Gran Sertón: veredas,
dos formas de comprender el mal
Susana Henao Montoya
Profesora del Departamento de Humanidades e Idiomas de la UTP. Especialista en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Caldas. Candidata a Magister en Literatura de la UTP.

Resumen
Estamos acostumbrados a creer que nuestras valoraciones del mundo son objetivas, a pesar de que todo patrón proviene de la experiencia. Las ideas de bien y de mal no son ajenas a este proceso, pues ellas se han formado bajo la doble tutela de la religión cristiana y los paradigmas de la modernidad. Sin embargo, en la práctica, asumimos que poseen valor universal, ya que nos percibimos a nosotros mismos como una cultura altamente evolucionada que conoce lo que es verdadero. La literatura, y en especial la novela que hoy nos ocupa, tiene el poder de desenmascarar nuestros códigos éticos como códigos que favorecen la racionalidad y que por lo tanto enaltecen la individualidad. Gran sertón: Veredas, recrea un mundo premoderno, instintivo y sincrético que se mueve dentro de unos códigos colectivistas que parecen funcionar bien para dar sentido y construir identidad dentro de la sociedad que los acoge como norma de vida.

Palabras claves: Bien y mal, modernidad, premodernidad, ética racional, ética instintiva.

Abstract
Despite the that every pattern comes from experience, we are used to believing that our concepts of the world are objetive. The concepts of good and evil are not foreign to this process, since they have originated under the dual cover of the christian religion and the pardigms of the moderm era. Nevertheless, in practice, we assume that they possess a universal value inasmuch as we perceive ourselves as a highly evolved culture that Knows what is essentially true. Literature, and especially the novel under study, has the power to unmask our ethical codes as codes that favour rationality and on the same grounds highlight individuality. Gran sertón: veredas, recreates a premoderm, instinctive and syncretic world that moves inside collective codes that seem to work well in order to give sense and build identity within the society that embrace them as rules of life.

Key words: Goodness and evil, modernity, premodernity, rational ethics, emotional ethics.

Gran sertón: veredas es, sin lugar a dudas, un escenario narrativo en el que América Latina aparece en su autenticidad constitutiva: un híbrido cultural que patentiza las singularidades del latino con respecto al hombre de la cultura occidental. La novela puede ser leída como el relato acerca de las formas de recepción de los paradigmas éticos europeos, construídos a partir del racionalismo filosófico y la moral cristiana. Las ideas de bien y de mal se nos han propuesto tradicionalmente como entidades arquetípicas claramente diferenciadas, portadoras de características que las definen y limitan como opuestos irreconciliables entre sí. Pero a pesar de su carácter deontológico la moral occidental se transforma cuando llega a suelo americano. En su forma literal los preceptos se mantienen, pero las consecuencias prácticas de sus enunciados, tanto a nivel individual como colectivo, se van adaptando dentro de los diversos grupos humanos a los que toca, de tal manera que bueno y malo para los latinoaméricanos son ideas que gozan de un estatuto particular. Y son algunas de estas particularidades lo que caracteriza a los personajes de la novela roseana, que como agentes éticos exiben comportamientos extravagantes e incorrectos desde el puntode vista de la filosofía que nos interpreta oficialmente.

En la primera mitad del siglo XX, estos temas se agitaban y se convirtieron en motivo de cualquier literatura que quisisera contribuir a revelarnos de manera esencial. Tanto la poesía como la novela y el ensayo trataban de definir una identidad cultural para latinoamérica, ya que no queríamos seguir siendo comprendidos sólo como naturaleza Además de las corrientes literarias, que creaban héroes de dudosa categoría, abundaban las escuelas de análisis freudiano que exploraban la mente del hombre, el papel de la norma y la represión sobre las pulsiones básicas. Por otro lado, estaban las ideas socialistas con sus propuestas ateas, además del aún reciente análisis de Freyre sobre la sociedad brasileña, que contribuyó grandemente a cuestionar el papel de la iglesia y la superioridad de la religión cristiana sobre las formas de religiosidad provenientes de las etnias negras africanas y las etnias indígenas del Brasil.

