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Aproximaciónes al Contexto de las Chirimías de Riosucio
La presente exposición pretende sensibilizar a la Comunidad Académica de la Facultad de Bellas y Humanidades y en particular a la Escuela de Música, sobre la importancia de realizar una mirada profunda hacia las músicas popular tradicionales presentes en el entorno regional . Músicas que por su riqueza y complejidad rítmica, melódica y armónica requieren de un serio compromiso en su análisis, tanto en la forma como en contenido; tarea que puede ser materializada desde el ámbito académico con el propósito de configurar estudios sistemáticos de nuestra realidad musical y cultural.
Para el año de 1994 motivado por la sonoridad de las Agrupaciones de Chirimía del departamento del Cauca, nace la inquietud de acercarse a esta realidad para comprender su dinámica interna, y desentrañar esa particular sonoridad donde un tejido de melodías juguetean en un acto sincrónico, creativo y espontáneo; regido además por un esqueleto rítmico que garantiza la esencia de un sistema musical característico de algunas microregiones de la zona andina colombiana.
Influenciado por los desarrollos de la Chirimía juvenil Juventud Caucana de Popayán y su desempeño en el Festival Mono Núñez de Ginebra Valle, decido emprender un viaje hacia el Corregimiento de La Vega en el Municipio de Almaguer (Cauca) y en forma directa conocer una agrupación mítica de este departamento, por su historia, calidad, autenticidad y creatividad, como lo es la Chirimía De Ordoñez. Cabe anotar que, más que un acercamiento de tipo analítico, fue un encuentro con todo un pasado y un presente de una cultura, o en otras palabras de un microsistema cultural musical que invadía todas las esferas de lo público, por la representatividad y el protagonismo que ejercía hacia la vida social de las Comunidades que veían en esta música un puente entre lo raizal y lo actual al saberse actores únicos en el ámbito de lo multicultural y lo etnocultural del proyecto de construcción de la nacionalidad colombiana.
Creo que este encuentro posibilitó mirar fuera del cristal de mi ventana y reconocer en la región donde resido, múltiples experiencias de músicas populares que se mueven y desarrollan en lógicas muy similares a las de estas músicas, resalto entre ellas las músicas negras de las zonas rurales y urbanas de Caldas, y Risaralda; las músicas indígenas de las Comunidades Chamí en el departamento de Risaralda; y sobre todo lo que más llamó mi atención fueron las músicas triétnicas de las Comunidades del Resguardo de Cañamomo y Lomaprieta del Municipio de Riosucio, denominadas popularmente como Chirimías de Riosucio y sobre las cuales quiero escuchen mi relato.
Riosucio, esta ubicado en la vertiente oriental de la cordillera Occidental, a una longitud occidental de 75º 4' y en latitud norte de 5º 24'. está separado de la cordillera Central por el río Cauca, y está en la zona de influencia de los municipios de Viterbo, Belalcázar, Risaralda, Anserma, Marmato y Supía.
Pero como dato geográfico más importante es su proximidad al río Cauca y a la zona minera del municipio de Marmato, que por su importancia e influencia determinan una económia ligada años atras a la navegación y explotación minera, que facilitan la consolidación de un microsistema cultural musical, único en esta región por las dinámicas de interrelación que genera un intercambio intercultural y la consolidación de un grupo instrumental de cuyas características hablaré más adelante..
Riosucio fue fundado en el año de 1819 y erigido municipio en el año de 1846. Tiene dos corregimientos que son San Lorenzo y Bonafónt. Contiene cuatro Parcialidades, siendo muy importantes y significativas en lo cultural para la población; son ellas Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña, San Lorenzo, Cañamomo y Lomaprieta y Escopetera y Pirsa.
Breves Antecedentes
Las chirimías riosuceñas son una manifestación reciente, las primeras crónicas de ellas datan del siglo XIX, encontrándose ligadas a la gesta libertadora y guerras civiles. Como dato curioso e importante antecedente, el municipio de Riosucio aportó un gran tamborero, Rodulfo Largo, que estuvo presente en la Batalla de Junín; y era oriundo de Ubarbá parcialidad de la Montaña.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX referencia la tradición oral riosuceña, que en el sector urbano de Riosucio, surgió un conjunto musical denominado Banda Crespa, su instrumentación la conformaba la flauta de carrizo, el bombo, el bajo metálico o fliscornio y otros instrumentos; en este grupo instrumental se destacaron los músicos Baudilio Vallejo, Rodolfito Quintero y Chuchito Martínez. Esta agrupación era una representación análoga en lo urbano, del grupo que se desarrollaba en lo rural, al presentar un sentido utilitario de igual finalidad y siendo ésta última más limitada en los instrumentos aerófonos al presentar fundamentalmente flautas traveseras de carrizo.
