar la pedagogía
alrededor del proyecto de aprendizaje del alumno?
- El proyecto del alumno, éste surge también
del proyecto pedagógico, del principio de orientación
y de educación:
aprender a situarse en perspectiva de una dimensión
de realización
personal más allá de los aprendizajes.
En otro nivel, el proyecto de establecimiento
instituye la acción
pedagógica en una nueva dimensión, generalizada desde
1989 en el sistema educativo francés. Más allá del
proyecto educativo que sitúa los objetivos y los principios
organizacionales del sistema, la especificidad de la acción,
las condiciones y las posibilidades de estrategias locales de los
actores se destacan en la dimensión psicosocial del proyecto.
El proyecto es un modo de diferenciación, un relevo del modelo
de dominio.
El proyecto constituye en varios niveles un
modo de realización
de la actividad pedagógica. En este sentido, para Figari (1991),
se pueden resumir esquemáticamente las siguientes dimensiones:
Cuadro 2
Las dimensiones del proyecto |
El proyecto como
comportamiento individual |
El proyecto como práctica social |
| Proceso evolutivo y finalizado que conduce de un estadio a
otro |
El proyecto es un fenómeno social de producción
de normas y decisiones.
Sociología de la acción |
| Una respuesta a la incertidumbre: “La distancia que separa
el estado actual de las cosas de la concepción que el
hombre se hace de sí mismo” (Louis Not) |
Una elaboración de cosas más o menos determinadas |
| Una conducta de anticipación |
Una actividad concerniente a la vez a las estructuras y los
actores |
| Una conducta de logro |
Un proyecto en educación tiene su especificidad:
- su modo de elaboración: enfocado y no programado
- una práctica de proyecto en segunda persona
- un nuevo reparto de saber: el poder del proyecto
- una pedagogía de la actividad, una apropiación
de los conocimientos |
Pautas para la construcción de un referencial
para el proyecto de establecimiento:
- definición de los objetivos propios al establecimiento
(a partir de propuestas, determinación organizada de los
problemas, análisis de los medios y de las necesidades,
o introducción local de finalidades educativas, se fijan
los ejes del proyecto y los objetivos a lograr;
- modalidades de conducción que permiten controlar cómo
evoluciona el proyecto;
- aceptación por todos los actores (el proyecto es una
actividad de implicación);
- previsión de procedimientos de evaluación (evaluación
del proyecto);
- elaboración de un documento de conjunto (carta del proyecto). |
- El contrato didáctico. Para los partidarios
del contrato la claridad de los objetivos y la reciprocidad de los
derechos y de los deberes en la relación entre aprender y
enseñar
constituye la modalidad social estable necesaria para
la actividad pedagógica. La actividad del contrato se sitúa
en la intersección de los procedimientos sociales y cognitivos.
Toda pedagogía surge de un contrato. En todos
los casos, la definición de las tareas del maestro
y del alumno están
para definirse (¿qué hace el maestro? ¿Qué hace
el alumno?) según convengan las partes.
El contrato puede ser implícito, pero es deseable organizar
y clarificar las dimensiones que unen a profesores y alumnos. El
contrato pedagógico pone en escena las posiciones y las expectativas
de los actores (Filloux, 1981); el contrato didáctico concierne
a la transmisión de los conocimientos (Chevalard, 1985).
El contrato puede ser explícito, enunciado como condición
de la puesta en marcha de la actividad pedagógica: la pedagogía
de contrato en sentido estricto elabora el sentido de una actividad.
La pedagogía del contrato supone que una enseñanza
es eficaz si está establecida sobre convenciones claras, como
compromiso recíproco. De costumbre en la clase los alumnos
intentan adivinar lo que se les pide, cuáles iniciativas pueden
y (deben) tomar para aprender. Se trata de explicitar y elaborar
los términos posibles de un contrato, en el cual el maestro
y los alumnos apuntan a un mismo fin. El contrato presume que las
dos partes se ponen de acuerdo y respetan el equilibrio de los actores.
La elucidación, la negociación de las tareas y la adhesión
de las partes son necesarias y contribuyen a la realización
de las tareas para aprender. Una gestión de negociación
y, en consecuencia de contrato, es construida, de una parte de racionalización
y, por otra, de intercambios y de vivencias. Esta actividad y su
metodología, se inscribe entre los objetivos y las personas
en interacción, es decir, en una dimensión social.
La negociación puede tomar la forma de una pedagogía
por contrato (s), bajo la modalidad de “planes de trabajo”,
propuestos por Freinet, procediendo por autonomización y localización
de las tareas.