No son la figura de Cristo ni la de la Virgen María ni ninguno de los dogmas de la religión católica lo que produjo el conflicto en América; lo que se cuestiona en la novela es el problema de la moral, y más puntualmente, las ideas acerca del bien y del mal, y por ello intentaremos ver el texto, primero, como narración que desde su eje central se sustrae a la historia tal como la conocemos (puesto que en ella el cristianismo triunfó), para situarse en un mundo de características prístinas u originales, donde el bien y el mal se crean, no a partir de ideologías dominantes, sino a partir de las circunstancias vitales auténticas y propias de un modo de vivir determinado. Segundo, como posibilidad de cuestionar, ya dentro de este nuevo universo, la obligación de que las cosas tengan que ser comprendidas de un solo modo, en virtud del artilugio de la “verdad lógica, válida universalmente”. Y tercero, como la fuente que proporciona un lenguaje nuevo que pueda nombrar las realidades ambiguas que habrán de gestarse a medida que fluyen la vida y el discurso literario. Si estos propósitos se logran, entonces puede producirse una visión de mundo en la que no es posible demostrar la validez de una determinada concepción religiosa y moral que, desde sí misma justifique una jerarquía social en la que los dueños del poder se amparan en la legitimidad de lo divino, mientras que los marginados resultan ser esos que se merecen su suerte porque la ignorancia los sitúa por fuera de los círculos reconocidos del saber

Vamos a desarrollar, entonces, separadamente, cada uno de estos puntos:

El sertón es un universo mítico total y cerrado, limitado solamente por la ciudad: Ah, el tiempo del yagunço tenía que acabarse, la ciudad acaba con el sertón. ¿Acaba?(1) Si entendemos la ciudad como una construcción moderna, como un símbolo de la modernidad y del triunfo de la burguesía y sus ideas de mercado, secularización, industrialización, el sertón nos queda como lo que está al margen de la realidad citadina, sustraído de ella, y por lo tanto se constituye en un espacio autónomo que reclama el reconocimiento de unos modos de ser que nada tienen que ver con las ideas dominantes. ¿Cómo plasmar este espacio como diferente? Guimaraes Rosa lo logra mediante la caracterización geográfica del sertón (rigor climático, vegetación ríspida, animales exóticos y baja demografía) y mediante características humanas particulares (Lenguaje como oralidad, código ético que se mueve alrededor de la valentía y los valores grupales, modo de asociación como la horda que se opone a la existencia individualista, y un proyecto de vida que se centra en sobrevivir de acuerdo con la propia identidad terrígena).

Resulta, entonces, que el sertón se constituye en espacio mítico por voluntad del autor que lo construye como espacio no ordinario, pero principalmente por la clase de mundo que se va conformando a partir de la experiencia y el lenguaje de los sertaneros. En el Sertón la pregunta es la constante, pues no existen cosas seguras, ni normas establecidas que orienten a la acción: ¿Qué es la mujer? Yo, ¿quién era yo, de qué lado estaba yo? Vivir -¿no lo es?- es muy peligroso. ¿Soy Zé Bebelo? Cuatro preguntas que jamás reclaman una respuesta definitiva. Pero ello no quiere decir que en el Sertón no hay seguridades. El comportamiento de los jefes yagunços se erige en conducta modélica como si fueran ellos los dioses que van otorgando orden al mundo todavía caótico de las bandas primitivas del sertón. No hay nada que sea antes que el vivir humano. En el sertón se crean los códigos sólo en la medida que se realizan las acciones. Así sucede en todo espacio prestigioso y en todo tiempo de origen: los dioses crean lo que debe ser cuando realizan los gestos fundacionales.

En cuanto al orden temporal, esa otra coordenada sagrada que requiere lo mítico, el tiempo de sertón es cualitativamente diferente, puesto que no tiene linea direccional preferida como sí sucede en los alrededores y en la ciudad que marcha hacia el progreso. En el sertón, en cambio, “el tiempo es la vida de la muerte”, es el desenvolvimiento de las situaciones en la que las cosas tienden hacia su contrario. Es por eso que en el Sertón no existen arquetipos como los que han dado origen a la cultura tal como la conocemos: El bien y el mal como entidades, los sustantivos como universales, la naturaleza humana como esencia racional. El Sertón crea sus propios arquetipos libres de identidades absolutas, el lenguaje móvil, todo siempre en movimiento, el hombre incluido como naturaleza variable, ambigua, paradójica:

le afirmo a usted de lo que he vivido; lo más difícil no es ser uno bueno y proceder honesto, lo dificultoso, de verdad,es saber uno, definido, lo que quiere, y tener el poder de ir hasta el rabo de la palabra”. O “me columpié así, adelantando en la noche, en tantas ramas, en tantas tristezas, con todas las nuevas dudas e ideas, y esperanzas, en el claro de un desvelo.