No se puede detallar con precisión la historia y desarrollo de la Chirimía en Riosucio por carencia de documentación, pero la tradición, permite que en la memoria del riosuceño se conserven datos históricos para reconstruir momentos importantes en el desarrollo de los grupos.
En la parcialidad de la Montaña, existieron Chirimías en las veredas de los Chancos, las Palmas y el Salado al noroccidente de Riosucio.
Al oriente en Lomaprieta, se han caracterizado cuatro núcleos familiares que son el cordón umbilical entre la Chirimía antigua y actual, por su trayectoria y tradición; al integrar las agrupaciones en los diferentes momentos de su historia y evolución. Ellos son : Los Uchimas de Alto Sevilla, los Tapascos y Cañas en Planadas y los Aricapas en la Vereda La Iberia.
La parcialidad de Lomaprieta, ha sido la región que con mayor vitalidad, entusiasmo y pureza ha contribuido al desarrollo de la agrupación Chirimía; estando conformada por las veredas de Alto Sevilla, Cañamomo, la Iberia, Miraflores, Panesso, Planadas, Portachuelo y Sipirra; ubicada entre los municipios de Riosucio y Supía. Lo anterior obliga a reconocer que la zona limítrofe de estos dos municipios es el espacio de vida de las agrupaciones chirimiteras y al clasificarlas en el municipio de Riosucio no se hace justicia ante una práctica que se mueve y desarrolla entre un microsistema cultural de tipo intermunicipal, pues no puede pasar desapercibido el componente negro en la conformación de los grupos, en la estructura de su música y en la composición étnica de la zona.
Se comenta de la existencia de chirimías en Sipirra. En el corregimiento de Bonafónt hace 35 ó 40 años coexistieron dos chirimías una en la vereda Florencia y otra en la cabecera del corregimiento.
La Chirimía en Lomaprieta
La parcialidad de Lomaprieta, se ha caracterizado por cultivar La Chirimía, viviendo las modificaciones estructurales y organológicas presentes en los grupos. Es por esto que los chirimiteros de la región distinguen dos modalidades o tipos de grupos; se refieren a la Chirimía antigua conformada por dos flauteros, que corresponden al requinto y segundero; y en ocasiones incluye una tercera flauta, pero la carencia de buenos instrumentistas, limita esta expresión. También se encuentra el tamborero y redoblantero, lo que determina que las agrupaciones no sobrepasen los cuatro o cinco integrantes.
La Chirimía actual, ha sido influenciada por la música de otras regiones del país, fundamentalmente por músicas costaneras y en particular la cumbia, la cual adquiere en el Resguardo la connotación de rumba; de esta manifestación musical los riosuceños han asimilado las maracas y la guacharaca, muy común en las agrupaciones actuales de los ámbitos urbanos.
Las Chirimías en Lomaprieta están conformados por núcleos familiares que se juntan y disgregan, haciendo caso a intereses coyunturales determinados por la necesidad de la comunidad o individuales como actividades de cosecha, religiosas, libación, mingas, económicos y otros.
Cada grupo sufre un proceso de selección, asimilando músicos que comienzan ejecutando la percusión, (tambora, redoblante y maracas), y se van cualificando hasta asumir la flauta segunda y por último la flauta requinto.
El proceso de cualificación comienza con un instrumento percutivo, que permite al iniciado afianzar su ritmo, prepararse en toda la estructura rítmico-musical, que la aporta el bombo; luego, el redoblante le permite improvisar o revolar, ejercer su creatividad, adornar según su tendencia y habilidad; finalmente cuando los músicos abordan la flauta haciendo la segunda voz, se inician con estructuras rítmico-armónicas (bordones), que se van desarrollando hasta seguir la línea melódica punto contra punto en un derroche de terceras que difícilmente dan tránsito a notas desafinadas. El flautista ejercitado, empieza a incursionar en estructuras melódicas más complejas, hasta realizar contra cantos que son reflejo del último proceso que vive el músico cuando ha llegado a la madurez musical.