El contrato no es interno: no pertenece específicamente ni
al saber ni a la relación pedagógica. Organiza la actividad
pedagógica según una dimensión psicosocial,
correspondiente a los objetivos sociocognitivos o políticos
(formación del ciudadano, en y por los saberes). Se puede
hablar de pedagogía por delegación en una dimensión
de acción socializada, que no es más que una pedagogía
de la apropiación de proyectos de aprender. El contrato, el
término destaca la idea, no se sitúa en el orden natural,
sino en el orden social.
5. Conclusión
De la pedagogía del maestro a la pedagogía
del dominio, las modalidades del trabajo de la pedagogía diferencial
se ponen en juego. Esta organización se convierte en aprendiz
y activa. El desplazamiento del principio de acción
y de actividad está marcado por la iniciativa
organizacional y el principio de su dominio.
Los objetivos transforman el esquema de la actividad
pedagógica.
Con la pedagogía diferenciada, la problemática pedagógica
ha evolucionado: de una obra humana (cultural o social) propuesta
como actividad formal se abre paso a la actividad natural de un sujeto-infante
pedagógico, y ahora se constituye en la co- actividad de los
métodos y de las metodologías en el marco de una organización
pedagógica dominada.
Notas bibliográficas
1. Este artículo hace parte de una serie de publicaciones
temáticas dedicadas a los modelos pedagógicos en el
marco de la traduición pedagógica y educativa francesa.
En este sentido, se recomienda al lector tomar en cuenta las siguientes
publicaciones que le preceden:
Pedagogía: definición, método y modelos En:
Revista de Ciencias Humanas. No. 26. Noviembre de 2000. p. 95-106.
El modelo tradicional de la pedagogía escolar: orígenes y procursores.
I, En: Revista de Ciencias Humanas. No. 28. Junio de 2001. p. 115-124.
Modelo tradicional y pedagogía contemporánea. II, En: Revista
de Ciencias Humanas. No. 29. Septiembre de 2001. p. 77-86.
El modelo de la educación nueva y las pedagogías activas III,
En: Revista de Ciencias Humanas. No. 30. Diciembre de 2001. p. 91-100.
El modelo pedagógico de dominio: del conocimiento experto de recorridos
a la cartografía de un sistema pedagógico controlado IV. En:
Diálogos Educativos. No. 3. Junio de 2002. p. 5-14.
2. Certificar (certum, cierto: facere, hacer): dar, asegurar como cierto. En
la imposición de una sanción, la certificación reconoce
y asegura el considerar las adquisiciones de los alumnos.
Bibliografía
ALLAL, Linda; Cardinet, Jean; Perrenoud, Philippe.
L´Évaluation
formative dans un enseignement différencié, Genéve,
Peter Lang. 1987.
ARDOINO, Jacques; Berger, Gaston “L´évaluation
comme interprétation” Pour, nº 107. 1986.
CARDINET, Jean. L´Evaluation formative dans un enseignement
différencié. Genéve, Peter Lang. 1987.
CHEVALARD, Yves. La transposition didactique: du savoir savant au
savoir enseigné, Paris, La Penseé sauvage. 1985.
DE PERETTI, André. Les points de appui de l´enseignant:
pour une théorie et une pratique de la pédagogie différencièe,
Paris, INRP. 1984.
DOTTRENS, Robert. L´Enseignement individualisé, Neuchàtel
et Paris. Delachaux et Niestle. 1971.
FIGARI, Gérard. “Études sur la démarche
de projet: recherche d´un réferentiel pour le projet éducatif
d´établissement” Revue française de pédagogie,
Nº 94. Paris. 1991.
FILLOUX, Janine. Du contrat pédagogique, Paris, Dunod. 1981.
GÉMINARD, Lucien. L´Enseignement éclaté,
Paris, Casterman. 1973.
JACCARD, Albert. Eloge de la différence : la génétique
et les hommes. Paris, Seuil. 1978.
LEGRAND, Louis. La différenciation de la pédagogie,
paris, Scarabée. 1973.
LERBET, Georges. L´École du dedans, Paris, Hachette.
1994.
MORIN, Edgar. La Méthode, Tome 1, Paris, Seuil. 1979.
STOLERU, Lionel. Éduquer pour demain, acteurs et partenaires,
La Documentation française, Paris, CNDP. 1991.
YATES, Alfred. Le grupement d´éleves en éducation,
Paris et Montréal, Nathan/Labor. 1979.