Si el bien y el mal tienen identidad prefijada el tiempo se detiene, se eterniza en los arquetipos, y el hombre tiene una norma clara que lo predetermina en sus acciones, pero en cambio, la propuesta de un pacto con el diablo que a lo largo del texto aparece tan brumoso y concluye en lo indecidible, será uno de los modos de mostrar que el mal no tiene identidad, igual que Diadorín, un ángel ambiguo, se encargará por su lado de mostrar que el bien tampoco posee identidad.

Joca Ramiro o Zé Bebel, comandante de hombres, saben crear lo que sus ejércitos necesitan. Los hombres del Sertón viven al margen de la oficialidad y por tanto no lo alcanza ninguna idea preconcebida. Entonces ¿hacia dónde debe tender el comportamiento del hombre si no hay una metafísica que le muestre el camino? El código ético se define por la fidelidad a la naturaleza humana que es como decir fidelidad a la tierra y al Sertón. Igual que ella árida pero fértil, seca pero húmeda, pródiga pero avara. El código del Yagunço le permite cambiar de bando, matar, violar, robar provisiones con tal de pelear valiente, pues el crimen es robar caballos o no cumplir la palabra o tener miedo.

El Sertón alberga todo: exhuberancia, vida, pobreza,muerte. Se muestra y también guarda secretos. El sertón es un territorio de trashumantes, de viajeros, hombres que siempre se mueven, y por eso es el universo apropiado para los hombres que no son siempre los mismos. El Sertón mismo aparece como lo que es todo al mismo tiempo “el Sertón es esto, usted lo sabe: todo inseguro, todo seguro. Día de luna. La luz de luna que pone la noche hinchada”.

Para hablar del segundo punto en nuestra propuesta de lectura es necesario partir del hecho literario de que el sertón es una construcción mítica y debe ser imaginado como el escenario en el que se hace posible que los arquetipos y paradigmas vuelvan a nacer al margen de los valores ya establecidos. El texto se erige en narración novelesca, al mismo tiempo que en crítica a la pretensión de hacer de nuestras convicciones las únicas valederas a nivel universal.

Si en la cultura oficial occidental el código ético de los hombres se construye atendiendo a una cierta tendencia maniquea que distingue con claridad entre lo bueno y lo malo; si dentro de normatividad se incluye la necesidad de cumplimiento de conductas que se rigen por el “deber ser” racional, al margen de la experiencia concreta; si la razón se abroga el derecho de determinar el bien y el mal, por el contrario, dentro de la cultura no oficial de los sertaneros sucede otra cosa. En el Sertón los códigos de comportamiento no pueden ponerse al margen de la experiencia ni la experiencia al margen del instinto, es decir, la ética no se determina desde la razón sino precisamente desde lo arracional. ¿Cuáles son entonces, los enunciados de esta ética emotiva?

  • Vivir es peligroso
  • El mal es el miedo
  • Dependencia de la banda.

    “(Uno todavía no es uno: cuando todavía forma parte con todos.... ¿Fue hecho el hombre para lo solo? Lo fue. Pero yo no lo sabía. Si saliese de allí, yo no tendría contrafin. Con tantos, con ellos, viviendo uno la suerte, se cumplía lo grueso de una regla, por términa había de venir una ganancia; ¿Cómo no había de haber descenlace general? ¿Por qué era por lo que todos se quedaban allí, por paz y por guerra, y no se deshacía el bando, no querían irse?)”(2)

  • Lealtad a la banda

Lo malo no tiene que ver con la muerte o con el matar, robar, desear la mujer del prójimo, o con honrar a los padres. Las normas consignadas en los “mandamientos “ se violan en el Sertón, pero no es de ahí de donde viene el mal. Hay padres maltratando a los hijos, hijos que matan a los padres, canibalismo, mujeres que matan el marido y luego se hacen santas como María Materna. También los adulterios o fornicaciones mediante violación, y aún, cuando no hay mujeres, se agitan bestialidades entre los varones. Ninguna cosas de esta es mala en sí misma. Son cosas del Sertón que no se acogen ni al código cristiano ni al código griego (con su afán de honrar a la familia), los dos pilares de nuestra cultura. Son sólo los muertos los que condenan puesto que el grupo debió haber podido responder por ellos para que no murieran. En el Sertón aparece un nuevo sentido para la sentencia socrática de que el mal es ignorancia, pero no ignorancia, intelectual o abstracta sino ignorancia de lo importante: el miedo o el valor