Es curioso que a diferencia de la música occidental la cual educa en lo melódico como antesala de lo armónico, estos músicos populares enfatizan en el ritmo, se educan en las estructuras rítmico-armónicas afianzando la intuición armónica y finalizan en lo melódico.
La primera Chirimía de la cual se tiene memoria por los habitantes de la vereda Planadas, estuvo conformada por cinco integrantes; José Tomás Tapasco, de la vereda Portachuelo; Abel García, Pascual, Jerónimo y Juán Eulogio. Este último considerado como el tamborero que mejor remaba (interpretar el redoblante) de los que han existido en el resguardo.
Al morir José Tomás Tapasco quien ejecutó la flauta requinto, el grupo se desintegró. José Mesías Aricapa procedió a adquirir el bombo del grupo en mención, se dedicó a la práctica del instrumento formando así una nueva agrupación con sus hermanos Angel María Tapasco, Francisco Eugenio Tapasco y el señor Sebastián García, hace un poco más de 60 años; al madurar esta agrupación, radicada en la vereda la Iberia, las responsabilidades instrumentales se distribuyeron así: Flauta requinto, Angel María Tapasco (Director); Flauta segunda, José Mesías; Redoblante, Francisco Eugenio Tapasco; Tambora, Sebastián García. Más adelante se desintegra el grupo por retiro del flautero requinto.
En la parte baja del Resguardo, (Vereda Planadas), se conformó una Chirimía contemporánea a la anterior cuyo director fue Miguel Angel Tapasco, nacido en 1905; aprendió a ejecutar los instrumentos rítmicos y melódicos, influenciado por su abuelo quien tuvo un grupo en la parcialidad a finales del siglo pasado.
Miguel Angel se caracterizó por ser uno de los mejores flautistas que han existido en el Resguardo, sus compañeros fueron Guillermo Aricapa, Luis Cañas, Jesús María Tapasco, Héctor Tapasco y Efraín Ramírez; esta Chirimía acogió en su seno al flautista retirado de la Iberia Angel María. Posteriormente se conformó la Chirimía de Alto Sevilla cuyo director fue el gran flautista Saulón Uchima quien, alternó con los músicos antiguos de la parcialidad. Esta Chirimía se acabó en 1975 por la muerte del requinto, la pérdida de los instrumentos y la dispersión de todos sus hijos.
En 1976 motivados por Efraín Ramírez nace una Chirimía llamada Cañamomo y Lomaprieta que se desprendió de la Chirimía de Planadas, con Guillermo Aricapa, segundero de Planadas; Jesús María Tapasco flautero requinto de Alto Sevilla, hijo del requintero Miguel Antonio Tapasco, la cual será vivo ejemplo para los proyectos chirimiteros actuales. Este proceso de unidad y lucha de integración y desintegración denota que en realidad ninguno de los dos grupos evoluciona independientemente, pues comparten los flautistas, conservándose en ambas agrupaciones una similitud en el carácter y tendencias estéticas; se puede concluir que las líneas melódicas y armónicas en las flautas no evolucionan independientemente, sólo cambian de percusionistas dependiendo de la situación y ocasión.
Sobrevive hoy un gran tamborero, Luis Cañas de la vereda Planadas, acompañante de los mejores flauteros que ha dado el Resguardo, Jesús María Tapasco, Miguel Angel Tapasco, Guillermo Aricapa y Luis Sigifredo Tapasco.
Para el año de 1991 subsisten cuatro chirimías en el resguardo de Lomaprieta, son ellas: Chirimía Cañamomo y Lomaprieta, la Cañaguatera, de la vereda Alto Sevilla, la Tupinambá de Planadas y la Iberia de Alto La Iberia; panorama que para el año de 1998 se amplía con la presencia de grupos como la Chirimía Lomagrande y Sinfaná, Chirimía Guarapera de Sipirra y Chirimía de Portachuelo.
Estas agrupaciones contienen un amplio repertorio musical a ritmos de pasillo, bambuco, marcha, danza, polkas, pasodobles, pasacalles vals y vals destroz; sumado a un importante espectro de temas que se han trasmitido oralmente por generaciones y que evidencian la particularidad de estos grupos por su escalística, armonías y estilo interpretativo.
Finalmente quiero anotar que una experiencia musical tan dinámica y vital como Las Chirimías de Riosucio, deben ser punto de partida para aproximaciones analíticas que faciliten un conocimiento mayor de nuestra realidad y comprensión de los proyectos de identidad cultural de nuestras comunidades y nación.
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