Yo querría descifrar las cosas que son importantes. Y lo que estoy contando no es una vida de sertanero, sea que fuese yagunço, sino la materia vertiente. Querría entender del miedo y del valor, y de la gana que le empuja a uno a hacer tantos actos, dar cuerpo al suceder. Lo que induce a uno a malas acciones extrañas es que uno está cerquita de lo que es nuestro, por derecho y no lo sabe, no lo sabe, !no lo sabe!(3)

También la noción platónica del mal como apariencia queda transformada, pues aunque la ilusión aparece como desilución, el amor como peligro de cadenas, la verdad como falsedad y la vigilia como sueño, no es porque una cosa suplante a la otra sino porque ambas facetas hacen parte del mismo fenómeno que es el vivir, cambiar y transformarse. Es mucho más claro que el mal para el Yagunço tiene que ver muy principalmente con lo que amenaza su identidad como integrante de un grupo humano.

Lo que más digo: conviene que uno no entre nunca en medio de personas muy diferentes de uno. Aunque maldad propia no tengan, tienen una vida cerrada en la costumbre de sí, usted es de los externos, en lo sutil sufre usted peligros.(4)

Si el Sertón alberga la vida como un todo cambiante que calienta y enfría, aprieta y afloja sosiega e importuna, lo que se necesita es un código que fortalezca el instinto, no la razón. La razón no puede resistir incólume la paradoja del Sertón. La lógica, herramienta de la razón, sólo permite lo idéntico a sí mismo, lo que es de una sola manera y no de muchas, lo que es verdadero o falso, malo o bueno, pero no ambas cosas al mismo tiempo.

En el juicio a Zé Bebelo la defensa no aporta pruebas que lo absuelvan . Si es absuelto es por que él reconoce la valentía del vencedor. Este reconocimiento por parte de un jefe Yagunço es suficiente para entender que no habrá más guerra contra un gran valiente como Joca Ramiro ¿Por qué habría de haberla si es valiente es bueno?

No podemos concluir que no haya bien ni mal, sino que el mal no coincide con los arquetipos corrientes que conocemos. Si en el Sertón el mal es el miedo, un hombre debe combatir contra el miedo, por que en cualquier parte y en cualquier tiempo el hombre estará en guardia contra el mal, como cuando Riobaldo combate contra Hermógenes porque es malo y ha perdido la noción de qué es una banda en el Sertón.

También el pacto con el diablo forma parte del conjunto de estrategias para la crítica al reconocimiento del bien y el mal como entidades definidas. Lograr un pacto con el diablo es lograr un pacto con algo concreto, es decir, lograr un pacto con el diablo equivale a suponer que el mal asumirá una entidad particular, por qué de qué modo esperar un compromiso, con algo que hoy es y mañana es de otro modo? Pero por más que se haya dicho que el acontecimiento central de la novela es este pacto, sobre tal acontecimiento existen muchas dudas: Riobaldo es en verdad un pactario ? En cierta momento Rosa plantea la posibilidad de que así sea:

¿Quién es quien era el Demonio, el Siempre-serio, el Padre de la Mentira? El no tenía carnes de comida de la tierra, no poseía sangre derramable. Si viniese, viniese, vendría a obedecerme. ¿Trato? Pero trato de iguales con iguales.(5)

Pero más adelante lo niega:

Lo que él supiese o no supiese, no tenía ciencia de cosa ninguna, del arte con que yo había ido a estipular con el Oculto, en las Veredas Muertas, en el yermo de la encrucijada.... ¿No formaba aquello mi secreto? E, incluso, en la dicha madrugada de noche, no había sucedido, tan pues, el pacto ninguno: negocio no hecho. La prueba mía era que el Demonio mismo sabe que él no lo hay, sólo or solo que carece de existencia.(6)

El narrador de la historia actual niega que el diablo existe, y esa es la conclusión final del monólogo. Sólo que aquí habremos de tener en cuenta que en el momento de las conclusiones Riobaldo se encuentra fuera del Sertón, fuera de las coordenadas míticas donde no son posibles las determinaciones últimas, pero dentro del relato, ya Riobaldo se burlaba, como cuando prometía matar al primero que se cruzara en su camino.

El Dios arquetípico regresa también cuando Riobaldo está fuera del Sertón y vive en la ciudad donde existen la norma y la receta para un comportamiento bueno, y donde es bueno quien se acoge a ellas. Riobaldo está a caballo entre el Sertón y su casa como propietario. Su filosofía de vida cumple con el deber de ser y pensar según sus circunstancias, pero el autor, al plantearnos la posibilidad de existencia de otro mundo, coherente y sólido, con otros referentes y marcos, con otros códigos morales y otras percepciones del hombre y de la vida, adopta una postura crítica frente a todo modelo de pensamiento que quiera imponerse como único, así sea en nombre del progreso y de la racionalidad. Por último, el tercer punto referente al lenguaje podría construirse alrededor de tres ejes:

- El de las palabras, que como ya vimos quieren superar su marco de ser sustantivos con significado estático para convertirse en verbos, en palabras dobles que se prolongan en el tiempo: muyfuriado, bellibelleza, vileí, no poder yo no-matar, sobrenacer, siempremente.

- El del discurso en su conjunto, pues como dicurso de corte oral permite revelar un hombre diferente del lector que, como miembro, necesariamente, de la cultura escrita, está acostumbrado a encontrar. No sólo en Brasil sino en Latinoamérica en general, la oralidad ha sido la marca de los grupos sociales marginales, que sin embargo han perpetuado valores como el de la fuerza de lo colectivo que es bueno plantear, no sólo en el momento de la escritura de la novela sino ahora, en el momento de escribir el presente ensayo, cuando definitivamente ha triunfado la individualidad.

- En tercer lugar y con respecto al lenguaje, la novela plantea la relación vida-narración, en la que vivir siempre es estar en movimiento, mientras que narrar

es escoger un punto de vista y congelar en el tiempo, porque lo importante de narrar no es relatar los hechos ni es el vaciado de la memoria. Narrar es poder decir lo que los hechos guardan, poder identificar la sobrecosa. Lo que Riobaldo intenta es decir que toda narración adopta un punto de vista, los hechos están ahí y Riobaldo dice a su narratorio que podría contar hasta cuántas balas se dispersaron en los combates, pero de lo que tiene miedo es de congelar para siempre la vida en el relato.

Este Riobaldo que recuerda la historia, habla en presente, mientras que el que la vive habla en pasado, como queriendo confirmar lo paradójico del hablar. Si la narración puede entregar su material como algo efectivamente dado, (que es el propósito del uso del pasado) es inevitable entregar como poseedora de un solo sentido. De ahí el afán de renovar el lenguaje, de hacerlo móvil, materia vertiente, pues si la experiencia es múltiple porque también el hombre es múltiple, cómo lograr que el lenguaje de la narración entendida como el resumen de la experiencia sea también múltiple? El Riobaldo del presente de la narración es un hombre diferente del otro Riobaldo. El de ahora es citadino y se percibe a sí mismo como un ser individual, pues está ya permeado de todas las valoraciones de la modernidad.

La vida del Riobaldo del Sertón comienza cuando conoce a Diadorirm. Ahí se enfrenta a su primera lección: No hay que tener miedo. Existen hombres grandes que no tienen miedo. Todo su largo periplo hasta el momento del pacto es el duro aprendizaje de no tener miedo, pero todo para qué si algo extraño sucede: A Riobaldo le viene como un don de lenguas (era callado y se vuelve conversador y contador de anécdotas); se hace soberbio y hasta la misma grandeza de Zé Bebelo resulta inferior a la suya; busca pleitos y se hace notar; sus pensamientos son más crudos (Diadorim, semejante Mariquín); se convierte en un caradura que ríe cuando debiera desesperarse; logra poder sobre los animales. Por todos estos maravillosos cambios en su personalidad se siente admirado, hasta que se hace imperioso el reto a Zé Bebelo y el asumir la jefatura de la banda.

Diadorim siempre está con él, pero ahora recela y le dice “ lo que está cambiando en tí es la encrucijada del alma, no es la razón de autoridad de jefaturas.”

Esta madurez de Riobaldo como jefe Yagunço le sirve para concluir que el real oficio de su destino es el de no tener miedo, puesto que no lo tuvo y estuvo tranquilo como hilito de agua en una laguna en el momento supremo del combate con Hermógenes. Su grito de gracias a Satán se convierte en un grito al Sertón, pero ese es el momento final de los acontecimientos. Muere Diadorim y sucede la revelación final: Diadorim es una mujer. El ciclo se cierra, la ambigüedad cesa. Desde el punto de vista del narrador el mal ha sido derrotado. La vida puede ceder su lugar a la narración.

Notas Bibliográficas

1. Guimarães Rosa. João. Gran sertón: Veredas. Bogotá: Oveja Negra, p- 29.
2. Ibid, p. 143.
3. Ibid, p. 81.
4. Ibid, p. 292.
5. Ibid, p. 315.
6. Ibid, p. 352.

 
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